jueves, 17 de mayo de 2018

LA BELLA RUNAMULA


                               (Cristian Meléndez Obregón
A sus quince años, Isabel se había convertido en la flor más deseada, no solo del barrio sino de todo el pueblo.
Era común ver llegar por las tardes a jóvenes que se acercaban a enamorarla, pero siempre chocaban con su abuelita que la protegía porque siempre salía con ella.
Pero alguna vez, tenía que pasar porque la pretendía el hijo del Alcalde que era un tipo presumido que si bien tenía su pinta y atraía las moradas de las muchachas y era antipático con los demás por su arrogancia en su trato con las perdonas humildes, sobre todo su hablar grosero y lo único que le interesaba era enamorar a la bella Isabel.
A la bella se le veía conversar por primera vez con un joven y con la aprobación de su abuelita.
Decían los vecinos que la abuelita dio el permiso a su nieta para salir y verse con Javier y las visitas del pretendiente se hacían más frecuentes, se le veía traer regalos a la bella Isabel y también a la abuelita.
Y los demás jóvenes perdieron rápidamente el interés en Isabel, no se sentían capaces tal vez de enfrentar a este contendiente que además de pinta tenía dinero.
Una tarde cuando Javier vino en una moto nueva, salieron los dos juntos a pasear, según le habían dicho a la abuelita una horita nomás y la traigo, le dijo.
Y a las diez de la noche, Isabel regresó sola, se les escuchó llorar juntas y la que más lloraba era Isabel.
Javier ya no apareció a verla, era un miserable que se había aprovechado de la ingenuidad y pobreza de la bella Isabel.
Fue así que ella supo que su belleza más que alegrías le traería lágrimas y cerró su corazón a todo afecto y a todo amor.
El destino, la vida o quien sabe, tal vez el mismo diablo tuvo que ver en todo esto, lo cierto que al pueblo vino un cura nuevo en reemplazo del cura Jacinto.
Ignacio así se llamaba el cura nuevo y desde que llegó las vecinas no dejaban de hablar de lo guapo y joven que era el padrecito.
A tal punto llegaron las cosas que algunos maridos recelosos prohibían que sus mujeres se fueran a misa y otros que iban a misa con sus esposas para vigilarla y también decenas de jovencitas iban a misa por el cura guapo.
Tanto hablar los vecinos de este cura guapo, hizo decidir a la bella Isabel ir a misa esa noche con su abuelita.
Al cura Ignacio se le notó algo nervioso esta vez, a mitad de misa se percató de unos ojos fijos en él, de ahí en adelante el cura se equivocó en más de una ocasión en su sermón y hasta la señal del padre nuestro lo hizo mal.
Isabel sonreía, pues sabía que ella era la causa de tal perturbación. Y así todas las noches Isabel y su abuelita se iba a la Iglesia temprano y no tardaron en surgir los comentarios y las miradas acusatorias.
Fue un martes, en una noche oscura sin luna, justo a media noche que se oyeron relinchos tan fuertes, que medio pueblos se despertó.
Unos pobladores contaron que vieron a una hermosa mula que corría primero por la cancha donde se jugaba fútbol, luego por las calles, siempre relinchando horrendamente y al final se perdió por el camino a la chacra de don Nicanor por donde hay un barranco hondo y no era la mula de ninguno del pueblo.
Y el jinete que montaba a tan majestuosa mula decía que era como un enano vestido de negro con una gran nariz y sombrero, otro decía que era como una especie de pequeño monje sin cabeza y que tenía en la mano un látigo de cuero.
Al día siguiente las personas hablaban con recelo sobre este raro acontecimiento.
Es la runamula, dijo la Sra. Consuelo quién sabía sobre estos misterios de la selva.
El viernes en la noche nuevamente a las doce de la noche, salió de entre el monte la mula y su jinete.
Doña Consuelo explicó que la runamula sale justo los días martes y viernes por que son los días preferidos de los diablos y los espíritus malos para manifestarse y alguna mujer deben andar en amoríos con el cura, dijo.
A nadie le quedó duda alguna de quién se trataba y miraron a los lejos la casa de Isabel.
Como para confirmar la sospecha de que se tenía de ella, Isabel no salió de su casa ni sábado ni domingo y cuando le preguntaban a la abuelita, por qué no salía Isabel, respondía que estaba enferma en cama.
Los niños no querían ni acercarse a su casa por temor a la runamula como ahora la llamaban.
Y un grupo decidió esperar el martes desde las once de la noche a la runamula.
Habían conseguido bastante achiote y lo diluyeron en un balde grande de Palmerola y se repartieron en bolsas pequeñas como municiones.
La idea no era lastimarla mucho sino mancharla de rojo y dejarle algunos moretones para reconocerla al día siguiente entre todas las mujeres del pueblo.
A las once de la noche uno por uno iban llegando, Juvencio como era mayor y el más osado, era el líder del grupo.
A las doce Juvencio dio un silbido, era la señal para tener a mano las bolsas de achiote y algunos sus baladoras.
Unos instantes después a lo lejos se acercaba el sonido de carrera de un animal.
Es la runbamula – gritó Juvencio, sus patas golpeaban la tierra casi al ritmo del latido de los corazones de los muchachos.
Y vieron sus ojos rojos como tizones acercarse hacia donde estaban escondidos. No sé quien lanzó la primera bolsa, tuvo que ser Juvencio seguramente, luego todos en cuestión de segundos lanzaron sus bolsas con achiote.
Varios cayeron a la runamula , a pesar de lo veloz que era y los de las baladoras tiraban sus piedras.
Vi como la runamula quiso detenerse al parecer y enfrentarnos, pero ahí mismo le cayó un baladorazo en su costado izquierdo, el jinete enano pareció dudar un instante entre atacar y seguir su camino.
Optó por lo segundo, jinete y mula se perdieron por el barranco y no lo siguieron.
En la mañanita antes de ir a la escuela, pasé por la casa de Isabel a ver si había alguna novedad y nada porque su casa aún permanecía cerrada.
En la escuela, nos vimos en el recreo toda la mancha y acordamos en ir por la tarde cerca a la casa de Isabel.
Lo que no esperábamos era encontrar mucha gente fuera de la casa y los vecinos conversaban en la vereda y en la calle.
Me acerqué a preguntar a mi prima Hilda que era lo que pasaba y me dijo:” Bien mal está Isabel, su abuelita está pidiéndonos apoyo para hacerle curar en el Hospital.
Amaneció no sabe cómo, manchada con achiote el cuerpo y con una costilla rota.
Los de la mancha nos mirábamos asustados, pero nos habíamos hecho la promesa de no decir a nadie de lo que hicimos y uno por uno nos íbamos quitando a nuestra casa.
Isabel dejó de golpe de ir a la Iglesia por un tiempo porque estaba mal y tenía que recuperarse. No tardó ni dos meses más y el cura Ignacio pidió su cambio a otra parroquia lejana.
Vino en su reemplazo un cura viejón de barba blanca y alguien dijo por ahí que vio al cura Ignacio irse del pueblo llorando tristemente.
Desde entonces no se ha sabido en el pueblo de más apariciones de la runamula.
Y que fue de Isabel, se casó y se fue a vivir a Lima y viene todos los años para la fiesta patronal con su esposo a su `pueblo.
Carlos Velásquez Sánchez


viernes, 13 de abril de 2018

EL CHOFER FANTASMA


(Contado por Rogelio Terán, Chonta Alta - San Bernardino - San Pablo)
Un hombre se encontraba parado a la orilla de la carretera en medio de una oscura y tenebrosa noche mientras caía un fuerte aguacero. Esto sucedió en la madrugada de un 31 de octubre -noche de brujas-, más o menos a dos kilómetros del cruce de una vía que conducía a dos pequeños poblados.
Pasaba el tiempo y el clima se ponía peor, y aun así, los pocos vehículos que transitaban a esa hora no se detenían a pesar de las señas que les hacía.
La lluvia era tan fuerte que apenas nuestro personaje alcanzaba a ver a unos tres metros de distancia. De repente vio cómo un extraño auto se acercaba lentamente y al final se detuvo. El hombre, sin dudarlo se subió al auto y cerró la puerta. Volteó su mirada y se dio cuenta, con asombro, que nadie lo iba manejando.
El auto, entonces, arrancó suave y pausadamente. Aterrorizado, miró hacia la carretera y se dio cuenta que adelante había una curva. Mojado hasta los huesos, se siente totalmente congelado.
El hombre asustado comienza a rezar e implorar por su salvación al advertir su trágico destino. No había terminado de salir de su espanto, cuando justo antes de llegar a la curva, una mano tenebrosa entra por la ventana del conductor y mueve el volante lentamente pero con firmeza.
Paralizado del terror y sin aliento, medio cierra sus ojos, se aferra con todas sus fuerzas al asiento, inmóvil e impotente ve como sucedía la misma situación en cada curva del tenebroso y horrible camino, mientras la tormenta aumentaba su fuerza.
Asustado y sacando fuerzas de donde ya no quedaban, se baja del auto y se va corriendo hacia el pueblo más cercano. Deambulando, todo empapado, se dirige hacia una cantina que se percibe a lo lejos.
Entra en ella, y a pesar de la hora, pide dos "media bucha" de aguardiente y, temblando aún, les empieza a contar la horrible experiencia que acababa de pasar a los pocos contertulios que lo acompañaban a libar el licor.

A la media hora llegan dos hombres totalmente mojados; se hizo un silencio casi sepulcral ante el asombro de todos los presentes. El miedo asomaba por todos los rincones del lugar.
mojados, y molestos le dice uno al otro:
"Mira Juan: allá está el hijo de p.... que se subió al carro cuando lo veníamos empujando.

Carlos Velásquez Sánchez


viernes, 6 de abril de 2018

EL DUENDE DE CHONTAPACCHA


1.-Hasta ahora cuenta una mujer, ya anciana, lo que le sucedió cuando lavaba ropa en las aguas provenientes del puquio que existe en Chontapaccha.
Dice esta señora que hace muchos años, cuando era todavía joven, se ganaba
la vida lavando la ropa de varias familias de Cajamarca.
Con el objeto de ganar sitio y tiempo, esta señora se dirigía siempre al puquio que queda en la bajada de Chontapaccha, como a las cuatro de la mañana, alumbrándose con su linterna de querosene. Pero una vez, equivocándose de hora, se fue más temprano. Serían más o menos las dos de la mañana cuando llegó al puquio y bajó su "quipe". Ya había comenzado a remojar la ropa cuando, con gran sorpresa, vio que un bulto salía del puquio, el mismo que tumbándola practicó con ella el acto sexual, no obstante los gritos
que daba y la resistencia que opuso. Desde entonces, por las noches, el mismo bulto entraba a su casa y subiéndose a la tarima en donde dormía volvía a practicar el acto sexual, sin que ella ni su marido pudieran oponerse.
Como resultado de estas relaciones, a los nueve meses dio a luz un muchacho deforme, con la cabeza parecida al del chancho, el mismo que felizmente al poco tiempo murió. Después del alumbramiento, volvió el bulto, y
el marido escuchaba en forma muy clara cuando la poseía sexualmente.
De tales hechos dio cuenta a una su comadre, quien le aconsejó que echara agua bendita a la casa y colocara en la cabecera de la cama una cruz de acero, como que en efecto lo hizo, con lo que desapareció definitivamente el duende del puquio.

2.-(Relato de Manuel Carrasco)
Se trataba de una mujer muy hermosa que se dedicaba a lavar ropa de sus clientes en el puquio de Chontapaccha, al que acudía de madrugada, circunstancia que aprovechaba un muchacho muy blanco y rubio, que aparecía
misteriosamente para requerirla de amores, a lo que, después de muchas insistencias, accedió. Una de esas madrugadas, el hombre la invitó a que se bañaran en el puquio. Pero cuando ambos ingresaron al agua, la mujer desapareció.
Sus familiares, preocupados por su prolongada ausencia, comenzaron a buscarla afanosamente, preguntando por ella en diversos sitios. Cuando ya habían perdido toda esperanza, una campesina les informó que la había visto llorando de noche en la laguna de Chamis.
Los parientes se constituyeron al indicado lugar, y después de esperar por algunas noches, en una de ellas, de Luna llena, escucharon el llanto. Entonces, se dirigieron al lugar de su procedencia y encontraron a la desaparecida medio enajenada, sentada a la
orilla de la laguna, llorando muy tristemente.
Por la fuerza la condujeron a su domicilio, en donde la hicieron santiguar por un curioso, después de lo cual recobró su lucidez y pudo contarles que el duende la había conducido desde Chontapaccha hasta la laguna, a través de un túnel que comunica ambos lugares. Al poco tiempo, la mujer cayó enferma, y sin que nada pudieran hacer los brujos, finalmente murió.

CarlosVelásquezSánchez


jueves, 29 de marzo de 2018

PASION Y MUERTE DE UNA RUNA MULA QUE AME


(WERNER BARTRA PADILLA)
El marido conjuntamente con tres policías más, irrumpió arma en mano en la oficina donde la tenía ya desmayada en mis brazos.
Era la mujer más hermosa, que la gente de Santa Rosa  había visto en años.
La policía me detuvo acusándome del delito de lesiones graves y a ella la llevaron al hospital de Tarapoto, donde a los cinco días falleció víctima de laceraciones múltiples producidas por golpes continuos con arma punzocortante.
Cuando murió, la Fiscalía cambió la acusación por el de lesiones graves seguida de muerte.
La población sospechaba que ella era una runamula, pero estoy convencido de que sí era una runamula y el diablo con sus golpes la mató.
Esa noche, aproximadamente a la 1.00 a.m. oí unos relinchos continuos y tuve la sensación de que esos alaridos decían mi nombre.
Yo estaba mirando por la ventana, agazapado, vi que parecía un caballo montado por un jinete con la melena alborotada, que golpeaba con el látigo el lomo del animal. Mientras que de la boca de éste parecía brotar chispas de fuego.
Ahora sé que no era un caballo sino una mula. Fue todo lo que vi.
Al día siguiente en uno de esos encuentros furtivos e intensos, ella me contó que se sentía mal, que no entendía porque tenía esos moretones en el cuerpo.
Estaba revisándola, cuando de pronto se cambió de ropa y me dijo que se iba.
Al momento de despedirla se desmayó en mis brazos, luego llegaron los cuatro policías que me empapelaron y por lo que estoy hablando con Uds. Señores jueces.
Pero me parece para que Uds. crean en mi inocencia, debo empezar desde el principio.
El domingo que la conocí de cerca, me acerqué a ella, no logré ver su rostro, porque en este pueblo todavía las mujeres usan velos cuando van a misa, pero percibí su olor que lo tuve en mi nariz casi una semana.
Era una mezcla  de perfume de rosas con olor a animal de monte, a venada, fuerte, casi embriagador.
Desde que llegué a Santa Rosa, los feligreses no hacían más que hablar de la extraordinaria belleza de doña Ludovica del Cisne Murayari, esposa del guardia civil Valentín Del Águila .
Al domingo siguiente, valiéndome de mi cargo, la hice comparecer frente a mí. La verdad que era bonita, pero lo que a mí me encantó fue su conversación.
Tenía 05 años de casada con el policía Valentín.
En esa selva había escuchado muchas historias de demonios, por lo que según ella necesitaba hablar de esas cosas para olvidarlas y convenimos un nuevo encuentro para el próximo martes luego de la catequesis.
Hablamos de varios temas y empezó a encandilarme de nuevo, la forma de conversar, de argumentar y empecé a fijarme en sus labios, en sus ojos, sus cejas y su coquetería y por la naturaleza del cargo que yo ostentaba estaba inmunizado a cualquier situación que implicara algún tipo de acercamiento a una mujer.
Fue una trampa en la que caí sin ningún tipo de previsión, terminé pensando en ella todo momento y esperando con ansia casi enfermiza la siguiente reunión de afianzamiento de su fe, pero lo que estaba sucediendo era que yo estaba perdiendo, casi por completo mi fe.
Mi naturaleza de hombre se reveló y ella se dio cuenta desde el principio y yo no le era indiferente.
Al principio fueron agarradas de mano como una cosa de amistad y de fuerza solidaria.
Luego una tarde hablamos de tantas cosas, la abracé y ella se dejó.
Poco a poco con mis manos agarré su cabeza y dirigí su rostro hacia el mío, yo no sabía qué hacer y la besé, sentí su lengua rozando con la mía, diciéndome: porque, porque, porque.
Después la situación se hizo incontrolable cada vez que ella iba al centro parroquial, si la veía corría a su encuentro para tener nuestros encuentros amorosos.
Nunca me rechazó, pero huía, volteaba y me sonreía haciendo un despido amoroso.
Un día ella acudió a la parroquia, terminamos abrazados y cansados, fue como una explosión de felicidad que nunca olvidaré.
Luego se volvió una relación seria, doblemente prohibida por mi condición de sacerdote y por estar ella casada.
Es cierto, fue una relación con sus picos máximos de felicidad, pero también con sus peleas y reconciliaciones.
Fue lo mejor que me pasó en la vida, así que Uds. señores jueces ¿Creen que yo sería capaz de golpearla y producir su muerte como dice la población?
Nunca por nunca, por eso odio al maldito jinete que se le pasó la mano con sus latigazos.
El maldito demonio que una vez más me arrebatara algo fundamental de mi existencia.
Primero lo hizo con mi fé y luego con el amor de mi vida.
Por eso señores jueces, en verdad me da lo mismo que crean o no en mi inocencia. Estoy convencido que dirán que en pleno siglo XXI este curita de pueblo nos quiere engañar con la historia de la runamula.
No me importa, porque al fin y al cabo con su muerte, además de mi amor y mi fe, también mi razón de vivir se fue con ella.
Gracias señores jueces, ya no tengo nada que decir. Muchas gracias.

Carlos Velásquez Sánchez

LA VERDADERA HISTORIA DE LA RUNAMULA


                         (RICARDO JOSADBT)
Le juro que así es la historia, compadre y no como Ud. lo dice, yo los vi como dos o tres veces. No se trata de ningún mito ni que ocho cuartos es la puritita verdad y pasa a las  12 de la noche.
No como centauro, ni minotauro es como una mula común.
El se convierte en jinete como castigo canónico, por la burla que hace a la iglesia católica, pues jugar con las cosas de Dios no es broma, compadre.
No, no, no es que el diablo se vuelve jinete, eso es mentira, el espíritu necesita un soporte para manifestarse y el soporte, la materia es el cuerpo humano.
Bah, el foráneo no cree en estas cosas, dice que son tonterías, pero yo sé que son deveritas. Compadre, si yo mismito los vi.
Que Ud. no puede creer, que no se acuerden de nada compadre.
Que algo de razón, de juicio debían de tener, sino que se trasladaban de un lugar a otro y cometían deterioros.
¿Y cómo llegan a sus camas sin ayuda de nadie? No pues, compadre, eso si no me cree.
El instinto les guía y se apoderan de sus cuerpos los espíritus malignos. El diablo mismo se ríe de todo esto, le juro que así es compadre, aquí no se inventa nada, yo mismito los vi como en dos o tres ocasiones, eran como demonios que destellaban candelas y un ruido atroz de  zapateos en las afueras de la iglesia.
Esa mula montada por el jinete oscuro, ambos brillaban como el mismito fuego del infierno. Así habrán de arder, yo le juro compadre.
Más nadie salía de miedo, todos escuchaban y se escondían en sus casas, nadie se atrevía a salir por sus ventanas siquiera. Porque decían que son cosas de los demonios.
Menos yo, me escondía por los arbustos de la capilla y de la plaza junto a la iglesia por los asientos de madera o en la pileta del centro y pude ver todo.
Nadie más tuvo el valor de hacerlo, si es posible puedo meter mis manos al fuego, por lo que estoy compadre, por la mismita Virgen Santísima.
¿Sabe? Hace una semana atrás me crucé con el Augusto…no supo qué hacer cuando me vio y yo tampoco.
La escopeta se me trabó compadre, yo lo iba a matar.
El condenado dio paso ligero a su burra y se fue todo “posheco”.
Quería perseguirlo con el machete en la mano, no sé qué me pasó que me aguanté.
Las manos comenzaban a temblarme y el corazón me quemaba.
Me bajé del caballo y mi cerebro solo ponía el rostro de mi Rosanita y mi Manuelito. No pude.
Fue como si me arrancaran la espina dorsal, no podía articular ni un solo músculo.
¿Por qué dice eso? ¿Ud. que hubiera hecho? Así se piensa en la ciudad, compadre, pero no es así.
Aquí o allá somos humanos, sentimos igualito ¿Si le hubiera pasado a Ud. lo mismo, que hubiera hecho?
Dicen que, a él lo encontraron sin ojos y ella tenía la lengua sobresalida y sus sexos estaban calcinados.
Yo me escondí, no me acerqué.
El primero en llegar fue don Ezequiel, después don Julián y su mujer la Estela y así comenzó a venir todo el pueblo.
Y ya ves, aquí nos tienen velando toda una noche a los condenados.
Sí, compadre todos callan porque creen que es un castigo divino.
Ja, todos murmuran sin saber de qué diablos hablan.
Como se sufre por una traición, como uno se muere de la vergüenza.
Ahí viene la ronda del ventisho.
Sarita sírvenos un poco más.
Ah, casi me caigo del asiento, por Dios.
¿Qué fue ese ruido? Levántese compadre, vamos corre carajo, está abierto el portón.
Ay carajo, José puta mare--- Ah mierda ¿Qué has hecho José? ¿Qué has hecho?

Carlos Velásquez Sánchez

domingo, 11 de marzo de 2018

EL DUENDE


Hoy, durante la lluvia, unos amigos contaron estas historias.
1. Jenny.
Una amiga de mi mamá, que estaba embarazada, le contó que en su casa a veces se aparecía un hombre bajito, feo, gordito y con un sombrero grande por su cocina. Siempre que pasaba por ahí veía al hombrecito corretear de un lado a otro; estaba muy atemorizada, solo con ella era la que lo veía. Le contó a su esposo, pero no le creyó “es tu imaginación” le dijo. Mi mamá le preguntó si tenía un árbol de higo y dijo que sí tenía un árbol bien bonito que daba unos higos muy grandes y ricos; además de lo del árbol le contó que no se había bautizado a pesar de que ya era mayor, entonces mi mamá le dijo que se vaya al cura para que la bautice y le pida que bendiga su casa. Así lo hizo y con eso el duende dejó de aparecer.
Después de unos meses nació su bebé. Un día la señora se fue al cuarto de su bebe y no estaba en la cuna desesperada empezó a buscarla, luego se dio cuenta que estaba debajo de la cuna, dormidito y sin llorar. El bebé era recién nacido así que no podía bajarse o caerse porque habría llorado, entonces llamó a mi mamá para que le echase el “agüita del socorro” y desde entonces nunca más volvió a pasarle nada raro ni a ella ni a su bebé.
2. Javier.
Te cuento otra historia. En la casa de mis abuelos paternos solía aparecerse un hombrecito pequeño que siempre era visto cerca de las plantas frutales que teníamos a la entrada de la casa. Sucedió que una de mis primas se enfermó mucho y entonces, por orden de mi abuelo cortaron todos los árboles por donde se aparecía el hombrecito después de eso ella se recuperó. En adelante no se volvió a ver al hombrecito (un duende, según creen); sin embargo hace poco pasó en mi casa algo muy similar a lo que cuenta Jenny: a mi sobrino sin bautizar (porque dicen que a los duendes les atrae sobre todo estos niños) lo encontraron debajo de su coche, nadie sabe cómo llegó hasta ese lugar teniendo solo un mes de nacido; en casa todos dicen que fue el duende, por eso ahora le tienen un mayor cuidado y ya van a adelantar el bautizo del pequeño, pero les voy a decir que le echen el agua esa que cuentas.
3. Carlos
Ahora que se ponen a hablar eso de los duendes, hace tiempo mi prima me contó que a su hijita, que entonces tenía 2 meses de nacida, siempre la tenían en su cama rodeada de almohadas para que no se cayese; entonces fueron, ella y su esposo, a la cocina para prepararse algo de comer; habrá sido cuestión de seis o siete minutos lo que demoraron, según dice; cuando regresaron encontraron la cama destendida y sin la bebe. Buscaron por toda la casa y nada, su esposo, alarmado llamo los vecinos, porque la niña no aparecía, pensaban que alguien pudo entrar y se la había llevado; luego mi prima le gritó:”¡Alberto, la niña está acá!”. La había encontrado en un cesto de ropa boca abajo y casi asfixiándose. Buscaron por toda la casa al “responsable” y nada, el vigilante que solía hacer la guardia en la casa de al frente tampoco vio entrar ni salir a nadie. La pregunta lógica es ¿cómo llegó la bebe de la cama hasta allí; es decir: sacar las almohadas, destender la cama, bajar, “caminar”, subir al cesto, y tirarse de cabeza, y todo con solo dos meses de nacida? Una vecina suya le dijo que seguro ha sido el duende, y es que al costado de su casa había un huerto y ¿adivinen qué árbol era el más grande y daba los mejores frutos? Exacto… un árbol de higo.
Cuando me contó su historia dije: Bueno, ha de haber sido algún maldito que quiso robar, ahora choros roban en un abrir y cerrar de ojos. Pero cuando me dijo que después de encontrar a la bebe, su esposo y un grupo de vecinos entraron al huerto para “buscar al duende” vieron que al pie del árbol de higo habían recién escarbado; al mover la tierra encontraron una de las botitas de la bebe bieeen al fondo…me quedé helado. Es decir, en cinco minutos nadie HUMANO puede hacer así como si nada todo lo que ella cuenta y ahora les estoy contando, y que nadie lo vea entrar ni salir, además de hacerle eso a una recién nacida.
Por ahí me contaron otra parecida, pero es una historia más larga, pero esa otro día les cuento.
Carlos Velásquez Sánchez

martes, 6 de marzo de 2018

LA RUNAMULA DE EL EMBRUJO


              (WILMER PEREA BECERRA)
Una noche en el pueblo de El Embrujo, algunos pobladores, entre ellos las autoridades escuchaban atentos las noticias relevantes, sobre todo los referentes  a las ocasionadas por las incesantes lluvias: “Familiares y amigos del párroco Anselmo Gómez piden ayuda para buscarlo, pues lleva perdido en la selva ya varios días.
Según informaciones, el párroco de la Iglesia de los Santos Evangelios, fue visto por última vez cuando se dirigía a pie desde El Embrujo a la ciudad de la Calurosa, lugar donde hacía misa.
Su amigo, el cura Américo Estupiñán, superior de los padres gregorianos señaló que esta extrañado por su desaparición, porque el sacerdote conocía la zona y que para él es incomprensible que se haya perdido.
-Más información sobre el párroco Anselmo Gómez que desapareció misteriosamente en el pueblo El Embrujo hace más de 07 días y no hay noticias sobre el paradero de este misionero perteneciente a la orden de los gregorianos.
Lo último que se supo de él , fue que salió el viernes 11 de julio, indicando en la parroquia que iba para el Embrujo para cumplir los compromisos relacionados con su función sacerdotal.
Sin embargo,  su retorno no fue posible debido a un deslizamiento de tierra por la carretera, por lo que decidió regresar a pie.
Algunos testigos que lo vieron esa tarde notaron una preocupación por volver, así que lo vieron salir hacia el poblado del Santa por un camino rural que bordea la carretera, decían en el noticiero regional.
Al día siguiente, llegó al Embrujo una comitiva procedente de la Calurosa y fue de inmediato a visitar al Alcalde y solicitar la organización de un equipo de búsqueda.
-Acá nadie se pierde – ahorita mismo nos organizamos con el Sargento para buscar al curita – dijo el alcalde en la reunión.
-Ojalá el padrecito no haya caído al río, hablaban los vecinos y con lo caudaloso que está, ya vuelta, de allí no hubiera podido salir.
Ojalá que no se haya adentrado en las chacras de los narcos – aldián , esos no preguntan, esos te matan nomás – dijo un vecino con voz preocupada.
-Nadie sabe nada, es muy extraño, como si se le hubiese tragado la tierra – dijo la autoridad.
- O el río dijo otro.
Unos campesinos dijeron que hubo un derrumbe que cerró la carretera y se llevó parte del camino y que cuando pasaba el curita por allí, entonces suponen que se lo llevó el huayco – comentó un rescatista.
Unas mujeres dijeron que después de la misa, el padrecito se apuró en despedirse porqué tenía asuntos que atender y que él siempre acostumbraba darse una escapada para relajarse – dijo otro de los buscadores.
-Hay rumores de que tenía una amante – sugirió alguien.
El alcalde paró este último comentario diciendo: no hay pruebas – enfatizó.
Enseguida se comprometió a ampliar las investigaciones hacia los diversos caseríos no contemplado en la búsqueda, incluyendo a los que quedaban en las laderas del río.
Si ha caído al río Bravo – aldián – su cuerpo ya está tragado.
El guardabosque zonal le dijo al alcalde: Seguimos el rastro de unas ancianas que dijeron haber visto al curita varias veces desviar su ruta hacia el poblado de el Manantial, pero no supieron decir hacia dónde.
-Para ir al Manantial, hay que pasar por las faldas de la montaña Ayahuanca. Estas tierras no son de confiar, hay muchas cosas misteriosas por allí, los pobladores dicen que hay chullachaquis, lloronas y hasta una runamula.
-¿Runa mula? Se sorprendió el alcalde.
De pronto en el noticiero daban a conocer: “La población feligresa de la Calurosa ha organizado veladas y cadenas de oraciones pidiendo que aparezca y encuentren al párroco de la Iglesia de los Santos Evangelios, que lleva ya 15 días de desaparecido.
Algunos miembros de la orden de los gregorianos los feligreses participan en expediciones de búsqueda sin éxito pero con esperanzas.
Además se movilizaron los equipos de rescate especializados, pero hasta el momento no se ha obtenido ningún resultado favorable.
Algunas personas por su cuenta han hecho uso de brujos rastreadores y curanderos ayahuasqueros para dar con algún rastro del curita desaparecido” Seguiremos informando.
En medio de estas noticias, uno de los campesinos presentes en claro estado de embriaguez soltó un comentario desatinado.
-El curita andaba de amores en el Manantial, yo lo he visto varias ve…..
Y recibió insultos y empujones de los feligreses allí presentes hasta silenciarlo y botarlo, mientras gritaban en tono aclarador: No se puede mancillar el honor de un hombre bueno, de un santo.
El párroco Anselmo Gómez aquella semana de su desaparición estaba preocupado por las noticias de los derrumbes y accidentes causados por el clima que azotaba la región.
Las últimas noticias que recibió fueron referentes al derrumbe de la carretera recién asfaltada que llevaba a el Embrujo y el huayco arrasó a una camioneta que transportaba pasajeros.
Una tragedia que motivó el cambio de su carácter, se puso taciturno y meditabundo, muchas veces de mal humor.
Felícita Sangama amaneció con heridas profundas y quemaduras de gravedad, empapada en su propia sangre fue encontrada en su casa, en la chacra donde vivía con su marido Santiago, de quién no se sabía nada porque estaba desaparecido.
Los autores del hallazgo, su sobrino y un vecino la llevaron al poblado el Manantial.
Los vecinos se aglomeraron en torno a ella y se espantaron de verla tan mal, casi irreconocible por la hinchazón que tenía en la cara y en el cuerpo.
Los rumores y habladurías no se hicieron esperar.
Runamula es runamula es.
Anoche ha sido luna llena y esa es la prueba.
Amante del cura era la Felícita, gritaba la gente.
Desgraciada está, hay que dejarla para que muera allí mismo.
Tiene castigo de Dios – vociferaba una mujer frenética.
Evangélicos, cristianos, testigos de Jehová y supersticiosos huyeron espantados, otros amigos más cercanos ayudaron al sobrino y llevaron a Felicita en dirección a el Embrujo, en busca de alguna posta médica.
¿Será verdad que es runamula?  Se preguntaba el grupo ¿Será que la Felícita es runamula?
Imaginar ese cuerpo delicado transformado en una bestia del tamaño de una mula que bota fuego por su boca y ojos y que en las noches de luna llena corría por allí cabalgada por el mismísimo diablo quién latigueaba su lomo, abriéndola profundas heridas en la piel resultaba inverosímil.
Y todo eso por haberse atrevido a ser la mujer de un hombre religioso.
De ser así ¿Sería verdad entonces que la Felícita era la mujer de un hombre de Dios.
¿Acaso ese hombre viejo que llegaba al Manantial y visitaba a Feícita era un sacerdote?
¿Y el Santiago, no sabía nada de esto? Y donde estaba ahora el Santiago.
El grupo llegó a el Embrujo y los rumores llegaron de inmediato al alcalde, quién junto al sargento se apersonaron de inmediato a la posta médica.
Felícita que ya había perdido mucha sangre, no respondía al tratamiento, no volvía en sí.
Runamula es, runamula es…decía la gente.
¿Runamula otra vez runamula? Se preguntó el alcalde.
El sargento se acercó al alcalde.
La gente del pueblo está hablando “runamula”, le dicen a la mujer “amante” del cura.
Yo le quería decir que uno de los hombres del grupo me contó hoy que siguieron el rastro del curita que los llevó al Caserío del Manantial. ¿Será?... le dijo en tono bajo pero preocupado.
Cállese sargento – le silenció de inmediato el alcalde. Sobre esta situación mejor no decir nada, porque no tenemos nada confirmado.
Esta historia nos daría desprestigio y además no me daría buenos votos, tendremos que esperar que la mujer despierte.
¿Y tiene marido?
Solo se ha tomado el testimonio del sobrino que es quién la ha encontrado y traído, dice que del marido no se sabe nada, respondió el sargento.
Así que tenemos otro que se evaporó – reflexionó el alcalde.
Otro a quién se lo tragó la tierra o el río.
Felícita ya está cansada de vivir en la chacra, el no haber tenido hijos la ha mantenido conservada, pero la vida campesina es dura y marcada por la ignorancia, quién pese a  sus 40 años aún mantenía una belleza juvenil.
Condenada a vivir en la soledad ha renunciado a sus aspiraciones por el abandono a la que la tiene acostumbrado Santiago Arévalo su marido, que anda de faenas en montes ajenos o en uno que otro trapiche hasta quedar rendido de borracho.
-A él, hombre macho come tacacho”, no le preocupa en lo más mínimo lo que sienta o necesita su mujer, lo que ella diga es letra muerta, tan muerta como su vientre.
Sin embargo, ella haya el alivio a sus tristezas en las palabras del párroco que visitaba al pueblo de el Embrujo.
La compasión del párroco despertó un amor incondicional en aquellos ojos tristes, en ese rostro fino y delicado, la amó y Felícita se entregó a lo que su corazón demandaba.
Tuvieron un romance puro, inocente pero secreto, oculto  loa ojos ajenos.
Pero nadie lo iba a entender, nadie iba a aceptar ese amor inmenso y así pasño el tiempo, mucho tiempo.
Felícita como tantas veces espera la llegada de su párroco amado.
Santiago como siempre la ha dejado para irse a faenar con sus amigos de un caserío lejano donde él al finalizar el trabajo, siempre jugaba fútbol y bebían hasta perder los estribos.
Felícita piensa que el párroco quizás no aparezca por las intensas lluvias que no ha parado todo el día y decide ir por el camino para ver si le da alcance, sale de su casita en la chacra dejando la tushpa encendida mientras hierve un poco de agua para hacer un café que combata el frío.
Avanza rápido por el camino solitario, mirando a todos lados por si algún vecino la descubriría y llegó hasta las faldas de la montaña Ayahuanca.
Sólo se escucha el caudal furioso del río Bravo allá abajo.
Felícita logró escuchar el sonido de unas pisadas que venían a lo lejos y observó fijamente para ver si era su amado, envuelto en una capa de lluvia y con botas de caucho.
Felícita con el corazón alegre intenta correr para darle el encuentro, pero un frío intenso la detiene.
Detrás del párroco, se abría paso una figura terrible, un caballo negro. Mojado que bota vapor por las fosas y el hocico, con Santiago de jinete.
El marido de Felícita avanzaba con una furia incontenible.
¿Nos ha descubierto? Piensa Felícita e intenta gritar, pero se le cierra la garganta al ver que el jinete fustiga el caballo con fuerza y galope sin remordimiento.
Lo ve lanzarse sobre Anselmo pisándole con el caballo, el cuerpo de éste cae, pero a pesar del golpe y sin saber lo que pasa intenta ponerse de pie.
Entonces con frialdad absoluta Santiago gira el caballo y asesta un machetazo en la cabeza del párroco, quedando este clavado en el cráneo.
Sin bajarse del caballo, este voltea la cabeza y mira a Felícita, ella aterrada sale corriendo desesperada en dirección a su casa, pero sus piernas temblorosas no tiene la velocidad del caballo.
La ira del jinete traía olor a trago barato y apestaba a sudor de días, alcanzó a Felícita y la cogió de los cabellos y sin detener el caballo siguió corriendo hasta llegar a la casa y allí la lanzó hasta estrellarla estrepitosamente contra la tushpa.
La leña y el carbón ardiente saltaron violentamente sobre su piel.
Santiago bajó de un salto de su caballo y fue sobre ella para golpearla sin piedad.
Sin decir palabras cogió un látigo de caucho, esos de los que sacan de las llantas de los carros y descargó su furia contra el cuerpo de su mujer.
Al verla sin reacción se detuvo un momento.
Primero me deshago de tu amante y luego me encargo de ti prostituta – dijo entre dientes y con la mandíbula tensa.
Y allí la dejó ensangrentada.
Tomó otra vez el caballo y volvió al lugar donde dejó al párroco Anselmo y lo vio allí tirado.
El río, que se lo lleve el río – dijo.
De esa forma se libraría de toda sospecha.
La llovizna y neblina proporcionaban un perfecto camuflaje.
Cogió el cuerpo y lo puso sobre el caballo, caminó entonces hacia una pendiente al filo del abismo y muy abajo divisó el río Bravo.
Aquí me la pagarás maldito, nunca te metas con un verdadero hombre- le dijo al bajar el cuerpo.
Y al empujarlo por el abismo. Sintió una mano que lo sujetó de su muñeca, haciéndole perder el equilibrio y caer, mientras en la cara de Anselmo se dibujaba una sonrisa y así el párroco caía llevándose a Santiago  en el último suspiro de su vida.

Carlos Velásquez Sánchez