martes, 25 de agosto de 2015

LA COCHA HUAÑUSHCA Y SU YACUMAMA

Por los años 1,700 , tribus amazónicas se habían asentado en Cocha Huañushca, que era muy temida por los nativos y por la existencia de una boa gigante o yacumama (madre del agua) y este temor se rompe cuando llegaron los españoles al pueblo, don Gaspar López Salcedo y Pedro Vásquez, quienes reubicaron a la población indígena de la quebrada Chocho y la quebrada Juanjuicillo hacia Atun Pampa, al margen del río Huallaga y allí se fundó la ciudad de Juanjuí, de allí esta población fue creciendo y se pobló en las cercanías de Cocha Huañushca.
La Cocha Huañushca tenía sus aguas cubiertas de algas, en sus riberas había árboles frondosos. Todo el mundo tenía miedo sobre lo que habitaba en el interior de la cocha. Cuentan que cuando se acercaban a pescar y a cazar, empezaban los temblores, la coha reventaba, empezaba a soplar vientos fuertes y llovía, los cazadores se aterraban y tenían que salir corriendo de ese lugar, los árboles comenzaban a caer tras ellos.
Cada vez que había fuertes lluvias, esta cocha rebalsaba casi todo Juanjuí, muchos suponían que esta cocha tenía “madre” y su madre era una yacumama que siempre merodeaba por esos caminos y los pobladores le pusieron el nombre de COCHA HUAÑUSHCA que quiere decir AGUA MUERTA.
Los pobladores comenzaron a tener un poco de recelo sobre este lugar por las cosas misteriosas que pasaban y cuentan que unos pobladores encontraron en un camino cerca a la cocha un tronco inmóvil de dos  metros de altura y veinte metros de largo y su cuerpo estaba cubierto de algas y hierbas.
Los pobladores dijeron: ¡Como si no ha llovido, ni ha crecido la quebrada para que este tronco haya amanecido aquí.
¡Qué raro! Y todos se hacían esa pregunta cuando pasaban por allí.
Y al amanecer los pobladores volvieron a sus chacras como de costumbre y la curiosidad estaba en el tronco, pero se dieron con la sorpresa de que no encontraron nada. Solo encontraron flemas por todo el lugar y ellos siguieron esa flema, ya que había hecho un camino hasta llegar al río Huallaga.
Los pobladores comenzaron a decir que el yacumama de la Cocha Huañushca se había ido por el río Huallaga.

Oliver Tarazona Vela


domingo, 23 de agosto de 2015

LAS HUANGANAS

La numerosa familia de las huanganas, emprendió la marcha hacia la gran restinga donde era abundante y fácil de conseguir alimentos de bellotas y raíces.
El gran jefe de largos colmillos iba adelante, haciéndose notar tanto por su tamaño como por el blanco manchón que ostentaba en la frente. A los lados caminaban los machos y en el centro las hembras y sus crías.
Los animales de la selva al sentir el sordo bramido de una tempestad lejana, alzaban la cabeza y olfateaban el viento, comprendían que era la tropa de huanganas en marcha.
Entonces la boas despertaban de sus sueños, huían levantando un torbellino de hojas secas, dejando en el suelo un surco hondo.
Los feroces tigres, erizados los pelos de la cola, con paso elástico se alejaban en direcciones opuestas a las de las huanganas.
Las sachavacas que por la rigidez de su cuello solo pueden ir en línea recta, también huían.
Las huanganas eran el terror de los animales de la selva.
Una boa puede triturar con los anillos de su cuerpo cuatro huanganas al mismo tiempo, pero no puede luchar con quinientas o con mil huanganas.
Antes de haberse preparado para la lucha, ya la manada la habría devorado.
Un tigre puede destrozar una huangana de una dentellada o de un zarpazo, pero, nada más, pues mientras tanto habría desaparecido deshecho en mil pedazos, porque no hay fuerza capaz de luchar contra una manada de huanganas. Por eso, huían los animales de laselva.
El viejo otorongo había vivido mucho y mucho, había comprendido. Ya sus años no le permitían como antes, correr tras el veloz venado, ni lanzarse sobre el lomo de una sachavaca.
Ahora prefería esperar pacientemente frente a la madriguera del majaz o el añuje, sorprender a un venadito o robarles a los lobos de río su provisión de pescado fresco.
En sus años mozos, se atrevió a acercarse al poblado y sacar del establo entre sus poderosos dientes a una ternera, saltando cercos se había retirado sin soltar su presa, haciendo frente a zarpazos a diez perros.
Hasta que  conoció el sabor de la carne del hombre y desde entonces las demás carnes le parecían insípidas.
Por eso, el viejo otorongo podía contar la suerte de muchos caucheros perdidos en la selva. Por eso, el otorongo había sido manchado para siempre en castigo de haber gustado la carne humana, la sarna roía su piel incesantemente.
Ahora ya no se atrevía a acercarse al poblado. El viejo otorongo se limpió la nariz con la lengua: ¡Era tan sabrosa la carne del hombre!
La huangana de edad adulta tiene un carácter muy serio y no pierde el tiempo en juegos de ninguna clase.
Metódicamente osa la tierra, tritura los frutos, masca las raíces y si encuentra algo aprovechable, gruñe avisando a sus compañeros.
En cambio, las jóvenes huanganas, son retozonas y atrevidas, no obstante que las mayores las castigan a hocicazos y con ligeros mordiscos.
Pero nada basta para escarmentarlas y a menudo, entretenidas en simiklar combates con un enemigo invisible, se retrasan de la manada, cosa a la que no se atrevería una huangana de mayor edad.
Esto era conocido por el viejo otorongo, por eso, más que caminar, se arrastraba detrás de la manada a prudente distancia.
Las viejas huanganas notaron indignadas y apenadas , que diariamente se perdían una o dos crías y comprendían lo que ocurría.
El gran jefe gruñe ferozmente. El atrevido otorongo pagaría su crimen.
Cuando la manada de huanganas llegó al bajío de la restinga, su línea se abrió hasta tocar los lindes con el bosque alto, luego el centro penetraba en el bajío y los extremos se iban rezagando.
El viejo otorongo, antes de aventurarse a penetrar en el bajío, vaciló. Su larga experiencia le indicó que allí había un gran peligro, porque no tenía la defensa de los árboles.
Pero, ¿  Acaso, ya era tan viejo que no podría correr veinte veces más rápidamente que la más ágil huangana?.
Cuando el viejo otorongo llegó al centro del bajío, vio que la manada le salía al encuentro. Retrocedió, atrás había otro grupo. El otorongo se dirigió a la derecha, pero, por ahí  también el paso estaba cerrado. Giró los ojos a su alrededor y vio que los grupos unidos habían formado en torno suyo un círculo fatal.
¡Oh, si hubiese un árbol! Tal vez pidiera alcanzar la copa de una palmera, pero eran tan agudas  las espinas y los troncos tan delgados que no encontraría como subir.
Mientras tanto, el círculo de huanganas se cerraba más, alzando sus hocicos armados de amarillentos colmillos.
El otorongo se replegó sobre sus patas traseras, se hizo un anillo y en un esfuerzo desesperado se lanzó hacia la copa de una palmera.
Una de las zarpas del otorongo rozó la copa de la palmera, pero no alcanzó a cogerla y el otorongo en el ansia de vivir, se aferró al tronco sembrado de espinas.
Sintió a lo largo de los brazos y del tórax como se clavaban las espinas, pero no se soltó.
La manada esperaba en silencio, con las cabezas vueltas hacia arriba.
El viejo otorongo sintió que resbalaba y no podía morir así, sin luchar y sin matar.
Se sobrepuso a su dolor y se aferró al tronco. Ya no sentía las punzadas de las espinas. Vio delante del bosque los colmillos del gran jefe y con un largo rugido que estremeció la selva, se lanzó sobre él.
Crujieron unas vértebras que se rompían y cayó sobre el otorongo una masa de cerdos trinchudos, sangre que chispea, dientes que trituran y luego… silencio.
La gran manada de huanganas emprendió su marcha cabizbaja y triste.
Al frente iba otro jefe.
Sobre el suelo removido por la lucha solo quedaban descarnados y sangrantes los cráneos del jefe de las huanganas y del otorongo, que mostraban los dientes en una póstuma amenaza.

Humberto Del Águila Arriaga








miércoles, 12 de agosto de 2015

EL BARCO FANTASMA DEL AMAZONAS

La Amazonia, aquel inmenso territorio mayormente despoblado debido a su inaccesibilidad, ubicado en el oriente peruano y cuyos inhóspitos territorios son recorridos por grandes y caudalosos ríos, es el escenario propicio de una serie de mitos y leyendas (de algunas de las cuales ya no hemos ocupado en anteriores oportunidades). En esta ocasión, toca comentar sobre una historia muy conocida que ocurre en sus aguas. Existe una leyenda que cuenta la existencia de un barco fantasma en el río Amazonas que siempre se le ha encontrado de noche, extrañamente iluminado como si en su interior hubiese un incendio. Los que han podido verlo cuentan que emerge súbitamente de sus aguas sin hacer ruido. Una poderosa luz sale de la cubierta e ilumina a una gran cantidad de personas, con vestimentas antiguas que parecen estar en una fiesta en la que se escucha música. Luego de desplazarse lentamente, desaparece con todos sus pasajeros, sumergiéndose de nuevo en el fondo del río. Testigos del hecho informaron que en una oportunidad, mientras se dedicaban a sus labores de pesca, se dieron el susto de su vida al observar al barco fantasma emerger de las profundidades. Según contaron a un diario local, el barco – el cual ilustra nuestra nota - era muy grande y estaba muy iluminado “parecía que había una fiesta dentro. Asimismo, se escuchaba gente de acento extranjero”. De un momento a otro el barco, aseguraron los pescadores, comenzó a sumergirse y entonces ellos se acercaron rápidamente con la intención de rescatar a los pasajeros de la nave que se hundía, pero se dieron con la sorpresa de no encontrar a nadie en su cubierta. Todo era silencio mientras iluminaba las aguas desde la superficie hasta perderse en las profundidades. No había duda, era una nave encantada. Esta historia se ha repetido en diversas ocasiones a lo largo del Amazonas, con diferentes versiones pero todas con el mismo final. Un misterio que persiste hasta el día de hoy. 


EL MAL DE OJO -CREENCIAS

Existe una enfermedad/malestar que afecta especialmente a menores de edad, en relación inversa a su edad, es decir, a menor edad mayor posibilidad que se enfermen de este mal. Los niños muy pequeños lloran sin motivo aparente, víctimas de un malestar que los médicos no pueden ubicar. Cuando esto sucede, no hay que descartar la posibilidad que el párvulo en cuestión haya sido ojeado y hay que buscar al curandero más cercano para que le haga una limpia.
¿QUÉ ES EL MAL DE OJO?
No hay una opinión unánime, pero la idea central es que al afectado le transmiten “mala energía”, entendiéndose esto por el mal ánimo de la persona que ojeó al afectado; o también se ojea a alguien porque se “antojaron” de él/ella (les gustó mucho) o por la simple envidia (el ojeador quiere tener alguien igual para sí mismo).
Como dijera el agente Fox Mulder, yo también “quiero creer”, pero me cuesta hacerlo pese a que lo viví personalmente, aunque de ello no tengo memoria. Cuenta mi mamá que cuando yo era bebé una vecina de la quinta donde vivíamos me vio por casualidad y enseguida le advirtió diciéndole “Haaay Rosita ya lo ojee a tu hijito, yo tengo mal de ojo”. En la noche el bebé cronista estaba llora y llora, y no había qué lo calme. Por ese entonces felizmente estaba en la quinta su tocaya, doña Rosa Campos, famosa curandera de Bambamarca, que fue a quien recurrió mi mamá para calmar a su bebé y en efecto, luego de hacer la “limpia” correspondiente, logró calmar la desesperación de la pobre criatura.
LA CURA
Para
curar este mal se usa un huevo común de gallina y se lo pasa por todo el cuerpo del afectado, en un ritual en el que se invoca a un anterior curandero/a y por supuesto ofreciendo una oración a Dios y al santo al que se tiene fe. Esto toma un par de minutos y luego que se ha completado el ritual se parte el huevo y su contenido se lo vacía en un vaso con agua. Allí, el huevo se sancocha parcialmente, y según las formas que adquiera se verifica el “ojo”. Difícil de creer ¿no?.

UNA VÍCTIMA


Este mes el mal de ojo regresó a mi familia, pero el afectado no fue ningún humano, sino nuestra pequeña perrita calata. El día sábado estuvo de visita la sospechosa ojeadora, pero para ser precisos recién el lunes vimos que la perrita estaba mal, pues vomitó en la mañana y estaba desganada, y no quiso comer. Por la tarde estaba con fiebre y ya estaba preocupando a la familia, pero también aquí hubo una feliz coincidencia: el hijo de la señora Rosa Campos (mencionada anteriormente) está con nosotros desde el día sábado. Él también tiene el don de hacer limpias y se ofreció a curar a la afectada. Para esto obtuvo un huevo de gallina y con él realizó el ritual correspondiente, invocando a doña Rosita y rezando una oración a Dios. Poco a poco la perrita regresó a su temperatura normal, le regresó el ánimo y dejó de vomitar. ¡Increíble!.

Yo me enteré de todo esto por la noche, luego de regresar del trabajo. En la mesa encontré el huevo usado y me contaron sobre la limpia, y que por ello el huevo estaba lleno de ojos (yo vi muchas burbujas). Ajá... esta era una buena oportunidad para introducir el método científico, así que decidí comparar el huevo usado con otro obtenido del mismo lugar (el refrigerador) y colocado en un vaso similar. He aquí los dos huevos:
Pues si, había una ligera diferencia, el huevo utilizado en la limpia tenía muchas burbujas en la clara, la cual por cierto estaba blanca en algunas partes, como si se hubiese sancochado. Pero luego caí en la cuenta que en mi precipitación por hacer la comparación cometí un error: el huevo “inocuo” no fue sometido a ninguna frotación ni agitación que simule la limpia,y tal vez por eso la diferencia. Bueno, tienen una imagen de referencia, así que pueden hacer la prueba en casa y luego compararla.
EL CURANDERO
Mi curiosidad me llevó a preguntar al curandero cómo aprendió a curar de mal de ojo y me contó que él no sabía que tenía ese Don, sino que fue “descubierto” por un vecino bambamarquino. Hace muchos años, luego de fallecida su mamá, dicho vecino fue a buscarlo porque se sentía mal y estaba seguro que lo habían ojeado. Como ya no estaba doña Rosita, le solicitó a su hijo que le curara, a lo cual respondió:
·         Pero yo no se curar el mal de ojo
·         ¡Cómo que no! Su mamá fue curandera, y seguro que usted también tiene el Don.
Como con hacer el ritual no le hacía ningún daño, el futuro curandero accedió y ... zas, el vecino se curó. Dicho vecino posteriormente se encargó de hacer fama de que Segundo, el hijo de doña Rosita Campos, más conocido como Wicho, también curaba el “mal de ojo” y por supuesto que también el “susto”. Luego de eso ha tenido hasta la fecha “pacientes” regularmente, especialmente los días martes y viernes, que son los días más propicios para las curas. Como este es un Don, no cobra una tarifa establecida, sino que en retribución por el servicio solicita “lo que sea su voluntad”.
Luego que respondió a mis preguntas agradecí al curandero por la información brindada y le di un beso de buenas noches: Segundo Cerdán Campos, mi papá, tiene que ir a descansar... y yo a seguir comparando los huevos protagonistas de esta historia y seguir preguntándome ¿cómo es esto posible?. Si Dios existe, esta debe ser una manifestación de Él.
EPILOGO
La pequeña Cala se mejoró un poco después de la limpia, pero al día siguiente volvió a vomitar, por lo que fue llevada a un veterinario, quien diagnosticó que tenía
parvovirus. Cala todavía está en tratamiento. El viernes será víspera de navidad y le espera otra dosis más de suero... y también una nueva limpia, por si acaso.






LAS HORMIGAS TIENEN NUEVA CASA

(Cuento)
La señora Leonilda Valladares era una buena vecina del barrio El Mirador, de la comunidad Buena Vista, del distrito y provincia Tambopata, de la selva de Madre de Dios. Además era la dueña de una hermosa casita de concreto; y la más acérrima enemiga de todas las variedades de hormigas que había en la región. De las unas porque picaban o de las otras porque mordían, invadían el azúcar o sus postres dulces, destruían los libros de su biblioteca o acababan con las hojas de sus arbustos. Apenas se levantaba, su ocupación principal era buscar los nuevos hormigueros que se habían instalado en su propiedad, porque, para ella,  las hormigas jamás serían bienvenidas. Lo que le preocupaba en esos días, era un “caserón” de hormigas curuhuinse que se habían instalado recientemente.
Las hormigas curuhuinses son aquellos laboriosos insectos que excavan inmensas galerías subterráneas, las cuales le sirven como madriguera y también como campo de cultivo. Entonces recolectan gran cantidad de hojas, y con ellas preparan una masa orgánica especial, sobre la que cultivan unos hongos que les sirven de alimento.
Estas nuevas visitantes estaban acabando con las hojas de  los árboles de castañuela que brindaban una sombra excelente en las tardes de verano. La señora Leonilda inició inmediatamente un frontal y sanguinario ataque contra aquellos tenaces insectos. Empezó echándoles agua hirviente, por los dos orificios de entrada al hormiguero, cada uno de los cuales estaba señalado por montículos de tierra, que las hormigas sacaban del subsuelo.
Sin embargo, a la mañana siguiente, había dos nuevos orificios de entrada, con sus respectivos montículos. Esto no le hacía ninguna gracia a la buena señora Leonilda, pero como siempre solía decir con orgullo, a ella nunca le habían ganado las hormigas;  y esta no sería la primera vez. ¡Por supuesto que no!, pensó. Tomó el recipiente con el menjunje especial, que ella misma había preparado, en base a orines fermentados con rocoto extra picante y lo vertió al interior del hormiguero; y para asegurarse la victoria más completa, añadió ácido muriático y sulfúrico por todos los orificios de entrada. Sin embargo, sorprendentemente, a la mañana siguiente, nuevos montículos de tierra hablaban con claridad del frenético trabajo de sus  enemigas.
La señora Leonilda estaba “hecha una furia”, su cuerpo temblaba, paseaba de un lado para otro con los puños apretados y en su cara enrojecida, sus ojos parecían dos grietas insondables. Cogió una galonera que tenía llena de gasolina, vació el contenido por los orificios de entrada del hormiguero y le prendió fuego. Se escuchó una gran explosión que remeció los cimientos de su casa; no obstante esto no le importó demasiado y, gritó de alegría, creyendo derrotadas a sus tozudas enemigas. Desde luego, que el alevoso ataque causó gran mortandad entre los insectos. Sin embargo, esto solo exacerbó el carácter y la mística de equipo de la gran colonia. Las hormigas se reagruparon, se reorganizaron y reiniciaron con más bríos la tarea de ampliación de su hormiguero. Prueba de ello, al amanecer siguiente, los montículos de tierra rodeaban por completo la casa de la señora Leonilda,; quien no sabiendo ya qué hacer, viajó a la chacra de su hermano Pedro, a pedir su ayuda y consejo. Su hermano, como hombre de campo, recomendó a su hermana plantar yerbaluisa cerca de los hormigueros; asegurándole que con esto sería suficiente para que las hormigas trasladaran su hormiguero a otro sitio, lejos de las plantitas de yerbaluisa. Desde luego, que la solución propuesta por su hermano, no convenció para nada a la señora Leonilda. Ella quería escuchar consejos que tuvieran que ver con ácidos, potentes venenos, fuego o explosiones. Era obvio que su hermano no conocía la testarudez de sus, ahora formidables, enemigas. Lo convenció  para que la acompañara a verificar la situación problemática en la que ahora se encontraba.
Al día subsiguiente llegó al barrio en compañía de su hermano; sin embargo, ambos no podían creer lo que veían: La casa no estaba en su lugar habitual, ésta se había hundido por completo en la galería subterránea de las hormigas curuhuinse.
Como producto de la fuerte impresión, la señora Leonilda perdió la razón. Al comienzo lloró por mucho tiempo, sobre el hombro de su hermano, por la irreparable pérdida. A continuación, como si hubiera asimilado positivamente su desgracia, estalló en una crisis de risa incontenible.
En su delirio, la pobre señora gritaba: “¡Las hormigas han ganado!”,  “las hormigas han ganado!”, “¡las hormigas viven en mi casa!”, “¡las hormigas tienen nueva casa!”,  “¡ja ja ja ja ja ja ja!”,  “¡ja ja ja ja ja ja ja!”,  “¡ja ja ja ja ja ja ja!”,  “¡las hormigas tienen nueva casa!”  “¡ja ja ja ja ja ja ja!”,  “¡ja ja ja ja ja ja ja!”,  “¡ja ja ja ja ja ja ja!”…


miércoles, 15 de julio de 2015

LA LEYENDA DEL SACHARUNA

En una mañana espléndida de verano, Sebas, viajaba muy contento e ilusionado de vacaciones de final de año con rumbo a la Amazonia ecuatoriana en compañía de sus padres. Iban admirando el paisaje andino, sus nevados que despejados permitían ver hacia el infinito del horizonte. Disfrutaban del silbido del viento que se perdía entre el pajonal y de su movimiento que daba la impresión de ser unos verdaderos rebaños al mover con cadencia a la paja del páramo. Por ventura tuvieron la oportunidad de mirar el vuelo majestuoso de un cóndor muy cerca de un cerro de roca negra que se levanta junto a la orilla de la carretera. No faltaron los comentarios a favor de la naturaleza y del paisaje serraniego, no dejaron de haber expresiones emotivas al ver el cruce veloz de un venado que se perdía entre la espesa vegetación.
De vez en cuando, el joven viajero emitía gritos emotivos al experimentar los virajes del coche en las curvas agudas de la vía. Todo evento era causa de comentarios, de risas y de carcajadas de los alegres excursionistas.
Luego de iniciar el descenso por la cordillera oriental, enclavada en el nacimiento de una elevación propia del inicio de la región selvática, encontraron una pequeña población de colonos y en ella un comedor que ofrecía los servicios de desayuno con caldo de gallina criolla y café con tortillas de maíz. Como era ya la hora, luego de discernir sobre el asunto, decidieron hacer la primera parada para disfrutar del olor agradable sobre todo del café fresco, tostado en tiesto de barro y molido en molino de mano. Continuando con el optimista viaje, iban disfrutando del sinuoso riachuelo que paralelo a la vía se deslizaba entre piedras de varios tamaños y colores. Pasaron varios estrechos puentes y abismos espantosos. Comenzaron a sentir el calor húmedo del sector que les obligó a sacarse las chompas que llevaban puestos.
El joven viajero se había quedado profundamente dormido, especialmente por el estrago de tantas curvas y de pronto el coche fue a dar en lo mas profundo de la quebrada debido a una mala maniobra del chofer. A causa de este accidente, la pareja murió y Sebas que se había puesto el cinturón de seguridad, fue arrastrado muy bien sentado en el asiento por la corriente del río hasta una pequeña playa junto a una copiosa vegetación. Cuando despertó a causa del calor y del zumbido de muchos mosquitos, su actitud fue de lo más natural y normal puesto que había recibido algunos golpes especialmente en su cabeza, así no experimentó desorientación ni desesperación. Sin embargo al sentirse solo comenzó a gritar y de inmediato vino en su ayuda una hermosa y elegante orangután que se le acercó sigilosamente al observar a un extraño ser que se parecía a sus parientes de la selva. Ella no sabía que hacer frente a ésta tan delicada situación y rascándose la cabeza empezó a llamar a los suyos que asistieron con la velocidad de un rayo. Eran muchos simios que no desconcertó al infeliz peregrino, y que más bien seguía actuando con naturalidad.
Cuando empezaron a caer las sombras de la noche, la hermosa orangután le trajo dos papayas de mico, frutas que se veían muy amarillas que despertó el apetito del exótico varón y que sin pensarlo dos veces se sirvió tan exquisito manjar. Acto seguido, bien escoltado se dirigió a la orilla del rio en pos de unos bocados de agua que lo necesitaba para reponerse de la deshidratación. Siempre estuvo custodiado por la primate que a medida que pasaban las horas le asistía de acuerdo al cambio climatológico de la espesa vegetación.
A la hora de dormir, la esbelta y comedida orangután le guió bajo una roca muy grande que hacía de techo muy seguro durante las copiosas lluvias. Este dormitorio estaba protegido por unas inmensas telas de araña que impedían el ingreso de mosquitos y zancudos sedientos de sangre fresca para su alimentación. En la mañana siguiente y en las demás de su estadía en la selva, cumplía estrictamente con las mismas rutinas: recolección de frutas para el desayuno, búsqueda de raíces y hojas para el almuerzo, baño en el vado del río junto a monos y saínos para refrescarse en el calor selvático.
Siempre estuvo acompañado de la musicalidad que le ofrecían patos, loros y papagayos. En las madrugadas se despertaba por el armonioso y repetido cántico del gallo de la peña que dormía precisamente sobre la roca de su dormitorio. Sus días eran aprovechados para recorrer por las mangas de las guantas, por los senderos de saínos; para subir a los árboles gigantescos que le permitían mirar al infinito de la región selvática, para tomar un poco de rayos del sol o para llamar a sus amigos que siempre estaban pendientes de los peligros propios de la selva.
Con el paso de los meses y de los años, de tanto caminar y trajinar en la espesa selva, su vestido se había convertido en verdaderos harapos; de sus zapatos de muy elegante citadino no quedaban más que los recuerdos. Sus pies se habían crecido y endurecido de acuerdo a la dureza del suelo, de las piedras del río y de las raíces del boscaje. Su pelo y su barba habían crecido tanto, de tal manera que su rostro estuvo tan bien protegido de las inclemencias de tan rudo ambiente. Apenas se veían sus ojos y el blanco marfil de su dentadura. Para sus compañeros de la selva no causaba sorpresa alguna, era uno más de ellos con características diferentes bajo las mismas condiciones climáticas. Era el sacha runa, que integraba la comarca de los libres de la selva.Como su protectora siempre estuvo pendiente del sacha runa, aprovechando que a la otra orilla del gran boscaje habían matado a un inmenso oso y lo habían abandonado los cazadores, luego de que las aves de rapiña vaciaran su piel, ella con mucho esfuerzo la trasladó para elaborar un gran traje para su protegido. La lavó durante varios días en el río, cuando estuvo seca y sin mal olor, la untó con semillas de higuerilla machacadas con piedras para que sea mas suave y agradable y la cubrió su cuerpo, creando así un personaje único, rústico y bien protegido ante el ataque de sobre todo de las abejas que se defendían cuando les robaba la miel para su alimentación.
Durante su vida selvática, jamás causó desorden alguno. Era amigo de todos y de todas, su tiempo lo dedicó al cuidado y a la protección de la pacha mama, a vivir su vida en un mundo de armonía y de libertad, de respeto y de sometimiento a las leyes de la selva.
A los nativos del lugar que recorrían la región en pos de cacería o de pesca, los vigilaba con sigilo y discreta reverencia. Entendía que eran parte integrante del inmenso boscaje y que su existencia dependía de lo que la selva les podía ofrecer. Por su parte ellos que lo habían visto alguna vez bañándose en el río bajo la luz de una luna inmensa y redonda en una noche de verano, lo reverenciaban, imaginando que era algo supremo, lejano pero semejante. Es que era el Sacha runa, es decir el hombre de la selva al igual que ellos que deambulaban día y noche por ella en pos de la supervivencia.
Por su parte, el Sacha runa, el personaje mítico de la selva jamás dejó de custodiar a sus árboles que corrían el riesgo de ser destruidos por los colonos hambrientos y sedientos de dinero que no escatimaban esfuerzo alguno y que con sus hachas bien filudas querían hacer de los milenarios, centenarios e indefensos árboles: tablas, tablones o madera para vender a extraños comerciantes inescrupulosos que no tienen la mínima conciencia de los efectos negativos de la destrucción del entorno ecológico.
Cada vez que escuchaba el sonido destructor de una hacha asesina, el Sacha runa en compañía de sus amigos de la selva acudían al sitio mismo de la destrucción para hacerles espantar y provocar el retiro pavorosos del lugar.
Los colonos conocían por conversaciones de sus colegas mas viejos que vivieron experiencias pasadas, que el Sacha runa les quitaba las herramientas, que les ortigaba y les hacía bañar en la cascada de la muerte. Con estos antecedentes los leñadores, siempre estaban a la defensiva y trataban de no acercarse al sitio peligroso y peor talar los árboles codiciados por los habitantes de la selva. Sin embargo, cuando llegaban los comerciantes sentían la tentación de ir un pos de uno de ellos, pero cuando recordaban la versión de la existencia del Sacha runa, se detenían al solo imaginar tan tremendo castigo.
Es así como el personaje de la selva, el Sacha runa, se convirtió en una leyenda para la gente de la zona. El gran boscaje, gracias a su presencia se mantiene frondoso, lleno de árboles gigantes y majestuosos, de plantas de diversa índole, con hojas de las mil formas y variados colores que ofrecen diversos usos, especialmente curativos al igual que sus raíces.
En la fresca y acogedora selva, hay miles de seres vivos que disfrutan de su riqueza alimentaria, del calor y de la humedad, del agua pura y cristalina sin ninguna contaminación. Ahí disfrutan a las anchas desde los seres más diminutos como los hongos y las bacterias hasta los más grandes y voraces carnívoros dentro de la cadena alimentaria. Están las simpáticas hormigas, las llamadas arrieras, las culonas, las saca calzón y otras mas que realizan actividades sin descanso. Están también, los termes y los comejenes que aprovechan al máximo las ramas caídas y podridas. Viven también las lagartijas, las iguanas y los camaleones que siempre están ocupados en la cacería de insectos descuidados que deambulan a toda libertad; los sapos, las ranas, los grillos y las cigarras que en las tardes luego de afinar sus instrumentos musicales ensayan una larga sinfonía nocturna dedicada a la madre naturaleza.
En este inmenso boscaje, no faltan las culebras, las anacondas y más serpientes que se dejan acoger por la fresca hojarasca en las noches frías emitiendo verdaderos silbidos para comunicarse entre la parentela. Están también ratones, conejos, los cuyes de monte y más diminutos mamíferos que están siempre atentos a la presencia de algún enemigo natural. También están los traviesos y aulladores monos, micos y mas parientes cercanos haciendo en las ramas verdaderos circos para distracción de elevados loros, pericos, papagayos, carpinteros y un sin número de pájaros de mil colores que gorjean sin cesar anunciando la llegada del día durante todas las madrugadas. Están presentes también los atractivos pavos reales cortejando y protegiendo a sus parejas; los búhos, lechuzas y muchísimos pájaros nocturnos dueños y señores de la oscuridad, en donde hacen de las suyas para su supervivencia.
Viven más de ocho mil variedades de bungas, abejorros y abejas: melíferas, meliponas y trigonas que visitan sin cesar a miles de flores para recolectar el néctar para elaborar la miel para su alimentación al igual que el polen y realizar a la vez la polinización para asegurar la producción y la perpetuación de las especies vegetales a través de sus semillas.
Que inmensa maravilla es el conjunto de la vida en la inmensidad selvática.
Que grande y gigantesca es la existencia del planeta tierra.
Si el ecosistema sufre desequilibrio a causa de la destrucción de sus elementos, de verdad se pone en riesgo la existencia toda.

Carlos Velásquez Sánchez


LA LEYENDA DEL ACHIOTE Y DEL HUITO

En tiempos muy antiguos, luego que apareció el arco iris sobre los cerros, surgieron en la amazonía dos mujeres jóvenes de extraordinaria belleza. Eran las vírgenes de la selva .La una de cabellos claros y su compañera de pelo negro azabache, recorrían los bosques en busca de novio. Cierto día se encontraron con el gavilán ¨tijera hanga¨, que era el espíritu del hombre cazador, que tenía su morada al interior de la montaña. El ave rapaz se puso a conversar con las sumak warmis (mujeres hermosas) que cedieron ante sus lisonjas y accedieron a ir a su casa de la gran lupuna milenaria.
¨Tijera hanga¨ les dijo que para que no se pierdan en el camino pondrá señales con plumas de su cola. Sin embargo, escondido tras un viejo tronco, otro cazador muy malo escuchaba la conversación de ¨tijera hanga¨. Se trataba nada menos que del ¨apangura puma¨(puma sucio), un animal apestoso que andaba comiendo cangrejos. El ¨apangura puma¨ se adelantó por el bosque y tomando las plumas dejadas por el gavilán, las cambió con dirección a su guarida. Las jóvenes no dudaron en seguir ese equivocado sendero.
El malvado cazador las tomó como esposas a las dos muchachas, pero ellas se sentían defraudadas y sucias. Sintieron el rechazo de todos y en su desesperación acudieron al gran espíritu de la selva ¨ARUTAM¨ que tiene la eterna juventud y le pidieron las convierta en planta que sean útiles a todos los habitantes de la región para en esta forma limpiar sus cuerpos y ser aceptadas por los cazadores y la gente. Entonces el ¨gran espíritu¨ tuvo lástima de ellas y decidió que la de cabellos claros se convierta en manduro o achiote y la de cabello negro en el emblemático árbol de wituk o huito.
A partir de ese momento, esas plantas se encuentran por toda la Amazonía para uso y disfrute de sus habitantes.


Carlos Velásquez Sánchez