miércoles, 26 de noviembre de 2014

EL BRUJO

Desde la puerta de su choza, profiriendo exorcismos echa violentas bocanadas de humo de cigarro a la lluvia don Santiago Shupa.

Don  Shanti es brujo y esta icarando a la lluvia o sea conjurándola para que se vaya, para que cese. El brujo icara con humo de tabaco no solo a la lluvia, a las tormentas sino también a las enfermedades, aleja los males que agobia a los hombres. Igualmente pone en fuga al demonio que se ha apoderado de alguien.

Como se comprende en el vasto mundo de la selva con flora monstruosa: arboles, lianas, arbustos, cortezas, hierbas, flores, frutos, raíces ha cundido lógicamente a la práctica del curanderismo en base a vegetales. En consecuencia en nuestra selva abundan los curanderos y los brujos.

Hay brujos malos y buenos, Brujos que hacen daño a un prójimo que le ocasionan enfermedades y brujos que curan a estos y otros males.

-Una noche en casa de mi abuela, el brujo nos hizo salir a todos, quedándose en la sala semioscura con mi tío enfermo. Este decía sentir agudos dolores en el brazo, el cual estaba hinchado y no podía moverlo, desde hacia tiempo sufría esa enfermedad, impidiéndole trabajar y ningún remedio casero le aliviaba.

Mi abuela le decía a mi tío: Todas estas noches esta riéndose el maldito chusqui en los arboles de la huerta, a lo mejor es el Yachay de algún brujo, Niler. Te han brujeado, seguro que te han brujeado.

Y convinieron en acudir a un brujo para que lo curase y este esa noche trato a mi tío, después de icararle y otros ritos, le chupo el brazo varias veces, sacándole algunos finos virotes de chonta, que según el y nos mostro le producían esos tremendos dolores y que fueron clavados por algún brujo desde una larga distancia, a través del aire en una forma invisible, luego el curandero se dirigió a la huerta e increpo al chusqui maligno, arrojándole a la vez bocanadas de humo de cigarro contra los arboles y así mi tío sano.

-También a mi padre le curo un brujo. Mi padre padecía cuchipe, fea y cruel enfermedad tropical, le aplicaban solimán y piedra lipes (sulfato de cobre) y piedra infernal (nitrato de plata) que le provocaban dolores desesperantes que toda la casa se estremecía con sus gritos.

Mi madre que ya a su vez había sanado de ese mal, pero, como una secuela sufría de lajas (rajaduras horribles en los pies) que las curaba con el tallo de la venenosa patquina, aplicándolo recién sacado de las brasas.

Acordó con mi padre la conveniencia de recurrir a un brujo y un hombre aindiado llego por la tarde con un manojo de tallos delgados de sanango, planta medicinal y alucinógena. Mi padre hacia días estaba a dieta y el brujo le dio de tomar el brebaje medicinal y también con el tiempo sano.

-En nuestra selva existen brujos ayahuasqueros, aquellos que dan de tomar la ayahuasca y los brujos ayasangueros, aquellos especializados en hechizos de amor, todos estos brujos están dotados de cierto poder, realizan sus prácticas en viviendas aisladas en los bosques y algunas gentes les miran con temor.

Desde luego además de ellos, están los simples curanderos que mediante plantas y otros elementos, entre las cuales figuran mujeres, generalmente ancianas, que por ejemplo, antes para curar la tos ferina o sipicuso, una tos tan fuerte que hacia peer. Expresión quechua: tos que ahoga, tos que mata.

Y estas curanderas al que tenia sipicuso o tos ferina le daban de beber orines guardados de varios días el cual les daba resultado.

Es del caso, resaltar hoy en día el surgimiento de sabios curanderos con indiscutible conocimiento amplio de las propiedades vegetales o sea la Medicina Natural.

Carlos Velásquez Sánchez

sábado, 26 de julio de 2014

EL CHOLO DESIDERIO


Era un sábado, día de pago, los peones cesaron de trabajar al oír el silbato y con sus herramientas subieron la cuesta por caminos angostos formando un cordón humano muy largo, anhelantes de recibir su pago. Muy lejos de estos fornidos peones se ha quedado un cholo flacucho, amarillo como la flor de retama marchita.

¡ Que extensa es la trocha para Desiderio! Tan pesado le parece el camino, fatiga tan dura y sudor tan frio sentía en ese clima quemante y la tos le impedía avanzar.

Por fin llego al lugar de pago, con mucho esfuerzo, casi sin aliento, los ojos lánguidos, la boca seca y rostro de cera. De repente oyó la voz del pagador: ¡ Desiderio! Cholo haragán, ocioso, te haces esperar como niña bonita. No te dije, que ya no trabajes. Que te fueras lejos de aquí. Este cholo Desiderio es un peligro. No ven que esta enfermo, tísico. Yo no te pago, tísico, enfermo posheco.

El peón bajo la cabeza, tan grande herida abrió esta injusticia, que su voz se apago, en sus ojos no se vio siquiera una lagrima, es por eso que Desiderio, se fue sin decir una palabra, sin llorar , sin mirar a nadie. Camino mucho y distinguió una casa, pensó que en el corral de aquella casa podría dormir esa noche, pero los dueños le negaron hasta el lugar destinado a los animales.

La tempestad de recuerdos de infortunio, caía empapando la memoria del cholo Desiderio, recordó  que la caridad nunca había llegado a su corazón, recordó a sus seres queridos, luego impulsado por el instinto de vivir, con voz queda, pidió un plato de comida, ofreció pagar el doble, pero también se le negó.

Se dirigió a una piedra a descansar, su respiración quería extinguirse. La sirviente de la casa que le estaba observando, exclamo: El cholo que le hemos botado no se ha ido, está en esa piedra sentado. Y ante el peligro que se quedase, el amo ordeno que le den comida, pero no en el plato ¡ Tengan cuidado! Arranquen hojas grandes y en ellas pónganle comida a ese hombre y que se largue y adviértanle que se vaya lejos, porque ya vamos a soltar a los perros.

Desiderio comió poco, el hambre de justicia y de amor le torturaba mas, de pronto vio como un gorrión que picaba granos de arroz, cae de repente en las garras de un gato que le acechaba. Y él dijo : Una vida que se acaba en un instante. Buena suerte del avecilla y envidio su muerte rápida.

El peón marcho huyendo de todos los humanos, como un alucinado, en dirección al monte, por una trocha espinosa en busca del otorongo y de Dios . En busca del otorongo para que termine con su cuerpo y en busca de Dios para que salve su alma.

Se fue lentamente, la asquerosa silueta de su cuerpo se confundió con las sombras de la noche, el ambiente selvático murmuraba.¡ Muerte bendita!  ¡ Dulce muerte!, los truenos retumbaban, los relámpagos iluminaron el cuerpo, que yacía en su lecho fúnebre de tierra fértil, monte lozano y lluvia vivificante.

Desiderio, el peón haragán había muerto, el cielo lloraba mucho y llego el otorongo con sus ojos diabólicos, pero tuvo asco de comer ese cuerpo inmóvil y se retiro.

miércoles, 9 de julio de 2014

EL NACIMIENTO DEL DIOS TESLA

Yakonera, fue una mujer nativa, que por sus grandes facultades mágicas se convertía en tigre o en mujer. Casi toda su juventud la había pasado en el País de los Tigres, viviendo como acompañante de un gran tigre y del cual  había tenido 20 hijos tigres.
Acompañaba a los tigres en sus cacerías, se distinguió en el ataque por sorpresa a un Caserío, pues ella los dirigía, interesada en encontrar a algún joven que le sirviera como marido.

Para ello mataron a todas las mujeres y después Yakonera iba mirando y oliendo a los hombres, entregando a las garras de los tigres los que no satisfacían sus gustos. Hasta que encontró a un joven agraciado del cual se enamoro y a quien defendió cubriéndolo con una piel de tigre para que no fuera devorado.

Después de esta emboscada , los tigres regresaron a la selva, mas Yakonera se retraso y se separo de los tigres para quedarse a vivir en el País de los hombres, convertida en mujer con su nuevo esposo, se encaminaron al Caserío para comenzar una nueva vida.

Cuando caminaban, Yakonera se dio cuenta de que había perdido sus hermosas chaquiras de sus brazos y piernas y su marido le dice que vaya a buscarlas.

Yakonera regreso sola a buscar sus chaquiras, ella ya estaba embarazada y tenia en sus entrañas a Tesla y a los dos Muichkas. En el trayecto, Tesla desde el vientre de su madre le decía : Mama, dame esa flor olorosa, Yakonera cogía esa flor y la ponía sobre su vientre. Tesla la absorbía y la flor entraba, sus otros dos hermanos pedían flores y la madre les atendía, hasta que al querer coger unas flores, le pico la hormiga isula en la mano, produciéndole grandes dolores y fiebre, ella se enfado contra sus hijos y se  golpeo fuertemente el vientre.

Los hermanos se sintieron heridos y lloraron la maldición de su madre que quería abandonarlos en el monte. Hasta que amaneció, la madre vio que había dos caminos: Uno, el de su misma casa y el otro camino el de los tigres, dejo una señal para que al regreso no confundiera los caminos y prendió una pluma de guacamayo en el camino de su casa y una pluma de paucar en el camino de los tigres, pero ella no sabía cual era el camino, porque en ambos había huellas de personas y tigres.

Y le pregunto a su hijo Tesla que estaba resentido por el enfado de su madre y le dio los datos cambiados y Yakonera puso la señal que debiera indicar el camino de su casa en el camino. Yakonera llego al Caserío atacado y encontró sus chaquiras y regreso, pero al llegar a los caminos, entro por el camino de los tigres indicado por Tesla, anduvo por varias horas pero no veía a su esposo, hasta que llego sin sospecharlo  a la casa de los tigres.

Ahí estaba su suegra , la madre de su antiguo marido tigre, los tigres se habían ido al monte a cazar, ella se subió  a las vigas de su casa y allí esperaría a los tigres. Los tigres comenzaban a llegar y olfateaban diciendo : Aquí esta oliendo a Yakonera y la vieja les decía: No está aquí Yakonera.

Seguían llegando los tigres y todos olfateaban a Yakonera, ellos habían traído un gran cargamento de sachavacas, monos, tortugas y se sentaron a comer. Mientras comían, Yakonera escupía sobre sus cabezas, los tigres fastidiados dijeron : ¿ Quien escupe? , la vieja les decía: Es el alacrán y Yakonera seguía escupiéndoles, los tigres ya se enfadaban, hasta que la vieja les dijo : Si viniera Yakonera, mi nuera, no la devoréis.

Los tigres prometieron que no le harían nada. Por fin cansados y molestos los tigres, porque les seguían escupiendo y el tigre mayor dio la orden de que subiera uno a ver quien escupía.

Subió uno y grito : Aquí esta Yakonera y la vieja les dijo : No la comáis, porque ella me ayudara a traer leña y agua para cocinar vuestras comidas, pero los tigres se abalanzaron contra Yakonera y la devoraron.

La vieja corrió y cogió sus vísceras, entre las que estaba su matriz, la abrió y saco de ella a sus tres hijos de Yakonera: Tesla, pequeñito, que es la cría del manacaracu y los dos Muichkas, mas grandes que eran las crías de la pucacunga.

La vieja empezó a criarlos y en un año han crecido tanto que parecen hombres y comienzan a hacer sus chacras y siembran plátano, yuca, camote, caña, etc.

Pero, Tesla era un Dios, un mago, un criador, un inventor y con sus hermanos tomaron la decisión de vengar la muerte de su madre. A Tesla se le ocurrió hacer en el rio una correntada en la que e ahogaran todos los tigres. Para esto sacaron ponas del monte y la prendieron en el rio cerrando su cauce, las aguas se rebalsaron y saltaron sobre las ponas cayendo como una gran catarata en el pozo que recogía el salto del agua, clavaron unas ponas afiladas en punta, las cuales estaban disimuladas por el agua que caían con fuerza sobre ellos y así la trampa estaba hecha.

Llamaron a los tigres, para hacerles ver el juego de trampolín que habían construido para divertirse bañando en el rio. Se tiro Tesla y salió nadando, se tiraron los otros dos hermanos y también salieron.

Viendo la novedad de aquel invento, los tigres quisieron jugar de aquella forma, se tiraron todos al agua al mismo tiempo y ninguno salió.

Quedaron prendidos en las ponas puntiagudas. Solamente una hembra de tigre, rehusó aventarse, sospechando de que sería una trampa. Los hermanos le rogaban que se tirara, pero ella no quería y corrió al monte, la siguieron pero la dejaron.

Esta tigre hembra estaba preñada y debido a eso, se propagaron los tigres y no pudo exterminarse la especie de tigres como era el propósito de los hermanos.

 

jueves, 19 de junio de 2014

EL SUEÑO DEL BUFEO


El bufeo es un tipo de delfín de agua dulce y color rosado que habita entre los afluentes del Río Amazonas. Los avistamientos de delfines de este tipo son raros, sobre todo porque la caza indiscriminada –en décadas pasadas- ha hecho que se encuentre en peligro de extinción. El delfín rosado del Amazonas es hoy una singular especie protegida por las leyes, los pobladores de la cuenca amazónica atribuyen cientos de historias y fábulas acerca de esta especie, casi todas las leyendas coinciden en que los bufeos fueron una vez humanos y que viven en pequeñas colonias en las profundidades del bosque, cambiando de aspecto –sea humano o delfin- solo para atraer nuevos miembros en la colonia.

Esta es la historia de Marco, un joven profesional cuyo trabajo era visitar las comunidades selváticas a lo largo y ancho del Río Huallaga, a fin de realizar proyectos de capacitación social con los habitantes de esos alejados asentamientos. En su trabajo era una cosa común utilizar un medio de transporte a motor o mecánico, para cruzar las caudalosas corrientes del Río Huallaga. En uno de sus viajes la embarcación en la que cruzaba el río fue golpeada por un pesado tronco que hizo que los ocupantes perdieran el equilibrio por el fuerte impacto. Algunos cayeron al agua y fueron salvados, pero Marco no tuvo la misma suerte y fue rápidamente arrastrado por las turbias corrientes del gran río marrón.

Por un momento vio como la embarcación se alejaba de su alcance, su esfuerzo de nadar contra la corriente era en vano y su instinto de conservación hizo que enfrentase la dura dificultad de seguir respirando para vivir. Marco era un excelente nadador, por ello pudo sortear –en un principio- las olas desiguales y las muyunas –remolinos- que salían a su paso. Su única esperanza era de salir nadando hacia la ribera más cercana empujado por la corriente. Para su mala suerte un pedazo de tronco –a modo de proyectil- golpeó su cabeza y perdió la consciencia, mientras ello ocurría vio que la luz de la superficie lentamente desaparecía y la oscura profundidad del río comenzaba a envolverlo. Su vida entera pasó por su mente en segundos, estaba al borde de la muerte.

Para su suerte –justo antes de antes de morir- fue salvado por un bufeo que lo condujo hacia la ribera más próxima, cuando Marco se repuso se percató que se encontraba semidesnudo acompañado de una linda mujer desnuda de largos cabellos de color azabache y aroma atrayente. La belleza y encanto de esta joven mujer lo sedujo por completo e hizo que borrara toda memoria anterior. Marco no recordaba nada, en su mente todo era mágico, con luces de colores, bosques maravillosos y animales fantásticos. La mujer delfín lo condujo a las profundidades de su reino, en donde habitaba una pequeña colonia de bufeos, la gente de este lugar no hablaba, no tenían necesidad de hacerlo pues se comunicaban telepáticamente. Marco era el nuevo integrante y había sido aceptado por todos. Aprendió muy rápido las artes del delfín rosado, se transformaba en delfín o humano y jugaba con su singular compañera de la cual se sentía perdidamente enamorado.

En una noche de luna blanca Marco tuvo un inusual sueño, pues vio que la profundidad del río lo devoraba y tragaba agua hasta ahogarse, despertó y huyó despavorido del bosque encantado, su aterrador sueño había hecho que recobrase la memoria y una vez consciente solo pensaba en huir. En su travesía por pantanos, quebradas y ríos caudalosos fue consciente de las ventajas de ser delfin, su agilidad y rapidez era a prueba de toda dificultad, esta vez el gran río marrón no era caudaloso ni turbio para él, ya que podía nadar velozmente y saltar por sus aguas y hasta tenía una especie de radar para distinguir –en aguas profundas- todo a su paso. Antes de abandonar la selva y retornar a la civilización de hombres se detuvo por un momento recordando a su compañera delfín, a quién comenzaba a extrañar. Era el momento de tomar la decisión de su vida. Su mente le impulsaba a avanzar, pero su corazón le impedía hacerlo. Cuando Marco decidió regresar por ella, es decir al mundo del bufeo rosado, ya no pudo convertirse en delfín, era solo humano. El hecho de cruzar el gran río marrón había sido un viaje sin retorno a su naturaleza humana, por más que intentó nadar desde la orilla todo era en vano.

Cuando regresó a la ciudad –para todo el mundo era una gran noticia encontrarlo con vida- sus familiares y amigos hicieron una gran fiesta en su honor. A pesar de la alegría de los presentes, Marco no podía ocultar su tristeza y nostalgia por la mujer delfín que lo salvó de una muerte segura. En aquella noche de luna llena, cuando todos bailaban, bebían o reían, Marco observó que una hermosa mujer de vestido rosado ingresaba a la fiesta con otras amigas, fue inmediatamente a su encuentro, no la conocía pero increíblemente tenía un parecido a su mujer delfín, con cabellos de color azabache y un atrayente aroma. El flechazo fue inmediato, cuando se saludaron con un beso en la mejilla ella le dijo al oído: “tu amor me ha llamado”. Marco no la dejaría jamás, ella sería en adelante su único destino.

LA CURANDERA DEL BOSQUE


Cuenta la leyenda que en tiempos remotos los sabios curanderos Asháninka, presagiaron mediante sus plantas de poder que una noche de luna llena nacería una gran curandera, pero que ella no se manifestaría sino hasta ser una mujer.

Pasado los años y cuando casi nadie recordaba esa vieja leyenda nació Tila en plena luna llena, para sus preocupados padres era la sétima hija mujer. Desde hace tiempo habían intentado que llegue el hombrecito, pero este nunca llegó. Antonio, el papá deseaba que una mano fuerte le ayude en la caza y con sus cultivos de frutos, pero tenía que conformarse con las manos femeninas de sus hijas. Por desgracia su sétima hija no nació normal, desde muy pequeña era enfermiza y de contextura frágil. Por tal motivo, sus padres creyeron que era fruto de una maldición por haberla despreciado en el momento de su nacimiento, por ello –inclusive- decidieron no tener más hijos. Cuando Tila cumplió cuatro años no caminaba ni hablaba, era una carga que retrasaba toda la faena familiar. Su madre Fulgencia siempre la dejaba en casa encerrada como si se tratase de un animal doméstico. Una mañana el abuelo Clemencio, que llegaba de visita viendo la triste escena de la niña Tila, pidió hacerse cargo e intentar curarla de sus males. Clemencio era un viejo curandero maestro de las plantas y de la ayahuasca, se dice que preparaba remedios en base a hierbas frescas y purgativos, sin embargo luego de llegar a los 75 años, había decidido descansar y ya no convidar plantas, salvo a su familia, desde entonces solo se dedicaba a sus animales y su chacra de naranjas y plátanos.

Don Clemencio cada mañana hacía beber a la niña un preparado para reforzar sus músculos y de alguna forma se las arreglaba para que Tila siempre lo acompañase en su trabajo diario. Una noche tuvo un sueño en donde vio que debía darle una dieta de tabaco con flores de ayahuasca, cada mañana en dosis mínima, este preparado debía ser repetido por siete días. Según su sueño ello despertaría el alma de la niña y activaría la curación de su cuerpo endeble. El sétimo día la última dosis fue bebida al pie de una liana de ayahuasca. Cuando el viejo curandero fue a la quebraba para recoger agua, a su regreso pudo percatarse que la gran liana de la ayahuasca había cobrado vida propia y como si tratase de una serpiente, expusaba el cuerpo de la niña luego que había sido engullida. Don Clemencio cogió instintivamente su machete para proteger a Tila, pero la gran boa ya se había convertido en una gran enredadera de ayahuasca, la más grande que jamás había visto. La niña parecía muerta, estaba húmeda y con puntos de marcas de dientes y sangre en su cabeza. Milagrosamente Tila comenzó a respirar y hablar, su abuelo Clemencio estaba sorprendido y feliz. “Esa maldita boa ha curado a mi nieta” expresó. Luego le curó las heridas de su cabeza, pero las marcas de dientes en la frente le quedarían para toda la vida.

En poco tiempo, Tila comenzó a caminar, al punto de ser una niña ágil y normal, sus padres se alegraron y le pidieron al abuelo que Tila debía regresar a casa. Todo era perfecto excepto por las pesadillas que Tila solía soñar por las noches de luna llena, pues tenía imágenes que no comprendía acerca de espíritus del bósque, ancestros muertos y animales de la jungla. Muchos de sus sueños eran de presagio, pues si soñaba que alguien de la aldea moría, esto ocurría en realidad luego de algunos días. Luego de la separación con su nieta, Don Clemencio pasó algunas semanas muy triste, se dice por eso que sus cosechas se perdieron. Su tierra no sería la misma desde entonces. La noche antes de su muerte, soñó que su nieta Tila se convertiría en una gran curandera cuando llegase a ser mujer, esto sucedería una noche de luna llena cuando en sus visiones sería tragada por el espíritu de la ayahuasca, es decir por la gran boa del bosque.

Algunos años más tarde cuando la aldea realizó la fiesta de iniciación, Tila casi con sus 13 años y otras jovencitas tendría su primera sesión de ayahuasca con el curandero mayor. Cuando Tila bebió la savia de la madre planta tuvo la visión de ser tragada por una gran boa, dentro del estómago de la serpiente su cuerpo murió, pero su alma se hizo muy fuerte. El tiempo se detuvo y la madre ayahuasca le enseñó muchos secretos de las plantas del bosque. Tila aceptó el encargo de la ayahuasca pues esta le pidió que debía curar a la gente de su pueblo, desde entonces, el pueblo recordó la antigua profecía y Tila sería por el resto de su vida, la gran curandera del bosque.

EL TUNCHI LERDO


En tiempos lejanos en los pueblos de la amazonia enterraban a sus muertos agregando a la mortaja del cadáver un cordón grueso que daba la vuelta en la cintura y se prolongaba hasta los pies.
Pues, Toribio, , tras haberse paseado con mucha liberalidad noctambula, retornaba a su domicilio a las dos de la madrugada, en circunstancias en que  el “fin fin”  de un tunche se escuchaba en el trecho  que le faltaba recorrer.
Para eludirlo, desvia su ruta por una calle transversal, pero increíblemente al difunto se le escuchaba mas adelante. Toribio retrocede y agarra otra calle, mas el alma nuevamente estaba silbando enfrente, con disposición de cortarle el paso.
Luego de varios correteos de idas y vueltas, tratando de burlar el asedio, nuestro aturdido trasnochador, rápidamente desplazándose entra en un chiquero, donde numerosos chanchos dormían profundamente.
El tunchi apresuradamente corriendo o volando, se desplaza yendo y viniendo por todos los lados del lugar donde a Toribio le perdiera el rastro. Por fin en su loca desesperación entra al chiquero y se para sobre uno de los chanchos gordos que rozaba su cuerpo con el de Toribio, desde donde en voz alta y nasal a preguntarse por el paradero de su perseguido, que ya se había orinado copiosamente de miedo.
Toribio, entonces hallo ocasión para afilar el animo en contra de su adversario y cogiendo con mucha delicadeza y total silencio el cordon de su blanca vestimenta, lo amarra en el rabo de un chancho.
Enseguida gritando como loco  espanta a los animales que aterrorizados y soplando trompas salen disparados y llevándose al difunto, a quien lo arrastraba y golpeándose la cabeza en el suelo y pidiendo que lo suelten.
Toribio al llegar a su casa les cuenta a su esposa y a sus hijos.,
Ahora no tienes que dormir si no quieres que el tunchi te fastidie en tus sueños, le dijo el mayor de sus hijos.
No, que duerma en medio de nosotros, recomendó la esposa.
En un cuarto y en el suelo, Toribio acepto dormir en  medio de su mujer y de sus seis hijos, pero antes pusieron en la parte inferior de la puerta , un lazo para atrapar al difunto.
El difunto no tardo en llegar y de pronto parándose al pie de ellos, que simulaban dormir, se encontró con el problema de identificar  a Toribio.
En unos instantes mas , pensó que la solución estaba en descobijarlos y cuando se disponía a agarrar la anchísima frazada, todos se levantaron haciendo un gran alboroto.
En su loco afán de escapar, ata un pie en la celada que le urdieron y cae  estrepitosamente sobre las sillas.
Entonces hubiera estado ya a merced de sufrir la segunda atrapada si a sus aturdidos contrarios no les paralizaba excepcional pánico.
El alma que también quedara anímicamente debilitada, se desamarra rápidamente y luego parte por un sendero desconocido.
-Ese tunchi no ha sido inteligente- dijo la esposa.
-Si fue un difunto lerdo, como lo fuera su dueño de vivo.
-Como sabes papa, le dijo uno de sus hijos.
- Me ha hecho soñar, ha sido uno de mis promociones de estudios.
- O sea que los difuntos heredan, le dijo el winsho.
- Si son exactamente,  como fueron las personas en vida unos lerdos.

lunes, 28 de abril de 2014

LA DONCELLA DE LA LUPUNA

Las tribus de la selva amazónica coinciden en señalar que el árbol de la lupuna tiene en su base una gran puerta invisible a los ojos humanos, que sirve para comunicar los mundos existentes. Esta puerta es un pasaje o tránsito de seres del mundo de los hombres y el mundo espiritual amazónico. Por esta puerta ingresan y salen seres mitológicos de la selva madre y en especial se habla muchas veces de una hermosa doncella que habita en el árbol y que representa el espíritu esencial de la lupuna. Esta doncella fue una vez una gran curandera, una mujer medicina y protectora de las plantas y los animales del bosque amazónico.

Cuenta la leyenda que en tiempos antiguos esta curandera presenció la muerte de su esposo por la mordida de una serpiente venenosa, ella era una joven inexperta y no lo pudo curar,  la vida de su esposo se apagó entre sus brazos sin poder salvarlo. Luego de recuperar el ánimo perdido dedicó toda su vida a curar las mordidas y picaduras de serpientes y otros animales ponzoñosos. Era la mejor curandera en ese sentido. Ella descubrió por ejemplo que un remedio natural para mordeduras de serpientes era utilizar los tubérculos de la planta jergón sacha a modo de cataplasma, si la víctima se curaba incorporaba dicho sea de paso el espíritu de la serpiente como su animal protector y en adelante tendría mayor inmunidad ante picaduras similares.
Cuando su hijo mayor creció y se hizo curandero como su madre, sufrió la picadura de una extraña serpiente al cual no encontraron antídoto eficaz, como su madre no pudo encontrar a la víbora causante de esta tragedia no pudo hacer nada sino optar por una medida muy radical, pues en su visión haciendo uso de tabaco, el espíritu de esta planta le dijo que si quería que su hijo viviese debía ella dejarle su espíritu como trueque en la base de la lupuna. Como ella no dudó de lo debía hacer ofrendó su propia vida a fin que su hijo encontrase de nuevo su salud. De ese modo su hijo se recuperó a tiempo y su madre a quién no volvió a ver físicamente ocuparía un lugar de honor en el reino del bosque y desde entonces viviría por siempre en el árbol de lupuna.
 
La doncella de la lupuna es un espíritu que siempre protege y está atenta de todo lo que sucede en el gran bosque verde. Observa todo lo que pasa y ampara con su potente energía a todos sus hermanos menores sean plantas o animales de la selva.