jueves, 15 de marzo de 2012

EL LAGO ENCANTADO

Cuentan los antiguos moradores que a dos días de camino de la localidad de Papaplaya existe un inmenso lago llamado “Padre Cocha”, debido a que una vez un curita se metió aguas adentro y nunca más salió.
Cierto día, dos montaraces incursionaron por el canal de desague de u primer lago llamado “Yanayacu”(agua negra) y después de remar en su canoíta por espacio de siete horas y cuando el sol se ocultaba no pudieron avanzar ya que un enorme animal les cerró el paso.
Ante esto, los dos amigos se miraron asustados y uno de ellos exclamó:”Oye Puricho, creo que es una “sachamama” y si nos acercamos, nos puede echar hilo y comernos.
¡No creo!, respondió don Fulgencio, que así quería dar valor a su amigo. Después de un rato sacaron sus linternas y alumbraron hacia el lugar donde el animal se movía furioso y cual no sería su asombro, al ver dos enormes ojos brillantes y una enorme boca desdentada por la vejez.
¡Puri! Prepara la escopeta y baleále, es un lagarto negro y su cuero servirá para venderlo en Yurimaguas. Inmediatamente sonó un atronador ruido y el chapoteo en las aguas del Yanayacu; la primera presa había caído.
Tras un breve forcejeo lograron meter la presa a la canoa y se dirigieron a unos tambitos ribereños, donde se dispusieron a eviscerar al gran reptil que pesaba mas de 120 kgs.
La jornada duró toda la noche y en horas de la madrugada se acostaron ambos, quedándose profundamente dormidos.
Al amanecer don Fulgencio inició la conversación:”No he dormido rico, la pesadilla me ha querido dar, soñé que una tremenda sachamama salía del lago y nos tragaba a los dos.
Ante esto, don Puricho también contó lo suyo:”Yo también he tenido una pesadilla, soñé que en medio del Padre Cocha apareció una boa y su luz nos empañaba, luego aparecían muchos enanitos y nos hacían ahogar en el lago.
Procupados , los dos amigos continuaron su viaje, después de haber desayunado un pedazo de lagarto asado y el resto todo fileteado estaba en la barbacoa para secar.
Cruzaron el Yanayacu en tres horas, anclaron su canoa y caminaron medio día, cerca a una collpa en un tronco de ubos prepararon su chapana.
A las 7.00 p.m. más o menos, escucharon pisadas en las hojas secas y al oir que algún animal tomaba agua en la collpa, los dos enfocaron sus linternas, pero ¡Nada!. La noche era tan oscura que los dos amigos tuvieron miedo, en eso pasó un enorme murciélago(masho) que trataba de morder la oreja de Puricho, quién de un manotazo espantó al horrible “masho”.
A la medianoche , más o menos, de repente la chapana fue sacudida y los dos montaraces derribaron sus linternas y escopetas, las sacudidas eran más fuertes y ellos se aferraban bien a las ramas.
En medio de las oscuridad Puricho y Fulgencio temblaban y rezaban de miedo:Padre nuestro que estás en los cielos, no nos dejes caer.Santo Dios, Santo Inmortal, Santo Fuerte, Tata Roque, Tata Agonía, Ay Taitito, rezaban.
Hasta que después de un largo rato, escucharon llorar a una criatura, los dos se cogieron de la mano y coincidieron en decir:¡ Es la madre de la lupuna!.
Amaneció y pasado el susto, continuaron su viaje hasta divisar la majestuosa e inexpugnable laguna de “Padre Cocha” en medio de esa jungla.Era increíble lo que se veía: aves, lagartos, peces, culebras y todo tipo de vida estaba ahí en su estado primitivo.
Los montaraces no podían dar crédito a tanta riqueza y belleza a la vez, por mucho rato quedaron observando cuan grandiosa y misteriosa es la Selva Amazónica.
Luego se acercaron lentamente al lago, pero, ni bien habían caminado unos cuantos pasos, el cielo comenzó a oscurecerse y cayó una lluvia torrencial con rayos, truenos y relámpagos.
Puricho y Fulgencio corrieron a guarecerse debajo de una poloponta y una vez que pasó la lluvia, dieron un rodeo y se sentaron cansados sobre un “viejo árbol caído”. Aquí Fulgencio se puso a jugar con su sable y cortar algunas malezas.
Repentinamente sintieron un temblor nuevamente y resulta que se habían sentado, nada más y nada menos sobre el Sachamama.
Los dos montaraces corrieron como alma que lleva el diablo, cayendo y levantándose, hasta que por fin se detuvieron a descansar.
Así estuvieron mucho tiempo,luego retornaron al lago donde ver cantidad de peces negros y paiches voluminosos que nadaban libremente.Había boas de diferentes tamaños que salían y se sumergían en el lago.
Al atardecer regresaron a su improvisado campamento donde pasaron la noche y al amanecer prepararon su desayuno: una canguita de panguana.
Rápidamente recogieron sus enseres y regresaron al Lago de Yanayacu, aquí encontraron un árbol de moena, donde pudieron notar que era una hermosa collpa, sin pensarlo más, cortaron palos y armaron de nuevo sus chapanas para aumentar el mitayo.
Al atardecer,Fulgencio mató de un solo tiro a dos hermosas aves, y más tarde ya de noche, se oía el pisotear en las hojas secas, los amigo alumbraban la collpita con sus linternas, pero no veían nada, así iba pasando la noche y a lo lejos e escuchaba el canto lastimero del ayaymama produciéndoles escalofríos.
Pero repentinamente, la selva entró en un silencio los agudos oídos de Puricho y Fulgencio percibieron que algo sucedía abajo, enfocaron sus linternas listos para disparar y vieron que frente a su chapana estaba mirándoles un tremendo otorongo que hambriento raspaba la tierra con sus enormes moquetes y sin pérdida de tiempo le dispararon.
El tigre rugió de rabia y dolor, luego reaccionando se abalanzó a uno de los horcones que servía de soporte a la chapana.
Los amigos intentaban dispararle nuevamente, pero el animal era muy inteligente y se metía debajo de la barbacoa, que intentaba trepar por los palos, pero, como eran delgados no podía subir.
La chapana se balanceaba, cayeron las armas y las linternas y antes que cayera Puricho sacó su pretina e hizo un lazo que lo amarró en la rama más grande y gruesa del árbol que le servía de base para su chapana, trepó y se sentó como si estuviera en un columpio.
Mientras tanto, Fulgencio que era el más joven, logró trepar a una rama de otro árbol cercano y se acomodó en el preciso instante en que la chapana caía.
Los dos amigos se llamaban y el otorongo porfiaba en su intento de trepar a los árboles, así pasó la noche y al amanecer pudieron ver lo grande que era el otorongo, éste se retiró con la cabeza ensangrentada y cojeando.
Los dos amigos bajaron y persiguieron al otorongo herido, que lo vieron que se metía en el hueco de una roca y ahí se desquitaron, lo mataron de dos certeros disparos,
Los dos amigos con esto, ya no quisieron saber nada de mitayo y retornaron a sus hogares, llegaron con fiebres altas, producto del miedo.
Las familias preocupados, trataron de averiguar que les había pasado, pero ellos solo atinaban a llorar, hasta que por fin Fulgencio pudo relatar todo lo que les había sucedido y por fin el curandero del pueblo supo como curarles del manchari.
Después de toda esta aventura, los dos montaraces narraban a sus vecinos los misterios y maravillas que encontraron en su viaje al “lago encantado” del Padre Cocha y cuentan también ellos que vieron a una enorme “sirena” que viajaba encima de una taricaya y que sobre el lomo de una “sachamama” había crecido un cético.
Así que amigos, les puedo llevar al Lago Encantado “Padre Cocha”.

Carlos Velásquez Sánchez

lunes, 12 de marzo de 2012

L A S H U S H U PE

Una vez nos fuimos a cazar monos , baleándolos para secarlos, entonces un peón por seguir una trocha para agarrar crías de monos, no se da cuenta que la shushupe está amontonado.
Cuando está despierta , la shushupe se lanza contra ti y te muerde..Cuando está dormido , la pisas y antes de que se despierte, tú ya has pasado.
Se hace un lote así, cuando menos de un metro de alto y su cabeza lo pone encima. Y este hombre se tropieza precisamente al lado del animal y con una mano al caerse le apreta.
Entonces, el animal ahí mismo: faaa, le agarra de la parte de la espalda, le jaló porque era un animal grande.
El hombre al sentir que le muerde la víbora shushupe, quiso avanzar otra vez, le pega otra mordedura, le da en la rabadilla tres mordeduras más el bendito animal.
El gritó. Escuchamos su grito y corrimos y le hallamos al hombre ya agonizando y poco después murió.
Encontramos su escopeta, hallamos a la shushupe y le matamos y al hombre le enterramos en la montaña, porque a nuestro caserío era demasiado lejos para trasladarlo.
Por eso cuando la víbora shushupe te muerde bien, duras quizás media hora y a este hombre le había mordido tres veces haciéndole tres terribles rajaduras profundas.

Carlos Velásquez Sánchez

sábado, 10 de marzo de 2012

E L T I G R E

Dos nativos, padre e hijo salieron a negociar por el río a los caseríos, llevaban caucho, cushmas, flechas, tinajas y otras cosas. Cuando se acercaban al primer caserío ven las huellas del tigre en la playa y a medida que van surcando aumentan las pisadas, van con miedo y vadean el río a la otra orilla.
Llegaron al caserío al atardecer, atracan en el puerto, silban , puquean, pero nadie les sale a recibirles, suben y ven un campo desolado con casas sin habitantes, sembrado de huesos y calaveras de gentes y las pisadas de los tigres y deciden regresar.
Al entrar en la canoa, les sale un pichón de paujil, el joven quiere flecharlo, pero su padre le dice que no lo mate, pero el hijo le desobedece y disparó una flecha contra el paujil hiriéndole. Al picarle, rugió un tigre, el mismo paujil era un tigre, que abalanzándose sobre la canoa, devoró en unos instantes al anciano padre.
El joven se dio a la fuga,de jando la canoa, nadando río abajo y al llegar a una quebradita entró en ella y se hundió en un pozo para esconderse del tigre.Pasa el tigre al anochecer, pero el joven se hunde dejando fuera la nariz para respirar y el tigre no le vio.
Luego el joven sigue nadando río abajo y se esconde entre dos piedras,desde allí ve pasar una canoa vacía. Era la canoa de su padre y oye la voz de su padre que también viene río abajo y le dice:”Hijo, ven, ven…”.
El joven no contesta, porque a su padre le comió el tigre y se había convertido en el mismo tigre. La voz se oye más cerca:”Hijo, ven, espérame..”.Se acerca más:”Hijo, porque me dejas…”.Le vio de cerca y le pareció su padre.Pasó , regresó y volvió a pasar.
El joven tuvo intenciones de hablar, pero se resistió, acordándose del tigre, la última vez que pasó de nuevo su padre, djo:”Sino te hubieras escondido, te hubiera comido, carajo.”.
El joven se alegró de no haber hablado y el tigre entró en el monte. Al amanecer el joven siguió río abajo a nado, llorando de miedo y llegó a su casa al anochecer. Ya estaba salvado, pero en su casa no había nadie, pues los mismos tigres los habían comido.
No sabía que hacer, si huir o morir.Por fin, decidió convertirse en gavilán y para esto reunió hojarascas de plátano y se metió debajo de ellas.Poco a poco le iban saliendo plumas y a los tres días era un gavilán y voló por el espacio.
De este modo se salvó de las garras de los tigres.

Carlos Velásquez Sánchez

lunes, 21 de noviembre de 2011

E L T I G R E N E G R O

Es la fiera mas temida de la selva. Generalmente ataca por las noches, después de haber ejercido su poder hipnótico sobre sus víctimas.

C U E N T O:

06 amigos se internaron en la selva en busca de maderas finas y llegaron a un lugar elegido donde construyeron su campamento. Durante dos semanas les fue bien, habían ya marcado buena cantidad de cedros y águanos, para eso salían diariamente por parejas en diferentes direcciones y poco a poco se iban alejando más y algunas veces les sorprendía la noche en plena selva y tenían que pernoctar allí, trepados en un árbol hasta que amanezca.
En una de esas salidas, la pareja que estaba más lejos, descubrió en forma casual las frescas pisadas del temible tigre negro y regresaron al campamento para advertir al resto del peligro que corrían si permanecían por más tiempo en ese lugar. Y ellos acordaron montar guardia nocturna permanente por parejas.
Y desde esa misma noche se comenzó con la vigilancia y se prendió una fogata a pocos metros del campamento, junto al árbol donde se instalaban los vigilantes. Toda la noche se la pasaban conversando, pero siempre atentos de cualquier indicio revelador de la presencia cercana del tigre negro. Tenían listos sus armas y sus machetes.
Al día siguiente seguían con su trabajo de marcar árboles y uno de ellos estaba nervioso y preocupado sin saber porqué y su deseo era regresar cuanto antes porqué tenía funestos presentimientos.
Vayamos con mucho cuidado y con los ojos y oídos bien abiertos, le dijo a su amigo. Marcaremos solo unos cuantos árboles y regresaremos al campamento. Y su aflicción llegó al colmo, cuando al medio día la chicua les sorprendió con su sonoro canto, muy cerca de ellos y le fue persiguiendo por largo trecho de rfama en rama, sin dejar de cantar, de pronto calló y desapareció.
Entonces, decidieron regresar y llegaron a un extenso yarinal (palmeras), cuando de pronto oyeron a lo lejos cierto rumor que poco a poco fue en aumento, pues se acercaba una manada de huanganas, que venía sorne ellos y eso les obligaba a tomar medidas de seguridad para escapar de su furia, porque estos animales cuando andan en manadas arrasan todo lo que encuentran a su paso. No respetan al hombre, por mucho que pudiera estar armado, de allí que los mitayeros que andan con sus perros, tienen que subirlos a un árbol junto a ellos, para evitar que sean destrozados.
Tuvieron pues que subir a un árbol para no ser arrasados, pocos minutos después, la gran manada estaba ya debajo de ellos, pero la manada se detuvo justo debajo de ellos a comer los frutos de la yarina, alimento favorito de estos animales.
Las horas iban pasando sin que los animales dieran señales de retirarse y mientras tanto se acercaba la noche, cuando ellos todavía estaban lejos del campamento.
Momentos después oscureció y la manada permanecía allí y los amigos no tuvieron mas remedio que resignarse a pasar la noche trepados en ese árbol que les sirvió de protección. Cuando los animales se retiraron era tarde y al día siguiente reanudaron su camino al campamento. Al llegar a éste, notaron que todo estaba en silencio y reinaba completa calma y pensaron al no ver a sus compañeros, que quizás habían salido en busca de ellos o a continuar su trabajo.
Pero de pronto a los amigos les dio un vuelco al corazón, al ver que de los árboles más cercanos a los tambos del campamento revoloteaban unos gallinazos y corrieron hacia los tambos y al llegar a la puerta quedaron paralizados de horror al contemplar los cuerpos sangrantes y muertos de dos de sus compañeros.
Luego reaccionaron y corrieron al otro tambo para ver a sus otros dos compañeros, pero no estaban y empezaron a buscarlos. Pero, solamente dieron unos cuantos pasos y vieron sus cadáveres igualmente destrozados de los otros dos amigos y nuevamente quedaron paralizados de horror, luego pensaron y expresaron: los indios.
Examinaron los cuerpos de sus infortunados compañeros, pero no presentaba huellas de balas ni de flechas, tanpoco heridas cortantes, ni golpes contundentes y se dieron cuenta de algo común en los cadáveres, todos tenían los cráneos destrozados y sin sesos, las partes del cuello y de la cara con feroces rasguños, todos presentaban una extraña palidez, como si les hubieran extraído hasta la última gota de sangre.
Después de ver esto, no había dudas, era obra del sanguinario tigre negro que tuvo su gran festín al sorprender a sus compañeros a pesar de la estricta vigilancia, cumpliéndose así al pié de la letra, la leyenda de su gran poder magnético para insensibilizar a sus víctimas, antes de atacarlas,
Luego, dieron cristiana sepultura a sus infortunados compañeros y abandonaron el campamento, no sin antes dar las gracias a Dios por haberles librado de una muerte segura al interponer en su camino a la manada de huanganas y así se alejaron para siempre de ese lugar, llevando la triste noticia a los familiares de las víctimas.

EL GALLINAZO

En cierta ocasión, un gallinazo se convirtió en un indígena, vestía cushma negra con pintas blancas y sobre su cabeza llevaba un sombrero rojo. Un día llegó a un caserío y se enamoró de una muchacha con la cual se casó a los pocos días.
Ella tenía padre, madre y una hermana menor soltera. La familia de la mujer querían que hiciera la chacra y la casa al lado de ellos y vivieran juntos, pero el gallinazo se opuso, decía que no estaba acostumbrado a vivir en sociedad.
Esto desagradó a los suegros quienes pensaron en deshacer el matrimonio, pero los dejaron que fueran a vivir a donde ellos quisieran y se fueron lejos, río adentro.
En su casa ya el nativo recibía visita de los gallinazos y el mismo se convertía en gallinazo para conversar con sus paisanos. Su ocupación era comer para vivir y vivir para comer, pero siempre compartía la comida con su señora que le servía ya cocinados o asados.
La señora solo se ocupaba de hilar y tejer cushmas que el gallinazo regalaba a sus paisanos o las cambiaba por carne o suciedades con las cuales preparaba él las comidas para su señora.
Un día, los suegros y cuñada del gallinazo fueron a visitarle a su casa. El gallinazo y su mujer se alegraron muchísimo. El gallinazo salió con sus flechas a pescar en una quebradita en el monte y su cuñada le seguía de lejos para presenciar la pesca. Hubo un momento en que el gallinazo se detuvo y ella paró también observando detrás de un árbol lo que hacía su cuñado y lo vé que está juntando suciedades, las envuelve en hojas y las amarra con bejucos, después prendió fuego a unos palos y puso los envoltorios a asar.
La cuñada regresó corriendo a dar parte a sus padres y hermana de lo que acaba de ver, éstos se indignaron. Pensaron todo irse a la casa paterna y abandonar al gallinazo, pero creyeron que mejor sería darle una paliza al gallinazo, antes de abandonarlo.
Al poco tiempo llegó el gallinazo silbando, traía diez patarashcas de pescado ya asados y listos para comerlos, los entregó a su esposa. Esta le recibió y los tiró a un lado mostrando desprecio y le increpó diciéndole:¿Porqué traes siempre patarashcas mal olientes y nunca traes pescados frescos?.
Hemos visto lo que hiciste ¿Con esas suciedades nos alimentas? Y cada cual con un palo, palearon al gallinazo en las patas para que no escapara. El nativo gallinazo lloró, gritó, pidió perdón, sin ser atendido.
Al final no pudo aguantar los palos y se convirtió en gallinazo y voló a reunirse con los suyos para no regresar más. El gallinazo ahora está cojo y camina brincando, por los palos que recibió cuando era nativo.

EL BURRO Y LOS GALLINAZOS

Una vez en Saposoa, un burro socarrón y pendejo quiso burlarse de los gallinazos. Se hizo el muerto y se le acercaron dos gallinazos con la seguridad de pegarse un banquete bueno. Pero, se pusieron a discutir sobre, por donde debían comenzar a comer al burro.
Ojoleo primero, decía uno de ellos. No, ocote primero, ojoleo primero, ocote primero,
Hasta que éste último, sin esperar más, metió su cabeza en el ocote del burro y éste al toque encerró y ajustó su ano, aprisionándolo.
Ves, ya ves, ya vés, peor va a ser, habló entonces el otro gallinazo. No me hicistes caso. Era mejor ojoleo primero y voló, dejando preso a su compañero en el ocote del burro pendejo.

Carlos Velásquez Sánchez

jueves, 20 de octubre de 2011

E L T I G R E

Una vez un nativo salió de caza al monte, se fue muy lejos y en una quebrada vio a un tigre que caminaba hacia él. El nativo se le enfrentó apuntándole con la flecha con la intención de matarle y el tigre acobardado dio un salto hacia atrás, rugió y huyó, el nativo le siguió, pero no le dio alcance.
Cuando de pronto se dio cuenta de que estaba en medio de una manada de tigres, que enfurecidos trataban de devorarle, vio un hueco en la raíz de un árbol, se metió en él y lo tapó con un tronco.
Los tigres se dispersaron y solo quedó un tigre, el más grande con un tigrillo pequeño.
El tigrillo olió, buscó dentro del hueco en el que estaba el nativo, comenzó a escarbar aullando, el tigre también se acercó al árbol para oler y supo que allí se escondía una persona. El tigre reprendió al tigrillo, diciéndole¿ Porqué sigues a la gente?, ese que está dentro del hueco es mi paisano, déjale.
El tigre era ya una persona que vestía una cushma pintada y le dijo al hombre: Sal del hueco, no te haré nada, pues tu eres hombre como yo. Pero, el hombre no se atrevía a salir, luego llegaron otros cinco tigres más a olfatear a la presa. El tigre se quitó la cushma para que el hombre le observara desde el hueco y viera que era nativo como él y en su presencia amarró al tigrillo y a los otros cinco tigres.
Después escarbó la tierra, quitó el tronco y sacó a la fuerza al hombre, que asustado le observaba.
El tigre dijo al nativo: Yo soy tu paisano , no me tengas miedo. Recibe este “piri piri” que te doy y mañana me esperas en tu casa para salir a pasear contigo. Le prestó también la cushma para que parezca tigre y reciba a los tigres.
El hombre se fue masticando el piri piri a su casa, en el trayecto se encontró con muchos tigres, le respetaban porque notaban que había masticado el piri piri y conversaron con él.Solamente el tigre negro no le habló y se detuvo lejos sentado sobre su rabo, mirando al nativo con ojos de rabia.
Cuando el nativo llegó a su casa , saludó a su mujer, suegro, cuñados y demás paisanos, les dijo sobre las visitas de los tigres que iban a venir al Caserío y les aconsejó que se conservaran a cierta distancia de ellos y no les molestaran para no ser atacados.
El nativo rozó, limpió al lado de su casa, formó una plaza y colocó algunos asientos para que descansaran los tigres cuando fuesen a buscarlos. Hasta que cierto día se aparecieron en la casa del nativo una manada de tigres, venían a vistarle, él les invitó a comer, pero ellos no le aceptaron la comida.
El hombre se extrañó y tuvo miedo y le preguntó al tigre porque aquel desaire. El tigre le contestó: Porque cada cual trae su comida, pero además le dijo:No les invites a comer, porque se comerían a tu mujer.
Efectivamente, esa era la razón, pues el nativo vio que ellos traían carne humana: piernas de gente ahumada, sachavacas, venados, monos. El tigre grande traía además sachapapas para su fiambre. Cada tigre extendió en el suelo el envoltorio de hojas y comieron. Terminada la comida se fueron los tigres, pero regresaron a los tres días, van y vienen cada cierto tiempo.
El nativo llegó a casarse con una tigre hembra que le visitaba y con ella tuvo cinco hijos. Un día esta mujer se llevó al nativo de paseo a su casa, era éste un hueco entre las peñas, allí estuvieron cinco meses, sus hijos ya eran grandes.
Los nativos del caserío estaban nerviosos entre tantos tigres que les visitaban, pensaban en aquellas visitas tan pacíficas habrían de tener mal fin.Por eso decidieron matar al nativo, pues muerto él, se irían los tigres. Así lo acordaron y así lo hicieron.
Unos cazadores envenenaron al nativo y murió.Sus dos mujeres, la nativa y la tigre hembra lo enterraron y a los pies de la tumba se colocó un hijo suyo, a la cabecera otro y encima se echaron las dos mujeres una a cada lado.
Sobre la tumba del nativo cuidarían al difunto y le llorarían eternamente.Lloraban sin consuelo día y noche y cuando llegaron los tigres para hacer su acostumbrada visita, las encontraron todavía llorando.
Ellos también sintieron el dolor del amigo muerto, se juntaron todos y comenzaron a gritar, aullar y llorar la muerte del nativo, pasaba ya una semana y seguían llorando sin consuelo, se juntaba a la pena el hambre y lloraron también de hambre.
La mujer nativa tenía hambre, quiso ir al platanal, pero no se decidía por miedo a tantos tigres hambrientos, pidió garantías para su vida y el tigre grande se las dio. La mujer fue al platanal, comió plátanos, sació el hambre y recuperó las fuerzas perdidas para continuar llorando.
Las demás gentes del caserío, también se habían asustado al ver y oir aquel espectáculo, que también eran víctimas del hambre.
Cuando se cumplió un mes de la muerte del nativo, todos los tigres se fueron a sus guaridas, la mujer tigre y sus hijos también se fueron.
La nativa que había quedado viuda, se quedó en el caserío, allí encontró otro marido, paisano suyo, con él se juntó y vivió feliz y los tigres nunca más se aparecieron por e caserío.

LA CIUDAD ENCANTADA

Hace cientos de años había una ciudad muy bonita de calles rectas y elegantes casas, fue la antigua ciudad de Saposoa.
Esta ciudad se encontraba cerca de las nacientes del río Saposoa, pero años después en la época de la Colonia, el Capitán español Lope de Aguirre, aventurero y ansioso de riquezas llegó a ella. Los habitantes al verle con barbas de oro, ojos azules y regia vestidura, se llenaron de espanto y se refugiaron casi todos en el Templo, cuyos ornamentos e ídolos estaban fabricados de oro y plata.
El Capitán Lope de Aguirre que tenía el brazo derecho más largo que el izquierdo y una estatura considerable, aprovechó el temor de los pobladores y se dirigió al Templo donde estaban reunidos y ante su presencia los pobladores huyeron despavoridos al bosque.
Lope de Aguirre entró al Templo y cogiendo los ídolos de oro, salió y cerca de la puerta del templo había un pequeño charco, donde Lope agobiado por el peso de su carga, dejó caer un ídolo, el cual se sumergió en el fondo.
Y pocas horas después el pequeño charco se iba agrandando con un remolino de espumas en la superficie.
Este pequeño charco convertido ya en laguna, tenía como “madre” un toro negro que salía por las mañanas y tardes a bramar furioso. Lope de Aguirre llevando los ídolos que le quedaba se fue a Loreto.
La ciudad fue tragada por la laguna, los moradores bajaron por el río en balsa y canoas en busca de un sitio apropiado para fundar un nuevo pueblo y llegaron al lugar comprendido entre el río Saposoa y el riachuelo Balsayacu donde se establecieron.
En este lugar, sin embargo, vivían mortificados por las nubes de vampiros.
En tales circunstancias, los indios lamistos, atraídos por la caza, hicieron su campamento en un hermoso lugar a orillas del río Saposoa. Y mediante un entendimiento con estos indios, los pobladores se establecieron en este sitio, dando origen a la actual ciudad de Saposoa.
La antigua ciudad de Saposoa, está , pues encantada, convertida en una hermosa laguna a donde nadie puede llegar.

LAS HUANGANAS
Los jabalíes, son los gitanos de la selva. Andan por toda ella en manadas inmensas, acampando por la noche y emprendiendo la marcha a las primeras luces del día.
Son una avalancha incontenible.Una fuerza ciega. El jefe va 50 o 100 metros adelante,guiando a la manada.Es un macho recio, astuto, luego vienen otros muchos, formando como una especie de cuerpo de choque.
Enseguida las hembras y las crías protegidas por columnas de machos por los flancos y la retaguardia. Las huanganas son del tamaño de un cerdo, de color cenizo, con mandíbulas blancas y no poseen cola.
Pasan un río, por mas considerable que sea, a nado. Se empujan unas a otras y cuidan principalmente de las crías a las que las levantan con los hocicos. El hombre les tiene miedo. Cuando oye a las huanganas, inmediatamente se suben a un árbol, desde el cual les caza con armas de fuego o cerbatana.
Procura matar al jefe, al guía, pues la muerte de éste origina confusión y el desbande de la manada. Se cuentan muchas historias de hombres destrozados por las huanganas, de árboles donde se hallaban, a los cuales les derribaban a mordiscones estos enfurecidos animales.
Ni los tigres se atreven a atacarles, se contentan con seguirles y sorprender a las atrasadas, a las cansadas. Por eso acampan temprano, antes que anochezca, encerrando los machos en un círculo de hierro a las hembras y jabatos, y centinelas apostados estratégicamente en torno de la manada amanecen en vela.
Pero, ay del tigre que cae en medio de ellas, en menos de lo que pica un zancudo no queda de él ni su bigote. Cuando el tigre es acorralado por las huanganas, se tumba en el suelo, se hace el muerto y se deja comer por las huanganas.
Manadas batidas por los cazadores, sin guías, sin jefes, salen a veces a los pueblos,aturdidas y atolondradas.
Las gentes hacen entonces una abundante y fácil cacería.Matan huanganas con escopetas, cuchillos, garrotes, luego salan su cuero y la ponen a secar al sol en los patios y huertas, en elevados armazones.(Francisco Izquierdo Ríos)

MISTERIOSA SELVA

De la selva, solo tenía algunas referencias : que hacía un calor maldito y llovía mucho, que sus mujeres ardientes y hermosas podían enloquecer a los hombres.
Algunos amigos me contaron bellas y terribles historias de amor, si te descuidas, me dijeron : la selva te puede atrapar con sus encantos y yo les decía que no eran más que creencias, puras leyendas.
Jamás imaginé que podría vivir en el agua sin resfriarme, aquí el ambiente selvático era agradable y surcar los ríos de la selva.
Con mis amigos Shemeco,Bolches y Rafico armábamos la timba y en las noches de lluvia, los lugareños narraban historias inagotables en la que los chullachaquis juguetones y chichas agoreras compartían el monte con los tunchis y los yacurunas,mientras las botellas con extrañas cortezas maceradas en aguardiente pasaban de mano en mano, afloraban los secretos del monte: pusangas para conquistar a la mujer esquiva, bufeos que se llevaban a sus parejas escogidas o los poderes de muerte del árbol de la lupuna.
Los sábados había que bajar al pueblo al Bar de la Negra,allí la conocí y me impresionó su belleza selvática, su juventud y tristeza que habitaba en su rostro y me enamoré de ella con locura, mejor dicho nos enamoramos los dos y comenzamos a vernos a escondidas en el monte.
Veía que la obsesión de ella por el río era constante y en la quietud del bosque parecía entender el lenguaje que provenía de sus aguas.
Y esa noche, ella mirando al río me dijo:”Mi amor, un día, nos iremos para siempre “.
Pero, yo estaba decidido a sacarla de la selva y llevarla conmigo a Trujillo y cuando le decía esto, solamente sonreía.
Una noche, junto al río contemplábamos en silencio el cielo iluminado, de pronto una manada de bufeos colorados apareció, y comenzaron a saltar sobre las aguas y ella mi “negrita” presa de un extraño temblor se apretó contra mi cuerpo buscando protección y dándome un beso en cada pàrpado me dijo: “Para que nunca me dejes “ y se fue.
Al día siguiente, mi amigo Ishtán me avisó que habían visto a la Negra regresar al río a la medianoche y entrar desnuda en sus aguas. Luego de varios días de búsqueda infructuosa, el brujo en sus sueños de ayahuasca, localizó su cuerpo carcomido por los peces río abajo.
La enterramos, y desde ese mismo día comencé a sentir su insistente llamado. Abrumado por la tristeza y asustado por lo que ya presentía, solicité a la Empresa mi urgente regreso a la ciudad de Trujillo.
Partí en medio de una incesante llovizna en la madrugada y en la curva del puente a la salida del pueblo, por no chocar con un camión hice una mala maniobra y caí al río,luego el silencio absoluto y la oscuridad total que poco a poco se va aclarando y una luz intensa me invita a cruzar hacia mi nueva forma.
Intento avanzar, los latidos de mi corazón tienen otro ritmo, siento la necesidad de vivir en el agua, ya puedo controlar mis aletas y con las ondulaciones de mi cuerpo voy avanzando por la playa. Emito mis primeros chillidos que en el aire de la noche se entrecruzan con los de ella, mi Negra, que me espera en el agua, juntito a la arena y en el centro del río, la manada juguetona nos recibían alegres.
Yo y mi querida Negra,éramos ya unos BUFEOS felices en las profundidades de este río amazónico.

Carlos Velásquez Sánchez

jueves, 18 de agosto de 2011

EL MACHACUYACU

El Machacuyacu, es una quebrada que corre por el fondo de las Pampas de Fachín de la ciudad de Moyobamba y tributa sus aguas al río Mayo.
La creencia popular se expresa en que una burra era la “madre” de dicha quebrada, que aumentaba de tamaño al ser montada por un grupo de traviesos niños que paseaban por ese lugar, con la pretensión de sumergirlos en el agua y llevarlos a las profundidades donde se ubica su palacio construido con perlas y conchas de caracoles, cucharas y piedras preciosas, con abundantes peces que eran la fuente de la alimentación y la fortaleza de los vivientes.

EL CHAPANERO
Es el que tiene a su cargo la mitad de carne, el que hace el servicio de ir al monte y traer carne, de allí también que se le diga mitayero, del quechua “mitayoc”, el que hace o tiene a su cargo la ejecución de un servicio a favor del grupo familiar o ayllu de referencia.
Mitayo, se dice a las piezas de carne traídas por el chapanero. El chapanero hace parte de un grupo integrado por un número variado de personas de 4 a 6 que pueden ser familiares y amigos, que en ciertas épocas del año hacen expediciones de caza y recolección para proveerse de carne del monte, pues protegidos de gruesas sandalias, el pantalón ajustado a la cintura con una angosta faja de hilo, la escopeta sobre el hombro apoyada por la mano izquierda, un filudo sable corto en la mano derecha, que utiliza de vez en cuando para marcar en la corteza de los árboles la ruta de la selva.
Distingue perfectamente a la razón de tal o cual ruido. Sabe del ruido que produce el desplazamiento del venado, del majás, del armadillo y de los animales que se desplazan por las ramas de los árboles, a veces con saltos firmes y bien dirigidos, otras veces por las lianas o sogas que se tejen en el frondoso bosque.
Normalmente los que van de chapana son hombres, pero pueden ir, aunque es raro, también mujeres; la edad para integrarse a un grupo de chapaneo normalmente se inicia a temprana edad, no directamente para realizar las actividades de caza, sino como ayudante del grupo. Este puede ser un niño de 8, 12 a 14 años de edad que recibe el nombre de “camero”.
El camero colabora con el equipò principalmente cuidando las provisiones del grupo cuando éste constituye su campamento en la zona del monte. Ayuda al grupo eviscerando las piezas, salándolas, ahumándolas, haciendo el fuego, trayendo leña y cuidando de que las piezas cazadas o los trozos de carne ya preparados no sean objeto de sustracción por parte de animales o personas que eventualmente podrían transitar por el campamento cuando el grupo de chapaneo se ausenta de éste.
En la chapana se usa principalmente al denominada retrocarga, un arma de fuego de cañón largo que usa cartuchos cilíndricos de cartón, de base metálica, en cuyo centro existe una punta que hace las veces del disparador. Estos cartuchos llamados balas los consiguen en las tiendas locales.
Se trata de una escopeta, un arma de fuego de un metro de longitud formada por una pieza de madera en la que va el dispositivo para disparar y un cañón montado a continuación de ella.
El cuchillo y machete son los otros instrumentos necesarios para esta tarea, tanto para cortar y tasajear la carne del monte como para abrir la trocha y eventualmente para defenderse y matar animales.
El chapanero tiene que ser una persona que converse con la “sacha” ó monte. Coversar no solo implica conocer los caminos del monte, los hábitos y el ciclo de vida de los animales y aves del monte, saber disparar adecuadamente la retrocarga, sino estar en empatía con el monte, ser un conocido de éste, hasta llegar a ser un miembro más del bosque.

LA RUNA MULA
Nombre compuesto por los vocablos: “runa” que significa hombre y “mula” que es una bestia producto de la hibridación del caballo con el burro.
La Runa Mula, es una mujer casada que tiene relaciones sentimentales con el cura. Esta, en las noches de los días martes y viernes, toma la forma de una blanca y hermosa mula, la misma que es montada por un pequeño jinete con látigo en la mano.Cuando éste llegaba a la casa de la mujer, ella se revolcaba por el suelo y al instante quedaba convertida en “mula”.
El diablillo jinete montaba y luego de darle con furia con la rienda sobre las ancas, salían a todo galope por las calles botando chispas de candela, tanto del anca como del piso.
Cuenta la tradición que para saber, que mujer era la que convivía con el cura, se tenía que disponer de una hebra larga de soga de caballo, la que se atravesaba en la calle, porque iba a pasar la runa mula y al tomar contacto con la rienda, la mula tomaba forma natural de mujer.
Relatan que en distrito de Habana, provincia de Moyobamba, había un cura muy famoso, por sus aventuras amorosas con mujeres casadas, incluso llegó a procrear hijos en una de ellas.
Cuando la Runa Mula salía por las calles, la gente decía: ¡Está pasando la Agueda montada por el Padre Villacorta! Y cuando amanecía iban a ver a doña Agueda y la encontraban desganada, rendida sin ánimo de trabajar, pues, aducen que era por los fuertes latigazos que le propinaba su jinete en la noche anterior.

Carlos Velásquez Sánchez

martes, 21 de junio de 2011

NARRACIONES DE NUESTRA AMAZONIA

GRITOS Y LLANTOS

En el año 1978, los pueblos de la cuenca del Huallaga, Biabo, Mayo y otros cargaban con su cruz hacia su calvario. En Semana Santa, abandonados a su suerte, viven su tragedia, pero los hombres y mujeres de todas las edades no se acobardan, se agigantan, luchan incansablemente, las aguas han invadido las calles y plazas de muchos pueblos, los víveres escasean y el agua turbia y sucia no sirve para beber.
Pero pasó todo, el sol de la selva envía sus rayos de fuego y de las turbulentas aguas de los ríos, solo queda en la memoria como un mal recuerdo: grandes pérdidas.
El río Huallaga semejando una gran serpiente plateada, luego de haber saciado su hambre, se ha estirado a lo largo de su cauce, dejando al descubierto sus siniestras huellas, desolación y muerte, hambre y miseria, viviendas, escuelas, templos y grandes extensiones de sembríos destruidos.
Cuando era las 2.00 a.m., el río Huallaga había crecido mucho por encima de lo normal y Radio Tropical informaba sobre los primeros desastres ocurridos a lo largo y ancho de nuestra zona.
Hombres y mujeres luchaban a brazo partido contra las fuerzas incontrolables de la naturaleza, rápidamente las aguas avanzaban por las calles de los pueblos ribereños, lamiendo y carcomiendo los cimientos de las viviendas y que muy pronto se desplomaban ante la mirada de sus propietarios.
Los niños mas pequeños han sido trasladados a lugares seguros, se improvisaban pequeñas balsitas y en cuya cubierta amontonaban los pocos enseres y pertenencias que salvaban. El resto de sus cosas han sido arrasados por el torrente o han sido aplastados bajo las paredes de las viviendas desplomadas.
Después de muchos gritos y llantos, pasó el vendaval, las aguas han vuelto a sus cauces normales. Pero, la gran “llocllada” ha dejado sentir su paso por la selva, ya no se escucha como antes el croar de los sapos, al parecer el gran torrente también los ha arrastrado.
Las gentes de los pueblos se han refugiado en las escuelas y templos, de la tushpa o cocina campesina no han quedado ni sus rastros. Nuestras mujeres trabajadoras, apoyada por los varones improvisan pequeñas fogatas, con los pocos palos secos que encuentran y en torno a estas fogatas se agrupa la gente para recibir su calor y comentan todo lo que pasó.
El mas anciano del pueblo dice: “Yo soy uno de los pocos viejos que aún quedan en la zona, ya mis contemporáneos se han ido de este mundo, a ver si también llueve en el otro lado. Durante los años que he vivido, èsta es la mas grande las inundaciones que superó a la creciente del Huallaga de los años 1940.
En aquella vez, también llovió mucho y los ríos se desbordaron, hubo muchas pérdidas en animales y sembríos, sufrimos grandes hambrunas y carestías, en aquella vez todavía no había la radio, no habían los aviones, los helicópteros, solitos nomás y calladamente sufrimos, pero con esfuerzo y trabajo habíamos logrado superar la crisis.
En aquella vez, se culpó a unos montaraces, que yendo a cazar animales, le hicieron enfadar a la YACUMAMA ó MADRE DEL AGUA.
La Selva es otro mundo, en sus profundidades habitan seres de toda clase, desde los más pequeños arbustos, insectos, árboles, fieras gigantes.
En sus entrañas existen lagunas inexploradas perdidas en los remotos confines de la selva, lagos y lagunas en cuyas cristalinas aguas se ven peces multicolores, en la superficie de sus aguas se ven patos, gansos y hasta cisnes salvajes.
Pero, más al fondo en las mismas entrañas de esas lagunas, vive una descomunal serpiente, es la dueña y guardiana de esas aguas.
Es la YACUMAMA o MADRE DEL AGUA, cuya tranquilidad debe ser respetada, pero, en aquella oportunidad se contaba de que unos montaraces turbaron su tranquilidad, allá en las montañas del Alto Huallaga, al disparar varios tiros de escopeta, de inmediato vieron aquellos cazadores como el cielo se oscurecía, un débil y delgado arco iris se dibujaba entre las nubes, para luego caer sobre el agua, violentos rayos y relámpagos rasgaban el cielo y los remolinos de vientos huracanados abatían las ramas de los árboles que hizo caer torrenciales lluvias.
Había enfadado la YACUMAMA.

Carlos Velásquez Sánchez