jueves, 8 de abril de 2010

NARRACIONES POPULARES DE NUESTRA SELVA

- La boa echa hilo a la víctima o sea que lo hipnotiza. La boa negra de agua hipnotiza a un animal o a un hombre que anda por allí cerca o que se dirige a beber, abre los ojos grandemente y la víctima es atraída hacia ella como por una fuerza misteriosa, cuando los cierra, la víctima se siente libre de esa atracción y procura evadirse, pero nuevamente es atraída hacia el monstruo cuando éste abre sus ojos, la suerte del animal o la del hombre está ya perdida, la boa desde las aguas se lanza sobre él, se enrosca en su cuerpo y lo descoyunta y al toque se lo traga, cubriéndole antes con una baba y encogiéndose para cobrar mayor volumen en la barriga y en el cuello.
Dicen, que el hombre puede librarse de esa fuerza hipnótica de la boa, cortando esa fuerza con su machete en el aire y en forma de cruz, o bien mordiendo a la boa en el momento en que ésta se enrosca en su cuerpo, pues dicen que el mordisco del hombre es venenoso para la boa.
También se afirma que para lograr una poderosa fuerza en los brazos, no hay sino que derrotar a las crías de las boas, haciendo que éstas se enrosquen en los brazos desnudos y soportando su tremenda presión, pues toda la energía de las boas pasa al cuerpo del hombre vencedor, pero si las boítas doblegan al hombre en esa prueba, éste pierde su propia fuerza y se queda débil para toda la vida.

- La tortuga, es el símbolo del conformismo, cuando le aplasta un árbol queda prisionera hasta que el tronco del árbol se pudra, la cual puede ser en 20 ó 30 años y durante su cautiverio se alimenta de tierra y del propio árbol en descomposición.

- El rugido del tigre aterroriza a los caimanes y el tigre lo sabe, por eso cuando va a chimbar (cruzar) un río, ruge dos o tres veces en la orilla y los caimanes desaparecen inmediatamente en el fondo de las aguas.
El tigre cuando quiere comer cola de caimán que es su potaje preferido, ubica al caimán, lanza un rugido y éste queda paralizado de terror y el tigre empieza a comerle la cola, sin que el caimán haga nada por liberarse. Por esta razón hay en la selva muchos caimanes sin cola o con solo parte de ellas.
Pero con las huanganas, el tigre no se gasta ninguna broma. Las huanganas recorren la selva como una tromba, con un rumor de pezuñas y colmillos, quebrando ramas centenares de huanganas bravas, con un macho de guía adelante y otros machos en los flancos y en la retaguardia. Acampan al anochecer, formando los machos un círculo defensivo en torno a las hembras y a los jabatos y emprenden la marcha nuevamente con las luces del nuevo día.
Todos los animales huyen a su paso, hasta el hombre, quién para matarlos tiene que subirse a un árbol. Y hay historias en que las huanganas tumban a mordiscos con sus grandes colmillos los árboles en que están apostados los cazadores. El hombre desde arriba, mata primero al macho guía, a fin de provocar desconcierto en la manada. Lo mismo, el tigre nunca se atreve a atacarles de frente, les sigue astutamente y coge a las retrasadas, a las cansadas y si alguna vez cae en medio de la manada, no queda de él ni sus bigotes, las boas también corren ante el rumor de las huanganas.
Las huanganas cruzan violentamente el río, levantando a las crías con sus hocicos, a veces entran a las poblaciones, atontadas se meten en las huertas, en las casas, en las iglesias, son grupos desorientados, sin machos guías que han sido muertos por los cazadores, entonces los habitantes del pueblo con gran algarabía hacen una cacería buena, y el lugar queda por muchos días impregnadas del fuerte olor a cebolla que las huanganas despiden de una glándula que tienen en el lomo.
“Asna huangana” dicen al hombre o mujer con sobaquina, en quechua “asna” significa “hediondo”.

- En el periodo del auge del caucho, los extractores de esta goma perdidos en la jungla, sin hembras, se acercaban a las bufeas de los ríos que tienen órganos semejantes a los de la mujer, realizaban el acto sexual con estos animales y tenían que estar siempre acompañados, pues la recreada (orgasmo), era tal que necesitaban de alguien que los reviviera a golpes, ramalazos o cinturonazos.

- Los pucabufeos o sea los colorados, persiguen a las balsas o canoas donde hay mujeres, sacando de rato en rato los hocicos de las aguas y lanzando espuma hacia ellas. Dicen que esta persecución es más intensa cuando la mujer viajera está con su menstruación hasta el extremo de que los pucabufeos amenazan con hacer naufragar a hocicazos la balsa o canoa.
Los dientes de los pucabufeos son usados en nuestra Amazonía como pusanga para el amor. Se agujerea el colmillo de punta a punta y a través del cual el hombre desde cierta distancia, semioculto mira a la mujer de sus tormentos, cuando ésta voltea ante un silbido de él, luego sin dejarse ver por ella, desaparece en el monte por algunos días, dietando manteca, sal, carne y ají, luego sale del monte y encuentra a la mujer como una mansa paloma.

- La tanrrilla, es un ave que corre a echarse amorosamente a los pies de cualquiera, por eso su fémur también es usado en la misma forma que el colmillo del pucabufeo como pusanga.

- Los pelejos, yoncas o perezosos duermen abrazados a las ramas en un sueño profundo. Solo viven durmiendo y cuando se despiertan es solo para bostezar. Cuando un cazador les apunta con el arma, lo miran llenos de angustia con esos ojos casi humanos, como si le quisieran decir: ¡Que vas a hacer,criminal!, luego se tapan los ojos con sus patas delanteras que son flexibles como sus brazos. La hembra mantiene a su cría, lo mismo que una mujer en los brazos y si llueve se tapa con una hoja ancha a manera de paraguas y así está hasta que desaparezca el aguacero.

Carlos Velásquez Sánchez

martes, 6 de abril de 2010

NARRACIONES POPULARES DE NUESTRA SELVA

CUANDO EL BRUJO TE HACE DAÑO

Cuando cae la noche, el brujo Shanti Tuanama, arroja de la boca al aire algunos virotes de chonta, diciendo: derechito, derechito a la cabeza de José Pérez.
José se halla en esos momentos sentado en el patio de su casa con su mujer.
Luego, suelta una lechuza por sobre los platanales diciéndole: Vuela, vuela, chusqui mío a la huerta de José, que tus ojos lo vean todas las noches desde un sapote de su huerta.
Dejarás de reirte yachaysito mío, solo cuando haya pelado sus ojos José Pérez. La luna nueva alumbra apenas la noche. Yastá, tu enemigo José Pérez morirá, como tú lo quieres, le asegura el brujo, entrando en la choza a Nicomedes y éste luego de pagarle al brujo, desaparece por el platanal rumbo al pueblo.

LA PESCA CON BARBASCO DE ANTES

Ñaupa (antes, hace tiempo) aprovechando la merma de los ríos durante los meses de sol fuerte, se pescaba con barbasco, desliendo el barbasco ya mojado en las aguas, en tres partes, a grandes distancias unas de otra, que se llamaba la primera, la segunda y la tercera, para de ese modo rematar a los peces en su huida.

Al final había un cerco de palos con nasa, construído al medio del río en un sector angosto y correntoso, los peces que caían en la nasa eran para las autoridades. Y al resto de gente le estaba prohibido pescar, desde dos cuadras antes de la nasa.

Agarrábamos mucha “challua” (pescado). Eso sí, para que una pesca fuera buena, nadie debía cortar un pez al comienzo, solo cogerlo con la red (llicra), pues la sangre malograba la pesca, hacía perder su fuerza al barbasco, lo mismo, nadie debía orinar en el río, ni tomar parte en esta pesca una mujer embarazada, mujeres en este estado se quedaban en su casa en el pueblo.

LOS COTOMONOS

El nombre de los cotomonos o monos cotos se origina de una especie de “coto” (hueca protuberancia ósea en el cuello), que les permite dar mayor volumen e intensidad a su voz, una voz gruesa, potente, que se deja escuchar desde un km. de distancia. Son pelirrojos, andan en grupos, con un jefe o guía adelante, el más grande y más fornido de la manada.

Cuando los cazadores atacan una manada de estos monos, el Jefe sale al frente, en actitud defensiva, mientras los otros escapan. Los indios le atribuyen la particularidad de que cuando cantan por las madrugadas, les están naciendo sus crías.

Estos cotomonos tienen la costumbre de embadurnarse un dedo con sus excrementos y luego exponerlo al aire con el fin de atrapar moscas. Les gusta comer moscas porque es su alimento favorito.

Carlos Velásquez Sánchez

miércoles, 24 de marzo de 2010

LA TRAVESIA DE YACU

Hola soy Yacu, más conocida por todos como AGUA, nazco en los nevados, que cada vez son más pequeños; muy alegre por poder servir al mundo comienzo mi travesía. Son las séis de la mañana, estoy helada, lista para dirigirme a a la gran laguna del Dorado, la más preciosa de todas, con muchos bosques con plantas de colores y animales de todos los tamaños, pero ya hace unos años se empezó a deteriorar y el hombre empezó a destruir mi hogar favorito.

A las cinco de la tarde, estoy en la laguna, recordando mi infancia, donde jugaba con las mariposas y abejitas que vivían en los árboles, pero ya no están y pregunto al último señor árbol de la laguna ¿Dónde se fueron mis amigas? Y me responde con nostalgia, que se fueron al cielo en el momento en que cortaron a sus parientes, porque no tuvieron donde vivir.

Descanso un rato, después de unas horas el ruido de la motosierra me levanta, estaban cortando a mi último amiguito; corro para que no me ensucien pero ya es tarde, mi mano se quema con el detergente que botaba una joven señorita al lavar sus prendas. Llego a una quebrada y me encuentro con una sorpresa inesperada, estaban sacando oro de mis profundidades y mis amiguitos peces estaban a punto de encontrarse con la muerte. Me asusté mucho y tuve que acelerar mi recorrido. Luego de tanto correr, llego a las cataratas, por fin algo bonito, es la mejor parte del camino, unos buenos aldeanos lo cuidan y quieren que yo sea feliz, pero no saben el sufrimiento que tengo, porque cada vez caigo con menos fuerza en las hermosas cataratas, pero hoy estoy feliz y me voy a divertir, cierro los ojos y bummmmmmmm, fue una caída perfecta.

Cantando me dirijo al río, para saludar a mi amigo otorongo, que al verme irá a mis orillas a tomarme y con un saludo y despedida le veré alejarse, pero no lo encuentro, solo a unos cazadores llevando su piel y dejando su sangre en mi cauce como si yo fuera el culpable ¡No puede ser!

Sigo bajando y me encuentro con otras quebradas, el río se hace muy grande y al llegar a cierta parte no puedo controlarme, las lluvias aumentan mi caudal y causo desastres, lloro sin parar, no es mi culpa, yo no quiero, pero Uds. hacen que no haya más árboles que me sujeten. A veces mueren personas, otras se quedan sin casa, sin campos de cultivo y hasta veo niños sin comer y ¿Uds. creen que no sufro?, claro que sufro aunque no me vean llorar. Triste voy a los mares y la señora sal me consuela, pero yo sé que me estoy perdiendo, me estoy secando, me evaporo por el aumento de la temperatura y lo poquito que queda de mí lo están usando para cultivos y para eliminar basura que producen las casas y fábricas.

No puedo seguir así, me voy a acabar y pronto, si nos quedamos con los brazos cruzados. Ayúdenme a poder vivir, porque sin mí Uds. tampoco podrán vivir.

María José Arguedas Pinasco

lunes, 22 de marzo de 2010

NARRACIONES POPULARES DE LA SELVA


- En la Selva Alta, el pueblo afirma que hay cerros o morritos de oro que aparecen y desaparecen incitando la ambición de los hombres. Sin embargo, realmente existen algunos cerros con riqueza aurífera.

- El hítil quema a la gente que no lo saluda. Es un árbol con granos amarillos rojizos y una sustancia caústica. El hombre que en el bosque sin advertirlo se arrima a él o lo coge, sufre los efectos de la quemazón en todo su cuerpo con granos parecidos a los del árbol, hinchazón y fiebre alta. Por eso, el hombre debe andar alerta en el bosque y al descubrir un árbol hítil, saludarlo con todo todo respeto: “Buenos días o buenas tardes señor hítil”, después de la cual, dice la gente, puede hasta cortar el árbol sin que éste le haga daño.
Pero, si por desgracia ha sido quemado por el hítil, debe en el acto hacer el simulacro de ahorcarse de las ramas del mismo árbol, mediante una débil soga y dedirle: “Yo soy hítil y tu Pedro o Juan (según el nombre de la persona), pues, el hítil se contenta cuando la persona le da su nombre y éste toma la de él, luego de rota la soga con el pedazo de ella en el cuello debe correr hacia su casa, sin mirar hacia atrás. Dicen que de esta forma queda conjurado la acción maléfica del hítil.

- La gente asegura que el árbol renaco es morada del diablo (supay, shapshico o shapingo). Dicen que en ciertas horas del día o la noche, después de los aguaceros se oye el rumor de las conversaciones de los diablos en esos árboles, así como también llantos de criaturas al amanecer. El renaco es un árbol feo de la selva y asesino de sus semejantes, sus grandes raíces llamadas aletas se proyectan como opresivos tentáculos hacia otros árboles, mancornándolos y matándolos. Cuando estos árboles crecen en conjunto en terrenos fangosos, forman un fantástico engranaje de raíces dejando un espacio debajo que es madriguera de boas.

- La Lupuna, es el árbol gigantón de la selva, otro árbol feo, de madera fofa y con una enorme prominencia como barriga. La gente afirma también que en este árbol vive el diablo. Y cuando alguien muere hinchado con hidropesía, creen que ha sido embrujado con la lupuna por un enemigo suyo. Pues, dicen, que si se pone los restos de la comida de alguna persona en la barriga rajada de la lupuna, aquella persona muere hinchándose y rajándose como el árbol.

- Cuando un niño nace con la cabeza bien grande, la gente asegura que su madre en el periodo del embarazo ha tenido la mala suerte de pisar el redondo y abultado fruto del árbol “aya uma” (cabeza del muerto).

- Siempre se escuchan en la selva historias de mujeres adúlteras amarradas por sus maridos al árbol “tangarana”, en cuyo interior viven las feroces hormigas rojas, que además de picar, inoculan ácido. Estas hormigas ante los golpes dados al árbol con el lomo del hacha por el vengador, cubren inmediatamente el cuerpo desnudo de la víctima que muere sangrando enloquecida.

- El bejuco “ayahuasca” (soga de los muertos), preparado en brebaje especial tiene efectos alucinantes en el hombre, quién lo toma para ver su porvenir, mirar el pasado, el presente, para descubrir si su mujer lo engaña, a sus enemigos o para deleitarse con paraísos artificiales. Los brujos y curanderos lo utilizan en sus ritos misteriosos.

- En las noches oscuras o de luna, lloran más que cantar en la profundidad de la jungla una pareja de pájaros. Son los “ayaymaman”, su canto es un lloro tristísimo, algunos viajeros al escucharlos no continúan el viaje y retornan apenados a sus hogares. Muchos afirman que estos pájaros son negros y pequeños y que casi nadie logra verlos.

- Los “chicharramachacuys” o cigarras víboras son insectos horribles con cuerpo largo, parduzco, cabeza como de lagarto, cuatro alas con manchas oscuras, llevan un apéndice pectoral como lanceta, son ciegos y muy venenosos. En los caminos atacan a los animales y al hombre, ejecutando vuelos circulares velocísimos introduciéndoles la lanceta en el cuerpo de su víctima. La gente sostiene que el remedio es el acto sexual de inmediato, si la víctima es un hombre puede acudir a cualquier mujer y si es mujer a cualquier hombre.

- La chicua, según su canto avisa al hombre alguna desgracia o un próximo aguacero. Es el ave agorera de la selva. Cuando su canto semeja a una risa es de mal agüero.

- El huancahui mata víboras y se las come, es agorero cuando canta melancólicamente durante varios días cerca de una vivienda de alguien. Dicen que avisa enfermedad o muerte enviado por algún brujo.

- El chusqui (lechuza) anuncia enfermedad, muerte o cualquier otra desgracia, cuando vuela riéndose por sobre una casa es porque alguna mujer está embarazada.

- Un gallinazo posado en la cumbre de una casa es signo de muerte.

- El mugido lastimero de los toros frente a una casa produce pánico entre los moradores,porque es presagio de muerte.

- Cuando una gallina canta como un gallo es de mal agüero y ahí mismo hay que torcerle el pescuezo para conjurar el daño.

- Las pequeñas luciérnagas llamadas “ayañahuis” son los ojos de los muertos y hay que cuidar de que entren en las casas.

- Un pillopinto (mariposa) o un caballito del diablo (libélula) que ingresa a una casa y vuela pòr todas las habitaciones, avisa de que van a tener huésped,una visita, una carta o cualquier otra noticia.

- Encontrar un grupo de hormigas blancas en el umbral de la casa es signo de mal agüero.

- ¡Mañana voy a hacer a mi casa! ¡Mañana voy a hacer a mi casa!,dicen que el cacho o shihuín, pájaro holgazán, sin nido, promete desesperadamente cuando sufre las inclemencias atmosféricas y de la noche, para olvidarse luego cuando viene buen tiempo y seguir durmiendo durante el día en cualquier parte.Muchos hombres son como esta ave el cacho, dicen las gentes.

- Cuando las hormigas sitaracuys salen en filas de miles de sus madrigueras a los campos, a los caminos mordiendo ferozmente con sus recias tijeras a los transeúntes, a los viajeros, es porque va a llover y llueve. SITARACUY es vocablo quechua que significa: si llueve o va a llover.

- El Manacaracuy, canta en grupos en los bosques aledaños a los pueblos: Manacaracuy, manacaracuy, quechua, que se puede traducir por: no convido mi comida, no convido mi comida. Es común escuchar el canto áspero, colérico de esta ave en los amaneceres.

- Del azulado cuerpo de la hormiga isula muerta, brota el bejuco “tamshi”. El pueblo sostiene que es así, pero lo cierto es que la hormiga isula come el fruto del bejuco y lleva la semilla en el vientre, lo cual cuando muere la isula, germina y crece la planta.

- La gente de los campos calcula las horas, con el sol, con el canto de “firirín”, ave que canta matemáticamente a cada hora, con igual número de modulaciones el tiempo que señala. El firirín es el reloj de la selva.

- Cuando los chanchos frotan desesperadamente sus colas y traseros (seguramente por comezón) en las piedras, en los filos de las cosas, en los troncos de los árboles, la gente dice que va a llover. Y llueve.

- Llaman Alcalde en la selva a un pajarito de plumaje rojo y amarillo, que sobre todo después de los aguaceros recorre los caminos, los puentes, como si se preocupara por la conservación de éstos. No teme al viajero, va delante de èl cantando alegremente. Su nido es como un lindo chalet con limpios compartimientos que cuelga de la rama de un árbol a orillas de un río o lago.

Carlos Velásquez Sánchez

miércoles, 10 de marzo de 2010

CREENCIAS DE LOS INDIGENAS EN LA SELVA


Según los piros existe en la selva o en el fondo de los ríos unos espíritus, los tunchis del río o del monte como los llaman los piros. Estos espíritus unas veces se dejan ver bajo la forma de hermosas mujeres cubiertas de pelo todo el cuerpo o de sirenas, otras veces semejan hombres altos, fuertes, feos y repugnantes o simplemente se dejan sentir mediante ruidos, cantos o gemidos. Lo más común es que estén representados por un pájaro que pía tristemente.

Los bosques tenebrosos y solitarios, los malos pasos de los ríos, las casas deshabitadas, los panteones son los lugares preferidos de estos espìritus.
Salen todos los días y noches por los caminos transitables, hablando solos, llorando y gritando o simulando ser gentes conocidas de los viajeros. Su oficio es asustar, también se les atribuye ser causa de enfermedades, muertes y secuestros.
Muchos de esos espíritus son llamados “mama” o madre habitan en los remolinos de los ríos, en los árboles, en las corrientes y en otras muchas manifestaciones de la tierra y de la vida y se llaman “mama”, porque son el origen de esa cosa, la fuentes de su actividad y sus celosos guardianes. Así el remolino, el río, el árbol tienen una “madre” que les dá la vida, que llora, que canta y ríe y venga las injurias que el hombre osado se atreve a inferirles.

Carlos Velásquez Sánchez

LA FIESTA DEL CARNAVAL EN LA SELVA


Es otra de las celebraciones más populares en toda la región de la selva. A la gente mucho le gusta jugar carnavales y en el juego se emplea todo lo que se encuentra a mano: huevos, frutas podridas, barro, frutos silvestres como el pichohuayo muy pestilente, la jagua,.el caballo-usa que se prende fuertemente en el suelo.

Lo más atractivo de esta fiesta es el corte de umsha. Se trae un árbol grande del bosque, de preferencia una palmera, al que se le entreteje las ramas, luego se adorna el árbol con guirnaldas y se va colocando pequeños regalos con cintas de colores y las mejores galas. Luego se planta el árbol en plena calle o en un patio, huerta o solar. A la hora del corte, se forman cuadrillas y comparsas llamadas pandillas como el changanacuy, sitaracuy, la cajada, el pellisqueo, etc.
Estas danzas se bailan por parejas tomadas del brazo, casi corriendo y saltando.

Estas danzas siguen ininterrumpidamente hasta la caída del árbol y mientras se baila, también se juega con polvos, betunes, serpentinas y se va tomando el masato, chicha, huarapo, ventisho y la copa de cachaza.
Luego danzando, se va pasando de pareja en pareja, una pequeña hacha, con la que en cada vuelta, al pasar por el árbol el varón le aplica un corte.
Por fin, después de haber pandillado hasta el agotamiento, se termina de cortar la umsha dándole unos cortes.
La caída del árbol es esperada ansiosamente por la multitud, especialmente por los chiquillos que se abalanzan sobre él, antes de caer al suelo para coger los regalos y sorpresas sujetas a las ramas.
La feliz pareja que aplica el último hachazo que produce la caída del árbol, queda formalmente comprometida públicamente para parar la umsha al año siguiente y correr con todos los gastos.

sábado, 27 de febrero de 2010

CUENTO AMAZONICO


EL BRUJO QUE SE CONVIRTIO EN PERRO

Era el año de 1,940,cuando apenas eran pocas casas lo que ahora es el próspero Distrito de Uchiza, en su mayoría pobladas por familiares provenientes de la Sierra y conectadas por caminos de herradura a lugares como Huacrachuco pertenciente al Departamento de Huánuco. Vivía por allí un hombre llamado Gabriel Tuanama, a quién se le conocía con el brujo mas temible del lugar, pues la gente de esta Comunidad vivía atemorizada por los maleficios de este hechicero.

Cuentan los moradores de este lugar, que este brujo no tenía residencia fija en la Comunidad, pues siempre desaparecía del pueblo y cuando regresaba lo hacía precedido de un ave de mal agüero llamado “ayapullito”,y en cuanto llegaba al pueblo sucedían cosas extrañas, como la muerte repentina de un morador, la desaparición de alguna dama, la quemadura de ciertos niños o el ahogamiento de algunos jóvenes.
El brujo mas tarde logra tener su casita en las afueras del pueblo y cuando este señor salía del lugar, la casita se quedaba deshabitada y nadie se atrevía a visitar dicho lugar. Los moradores para agradarle al brujo y no tener amenazas, le llevaban todo tipo de comestibles y le hacían entrega con mucha devoción.

El brujo permanecía cerrado en su domicilio hasta por un mes, durante ese tiempo la gente no salía a la calle y si lo hacían, salían en parejas por las noches, toda la gente permanecía en sus casas y se podía ver que en la puerta de cada casa, se hallaba colgada una rama de huingo y además dormían con la pretina enroscada bajo su almohada para protegerse de posibles espíritus malignos.
Según las creencias y tradiciones selváticas, la rama de huingo, la pretina y también las tijeras actúan en defensa de las personas contra los espíritus malignos.

La población a media noche era testigo de ciertas cosas como de cerdos que misteriosamente iban aumentando desde 01 hasta 08, luego se duplicaban y comenzaban a volar, también veían a jinetes nocturnos vestidos de negro, que daban varias vueltas y desaparecían en el aire o los veían dirigirse al galope en dirección al lugar donde vivía el brujo. Al día siguiente se enteraban de que algunas personas habían muerto repentinamente y la gente vivía en estado de zozobra y en permanente temor, esperando el momento menos pensado en que podía aparecer el “ayapullito” acompañado de otras aves como los “pichihuichis” y bandas de aves negras denominadas las “vacamuchachas”.

Cuando ya los moradores se disponían abandonar el lugar, llega al pueblo el Sr. Juan Castillo en plan de cazar animales y al ser informado de los poderes de las aves y del brujo, decidió pasar por delante de la casa de Gabriel Tuanama el brujo y al estar frente a su casa, con su potente retrocarga eliminó al “ayapullito”.
Más tarde, al llegar al pueblo, les contó lo que había hecho con el “ayapullito”, entonces los pobladores temiendo una posible venganza del brujo, se reunieron y acordaron hacer frente a lo que viniera y como el brujo no venía y para terminar de una vez con la pesadilla que azotaba al pueblo decidieron buscar al brujo y eliminarlo. Se fueron bien armados y cuando estaban a unos 50 mtrs. De la casa del brujo, vieron un gigantesco perro negro que se encontraba en la puerta de la casa, con unos ojos rojos que brillaban en la oscuridad y que frente a los disparos al aire que hacían los moradores, el perro corrió a la espesura del bosque, perdiéndose entre las sombras de la noche.

Los pobladores al no encontrar ninguna respuesta, prendieron fuego a la casita de paja del brujo, acabó el fuego y con cierto temor los pobladores buscaron rastros del brujo sin resultados positivos y cuentan que el brujo se escapó convertido en PERRO.

Al día siguiente, el brujo Gabriel Tuanama le hizo soñar a Juan Castillo y le dijo que si no mataba al “ayapullito”, el hubiera continuado matando poco a poco a toda la población de Uchiza, ya que en el “ayapullito” residía todo su poder maléfico y que algún día los pobladores del lugar se acordarían de él.
Y a partir de aquel día no volvieron a suceder cosas extrañas en el lugar y la población de Uchiza vivió ya en paz.

Carlos Velásquez Sánchez