domingo, 2 de octubre de 2016

VIAJE A LOS MITOS Y LEYENDAS DEL AMAZONAS


El Amazonas tiene 'yacuruna'. Esa suerte de dios animalado que manda en las profundidades de las aguas y de la selva. Una selva mágica llena de mitos y leyendas construidos por los indios durante generaciones, donde las criaturas de la imaginación cobran vida en la realidad. El Duende y la Madremonte no son un cuento para las tribus Yaguas, Cocamas o Ticunas. ¡Vaya un humano y no sepa la 'contra' y verá que esas criaturas lo embolatan del mundo cada vez que se interna en la manigua! 
Los indios lo saben. Y saben también cómo embolatar al Duende y a la Madremonte. Se ponen los zapatos al revés con la punta hacia el talón para que el silbido de ese hombrecillo o la mirada hipnótica de esa señora vestida de matorrales y sombrero, con una serpiente terciada en la cintura como cinturón, no los arrastre al corazón del bosque. 
Saben, también, que hay ríos que no pueden desafiar en la navegación o la pesca, porque tienen madre o 'yacuruna'. Puede ser una anaconda de doble cabeza que mora a 50 metros en el fondo del río Amazonas, de aguas tan turbias que no se ve a diez centímetros de profundidad. O puede ser un gran caimán de 15 metros que marca territorio en las profundidades de un lago o de uno de los tantos brazos que tiene el gran afluente. 
Las 45 comunidades indígenas que habitan el Trapecio Amazónico colombiano viven en ese universo mágico que ha construido su propio Macondo durante siglos y donde el tiempo parece haberse detenido. 
Octavio Benjumea, un empresario amazónico que dice haber venido al mundo con ayuda de una partera de los Uitotos, asegura que los indios tienen al río Amazonas como la madre. Para ellos es la culebra grande con sus vertientes zigzagueantes de donde nace toda su mitología, su fortaleza ancestral como etnia, su cultura y su conocimiento. 
De su cosmogonía conocimos un poco, vadeando ríos y selva de la mano de guías nativos y curacas (chamanes). 
La cura mágica 
Los nativos aseguran que hay elementos en la naturaleza que curan de manera mágica, que hacen cirugías sin bisturí y sin cortar la piel, solo apelando a ritos de sanación impensables para el mundo civilizado. 
Así, por ejemplo, operan la hernia. Los Yaguas utilizan el Renaco o árbol parásito que crece en la manigua. Es una especie robusta de 18 metros de altura, de formas caprichosas y retorcidas “como si la madre del bosque lo hubiera estrujado, haciendo que se asemeje a las anacondas”, según un relator costumbrista. 
En verdad el Renaco parece una gran cabellera desordenada, de la que cuelgan decenas de lianas como serpientes que se hunden en la tierra. Para operar la hernia, el curaca toma una liana y la corta verticalmente a la mitad como rasgando un músculo de arriba abajo, pero sin desprenderla del árbol. Es decir la divide en dos. Abre los dos hilos con sus manos como un pórtico por donde pasa el paciente herniado sin mirar atrás. También pasa el chamán haciendo sus invocaciones místicas y suelta tras de sí la liana sin volverse. 
A medida que la cremallera del árbol se va cerrando, la hernia del paciente también se va cerrando. “La liana pega como estaba y la hernia también”, asegura Nazareno, un indio Ticuna. La condición para que el paciente sane es que nunca jamás vuelva a pasar al lado de ese árbol, ni lo vuelva a ver, porque se le puede abrir la hernia. 
De la misma manera, los indios toman la corteza de un árbol, la raíz de otro y las hojas de uno más con los cuales hacen emplastos e infusiones para curar el vómito, la diarrea, el asma o el cáncer, en medio de ritos y resoplos de humo de tabaco del chamán. 
La Pelazón 
La llegada de la pubertad en la mujer es un rito festivo y doloroso para los Ticunas y la celebran con la Fiesta de la Pelazón. Es un convite en el que participa toda la tribu, donde se lucen atuendos hechos en plumas, mantas, collares, máscaras y disfraces. Los hombres cazan, pescan y acopian comida suficiente para la fiesta que puede durar siete días. Hacen envueltos de fariña o harina de yuca que amasan y cocinan a fuego lento. Preparan bebidas estimulantes como el masato de yuca dulce con el que se embriagan y el 'mambe' que es un polvillo extraído de la hoja de coca. 
A todas estas, la niña que se convierte en mujer con el primer periodo menstrual ha estado encerrada y sometida a preparación por sus mayores para la nueva vida. A los dos días de iniciada la fiesta se le permite participar en ella, es embriagada y empieza el doloroso rito de la Pelazón: las abuelas pasan frente a ella y le arrancan el pelo con la mano, cabello por cabello, hasta dejarla calva. Luego le cubren la cabeza con una manta y la niña es arrojada a una quebrada. Una vez en el agua, el joven que primero la toque se convertirá más adelante en su esposo. 
Los Yaguas, por su parte, hacen una celebración similar que se llama el Atuasma, pero sin Pelazón. Dura siete días con sus noches. Pero merecer esposa entre ellos tiene otro rito. El joven que quiera una niña debe demostrarle al padre de ella que es capaz de trabajar para mantenerla. Y para eso debe cortar un árbol tan duro como una piedra, tanto o más alto que una catedral y tan robusto que tres hombres en cadena apenas alcanzarían a abarcarlo. La herramienta es una punta de piedra. La tarea puede durar seis meses. 
El hombre delfín 
Al enamoramiento no escapa el delfín rosado, toda una leyenda en el Trapecio Amazónico. Aseguran los nativos que el delfín rosado que habita el río madre y sus brazos se convierte en hombre cuando se enamora de una mujer y sale del agua para cortejarla. 
Cuenta la historia que Diana, la hija del mayordomo de una finca del poblado de San José, se quedó sola en la casa porque sus padres se fueron de compras a Leticia. La niña, hambrienta, bajaba todos los días a la orilla del río a pedirle un deseo a los delfines rosados: “Delfincito, delfincito, quiero que me regales un pez”, decía. Y el delfín le regaló un bagre. Al día siguiente, movida por la curiosidad, Diana volvió al río a pedirle a los delfines que le regalaran otro pez, y los delfines le dieron otro bagre. Lo mismo el tercer día. Ella, intrigada, se preguntó: “¿por qué estos delfines me regalan peces?”... Lo que no sabía era que los delfines se estaban enamorando de ella. 
Luego la niña tuvo una visión. Soñó que a su puerto llegó un barco muy bonito y que en él venían tres personas: un niño, un joven y un adulto. Uno de ellos le preguntó que con cuál de los tres se quería ir; Diana se quedó mirándolos y señaló al más adulto. Cuando ella se iba a embarcar, se despertó asustada. 
Con un mal pálpito, trancó las puertas de la casa con pasadores y puntillas porque estaba sola. Esa medianoche subió una 'comisión' del puerto hacia la casa, subían como 20 personas y ella los vio por una hendija. Advirtió que tenían los pies desproporcionados como los de un payaso, la cabeza alargada y lucían sombrero. Rodearon la casa y le dijeron: Diana, te venimos a llevar. Ella empezó a llorar y a gritar. Los hombres golpeaban por todas partes y no pudieron entrar. Pero al día siguiente no había huellas de ellos en la tierra húmeda. Eran los delfines rosados y grises, dicen los nativos, que venían por la niña en forma de hombres. Y aseguran que ya se han llevado varias y que se aparecen en las fiestas del Atuasma y de la Pelazón como hombres simpáticos y atractivos para enamorar a las más bellas. 
Los fantasmas del agua 
Octavio Benjumea advierte que el río Amazonas es tan grande y caudaloso que aún tiene especies animales que no se han descubierto, culebras que todavía no se conocen. El Amazonas es rey en culebras grandes, como las anacondas que tienen más de 15 metros de largo y son más gruesas que un bidón de 50 galones de gasolina, sin comer. Porque si comen se tragan un novillo entero, asegura. 
Por eso no es extraño que en ese mar de selva que es el río Amazonas a veces los navegantes se choquen contra esos animales, casi mitológicos. Ha ocurrido que tropiezan la cola del motor de las embarcaciones. Pero también hay bagres muy grandes que producen accidentes. Por eso el Amazonas debe navegarse en sus horarios diurnos establecidos y evitar los remolinos. Hay troncos de árboles gigantescos que en la noche no se alcanzan a ver y si una embarcación se pega con uno de ellos puede naufragar. De hecho, cualquiera de estas pudo ser la causa del accidente de una lancha turística con estudiantes de Bogotá, el pasado 2 de octubre. 
Pero más allá de eso, los nativos aseguran que en las noches emerge un barco fantasma del fondo de un remolino del río Cacao (un gran brazo del Amazonas), extrañamente iluminado, como si en su interior hubiese un incendio. La poderosa luz ilumina la cubierta y a los marineros que lucen vestimentas antiguas y parecen disfrutar de un festín. Luego se sumerge de nuevo sin hacer ruido.Los baquianos aseguran que hace un tiempo una embarcación se metió por esas aguas y desapareció con sus 17 tripulantes y pasajeros. Se oyó un golpe seco y el barco fue succionado de inmediato por el remolino, dice el indio Nazareno con un gesto de temor. 
Para Benjumea todo es el resultado de una mala operación. Los navegantes deben seguir las normas de seguridad y no pueden meterse en los remolinos porque la corriente del Amazonas es mucho más fuerte por debajo del agua que en la superficie. 
¡Ah! y la historia de los delfines tiene una explicación científica para el biólogo John Alberto Madrid que está montando un zoológico en el Amazonas. Los delfines rosados -dice con escepticismo- son los mismos padres que tienen intimidad con sus hijas y después les nacen niños albinos y le echan la culpa al delfín. 
Sin embargo, los nativos como Nazareno, un indio Cocama criado en las aguas mitológicas del río, no tienen duda, porque esta selva y este río todavía inexplorados -dice- tienen Yacuruna: las criaturas emergen de sus profundidades y la magia brota de sus árboles. Así que nadie podrá decirles que la leyenda de los delfines no es verdad. 



sábado, 1 de octubre de 2016

LA RUNA MULA : MULA DEL DIABLO


“Ahora toca hablar sobre un mito que por siglos y siglos, desde la llegada de los colonizadores, quienes trajeron con ellos la religión y con ella a los misioneros a las vastas regiones amazónicas, se han ido pasando de boca en boca, de padres a hijos, para instruir y advertir que el pecado de la carne puede traer consecuencias muy colosales para aquellos que han decidido llevar un amor clandestino, un amorío prohibido en el cual el diablo se involucra y como regodeándose con la situación, juega a su antojo con los protagonistas infieles, como si fueran sus títeres, víctimas de la maldición que les ha impuesto.” (Fragmento de la Selva de los Tunches)
La Runamula, es el adulterio encarnado en mito, ya que su procedencia nace de la infidelidad de una mujer casada con un amante, del incesto de un padre con una hija, o de la unión a escondidas de un cura con una feligresa. Son estos amores prohibidos y retorcidos los que castigan a la infiel y al amante convirtiéndolos (a ella) en una mula que, en las noches de los martes y viernes en donde la luna llena ilumina la tenebrosa oscuridad, está condenada a trotar enloquecidamente por la comunidad cabalgada por su amante que ha sido convertido en un amorfo demonio. La Runamula, cuya denominación quiere decir: "mujer mula", y en una expresión más coloquial “La mula del diablo” ha sido unos de los mitos más avistados en muchas comunidades de la Amazonía peruana, tanto de la selva baja, ceja de montaña y selva alta, sumando así la indiscutible credibilidad de su existencia.
Muchos definen a esta criatura como un ser híbrido: mitad mujer y mitad mula (algo asi como un centauro), otros juran que es una mula blanca que suele recorrer despavorida a través la comunidad en plena madrugada, pero la mayoría de testigos coinciden en que esta criatura endemoniada se muestra como una mula negra de crin erizada que cuando se manifiesta lo hace de la manera más terrorífica: sacudiéndose como una bestia rabiosa y maniática, dando feroces dentelladas al aire, botando espuma por el hocico y mostrando unos ojos rojos como el fuego.
Muchas veces, los pobladores que saben que una Runamula deambula por la comunidad creando caos y terror, deben vencer el miedo, ponerse de acuerdo y hacer guardia en grupos madrugadas enteras con el fin de acorralar en una noche de luna llena a este ser endemoniado y darle la paliza merecida para saber al día siguiente (cuando ya la transformación ha terminado y los moretones aparecen en la piel de la infiel) quien es la amante que ha estado conmocionando con sus trotes y rebuznos terroríficos a toda la comunidad.
Carlos Velásquez Sánchez


domingo, 25 de septiembre de 2016

POR DIEZ SOLES

DARIO VASQUEZ SALDAÑA

Mi amigo Alejandro Rojas Sangama, me contó una anécdota sobre la creeencia en los brujos. Y salía todos los días en su caballo desde El Eslabón hasta Saposoa para estudiar la secundaria.
Su padre le decía: Hijo, no te olvides, en Piscoyacu, hay muchos brujos, especialmente ese que le llaman Ramón Shica vive en la calle principal, es un viejo pucacho y mutishco.
Si te cruzas con él, no permitas que te mire a la cara, porque si te mira a los ojos, se te hincharán los ojos, si te mira la barriga, te crecerá la barriga como la del Mañanero y si te mira más abajo, bueno, eso sí que será tu buena suerte.
Este hecho de brujería acaeció en la localidad de San José de Sisa.
En el año 1978, don Francisco Inga Chávez con su esposa y sus 07 hijos llegaron a San José de Sisa desde Jaén.
El lugar les pareció muy propicio para la agricultura y el comercio y decididos a prosperar se pusieron a trabajar la tierra de sol a sol.
Uno de mis hijos Róger Augusto, sin culminar la secundaria se dedica al comercio y a la ganadería y le sonrió la suerte.
Rebosante de salud y energías a sus 33 años ara ya millonario. Pero una noche se cayó de la cama dando convulsiones. Al día siguiente el Dr. que le atendió en el Hospital de Sisa, le dijo que era un desmayo pasajero debido al exceso de trabajo.
Amigo Róger – le dijo – diviértase un poco, deje a un lado la preocupación de sus negocios y verá que le hará mejor.
Doce días después, cae nuevamente con los mismos síntomas, pero esta vez ya no acude al Hospital, sino a un curandero del lugar.
Te han curado – don Róger – le dice- los desmayos se deben a la brujería que te han hecho.
Te haré un tratamiento a base de icaradas con humo de tabaco, purgas y pócimas de raíces, cortezas y semillas, hojas medicinales y una rigurosa dieta, nada de licor nada de carne, nada de manteca y nada de mujeres.
Pasaron semanas y ya no caía enfermo, lo que le hizo pensar que el tratamiento había dado resultados y el curandero le dijo: Róger, ya estás sano.
Pero el desengaño, vendría después de dos meses con un tercer desmayo, con los accesos que le daba en su casa, tienda, calle o donde estuviese y cuando recuperaba la conciencia no se acordaba de nada. Los familiares le convencen para que viaje a Lima para un tratamiento.
Después de los análisis, le recetan medicinas en el Hospital, porque estaba internado, pero no mejoraba su salud y regresa a Tarapoto y deja de tomar la medicina.
Las convulsiones continuaban y sus familiares le internan en la casa de la curandera Norma Ramírez en Tarapoto, quién lo desahucia después de tenerlo más de dos meses a punta de purgas, dietas e icaradas.
Le llevan a Sisa a un curandero llamado Rómulo, quién le repite la misma cantaleta, de que su enfermedad era brujería y seguía mal.
De nuevo le llevan a Lima y lo internan en el Hospital Guillermo Almenara por 18 días y le ordenan que le hagan tratamiento con un psicólogo, pero no mejoraba su salud.
Sus padres al borde de la desesperación le llevan hasta el Ecuador en busca de los mejores brujos.
Regresan a San José de Sisa y comienzan a llegar más famosos curanderos de las huaringas de Piura, Chiclayo y de Chota, todos le ofrecen curar su maleficio, pero solamente le sacaban plata.
Y sus familiares le salvan incluso de que se suicide y la familia comenzaron a rematar algunos de sus bienes para probar el último intento en la capital.
Regresan nuevamente a Sisa y sus hermanas le llevaron a un curandero llamado Sandro Papuche y le dijo: el daño que Ud. padece fue mandado a hacer por un amigo muy cercano a Ud. por envidia y ….
Señor – le interrumpió Róger Augusto, con firmeza y le dijo: Ese cuento lo vengo escuchando por más de un año y está a punto de volverme loco.
Los médicos no definen si soy un epiléptico o un desquiciado y los curanderos todos me dicen que estoy embrujado. Lo único que quiero saber es si me va a curar o no.
Sí se curará Señor – le dijo el curandero.
Entonces dígame que debo hacer: dietas, tomar o lo que fuere.
Le daré una lista de lo que necesito para preparar el antídoto, cuando tenga todo, venga de inmediato.
En la lista estaba un cuarto de kilo de azúcar blanca, un cuarto de kilo de maíz blanco. Medio kilo de rosas blancas, tres litros de gaseosa pero de color negro, media docena de limas puposapas y dos frascos de un perfume que costaba S/. 150.00 cada uno.
Al tercer día muy temprano, con todos los ingredientes en la mano fue donde el curandero.
Este después de preparar la pócima, le invitó una copa de este brebaje, luego puso sus manos sobre su cabeza cantando y rezando los páternoster para que el maleficio salga de su cuerpo enfermo.
Cuando de repente el brujo en trance : no hablaba, se tambaleaba y se convulsionaba, parecía que iba a caerse en cualquier momento.
Las hermanas de Róger acudieron en su apoyo, quién al reaccionar le dijo a su paciente: Acabo de expulsar la brujería de tu cuerpo, ya estás curado y con el remedio que sobram te bañarás en el centro de tu Coliseo de Gallos y deberás hacer que te alcance para rociar todo el alrededor del mismo.
Róger, todavía incrédulo ante tal anuncio, quería saber más, cual será la dieta que debería seguir y cuando volvería para la observación de su convalecencia.
-No tienes que hacer ninguna dieta – le dijo –el curandero – Coma, beba, haz tu vida con toda normalidad de antes, Claro todo exceso es dañino.
El daño que te han hecho ya no está en tu cuerpo, estás curado y no hay necesidad de que regreses.
Si mi hermano ya está curado ¿ Cuánto le debemos por la curación? Preguntó una de las hermanas, disimulando su incredulidad y recelando de que este curandero les está engañando-
-Diez soles – fue la respuesta. Su hermano ha sufrido mucho solo por ser un exitoso comerciante. Tan pronto lo ví, supe que podía curarlo.
Al regresar a San José de Sisa, Róger sintió como si su alma hubiese vuelto de nuevo a su cuerpo maltrecho, experimentó un cambio total en su razonamiento, volvió a pensar en sus hijos, en su esposa y en su familia, o sea, pensó de nuevo en el futuro.
Hoy ha vuelto a conducir sus negocios y mejor que antes y hace años que no le ataca ni siquiera la quicha o un simple resfriado.






viernes, 16 de septiembre de 2016

LA YACUMAMA : MADRE DE LAS AGUAS


Muchas cosas se dicen en torno a esta gigantesca serpiente mítica, más conocida en la selva baja como “La Yacumama” (Madre del agua). Se dice por ejemplo que es, más que una gigantesca boa, un dragón o monstruo de la era de los dinosaurios que de alguna forma se ha mantenido viva hasta nuestros tiempos. Otros por el contrario, la atribuyen como una especie de enorme mascota para el tan temido Yacuruna (Señor de las aguas), obedeciendo todo lo que este ser mítico le ordene, destruyendo poblados y produciendo las tan temidas crecidas por alguna venganza que este ser híbrido haya querido saldar con los humanos con los que hace pacto. Sin embargo otros refieren que este titánico ser, no obedece a nadie más que a sus impulsos demoledores y catastróficos cuando se ve amenazado por algo o alguien. Muestra de esto las podemos encontrar en las diversas fuentes orales de testigos que dicen haber visto cómo una enorme serpiente formaba remolinos para hacer zozobrar distintas embarcaciones o simplemente partía las naves con simples coletazos. También están aquellos que se han topado frente a este colosal animal cuando dormitaba en la orilla o yacía camuflado entre las aguas semi turbias de alguna laguna, advirtiendo asombrados que su tamaño superaba los doce metros y en otros casos los 25 mts. Solo basta ver en la mirada aterrorizada de los testigos que han sido parte de estos fenomenales avistamientos para saber que el miedo, a pesar del tiempo transcurrido, no se ha esfumado y muchas veces los acompaña hasta la muerte. ¿Y tú qué crees? ¿Verdad o ficción?


jueves, 8 de septiembre de 2016

LA SERPIENTE MATERNAL


Hace muchos años, se formó un pequeño Caserío a orillas del río Huallaga y a poca distancia de la localidad de Chazuta.
En este caserío vivían unas cuantas familias que habían llegado de la sierra en busca de mejores horizontes para sus hijos, les encantó el lugar porque era bello y fértil.
Cuando todo marchaba bien, un día una de las familias tuvo un gran problema, su única hija llamada Laurita de 15 años de edad, una muchachita que era para su padre como la niña de sus ojos y para su madre como un ángel venido del cielo, por ser tan hermosa y angelical, les jugó una mala pasada, a su corta edad ya esperaba un hijo, porque estaba embarazada de 04 meses.
Su padre don Prudencio se enfureció tanto, que se olvidó por un instante que Laurita era su hija, no le importaba matar las ilusiones y la juventud de su hija si con eso lograba conservar su imagen y evitar el escándalo.
Su madre, doña Leonor, como era una santa perdonó fácilmente a su hija y con lágrimas en los ojos y arrodillándose a los pies de su esposo, le pidió que perdonara a Laurita.
Don Prudencio era bueno,  pero al mismo tiempo muy severo, olvidándose del amor inmenso que sentía por su hija, dejó que le ganara el orgullo y la vanidad, se negó rotundamente a perdonar a Laurita y dio orden de que el niño no debía nacer en su casa.
Al día siguiente en la madrugada don Prudencio, llevó a su hija y a doña Leonor hacia una montaña muy alta, tuvieron que caminar más de 04 horas para llegar al indicado lugar y allá los dejó, dando orden de que por ningún motivo regresaran al pueblo antes de que el niño naciera.
Don Prudencio regresó a su casa sin ningún remordimiento y cuando los vecinos preguntaban por su familia, él muy tranquilo les respondía que habían regresado a su pueblo de la sierra para cuidar a la abuelita que se encontraba muy enferma.
Así, en medio de la mentira, fueron pasando los meses y cuando creyó que el niño había nacido regresó a la montaña, no para abrazar y besar a su nieto, sino para arrancarlo de los brazos de su madre y dejarlo abandonado en la espesura de la montaña.
Cuando llegó al lugar, se encontró con un robusto y hermoso bebé que mirándolo con mucho desprecio, ordenó a su indefensa madre que acostara a su hijo debajo de un frondoso árbol para dejarlo abandonado.
Ni las súplicas, ni el llanto de la hija y su esposa pudieron ablandar en corazón de don Prudencio.
Madre e hija con  las piernas temblorosas y el alma destrozada por la impotencia de no poder contradecir la orden del desnaturalizado abuelo, volvieron a su casa.
Don Prudencio, quedándose un momento frente a su nieto, gritó en medio de la montaña:¡ Niño bastardo!, las serpientes del bosque darán cuenta de ti, ese será tu castigo por haber desgarrado las entrañas de la hermosa niña de mis ojos.
Cuando ya todos habían regresado a su casa, un viento terrible sacudió las montañas y llovió tanto que la gente pensaba que se aproximaba las inundaciones.
Mientras tanto, el niño lloraba y tiritaba de frío y hambre, muchos animalitos del bosque se acercaron a él para hacerle compañía y con sus cantos y el calor de sus cuerpos lograban calmarlo por un momento.
En la noche los animalitos del bosque se quedaron dormidos, de pronto se presentó ante él una enorme serpiente que ara considerada la madre y protectora de ese lugar, quién rodeando el débil e indefenso cuerpecito del niño le daba el amor y ese calor maternal que le hacía falta.
El niño al sentir ese calor que le prodigaba la bondadosa serpiente, se dormía profundamente como un angelito, mientras su madre protectora le entonaba canciones de cuna,
Así pasó el tiempo y el niño fue creciendo sano y fuerte con el cuidado y el amor de aquella serpiente que supo ocupar el lugar de la madre.
Cuando la serpiente vio que el niño ya tenía fuerzas para caminar, le llevó una mañana a la parte más alta de la montaña y colocándole junto a una roca le dijo : Tu nombre será :  “Roca” y serás fuerte y firme como ella, te convertirás en el gran protector de esta montaña, todos los habitantes de este lugar te respetarán, ni el más temible intentará hacerte daño.
Desde ese día el niño caminaba por toda la montaña, serpientes, otorongos y un sinnúmero de animales se cruzaban en su camino, ninguno le hacía daño, más bien le protegían.
Pasaron los años y eta ya todo un hombre, se llevó la sorpresa de encontrarse en la montaña con un grupo de cazadores, quienes iban muy bien armados, ya que sabían que a  ese lugar ningún ser humano podía ingresar, porque todos los animales encabezados por el gran joven “Roca” les salían al paso.
Sin tener en cuenta las leyes de ese territorio, los cazadores comandados por el abuelo del joven, ingresaron a la montaña y cuando se disponían a disparar sus armas, aquella montaña con un grito aterrador decía:” Abuelo desnaturalizado, serías capaz de matar a tu propio nieto”.
Al escuchar la voz de aquella serpiente, don Prudencio, el abuelo del joven cayó desmayado al suelo y al reaccionar, tan solo alcanzó a pedir perdón a su nieto y a dar las gracias a la serpiente que con amor crió y protegió a su nieto.
Toda la expedición huyó despavorida llevando al cadáver de don Prudencio.
El joven Roca quedó desconcertado y pidió a la serpiente que le explicara todo.
Después de escuchar la historia de la bondadosa serpiente, el joven perdonó a su abuelo y a su madre y poniéndose de rodillas lloró amargamente dando infinitas gracias al ser que le prodigó su amor, su calor y su protección.

Daba gracias a la naturaleza que le abrigaba.



LA LAMPARILLA : ESPECTRO DEL MAL


Este espectro altamente mortal y horripilante, conocido por los moradores amazónicos como “LA LAMPARILLA” es un ente al que le gusta deambular en plena oscuridad cerca de lugares poblados, y sobre todo en donde impera un silencio pesado y tétrico. Algunos creen que la hora en la que suele hacer sus paseos nocturnos es a partir de la media noche. Incluso, muchos testigos juran haberla visto, bien entrada la noche, ingresar en ciertas comunidades en forma de esfera multicolor. Aunque a veces se dice que comienza su lento y macabro recorrido cuando el sol ya se ha ocultado; pero son excepciones, ya que no es usual, sin embargo no está demás tomar ciertos cuidados, sobre todo si es necesario salir en plena noche con el fin de ir de caza o pesca.
Pero lo que sí es seguro, es que este aparecido va merodeando y oteando lentamente y en silencio el camino que recorre en forma de esfera luminosa, también muchos que han tenido la mala suerte de advertirla a lo lejos y camuflarse para no terminar agonizando de miedo, han caído en cuenta que la luz, que levita y cruza malezas y lianas, sisea levemente y parpadea cada instante, dejando escapar diversos colores como una intermitente señal de que la maléfica presencia es sin duda “peligrosa y mortal”. Cuando esta aparición se topa con algún distraído morador que no ha reparado en su llegada hasta que ha sido demasiado tarde, (o que pensando que la extraña luz que divisaba a lo lejos se trataba ni más ni menos que de un extraño candil portado por algún comunero, tomándolo por sorpresa al descubrir lo que era en realidad) la Lamparilla en el mismo instante del abismal sobresalto de su víctima, hace su horrenda manifestación y de la nada, a partir de la esfera luminosa que se mantiene respirando a cierta altura, comienza a formarse un esqueleto humano que se mantiene en el aire agitando sus huesos unos con otros como si le divirtiera el pavor que se refleja en la mirada y expresión del testigo, la esfera que queda a la altura del pecho de la osamenta sigue iluminando todo el horror que el cuadro desprende. Naturalmente una impresión como esta mata al desafortunado tiñendo la mañana siguiente de pavor, pues la comunidad sabrá que la Lamparilla ha cobrado una víctima, y es bien sabido, que cuando este mito mata a alguien, no descansará hasta llevarse a otros dos o tres moradores, siempre es así.

Sin duda uno de los espectros más temidos de la Amazonía peruana, el cual su solo nombre esparce un rosario de emociones de temor y angustia. Una vez más: Nunca es bueno salir de noche en la selva, pues el monte tenebroso nos tiene preparado muchas sorpresas desagradables.
Carlos Velásquez Sánchez


jueves, 1 de septiembre de 2016

LA MISTICA DEL MASATO



En el mundo entero los seres humanos, hemos constituido históricamente, una cultura del buen gusto por la vida, o una cultura de la ebriedad. Son reconocidas por ejemplo, la cultura del vino, de los aguardientes, del tabaco, y otros elíxires exóticos. El masato, nuestra típica y festiva bebida amazónica, tiene un sentido y un valor muy particular. Beber masato, constituye toda una mística, y es una práctica poco comprendida, y por lo tanto, poco aprovechada en su real dimensión.

Así como el vino y el pisco tienen su base en la uva, el tequila lo tiene en el agave, y el masato en la yuca. La yuca, atsa (Manihot esculenta, Euphorbiaceae), es un tubérculo domesticado por los amazónicos. La yuca contiene un glucósido que al descomponerse al aire produce el ácido cianídrico, HCN, muy tóxico. Se distingue entre la yuca amarga y la yuca dulce, de las cuales, la yuca dulce, es la que se cultiva en el Ucayali, y el glucósido se encuentra sobre todo en la piel y la cáscara. La yuca dulce se puede comer, luego de darle una simple hervida.

En nuestra selva amazónica, la yuca es un alimento de gran valor nutricional. La yuca acompaña muy bien a todas las carnes, y reemplaza a la papa y al pan. La yuca puede comerse sancochada, asada, frita y pulverizada. De la yuca se prepara fariña, tapioca, galletas y otros dulces con su fino almidón. Para las fiestas típicas y jornadas laborales, tradicionalmente siempre se ha preparado el masato, una bebida fermentada y espumosa en base a la yuca. Las mujeres mastican una porción de yuca cocinada y la escupen en la masa de yuca sancochada contenida en un cántaro, llamado Mahuetá. Las enzimas de la saliva ayudan para la fermentación de la bebida, evitando el empleo de azúcar, muy escaso en las zonas rurales.

Desde los primeros años del contacto del llamado mundo civilizado con el mundo ancestral amazónico, siempre la gente mestiza y foránea, han tenido cierta reserva respecto a beber el masato. En el libro “Una Ventana hacia el Infinito, Arte shipibo-conibo” del Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA), se reproduce la siguiente indignación que expresó el padre Ortiz. “Si supieron la repugnancia que esto causa a los que no pertenecemos a su medio ambiente. A pesar de ello, después de haber presenciado este preparado, he tomado el masato con mucha, muchísima repugnancia”. 

La repugnancia y asco, se ha basado siempre, en la manera cómo nuestros ancestros, han preparado el masato, centrada en la masticada y escupida del bolo alimenticio, que permite una efectiva fermentación de la masa de yuca sancochada. Al margen de esta repugnancia cultural, el masato es una bebida muy sana, semejante en sabor al yogurt, y su ingestión proporciona gran cantidad de vitaminas al organismo. 

Lo más conocido de la cultura del masato, es su función embriagadora y útil para las festividades. El masato, o cerveza de yuca, es la bebida que hermana y cohesiona a la población. Respecto a las borracheras en torno al masato, los shipibos argumentan que “el hombre “sano” siempre esconde su verdadero carácter. La borrachera es el momento de la verdad. No se puede conocer un hombre sin tomar juntos. Rechazar a emborracharse con un nativo equivale a negarle la sinceridad. Sin embargo, la mayoría de las fiestas terminan en peleas: quizá es desagradable escuchar la verdad”.

Es un hecho real que en las reuniones con vino, wisky, tequila o masato, las personas débiles de pensamiento y poco maduras, perderán el control de sus actos y emociones; en cambio, las personas mejor definidas y maduras, expresarán un comportamiento atinado y muy consciente. Esta capacidad de conocer la verdad, y saber quién es quién en la borrachera, a la que hacen referencia los shipibos, es una de las virtudes de la cultura de la embriagues con masato. 

Pero además de embriagues, y esto es lo más importante, el masato ha sido bebido, y todavía hoy en día, es bebido con gran devoción, para la realización de las duras actividades del campo. Es decir, los pobladores rurales, que desde las cinco de la mañana, cuando recién empieza a amanecer, y hasta altas horas de la tarde, soportando altas temperaturas, trabajan muy concentrados en sus labores, lo hacen bebiendo masato todo el día. El masato embriaga un poco, suspende el hambre, inyecta energías, y el estado de cierta euforia y embriagues, se convierte en trabajo realizado con cariño y gran concentración.

Esta mística de beber el masato, para traducir la embriagues en energía física y mental, y consolidar importantes jornadas de trabajo en el campo, es poco conocida. Y en esta mística, reside el gran valor cultural y nutricional que tienen el masato casha casha (fermentación fuerte).

Similares actitudes del hombre del campo, la encontramos en la mística de la Mamá Coca en la región andina. La sagrada hoja de coca, además de ser parte del chamanismo andino, es también un alimento, y el elemento vegetal que permite soportar bajísimas temperaturas de frío, dado su gran poder para generar calorías, su virtud para suspender el hambre, y la euforia o psico-actividad que permite dedicarse con gran concentración a una labor. 

Si la coca, es la planta de gran poder energético en la cultura andina, la yuca, a través del masato, lo es en la cultura amazónica. La mística para realizar el trabajo en nuestras culturas, tiene de por medio a vegetales como la coca y la yuca, con gran poder energetizador. Estas virtudes revitalizadoras, son legados culturales que no se están aprovechando en su real dimensión.

Solo para referirnos al masato en el contexto urbano, esta bebida es considerada, o relegada, como un salvaje licor, propio de gente primitiva. El único conocimiento (conocimiento vulgar) que se tiene del masato, es como simple y ordinario trago para la borrachera. El masato, siempre es motivo de chiste, de burla y de desprecio hacia nuestra cultura amazónica. Se bromea y enfatiza sobre la repugnancia del masticado, sin comprender, que esta modalidad, es una solución genial en el contexto del mundo rural, donde escasea todo.

Es comprensible sentir repugnancia por la masticación de la yuca en el preparado del masato, dado los distintos valores culturales que cada uno posee. Pero alternativamente existe la posibilidad de preparar el masato sin el masticado, sino con el empleo de azúcar o camote como elementos fermentadores. Otras variantes de cómo se toma el masato es no tan fermentado, diluido con agua, o con ponche. Otros lo prefieren bien fermentado (casha casha) y combinado con aguardiente de caña o jugo fresco de caña. 

Las modalidades de cómo disfrutar mejor del masato irán aumentando, ya que el boom de la gastronomía en nuestro país y el mundo, invita a experimentar e ir combinando el preparado. Sea el masato típico, masticado y escupido, o el masato gourmet, igual deberíamos aprovechar al máximo las bondades de esta bebida ancestral.

Quizá el alcoholismo actual (adicción) basado en el consumo de cerveza, sea una degeneración de esta antigua afición por la embriagues del ser humano. Quizá la mística de beber el masato, tenga mayor sentido y provecho. La gente en las cantinas bebe cerveza y pierde el sentido. El alcohol degenera, y es la causa de millares de accidentes de tránsito todos los días. La cerveza deja una terrible resaca y promueve el olvido. El masato es orgánico, alimento y místico. El masato energetiza y motiva la realización del trabajo.

En las ciudades, la gente asume su trabajo como un martirio, y solo esperan el fin de semana para perder la razón con el alcohol. En el campo el trabajo es realizado con gusto, y el masato alegra la vida. No estaría mal, que existan lugares donde pueda uno tomarse una buena jarra de masato y surja una amena, humana e inspiradora conversación. Ahora que está muy de moda inflar el pecho y declararse amante de nuestra cultura, sería bueno consumir lo que nuestra región produce y reivindicar el estatus místico del masato. Salud.

Carlos Velásquez Sánchez