sábado, 19 de enero de 2013

E L F A N T A S T I C O A G U A J A L

( Carlos Villacorta Valles )

El aullido de los perros que la distancia devoraba, llegaba a los oídos de un pensativo Tomas como arañazo de malagüero. Tenía que encontrar los aguajes, eran su sustento, por ello trataba de disipar la temible voz de la selva que no conocía con los sonidos del bosque, que como dulces trinos le llegaban.

Un airecillo tropical azotaba azotaba sus lacios cabellos, levantándolos ligeramente. Le habían dicho que por esos peligrosos parajes había grandes aguajales.

Silencioso avanzaba por un angosto camino. Ya presentía el aguajal por toda su piel. El olor a cocha y pantano le estrellaba suavemente a través de los hilos finísimos del airecillo tropical, que cada vez eran más aromáticos, con ese olor silvestre de aguaje fresco y acido, que solo los aguajeros lo pueden percibir de los aguajes.

De pronto se abrió ante su vista, un impresionante y fantástico bosque de árboles de aguaje-¿ Alguna vez, alguien ha visto algo  semejante?- se preguntaba Tomas. Se paró un instante, cerró los ojos y los abrió lentamente para comprobar si era cierto tanta maravilla. Ahí, estaba, exuberante, inmensos racimos de color marrón oscuro amarillento de los aguajes.

¡Qué cosa! ¡ No puede ser! Un pavoroso escalofrió, un hielo macabro de inmediato recorrió por sus asustadas venas. La dicha se transformó en angustiante y plomizo miedo.

¿ Sera un engaño del maldito pies torcidos?- pensó y pensó. Le vino a la mente tantas desgracias sucedidas por esta causa: locos, tarados, ciegos, chejos, muertos en vida deja el chullachaqui burlón a los distraídos solitarios que se dejan llevar por su melifluo poder engañoso, entra a nuestra mente y  nos lleva donde quiere. Pensó en la Juana y sus hijitos, sus amigos, sus vecinos, lo malo que se porta a veces.

¡ No, no puede ser! Estoy viendo con mis propios ojos. Ahora debo tocarlos.

Tomas caminaba, caminaba y caminaba, se agitaba desesperado queriendo coger los aguajes que parecía tenerlos a la mano, pero estos se alejaban, se alejaban y se alejaban con la sutilidad de estar siempre quietos.

Por fin llego, los cogía, los abrazaba, los ponía en la cara, daba vueltas de contento por uno y otro lado.

Ran sintió que los aguajales le quemaban las manos, el aguajal lanzaba rayos luminosos. Una lluvia de fuego cayó sobre su cabeza y una hilarante risotada con sonido de lejanía fue lo último que escucho.

Lanzo un chillido agónico como aullido y se perdió en el remolino de su mente. Se cubrió la cabeza con las manos y cerró los ojos para soportar las miles de hinconantes espinas que inclemente sentía se le clavaban en el cerebro y cayó como un tronco.

Dicen la gente , que cuando escuchan un aullido  hilarante en el fondo del bosque, es que alguien ha sido atrapado por el poder mentiroso del “shapingo”.

El “shapingo” es nuestra propia mente que nos atrapa en la soledad cuando no lo alimentamos con buenas lecturas- termino diciendo el maestro, al concluir la narración.

Un suspiro hondo se dejó sentir en el aula y a lo lejos, en las profundidades de la selva, el silbido de un lastimero aullido se dejó oír. Nadie lo escucho. Solo tú.

jueves, 17 de enero de 2013

EL SAPO HUALO

Cuando la noche arriba en medio de la selva se oyen los más increíbles sonidos que uno se pueda imaginar, casi como una especie de concierto natural se van escuchando extraños agudos, graves profundos, chillidos sostenidos, incluso gritos destemplados.

- Eso es algo de todos los días señor decía María.

María era una mujer pequeña, delgada pero con las manos fuerte como ella misma decía,

- Manos fuertes para trabajar señor, por que yo soy masajista en el spa del hotel donde usted se queda.  Estoy aprendiendo recién solo sé lo básico no más de reflexología y algo de masajes no más. Pero en lo que si soy buena es leyendo el aura en eso si soy buena y me viene de familia ah, mi mamá y mi abuela son buenas leyendo el aura.

- Si quiere le leo el aura señor.

- No María gracias eso del aura me da algo de miedo imaginate que te enteres de mis secretos mas terribles. No gracias.

- Ja ja ja no señor, usted no tiene cara de tener secretos raros pero bueno, otro dia puede ser,10 soles no mas.

Casi sin darnos cuenta ya era de noche otra vez y los sonidos de la selva empezaban a hacerse mas notorios.

- Ese ese el hualo señor es como un sapo pero mas grande y grita así todas las noches.

Esa noche no pude dormir escuchando los sonidos de la selva y pensando en el hualo, escuchaba los sonidos de la selva cerca, a lo lejos también y siempre distinguía el sonido del hualo croando fuerte en toda la noche.

Las noches siguientes salimos a caminar esperando conocer algo más de aquel pueblo que nos acogía, aparentemente tranquilo todo el tiempo.

Una noche regresando al hotel escuchamos el sonido del hualo mas fuerte que de costumbre.

- Es que está en época de celo señor, así grita cuando busca novia ; nos dijo María.

Siguiendo aquel sonido fuerte llegamos a un terreno vacío desde donde logramos escucharlo mejor. De pronto al acercarnos por fin logramos verlo, ahí estaba el hualo y en efecto, era un sapo grande como de 30 cms. Estaba sentado al lado de un charco inflando la garganta exageradamente seguro para que alguna hembra lo viera.

Tenia un color marrón aunque yo lo había imaginado verde brillante (quizás sea daltónico). Andaba con los ojos bien abiertos y no se inmutó con nuestra presencia.

- Que grande es el hualo y que paciencia esperando ahí, seguro a la novia pensé en voz alta.

- Mejor nos vamos, no será que venga la novia finalmente y no pueda hacer nada de la vergüenza.

- Si, mejor nos vamos.

Regresamos al camino y nos fuimos caminando callados por un momento pensando seguramente en que si el hualo finalmente conseguiría novia aquella noche o quizás la siguiente; quien sabe. Lo cierto es que no cesa de croar y su sonido sigue llegando  a mi habitación. Suerte hualo en tu búsqueda. La vas a necesitar.

Carlos Velasquez Sanchez

L A L E Y E N D A D E L A Y A Y M A M A N

                      ( El Mundo es ancho y ajeno : Ciro Alegría )

Porque en el fondo del bosque tropical, mientras la luna platea las copas de los enormes árboles y las aguas de los ríos inmensos, el “ayaymama” canta larga y desoladamente. Parece decir : "“Ay, ay, mama”.

Es un pájaro al que nadie ha visto y solo es conocido por su canto. Y ello se debe al maleficio del “chullachaqui”. Sucedió así.

Hace tiempo, mucho tiempo, vivía en las márgenes de un afluente del Napo, rio que avanza selva adentro para desembocar en el Amazonas, la tribu secoya del Cacique Coranke.

El tenía como todos los indígenas, una cabaña de tallos de palmera, techada con hojas de la misma planta. Allí estaba con su mujer que se llamaba Nara y su hijita.

Nara era tan bella y hacendosa como Coranke, fuerte y valiente. La hijita, muy pequeña aun, crecía con el vigor de Coranke y la belleza de Nara y era como una hermosa flor de la selva.

Pero, he allí que el chullachaqui se había de entrometer. Es el genio malo de la selva, con figura de hombre, pero que se diferencia en que tiene un pie humano y una pata de cabra o de venado. No hay ser más perverso.

El chullachaqui los ahoga en lagunas o ríos, los extravía en la intrincada inmensidad de la floresta o los ataca por medio de las fieras. Es malo cruzarse en su camino, pero resulta peor , que el se cruce en el de uno.

Cierto día, el chullachaqui paso por las inmediaciones de la cabaña del Cacique y distinguió a Nara. Verla y quedarse enamorado de ella fue todo uno. Y como puede tomar la forma del animal que se le antoje, se transformaba algunas veces en pájaro y otras en insecto para estar cerca de ella y contemplarla a su gusto sin que se alarmara.

Más pronto se cansó y quiso llevarse consigo a Nara. Se internó entonces en la espesura, recupero su forma y para no presentarse desnudo, consiguió cubrirse matando a un pobre indio que estaba por allí de caza, robándole la túnica que era larga y le ocultaba la pata de venado.

Fue bogando hasta llegar a la casa del Cacique, que estaba en una de las riberas.

-Nara, hermosa, Nara, mujer del Cacique Coranke-dijo- mientras arribaba- soy un viajero hambriento. Dame de comer.

La hermosa Nara le sirvió en la mitad de una calabaza, yucas y choclos cocidos y también plátanos. Sentado a la puerta de la cabaña, comió lentamente el chullachaqui, mirando a Nara y después dijo :

-Hermosa Nara, no soy un viajero hambriento, como has podido creer y he venido únicamente por ti. Adoro tu belleza y no puedo vivir lejos de ella. Ven conmigo…

Nara le respondió :

-No puedo dejar al Cacique Coranke…

Y entonces el chullachaqui se puso a rogar y a llorar, llorar y a rogar para que Nara se fuera con él.

-No dejare al Cacique Coranke-dijo-por último Nara.

El chullachaqui fue hacia la canoa, muy triste, muy tiste, subió a ella y se perdió en la lejanía bogando rio abajo.

Nara se fijó en el rastro que el visitante había dejado al caminar por la arena de la ribera y al advertir una huella de hombre y otra de venado, exclamo : Es el chullachaqui. Pero callo el hecho al Cacique Coranke, cuando este volvió de sus correrías, para evitar que se expusiera a las iras del Malo.

Y pasaron seis meses y al caer la tarde del último día de los seis meses, un potentado atraco su gran canoa frente a la cabaña. Vestía un rica túnica y se adornaba la cabeza con vistosas plumas y el cuello con grandes collares.

-Nara, hermosa,Nara-dijo saliendo a tierra y mostrando mil regalos, ya veras por esto que soy poderoso. Tengo la selva a mi merced. Ven conmigo y todo ser tuyo.

Y estaban ante el todas las mas bellas flores del bosque y todos los mas dulces frutos del bosque y todos los mas hermosos objetos: mantas, vasijas, hamacas, túnicas, collares de dientes y semillas- que fabrican todas las tribus del bosque.

En una mano del chullachaqui se posaba un guacamayo blanco y en la otra un paujil del color de la noche.

Veo y se que eres poderoso- respondió Nara, después de echar un vistazo a la huella, que confirmo sus sospechas- pero por nada del mundo dejare al Cacique Coranke.

Entonces el chullachaqui dio un grito y salió la anaconda del rio, dio otro grito y salió el otorongo del bosque. Y la anaconda enrosco su enorme y elástico cuerpo a un lado y el otorongo enarco su lomo felino, al otro.

-¿ Ves ahora? Dijo el chullachaqui-mando en toda la selva y a  los animales de la selva. Te hare morir sino vienes conmigo.

-No me importa- respondió Nara.

-Hare morir al Cacique Coranke- replico el chullachaqui.

-El preferirá morir-replico Nara.

Podría llevarte a la fuerza, pero no quiero que vivas triste conmigo, pues eso sería desagradable. Retornare como ahora dentro de seis meses y si rehúsas acompañarme te daré el más duro castigo.

Cuando Coranke retorno de la cacería, Nara le refirió todo, pues era imprescindible que lo hiciera y el Cacique resolvió quedarse en su casa para el tiempo en que el chullachaqui ofreció regresar a fin de defender a Nara y a su hija.

Así lo hizo, Coranke templo su arco con nueva cuerda, aguzo mucho las flechas y estuvo rondando por los contornos de la cabaña todos esos días. Y una tarde en que Nara se encontraba en su chacra de maíz, se le presento de improviso el chullachaqui.

-Ven conmigo- le dijo el chullachaqui- es la última vez que te lo pido. Sino vienes, convertiré a tu hija en un pájaro que se quejara eternamente en el bosque y será tan arisca que nadie podrá verla, pues el día en que sea visto, el maleficio acabara, tornando a ser humana.. Ven, ven conmigo, te lo pido por última vez, sino…

Pero Nara, sobreponiéndose a la impresión que le amenaza le produjo, en vez de ir con él, se puso a llamar:

-Coranke, Coranke…

El Cacique llego rápidamente, pero el chullachaqui ya había desaparecido en la espesura.

Corrieron los padres hacia el lugar donde dormía su hijita y encontraron la hamaca vacía. Y desde la tumorosa verdura de la selva les llego por primera vez el doliente alarido :”Ay, ay, mama” que dio nombre al ave hechizada.

Nara y Coranke envejecieron pronto y murieron de pena oyendo la voz triste de su hijita, convertido en un arisco pájaro inalcanzable aun con la mirada.

El ayaymama ha seguido cantando, sobre todo en las noches de luna y los hombres del bosque acechan siempre la espesura con la esperanza de liberar a ese desgraciado ser humano. Y es bien triste que nadie haya logrado verlo todavía.

E L N A C I M I E N T O D E L A S P L A N T A S Y A N I M A L E S

En la antigüedad existió una raza de gigantes que fue el terror de los nativos. Los hombres, las mujeres y niños eran su plato favorito, pocos eran los que podían librarse de las garras de estos seres monstruosos.

La intención de los gigantes era la de hacer desaparecer de la faz de la tierra la raza de todos los indígenas y quedarse ellos dueños del mundo. Con este mismo fin, acaparaban las plantas comestibles y los animales, dejando sin alimento a los nativos.

Únicamente se conocían de plantas : el plátano y de los animales solamente la carachupa, el añuje y el majaz. Los nativos se extinguían poco a poco : unos víctimas de los gigantes y otros por el hambre.

Cierto día, un nativo salió al monte, acompañado de su mujer en busca de alimentos, caminaron horas y horas y encontraron un árbol cargado de hermosas frutas y subió a cosecharlas, su mujer recogía los frutos que el lanzaba de arriba, la mujer estaba contenta porque iba a llevar alimentos a sus hijos y se puso a cantar.

De pronto, vinieron a cortarle las alegrías e ilusiones unos ruidos, como de alguien que corría en la hojarasca del monte y se acordaron del gigante y le dijo a su marido:¿ Quién viene?, el marido no le contesto, por temor a ser descubierto por un posible gigante y la mujer se echó en el suelo y el marido estaba escondido en el árbol.

La mujer escucho que le decían : Levántate, tia. La mujer vio a un niño vestido con una cushma y le reconoció, era su sobrino que había desaparecido de la casa secuestrado por los gigantes.

El niño le dijo : Que estaba en terreno de los gigantes y que ya eran cautivos. El niño dijo a su tía :Tía, yo te tapare con esta rama y el gigante no te cogerá. La mujer le contesto: Tápame, sobrino.

Y el sobrino le cubrió con la rama y se escondió.

Luego llego el gigante y vio al nativo que estaba subido en el árbol y le retorció el cuello con sus largos dedos y lo cargo sobre su espalda. A la mujer no la vio y luego el gigante se fue llevando la presa a su casa. Mientras tanto, el niño informaba a su tía acerca del reino de los gigantes, su palacio es el hueco de un árbol muy grueso y muy alto, tiene muchas mujeres y muchos hijos, tiene una crianderia de monos, de aves y de grandes plantaciones, de las cuales se alimenta todo su reino, los gigantes duermen en los meses de Julio y Agosto con un sueño profundo y debido a eso, no truena ni llueve durante esos meses, pero en Setiembre y Octubre despiertan varias veces, por lo cual truena y llueve y luego despiertan definitivamente en Noviembre y permanecen despiertos durante todo el invierno.

La mujer ya estaba suficientemente informada, el niño la dejo y ella regreso a su casa triste, jurando vengar la muerte de su marido, llego a su casa y conto a sus padres y paisanos todo lo sucedido y les propuso un plan de venganza contra el gigante en los meses de Julio y Agosto, durante los cuales dormían y los nativos aceptaron la propuesta.

En el mes de Julio, toda la Comunidad reunieron una cantidad fabulosa de leña y muchas toneladas de caucho. A principios del mes de Agosto, trasladaron al reino de los gigantes, toda la leña y rodearon el árbol con ellas, taparon todas las ventanas del árbol con las bolas de caucho para que nadie huyera.

Al medio día,  cuando los rayos solares eran más fuertes, prendieron la ruma de las leñas y las llamas se levantaron rápidamente, se oyen gritos, llantos de personas y de los animales, que se habían despertado al sentirse sorprendidos por el fuego y presos en aquella jaula.

El gigante dio un puntapié al árbol y abrió un hueco por donde salían muchos gigantes hijos, quemados y morían, luego salto afuera el rey gigante, quien cayó con vida al lado de los nativos, estaba chamuscado y con sus voces hizo el trueno y una gran lluvia que no pudo apagar aquella infernal fogata.

Los nativos se lanzaron con cuchillos y machetes sobre el cuerpo asado del gigante, lo descuartizaron y lo comieron y asi los nativos celebraron su triunfo sobre el gigante.

El pájaro carpintero que estaba enjaulado en el árbol, picoteo el tronco y salió volando, cuerpo y pico estaban negros chamuscados por la fogata. También salió un cotomono, cuya cara es negra, porque las llamas le chamuscaron, le sigue la pava, que sale tapándose la cabeza con una de sus patas, por esto la pava es negra, menos la cabeza que es blanca porque la cubrió con su pata.

Después salió el guacamayo graznando de cólera, sale prendido e incandescente y por eso el color de guacamayo es rojo, por ultimo sale la maquisapa, que por jugar y comer de un lado para otro, se chamusco totalmente, quedando para siempre negro como un carbón.

Los nativos regresaron a sus casa felices por la victoria,, pero algunos nativos  dudaban de que el gigante pudiera tener poder mágico y presentían que viviera y pudiera vengarse y a la semana siguiente regresan al lugar, pero allí estaban amontonados los huesos del gigante.

Permanecieron allí varias horas y luego sintieron hambre. Un niño dijo a su mama: Mama, tengo hambre. Vamos a comer caña y su madre le contesto: Cómela. El niño cogió una de aquellas plantas desconocidas y comenzó a chuparla, era sabrosa y dio a probar a sus paisanos.

El niño fue probando todas esas plantas y raíces y les iba poniendo un nombre a todas y dando de comer a sus paisanos como el zapallo, camote, sandia, callhua, puspucho, etc.

Los naticos comieron mucho aquel día y llevaron las semillas a su Caserío y las sembraron.

Desde entonces, nadie padece hambre, en el monte hay monos y aves en abundancia y en las chacras se reproducen variedad de alimentos.

Carlos Velásquez Sánchez

E L B U F E O C E N I Z O

Salimos de Iquitos con un bote de propiedad del patrón que nos daba todo lo necesario para pescar, pishtar y salar.
Trabajábamos como rederos y nuestra misión era buscar una mijanada de pescado de cualquier calidad en el rio e internarnos en las cochas a buscarlos y pescarlos de día como de noche con la red hondera que llevábamos  en la canoa.

A veces encontrábamos mijanadas de pescados boquichicos, palometas, corvinas y llenábamos  pronto la embarcación, dedicándonos varias horas a salarlos y empanerarlos, cubriéndolos cuidadosamente con hojas de bijao.

Cuando debíamos secarlos, por haber surcado demasiado arriba de Iquitos, teníamos que pasar varios días esparciéndolos en la playa para que el sol del verano los secara convenientemente.

Pasábamos aburridísimos los días que no pescábamos o caía la lluvia, dedicándonos a matar zancudos bajo los rústicos tambos que improvisábamos con hojas de caña brava.

Yo le quiero mucho al bufeo de color cenizo. El bufeo colorado es malo y muy atrevido, porque muchas veces nos ha dado molestias, cuando caía alguno en nuestra red, lo destrozaba casi totalmente, dándonos trabajo para 3 o 4 días y a veces hasta quería dar vuelta a nuestra canoa.

En cambio el bufeo cenizo es un amor. Un día el dueño del bote había traído de su casa a su hijito, el único que tenía, porque a su mujer le había atacado la lepra.

El muchacho de unos 6 años de edad, se quedaba solo en el tambo, mientras nosotros surcábamos para pescar. Ahí pasaba muchas horas solo, mientras nosotros pescábamos.

Al regresar un día con la canoa llena de pescados, le encontrábamos que se estaba bañando cerca de la orilla y desde lejos le veíamos que manoteaba en el agua y que cerca había dos bultos que aparecían unas veces cerca del muchacho y se alejaban.

Nos quedamos mirando que serían, el niño seguía a esos bultos con la mirada y con las manos. Nos detuvimos un rato contemplando lo que hacía el niño, pues jugaba con dos bufeos cenizos.

Al llegar al puerto, le preguntamos al muchacho que estaba haciendo con los bufeos y nos contestó que eran sus amigos y que siempre venían a jugar con él.

Paso un tiempo y habíamos dejado el campamento anterior y habíamos levantado otro más arriba al comienzo de la isla, junto a un barranco y cerca de una playa. Después de pescar durante dos días bien arriba, regresamos al tercer día.

Atracamos en nuestro puerto y nos extrañó que el muchacho no saliera a recibirnos con la alegría de siempre.

Estará dormido, dijimos, su padre salto del bote y entro en el tambo, el enjebado donde dormía estaba vacío y el mosquitero levantado. Comenzamos a buscarle y llamarle gritando, pero no contestaba.

Yo seguía la ribera del rio y vi que dos bufeos empujaban un bulto. Llame a mis compañeros y todos vimos que lo que empujaban los bufeos, era el cuerpo del niño que posiblemente se había caído del barranco y estaba muerto.

Los bufeos había querido salvar a su amiguito, pero fue tarde, solo pudieron sacar a tierra su cadáver. Desde entonces quiero a los bufeos cenizos.

Carlos Velásquez Sánchez.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El mono araña, el primate más amenazado en América del Sur

En peligro crítico de extinción. Así cataloga la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) a la especie de monos arañas, Ateles Hybridus, cuya especie está localizada mayormente en Colombia y Venezuela.

El Mono araña, también llamado coatá, es el nombre que reciben los monos del género Ateles, caracterizados por sus miembros largos y su extraordinaria agilidad. Su cerebro es grande y tiene cierta semejanza con el de los monos superiores del Viejo Mundo.

El cuerpo está cubierto por un pelaje gris-amarillento, negro, pardo o castaño, que es más claro en las partes inferiores y los ojos están bordeados por un anillo blanco que les confiere un aspecto característico.

En las selvas tropicales de América del Sur viven cuatro especies distintas de monos araña, pertenecientes todos ellos al género Ateles. Estos monos son tal vez los más populares de Sudamérica. Su especial morfología y forma tan espectacular de moverse entre las ramas, han llamado siempre la atención del gran público.

Su adaptación al medio arbóreo es perfecta, sus enormes brazos y piernas les aseguran llegar siempre hasta la rama más alejada y su cola prensil se convierte en una verdadera quinta mano que les permite trasladarse entre las copas de los arboles con gran precisión e inusitada rapidez.

Según la especie, su cuerpo mide de 35 a 75 cm de longitud, y la cola prénsil de 60 a 92 cm. Son de apariencia más delgada que otros monos y pesan entre 6 y 10 kg. Tienen cuatro dedos y carecen de pulgar. El pelo es grueso; el color de las diferentes especies varía de castaño claro a negro. Las hembras tienen como particular característica un clítoris largo.

Viven en grupos de mediano tamaño compuestos generalmente por individuos de ambos sexos, aunque podemos encontrar también pequeñas asociaciones de machos de diferentes edades que viven independientes del grupo principal.

Como otros muchos primates, los monos araña no tienen una época de celo propiamente dicha, sino que las cópulas se suceden durante todo el año.

Las hembras escogen una pareja del grupo. Ambos huelen los genitales de la pareja antes de la cópula. La gestación dura de 226 a 232 días tras los cuales nace una cría, que durante los primeros 4 meses de vida está al lado de la madre y luego vuelve con cierta frecuencia a su lado, adquiriendo independencia poco a poco. Una nueva cría se concibe cada 3 años. La madurez sexual llega a los 4 o 5 años. Pueden vivir hasta 20 años.

No son mascotas apropiadas. Los monos araña necesitan cuidado especializado y pueden volverse extremadamente agresivos cuando llegan a la madurez sexual.

Las principales amenazas para los monos araña son la deforestación, cacería y tráfico de mascotas. Sus lentas tasas reproductivas y dieta especializada los hacen extremadamente vulnerables a las actividades humanas.

lunes, 17 de diciembre de 2012

LA BOA Y EL PERRITO POROTO


Escribe: José Álvarez Alonso

Era a fines de los años 80. El gran naturalista Pekka Soini vivía casi como un anacoreta en la estación biológica Cahuana, en el curso medio del Pacaya, al lado de la hermosa tipishca de Cahuana. Estaba dedicado a investigar la fauna silvestre y a experimentar con la incubación de huevos de charapa y taricaya en playas artificiales. Lo acompañaba su perrito chusco Poroto y, por temporadas, su esposa en ese tiempo, María.

Pekka era vegetariano, no porque no le gustase la carne, sino por una cuestión de principios: no quería matar animales. Y por no matar, creo que ni zancudo mataba, porque jamás he visto un sitio con más zancudo que en Cahuana. “Solo como huihuano huiwo”, comentaba risueño Pekka cuando le molestábamos al verle sacar sus fiambres de granos y menestras…

Recuerdo que esa noche acomodé mi mosquitero en el pasillo al lado del laboratorio-oficina, ya que el único dormitorio de la estaba ocupado por Pekka y María; de madrugada me desperté sorprendido de escuchar un sonido como de motor fuera de borda; me resultó muy extraño, porque el lugar es muy alejado (no hay poblaciones en el Pacaya, salvo los puestos de vigilancia de la reserva), y además los guardaparques usaban peque peques. Agucé el oído y entonces me di cuenta de que no era un motor: era el sonido que hacían los miles de zancudos pugnando por entrar al mosquitero a acabar con mi sangre. En la mañana encontré la prueba de sus operaciones nocturnas, pues un brazo que topó con el mosquitero quedó como coladera por las picaduras.

Conversando con Pekka sobre sus experiencias en ese lejano puesto, me enteré de una historia increíble: durante la creciente del año anterior, que había sido muy pronunciada, el agua casi llegó a cubrir el piso de la estación. Tenían un caminito de tabla que comunicaba el porche con la balsa donde estaban atracadas las canoas. Una noche Pekka escuchó un débil aullido seguido de un chapoteo. Se acordó de su perrito Poroto y salió a llamarlo. Nada, silencio total. Entonces temió lo peor: la anaconda lo podía haber arrastrado al agua. Ya habían desaparecido varios patos que criaba (no para comerlos, sino para aprovechar sus huevos). Entró entonces por la linterna y alumbró a las oscuras aguas a los costados de la pasarela de tabla: y ahí estaba enroscada, como a un metro de profundidad, una enorme boa negra, hecha una bola en torno al pobre Poroto. No se veía asomar más que una pata y el rabo por entre los anillos del animal.

La proverbial mansedumbre de que hacía gala Pekka desapareció ante el peligro de su querido Poroto: agarró un machete y se lanzó al agua a picar a la boa para que soltase a su querida mascota. Habría que escuchar a Pekka contar la historia, que no fue breve, pues la boa no tenía menos de cinco metros y tenía la cabeza bien protegida entre los anillos. Contaba cómo cómo el la picaba, macheteaba, pateaba más y más fuerte, y el machete rebotaba en la gruesa piel del animal. Luego de largos minutos, parece que el monstruo tuvo suficiente: comenzó a aflojar los anillos y, por fin, soltó al perro y se alejó hacia las profundidades del río. Pekka sacó a Poroto del agua hecho un trapo, parecía muerto, aunque en realidad estaba desmayado; lo puso sobre la balsa y le hizo todo tipo de masajes, hasta respiración boca a boca. Y volvió en sí, para felicidad de su dueño. Increíblemente no tenía ni un hueso roto, pero sí su espíritu perruno quedó marcado de por vida…

Cuando yo conocí a Poroto era un perro cariñoso y juguetón, pero tenía un tic: nunca se separaba ya ni tres metros de su dueño. Pekka me contó que especialmente era cuidadoso para ir a tomar agua al puerto: ni de vainas iba solo, podía estar muriéndose de sed, pero esperaba a que Pekka lo acompañase. Por si acaso… No por gusto reza el viejo proverbio: “Gato escaldado del agua fría huye”; parafraseando, “perro mordido por boa, de la orilla del río huye”.

Las anacondas, conocidas en Loreto como “boas negras” o “boas amarillas” (en realidad, dos formas de la misma especie, Eunectes murinus) hacen su agosto en abril y mayo, durante la creciente, y especialmente si esta es excepcional como este año. Se acercan por el agua a los troncos y bolas de tierra donde se refugian los animales huyendo del agua, y los sorprenden fácilmente, como al pobre Poroto y otros animales domésticos.

Yo mismo fui testigo de un ataque de una boa, y fue precisamente en el PV 1 (Puesto de Vigilancia) en la boca del río Pacaya. Era febrero, la creciente era fuerte, y el puesto estaba rodeado de agua; apenas quedaba una lengua de tierra que salía hacia debajo de la casa hacia un costado, donde se amontonaba una decena de gallinas que los guardaparques cuidaban para “mejoramiento de rancho”. Estábamos conversando animadamente cuando se escuchó como un grito ahogado. Un guardaparque entonces dijo: “¡P. madre, otra vez la boa!” Salimos todos corriendo detrás de él. Después de un rápido recuento confirmaron que faltaba el gallo. Las gallinas se habían refugiado espantadas debajo del piso del puesto. Buscamos por largo rato en la tahuampa por donde se había escuchado el grito. Nada, no hubo forma. La sabida boa se lo levantó y arrastró impunemente por debajo del agua hacia el río. Contaron entonces que era la tercera o cuarta ave que se llevaba el animal. No sé si habrán sobrevivido las demás gallinas en los meses subsiguientes.

En estos tiempos de inundaciones las familias ribereñas de las zonas inundables se las ingenian para armar balsas flotantes para cuidar a sus animalitos, especialmente gallinas y patos. Excepcionalmente algunos chanchos y ovejas (conocidas en Loreto como “carneros”). El P. Miguel Ángel Cadenas informa en uno de sus ilustrativas crónicas (escritas desde las comunidades alagadas del Marañón) sobre las grandes pérdidas que están sufriendo las familias entre sus animales domésticos, quizás uno de los pocos “ahorros” con que cuentan muchos ribereños para afrontar una emergencia. También hemos visto las fotos enviadas, donde se observa algunas las balsitas con las gallinas picoteando lo poco que les puedan dar de sus magras reservas de alimentos.

Algo que deben tener en cuenta los proyectos de desarrollo que buscan mejorar las condiciones de vida de las poblaciones ribereñas: sistemas de crianza de aves de corral que prevengan las dañinas pestes y den seguridad a los animales domésticos en tiempos de creciente. Si bien no se pueden evitar las crecientes, sí hay que saber adaptarse a ellas.