lunes, 19 de febrero de 2018

VOCABLOS QUECHUAS Y REGIONALISMOS SELVATICOS


A
Achiquin vieja: Vieja mala y perversa.
Ahwasi : Mal cazador.
Alao : Expresión de compasión.
Allao: Agradable, delicioso.
Ampato: Renacuajo, sapo.
Añau, añañau: Que bonito, que lindo.
Ashipa: Raíz que se come.
Atunpampa: Pampa o llanura.
Atumplaya : Playa grande.
Apuy: El bebé se llenó al lactar.
Asnaricra : Mal olor de las axilas.
B
Bola bola : Suelo no plano, aterronado.
Bayano : Rata.
C
Caspisapa : Árbol grande.
Cuica: Lombriz.
Cususapa: Tosiento.
Cuñushca : Masato hervido.
Chugni ñahui : Legañoso.
Chupusacha : Planta medicinal.
H
Huarapero : Borrachín.
Huayra caspi : Árbol del viento.
Huayranga: Avispa grande.
Huihuacho: Huérfano, abandonado.
Huarmishco: Hombre que pelea con la mujer.
Huato : Nudo de la pretinilla con que la mujer asegura sus calzones.
Huayracho: Estéril, que no puede tener hijos.
I
Inchi: Maní.
Inchicape: Sopa de maní.
Ishapado : Enfermo , umpuriado.
L
Lanta tipina: Primer corte de pelo del niño.
Llambo : Liso.
Llapchar: Estrujar.
Llocllada: Creciente de los ríos con desbordamiento.
M
Macha macha : Medio borracho.
Machashca : Borracho.
Machaysiqui : Borrachín.
Mamanchi : Abuela.
Manchari : Susto, miedo.
Mishqui micuna: Comida sabrosa.
Muru muru : Sin madurar.
Mana mishqui: Que no tiene sabor o de mal gusto.
Mingado: Mazamorra de plátano verde o maduro.
Ñ
Ñaña: Hermana.
Ñahuisapa: Persona con ojos grandes.
Ñuto: Tortilla de almidón con azúcar.
Ñucñu ñucñu: Dulce, dulce.
P
Pacaysapa: Guaba grande.
Pashna: Cerda con cría.
Pichiruchi: Pobre diablo.
Piksha: Bolsa o talega.
Pishpira: Muchacha alocada.
R
Ruro: Molleja de la gallina.
Rupacho: Quemado.
S
Singón: Narizón.
Shingurear: Embrujar.
Shungo: Corazón.
T
Tuta tuta: Anochecer.
Ticti: Verruga.
Tishuma: Despeinada.
Tuprar: Frotar, sobar.
U
Ushutas: Ojotas, llanques.
Upa: Sordo.
Y
Yucra: Camarón de riachuelo.
Yahuar: Sangre.
Yurac: Blanco.
Yacuhuasca: Soga que al ser cortada vierte agua.

Carlos Velásquez Sánchez







miércoles, 14 de febrero de 2018

EL ZORRO Y EL CUY


Esto sucedió hace mucho tiempo, cuando un desconocido hacía daños en una chacra por las noches. Las plantas amanecían chancadas y medio comer. Entonces, el dueño de la chacra construyó una trampa y esperó atento sin cerrar los ojos a pesar que el sueño lo invitaba a dormir. A la media noche oyó gritos: alguien había caído en la trampa.
Era un cuy grande y gordo. El propietario lo ató a una estaca y regresó a su casa relamiéndose en el pensamiento. —Mañana por la mañana pongan agua hirviendo para pelar un cuy, almorzaremos cuycito — Le dijo a sus tres hijas antes de acostarse.
El cuy, atado a la estaca, luchaba inútilmente mordisqueando la soga. Y así lo encontró con un zorro que pasaba por ese lugar.
— Compadre — dijo el zorro — ¿Qué has hecho para que estés así?
—Ay, compadre, si tú supieras mi suerte — dijo el cuy —, enamore a la hija más bonita del dueño de esta chacra y ahora quiere que me case con ella. Pero esta joven ya no me gusta.
Y me tiene amarrado aquí hasta que aprenda a comer carne de pollo que me repugna.
Así mintió el cuy haciéndose el zonzo, luego dijo el muy astuto —Creo que a ti te gusta la carne de gallina, ¿verdad?
— A veces —dijo el zorro, haciéndose también el zonzo.
— ¿Por qué entonces no me desatas y te pones en mi lugar así te casas con la joven linda y comes carne de ave todos los días.
—Voy a hacerte este favor compadre — dijo el zorro.
Al día siguiente, muy temprano, el propietario de la chacra fue a llevarse al cuy, pero se encontró con el zorro.
— ¡Ay! ¡Desgraciado!, ¡Anoche eras cuy y ahora eres zorro! Igual te voy a majearte duro — dijo el dueño dando latigazos.
— ¡Ay! ¡Ay! ¡Sí me voy a casar con su hija! ¡Lo prometo! ¡También prometo comer carne de pollo todos los días! —gritaba el zorro.
Al oír estos extraños argumentos, el propietario lo azotaba más fuerte interrogando al zorro, hasta que en una tregua en la golpiza, el zorro explicó todo lo que hablo con el cuy.
El dueño se echó a reír y luego lo dejó en libertad, un poco apenado por haber descargado su ira con el tonto zorro. Desde ese día, el zorro comenzó a buscar al cuy. Quería vengarse de todos los azotes que recibió del granjero.
Y es así que un día se encontró con él y pensó que era el momento de la venganza. El cuy viendo que ya no podía escapar se paro como sosteniendo una enorme roca que sobresalía del cerro, el zorro se acercó dispuesto a vengarse, pero intrigado al verlo en esa posición; entonces el cuy con voz exhausta dijo:
— Compadre zorro, ha llegado el momento, Tienes que ayudar a sostener esta piedra. ¡El mundo se está cayendo y hay que echarle una mano!
Al principio el zorro no le creyó, pero la cara de miedo que ponía el cuy finalmente lo convenció. Empezó a ayudarle imitándolo sosteniendo la enorme piedra. Y así pasaron un bien tiempo.
— Compadre, empujas voy a encontrar buscar algo como una cuña para apuntalar mejor el cerro— dijo el cuy y se fue corriendo.
Pasó un día, luego dos, el cuy no regresaba y el zorro ya no podía más. —Voy a morir aquí, ya no doy— pensó. Cansado y asustado dio un salto hacia atrás, pero, como era de esperar, la piedra no se movió.
—Otra vez, me ha engañado — dijo, pero esta es la última porque cuando lo encuentre, grrr cuando lo encuentre…
Y así día y noche siguió el rastro del cuy hasta encontrarlo al lado de un corral abandonado, el cuy viéndolo de reojo, calculó que no podía escapar. Entonces comenzó a rascar en el suelo, simulando no haber visto al zorro.
— ¡Rápido! ¡Rápido! , se repetía así mismo —Ya viene la sentencia, ¡el fin del mundo! , ¡Caerá la lluvia de fuego!
—Bueno, compadre mentiroso, hasta aquí has llegado— dijo el zorro —, te voy a comer.
—Muy bien compadre— dijo el cuy—, pero tenemos algo más importante que hacer ahora.
-Ayúdame a hacer un agujero, ya que va a llover fuego-. El zorro comenzó a ayudarle asustado. Cuando el agujero era tan profundo, el cuy saltó en él.
— ¡Échame tierra, compadre!- suplicó el cuy- ¡Tápame por favor, no quiero quemarme con la lluvia de fuego!
— Viendo las cosas, eres menos pecador que yo. Tú no tendrás tanto castigo con la lluvia de fuego como yo. Mejor tápame tú, compadre, yo primero ¡por favor! — Dijo el zorro asustado.
—Tienes razón compadre. Cambiemos, pues, de lugar - dijo el cuy saliendo del agujero. El cuy no solo tiró tierra, sino también, ishguin y caruachash. Así es que mientras lo cubría decía: "Achachay, achachay, ¡ya comenzó la lluvia de fuego!, ¡mira como me sacrifico!"
Cuando terminó, se limpió las manos y se fue riendo. Pasaron los días y en el agujero el zorro empezó a sentir hambre. Quiso sacar una mano y toco los ishguines.
– ¡Achachay!— dijo —, deben ser las brasas de la lluvia de fuego, guardo su mano y esperó.
Días después, el hambre le hizo arriesgarse, salió con dolor por pasar sobre los ishguines y entre las puntas de las espinas vio que afuera todo estaba bien.
— ¿Se habrá enfriado el fuego?— pensó.
Estaba más delgado que una paja, finalmente se convenció de que había sido engañado otra vez. Busco al cuy sin cesar día tras día, noche tras noche. Entonces una noche que estaba en busca de comida, encontró al cuy en el borde de un pozo de agua. El cuy al verlo, comenzó a lloriquear.
—¡Que mala suerte tiene compadre! — Dijo, —Yo estaba llevando un queso grande, pero se ha caído en este pozo. — El zorro se asomó y vio en el agujero el reflejo de la luna llena.
— Ese es el queso— dijo el cuy.
— ¡Tenemos que sacarlo!— dijo el zorro.
—Vamos a hacer esto, compadre: Usted entra cabeza abajo y yo lo sujeto de los patas. - Y lo hicieron por un buen rato. El cuy agarrándolo dijo: Usted es muy pesado, compadre. Ya casi no puedo aguantarlo. Dicho esto y lo soltó. El zorro, gritando cayó de cabeza en el pozo. Así murió ahogado, el zorro zonzo.

Carlos Velásquez Sánchez

jueves, 8 de febrero de 2018

LA GUERRA DE LOS CHULLACHAQUIS



                                  ( JORGE LUIS SALAZAR SALDAÑA )
Don Eliseo Valdez avanza por la trocha que van abriendo Pedro Pipico y Shanti Tuanama en el bosque de la cabecera del río Pisqui.
Va en busca de los cotizados árboles de caoba ue el brujo Shapiama le hizo ver en una purga de ayahuasca.
Vamos Shanti, no es hora de  descansar, tenemos que seguir caminando,
Pucha, don Elico estoy cansado, ya no tengo edad para estos trajines.
Ahora que te he dado trabajo, sigamos adelante, tenemos que encontrar esos árboles de caoba.
Shanti le dice: Ya hemos caminado por toda esta selva y no hemos encontrado ningún árbol maderable.
Mejor regresemos, estamos perdiendo el tiempo que solo existe en tu imaginación don Elico.
Escúchame Shanti, estas bien que estés cansado, pero por ese motivo no vamos a regresar o insinúas de qe estoy loco.
Mira don Elico. Mira lo que tú no quieres ver. En toda la selva ya no hay árboles maderables que valgan la pena.
Los otros madereros como tú han barrido y saqueado la Amazonía como esas gallinas hambrientas del vecino que entran a nuestra huerta y no dejan nada, ni siquiera un árbol de palo de balsa. Tienes razón Shanti, pero yo te he contratado para que vengas a trabajar y no a renegar, vamos a seguir hasta el final y punto.
De aquí nadie va a regresar mientras no encontremos esos árboles de caoba que contemplé en mi visión de ayahuasca.
Don Elico, Don Elico, grita Pedro, retornando a toda prisa.
¿Qué sucede Pedro Pipico? ¿Has encontrado algo?
Sí, don Eliseo, al final de esta loma están los árboles que buscamos . ¿Árboles? ¿ Has visto bien Pedro Pipico? le preguntó don Eliseo.
Entonces no debemos perder más tiempo y vamos a ver de una vez esos árboles – ordena Eliseo rebosante de felicidad.
Mira don Eliseo –indica Pedro Pipico deteniéndose al final de la trocha. Ahí están los árboles Don Eliseo, deslumbrado con la boca abierta, observando los tres imponentes árboles que están en su delante.
Que maravilla, son árboles de caoba, muchachos y abrazando a sus peones comienza a saltar gritando de alegría. Voy a volver a ser millonario, jajaja.
Un momento don Eliseo – dice Shanti, dejando de saltar. ¿Ud. nomás va a ser millonario?  ¿Y nosotros qué?  Vamos a seguir fregados como siempre. No se preocupen muchachos, yo soy buena gente, abrazándoles.
Cuando exporte esta madera a las funerarias  de Inglaterra, que pagarán una fortuna por cada ataúd hecho de caoba, yo les voy a dar un plus por su trabajo.
Espero que no se olvide don Elico y no nos explote como lo han hecho los demás madereros que han saqueado y depredado la selva – dijo Shanti.
Yo siempre he pagado a mi gente y mucho mejor ahora que me van a pagar un millón de dólares por cada uno de estos árboles que la gente piensa que se han extinguido.
Mañana mismo cortaremos a éstos árboles. Don Elico, si estos árboles valen una fortuna, porque no nos dedicamos a juntar sus semillas para reforestar toda la selva. Ahí si, todos vamos a ser millonarios de verdad- dijo Shanti Tuanama.
No Shanti, no puedes hacer eso porque te vas a morir sin ver y gozar el dinero que puedes ganar.
Pero, vamos a matar a la “gallina de los huevos  de oro”, dijo don Elico.
Escúchame bien Shanti, el único que decide que hacer aquí soy yo y nadie más ¿Está claro?
Así que vamos a traer las cosas del bote para instalar nuestro campamento al pie de estos árboles , antes de que anochezca y emprender la marcha del retorno.
De pronto un gemido lastimero como el triste canto  del ayaymama, surge del corazón de los tres árboles de caoba.
Hermanos ¿Por qué están llorando? Pregunta sorprendido Hani que llega al refugio de árboles de caoba jugando con una pequeña culebra mantona.
Van a matar a nuestros árboles – responden en coro los chullachaquis que salen temerosos y con los ojos llorosos de las aletas de los arboles.
¿ Quién va a matar a nuestros árboles? dice Hani.
El maderero – dicen los chullachaquis .
Otra vez el maderero.
Sí, afirman los chullachaquis poniéndose a llorar.
Hermanos dejen de llorar – pide Hani, parándose delante de sus asustados hermanos chullachaquis. Tenemos que luchar para evitar que e maderero mate nuestros únicos árboles.
Yo no quiero luchar, no quiero luchar dice Shoto, temblando de miedo.
El maderero tiene armas y nos va a matar, hermanos, sino luchamos vamos a desaparecer cuando el maderero derribe nuestros únicos árboles, advierte Hani.
Hani tiene razón – interviene Paro – Cuando maten a esos árboles que son nuestra casa, también nosotros vamos a morir, porque ya no hay más árboles maderables en toda la selva donde podamos vivir.
¿ Te das cuenta Shoto , tienes que ayudarnos a luchar para evitar que el maderero siga destruyendo nuestra casa.
Unidos vamos a ser más fuertes y lograremos defender nuestra casa, die Hani.
Está bien, lucharé juntos a Uds. – dice Shoto.
Todos sus hermanos chullachaquis aplauden su decisión, le felicitan, abrazan y tocando un pequeño tambor danzan el ritual de la vida alrededor de los imponentes árboles.
Mientras que don Eliseo, sonríe feliz al ver llegar a Pedro Pipico cargando la motosierra y el galón de combustible.
Bueno muchachos ya estamos acá, dice con satisfacción y ordena con voz suave: Shanti, prepara un poco de shibé para aplacar nuestra hambre y tú Pedro Pipico tiende mi cama templando el mosquitero en medio de mis árboles.
Los dos operarios van a buscar las cosas para hacer lo que tienen que hacer.
De pronto Shanti se tropieza con algo, cae al suelo, se levanta y al ver con lo que ha tropezado es una tortuga y lo atrapa.
Y corre hacia don Elico diciendo encontré un  motelo.
¿Qué hago con este motelo, Don Elico?
Mátalo de una vez, quiero comer casco asado de motelo, después de cuarenta años, dice tocando su barriga.
Al ver la distracción de los madereros, Hani el más aguerrido de los chullachaquis, va hacia la tortuga, la levanta y la rescata de una muerte segura.
Los chullachaquis Shoto, Bari, Paro y Oshe, aplauden en silencio la temeraria acción de su valeroso hermano.
¿ Qué estás buscando Shanti? Pregunta Eliseo Valdez al verle buscar  cerca de sus piernas y botas de cuero.
Al motelo, don Elico, no le encuentro por ningún lugar. Creo ha corrido.
¿Qué? ¿ Dónde le has dejado pedazo de tontonazo? Pregunta sorprendido el maderero.
Eres un inútil Shanti, un inútil , torpe, inservible – dice enfurecido Eliseo ¿Cómo diablos se te va a escapar un motelo. Es el colmo.
Olvídate del motelo y prepara un shibé de una vez, pedazo de inútil.
Hey tú, Pedro Pipico, apúrate en alistar mi cama que ya quiero descansar.
Después de merendar, don Elico dice mañana a primera hora vamos a cortar estos árboles, luego vamos a retornar a la ciudad para venir a llevar las trozas con los helicópteros del ejército que contrataré. Es la única forma de sacar estos árboles de este lugar del demonio.
Y ordenó que Shanti y Pedro Pipico hagan guardia esa noche.
Los dos peones escopeta en mano, cabecean al vacío cerca a a fogata que está ardiendo.
Los chullachaquis Hani, Shoto, Paro, Bari y Oshe salen de su trinchera, apagan la fogata deshaciendo y regando los tizones, luego caminando de puntillas lanzan una lluvia de pepas de aguaje a Pedro Pipico que se despierta sobresaltado, arma en ristre y alumbrando con su linterna todo al alrededor y no ve nada.
Le enfoca a Shanti que duerme profundamente, se acerca y le da un golpe en la espalda.
¿Qué? Que tienes Pedro.
¿Por qué me golpeas?
No me gustan tus bromas tontas.
¿Qué bromas? Si yo no hice nada.
No te hagas el zonzo , indica enojado Pedro Pipico. Apagaste la fogata y me lanzaste un montón de pepas de aguaje.
¿Aguajes? Donde voy a encontrar aguaje, pregunta Shanti con tono pensativo.
Pedro retorna a su lugar de guardianía y se vuelve a la normalidad.
Cuando nuevamente los dos comienzan a dormir cabeceando al vacío.
Los guardianes del bosque se asoman y vuelven a atacar, esta vez con mas semillas que caen sobre la cabeza y la espalda de Pedro Pipico, que se despierta enojado y sin decir ni una palabra, arremete contra su compañero, propinándole patadas y puñetes.
Carajo – exclama Eliseo Valdez saliendo de su mosquitero y alumbrándolos con su potente linterna –les dijo – Yo les pago para que trabajen, no para pelear.
Shanti y Pedro se tranquilizan ocupando cada uno su puesto de vigilancia y se quedan profundamente dormidos sosteniendo sus escopetas con ambas manos, lo que aprovechan Hani y sus cuatro hermanos para quitarles sus armas y dejarles en su lugar un pedazo de palo redondo de capirona.
Luego de esconder las armas, vuelven a atacar con la finalidad de espantar a los madereros de su territorio, se transforman en una luz con energía volátil que da vueltas alrededor de los chullachaquis produciendo sonidos extraños fantasmagóricos, terroríficos que despiertan a los dos peones, que empiezan a retroceder con las piernas temblorosas hasta chocar espalda con espalda en medio de un desgarrador grito de espanto.
Pe..Pe…Pedro ¿Eres tú?
Sí…Sí…Soy yo.
¿Estás viendo y escuchando lo mismo que yo?
Sí y ahí viene hacia nosotros,exclama Pedro al ver un bulto blanco que camina en forma zigzagueante en la oscuridad.
Hay que despertar a don Elico para largarnos de este lugar embrujado.
-Pedrooooooo, Shantiiiiiiii.
El fantasma sabe nuestros nombres – afirma Shanti escondiéndose detrás de Pedro que tiembla de espanto.
El fantasma se tropieza, cae de bruces delante de los hombres que están a punto de correr o desmayarse de miedo.
Los chullachaquis se detienen formando un círculo en torno a los madereros que no les pueden ver. Se callan.
Pedazos de inútiles, quién diablos ha derribado mi mosquitero grita don Eliseo Valdez, quitándose el telar que le cubre todo el cuerpo.
Pero sí es don Elico – exclama con alivio Shanti.
 ¿ Y quién creías que era? Pregunta don Elico.
Hemos visto un fantasma igualito que Ud. don Elico – comenta Pedro Pipico.
¿Igual que yo?
Sí, don Elico – dice Shanti, así como Ud. cuando estaba tapado con el mosquitero.
Lo que pasa es que son un par de miedosos y cobardes.
Los fantasmas no existen, solo existen en la mente de gente ignorante y brutos como Uds.
Este lugar tiene su madre – don Elico, debemos regresar a la ciudad antes de que nos pase algo malo – advierte Shanti, sintiendo la presencia de seres extraños a su alrededor.
Yo no me voy a ir de este lugar sin llevar mis tres árboles de caoba que con tanto esfuerzo le he buscado desde hace mucho tiempo y nadie, ningún fantasma o madre del bosque me lo va a impedir.
Hani y sus hermanos al ver que es un hueso duro de roer, forman en el acto un tremendo remolino que arrastra a su paso incontables hojas de ishanga colorada, cientos de ramas de huingo y miles de hormigas pucacuros que caen sobe el cuerpo del maderero que se defiende de sus invisibles atacantes.
Shanti, Pedro, ayúdenme por favor, implora sintiendo el apabullante castigo de la naturaleza.
Los dosm peones ingresan al remolino para impedir que su patrón pierda el alma, según la creencia de sus ancestros.
Pero el muruhuayra que tiene fuerza de los chullachaquis y demás espíritus del bosque, gira con más intensidad tratando de levantar hacia las nubes a los tres depredadores y expulsarlos de su territorio.
-Imbéciles, cobardes, porque no dan la cara si son valientes, reta el Rey de la madera, lanzándose al suelo para evitar ser arrastrado como las hojas que se pierden entre las nubes.
Pedro y Shanti hacen lo mismo.
La selva es hija de la tierra y madre de todos nosotros – surge una espectacular voz del remolino que se aquieta lentamente y se transforma en Hani, Shoto, Paro, Pari  y Oshe ante los desorbitados ojos de los intrusos que no dejaban de rascarse el cuerpo.
El daño que Uds. hacen al cortar los árboles, al matar a los animales, al contaminar el suelo, el aire, los ríso y los lagos no solo nos afecta a nosotros, también a a Uds. que son hijos de la tierra.
Por favor no destruyan a estos tres únicos árboles que todavía nos quedan para salvar a la hija de la tierra que es madre de todos.
Ja,ja,ja,ja – ríe a carcajadas el maderero que se levanta seguido de sus dos leales peones y mirándoles en los ojos – vocifera – Chullachaquis tontos . ¿ A mí,  al rey de la madera me van a ordenar que no corte estos tres árboles de caoba con el cuentito de que estoy destruyendo la vida en el planeta?.
Ja,ja,ja,ja chullachaquis, shapshicos, enanos del bosque, a mí con esos truquitos de aprendiz de magos no me van a impedir que corte y lleve mis árboles.
Ya he matado muchos indígenas no contactados que no me dejan trabajar y generar riqueza en otros lugares de la selva.
Así que por favor desaparezcan de mi vista antes de que les mate a Uds. también.
Shoto quiere comer, Hani hace un gesto que no debe preocuparse y forman una incólume barrera delante del maderero.
Les advertí, demonios del bosque, les advertí, ahora van a ver quién soy. Muchachos levanten sus armas y disparen, ordena Eliseo Valdez sin ningún remordimiento.
¿Qué pasa? ¿Por qué no disparan pedazos de torpes? Mátenlos de una vez.
Don Elico, nuestras escopetas se han convertido en palo – exclaman a una sola voz los peones asustados.
Malditos demonios, de mí no se van a burlar – dice don Elico, dando vueltas como una animal acorralado en medio de un laberinto de voces que reproducen los chullachaquis, tomando la apariencia de otorongos, huanganas, sajinos, nutrias, paujiles y cotomonos, tratando de ablandar el corazón del maderero.
La motosierra, Pedro – pásame la motosierra- grita con un extraño brillo en sus ojos rojos desorbitados.
Los chullachaquis al ver que era imposible cambiar la actitud del ambicioso maderero, decidieron entonar la melodía del viento tocando sus pequeños tambores mágicos para que los tres árboles de caoba se multipliquen ante los alucinados ojos del extractor.
Pedro y Shanti no pudieron hacer nada para sacar a don Eliseo de ese bosque de ensueño, a pesar de todos los intentos, dejando a don Eliseo perdido para siempre en ese bosque maldito de los chullachaquis.

Carlos Velásquez Sánchez





viernes, 2 de febrero de 2018

CUANDO JESUS ERA PERSEGUIDO

En aquel tiempo, cuando Jesús era perseguido, él se transformaba en diferentes formas y edades.
Cuentan que una vez Jesús estaba siendo perseguido y llegó a un lugar donde estaba un señor sembrando trigo. Jesús le dijo:
— ¿Qué siembra señor?
— Estoy sembrando mi triguito —, contestó. Jesús dijo:
—Cosecharás muy bien tu triguito. Si alguien viniera preguntando por mí, dile que pasé cuando estabas sembrando.
Al día siguiente pasaron por allí los judíos y preguntaron por Jesús.
— Sí pasó por aquí, cuando estaba sembrando mi trigo— dijo el campesino.
Al ver que el trigo ya estaba para cosecha, creyeron que Jesús les llevaba harta ventaja. Apresuraron el paso.
Después, Jesús pasó por un señor que era de mala fe y lo encontró sembrando papas y le dijo:
—¿Qué siembras? -, y él le respondió:
—Estoy sembrando piedras; ¿para qué me preguntas?
Jesús le dijo:
—Cuando vengan preguntando por mí, les dirás que pasé cuando estabas sembrando piedras.
Al siguiente día pasaron los judíos; le preguntaron y él contestó:
—Pasó ese viejo maldiciao cuando estaba sembrando papas. Pero la chacra estaba convertida en piedras.

Carlos Velásquez Sánchez

LA MUJER EN LA CARRETERA

Contado por Raul Ayay.
_____________
Un vez estando Chota, me hice tarde y ya no había combis para regresar a Cajamarca. Ya estaba por quedarme allá esa noche y coger al día siguiente el primer carro de regreso. Fui a cenar, mi mala suerte seguía: no había mesas libres. —Siéntense aquí, joven— me dijo un señor muy amable—, si gusta compartimos la mesa.
Gustoso y agradecido acepté compartir la mesa. Entre muchas otras cosas, me contó que había ido a dejar una carguita en su camión pero que ya cenaba y se regresaba a Cajamarca y que si le invitaba una gaseosita me daba una jalaba. No solo le invité la gaseosa sino que también le invité la cena. Don Jorge Irigoín era una gran persona.
Te cuento lo que me paso una vez cuando por este trayecto– me dijo en el camión, mientras me pasaba la coca y el anisado.
“Cuando salía de Bambamarca, ya muy de noche y bajo una interminable lluvia, pude avistar a una mujer en el camino; ella iba caminando muy lentamente en la carretera, debiste verla con aquel vestido blanco totalmente empapado. Frene suavemente pues también iba despacio por el mal estado de la carretera.
Le hice una señal para que suba al camión y así pudiera protegerse de la lluvia, ella asintió y se sentó en el mismo lugar en donde estas tú. Era una mujer muy joven y bella, al verla en esas condiciones le ofrecí mi casaca para que pudiera abrigarse, me agradeció y en su rostro vi dibujada una sonrisa tierna.
Cuando ya estábamos por llegar a Cajamarca, ella me pidió bajarse del camión; pues tenía familia allí. Como aun llovía y era apenas las dos de la madrugada, le dije que se quede con mi casaca, que en otro momento iría por ella. Solo le pedí la dirección de su casa.
Pasó una semana y fui a buscarla hasta su casa. Grande fue mi sorpresa cuando salió su madre y me dijo que Virginia —así me dijo que se llamaba—, había muerto hace años atrás. Precisamente en un accidente de carreteras, el bus en el que venía se volteó justo en el lugar donde la recogí.
Yo no le creí a la señora y pensé que se querían quedar con mi casaca. Para confirmar los hechos, su madre me llevo hasta el cementerio y allí pude corroborar que en verdad la joven y bella Virginia estaba muerta. La fotografía en el nicho era la misma chica que vi hacia como una semana. Pero lo que más me sorprendió, fue ver mi casaca a un costado, junto al nicho de la joven. Su madre no tenía explicación alguna por lo sucedido, solo me dijo que era la cuarta vez que pasaba eso; habían preguntado por su hija que había subido al camión en la carretera de Bambamarca.”
Aunque algo asustado, ese fue el mejor viaje nocturno que tuve. Hoy, cada vez que voy al cementerio a ver a mi viejito, busco el nombre de Virginia Burga, o una casaca sobre alguna tumba.


Carlos Velásquez Sánchez

jueves, 25 de enero de 2018

LA TIERRA DE LOS DEMONIOS


                   ( Juan Rodríguez Pérez )
Llegué a la zona de Nuevo Paraíso juntamente con mi esposa y mis dos hijos, atraído más por las riquezas de estas tierras ya que se puede cultivar y cazar de todo en cualquier época del año.
Mi compadre Elisbán me había advertido que esta tierra no era buena para cazadores como yo , porque los animales se van internando más y más y se necesita mucho olfato para encontrarles.
Cuando estuve instalado en mi nuevo hogar, agarré mi escopeta y salí hacia el monte, advirtiendo a mi esposa que no se preocupara sino regreso pronto.
El primer día buscaba huellas junto a la quebrada cerca de los troncos de shapaja, troncos ahuecados y en cuanto lugar que podría frecuentar algún venado, un sajino, una carachupa o una manada de huanganas.
Pero, nada…
Al día siguiente me encontraba muy lejos de mi casa, la tarde se iba lentamente para dar paso a la noche que anunciaba lluvia.
Rodeado de arbusto y de ramas que me rozaban el rostro me acomodé en un lecho de hojas secas antes de que oscurezca.
Al poco rato empezó la lluvia con truenos y relámpagos y es ahí donde veo a un venado tímidamente guarecido bajo un tronco de shapaja.
Así que alisté mi escopeta y apunté. Como el animal no me había descubierto, pensé que debía esperar el siguiente relámpago para afinar la puntería y hacer fuego. Así lo hice.
Enfoqué mi linterna y ví al venado caído, así que me alisté para correr hacia él con el machete en la mano, despellejarlo y cortarlo en trozos para facilitar mi carga.
Enfoqué nuevamente mi linterna para ubicar al venado cuando de pronto veo que el venado estaba parado, pero sin cabeza, tenía levantada una de sus patas y movía su cuerpo como buscando su cabeza.
Me estremecí y recordé a  mi compadre Elisbán, hice un pequeño movimiento sin soltar la linterna y el animal corrió hacia el bosque.
No podía creerlo¿ Como podía un anima correr sin su cabeza?.
De regreso a casa, no le dije nada a mi esposa, por temor a que me impidiera salir de caza.
Así que al tercer día , venciendo mis temores, salí nuevamente hacia la montaña, dispuesto a enfrentarme a los acontecimientos que pudiera presentarse.
Estaba seguro que todo había sido una alucinación, debido a los efectos de los relámpagos, la lluvia y la selva en sí que guarda muchos misterios.
Llegué al lugar donde se dio este acontecimiento la última noche, me invadió un estremecimiento como avisándome de que algo malo me iba a suceder.
Entonces tuve la certeza de que había invadido un territorio prohibido y mi compadre de alguna manera trató de advertirme pero nunca llegué a tomarlo enserio.
Lo que tenía al frente era el mismo venado que le había disparado, pero la sorpresa era la pequeña cabeza que le nacía del cuello.
Me quedé perplejo, sin ánimo de levantar la escopeta y dispararle, ví que se esforzaba por alcanzar algunas hojas con su diminuta cabeza.
Empecé a correr buscando llegar a mi casa lo más rápido posible porque si  no me volvía loco.
Pero también consideré que de repente estaba invadiendo terrenos que no estaban permitidos a seres como nosotros que no respetamos a las plantas ni a los animales, en otras palabras creo que estaba invadiendo el terreno de los demonios de la selva.
No sé cuánto tiempo estaría corriendo por la selva, creo que lo único que hacía era dar vueltas y más vueltas.
De tanto correr,  me tendí al pié de un árbol y me quedé dormido, despertándome como a las 5 de la mañana del día siguiente.
Levanté la vista y no vi indicios de lluvia, agarré la escopeta por si algún animal feroz rondaba por los alrededores pero nada.
Me levanté, avancé unos pasos, llegué a un sitio despejado y vi a un otorongo que devoraba al venado que tenía una “ashí cabecita”.
Empecé a temblar, hice ruido y el otorongo se abalanzó contra mí, agarré la escopeta, hice fuego haciendo impacto en la cabeza del animal, saliendo disparado como si hubiese un machetazo.
Vi al otorongo dar brincos mientras abría la boca en su cabeza desprendida en un intento de rugir.
Empecé a correr con mi machete para abrirme paso en la maleza y escapar de esta tierra.
Pero lo que sucedió después sobrepasó el límite y que me ha hecho dudar si no estaría soñando o de repente me estoy volviendo loco.
Vi al otorongo levantarse y a tientas buscaba su cabeza, tratando de colocarla en su lugar, sin conseguirlo.
En sus garras llevaba su cabeza con los ojos bien abiertos para perseguirme  dando grandes saltos.
Arrojé la escopeta, comencé a correr, no tenía tiempo para razonar hasta que llegué al río donde tenía una canoa.
¿Se imaginan Uds. mi desesperación en plena selva?  He dudado entre contarle a mi mujer o guardarme el secreto.
En mí ha quedado la imagen del venado y el otorongo corriendo sin cabeza en plena selva, persiguiéndome.
¿Habré estado realmente en un lugar prohibido? Bah, ya no vale la pena seguir torturándome con suposiciones.
Yo creo estuve cerca de los territorios de los demonios y todo lo que hicieron fue asustarme para dejar el lugar despejado de curiosos y mi compadre Elisbán me lo había advertido.
No les vaya a pasar lo que le sucedió a Isidro Lupuna quién amaneció colgado de los huevos en lo alto de un tronco de capirona.
Luego se fue a descansar tomando su vaso de aguardiente, mientras en el bosque se escuchaba  el chillido de los grillos y el croar de los sapos.

Carlos Velásquez Sánchez


lunes, 22 de enero de 2018

LA SHAYANDERA

                     ( JOSE FELIZ MAQUEN GAMARRA )
Se encontraban reunidos en la Plaza de Armas de Bellavista, los promociones Elías, Vicente, Adrián, Manuel y Juvencio dialogando sobre sus aventuras y anécdotas y se apareció de pronto la hermosa y seductora Matilde, más conocida como la “Shayandera”, porque su placer era de andar de casa en casa visitando sin descanso a amigos y familiares durante la mayor parte del día.
Al pasar al lado de los alegres amigos les dijo:
-¿ Que ya vuelta hace este racimo de maduros muro muro aquí? ¡Lo que los llevo para mi chapo así, jajajajaaaaiiiiiiiii.
-Aquí pues amorcita esperando una bolsa para meter nuestros maduros – respondió- de la forma más educada don Elías.
-Jajajajaaaaaiiiiii manavalques, pela ocotes, que pues valen sus apiachos – respondió – dándose por ofendida a la que seguía su camino entre las risas de los inseparables amigos.
-Esta al parecer me quiere – comentó Vicente, entre risas.
¿Porque crees que te quiere Viche? , le preguntó burlonamente el sonriente Juvencio.
Porque cada vez que la encuentro como pájaro mal agüero en mi camino y como voy a chequear de la remesa de ganado a Iquitos, seguro el olor a billete la atrae.
Te equivocas Viche, ella no es lerda, es a mí a quien más se cruza por todo lado.
Como tardo en la orilla del río Huallaga, ha visto que despaché dos balsas con ganado y por eso su olfato de perro sajinero experimentado está que me apunta, pero, yo, nada que ver.
Vayan deseando nomás ese cuerito y comiencen la mala vida- comentó Elías, sonriente.
Tal vez no saben que a la vieja Rosha vivía paleándola Felipe porque esta Shaya quería ser más que la titular y si no crees, pregúntale a la flaca Okey, ella como vecina sabe bien todo la historia negra.
Solo el día que murió Felipe quedó en paz la pobre vieja, pero después que le hizo blanquear antes de tiempo todo el cabello.
Cuenta la tía Rosha que el día que lo velaban, cuando estaba frente al cuerpo sin vida de su marido rodeada de la familia que le daban el pésame, no sabía si llorar o reír y no sintiendo ninguna emoción tuvo que bajar la cabeza para que no se de cuenta la familia.
Eso no es nada Elías, después del Felipe sedujo a Martín y lo hacía arrodillar pidiéndole  que no lo deje.
Cuidadito nomás, tú también termines igual con esa hembra pusanguera y viciosa de sexo, ni te metas.
Por si acaso te anticipo que también le dicen la “come hombre” – dijo Juvencio.
Martín y su esposa Orocia, en quién tenía 05 hijos terminaron separándose porque la Mati, cuando la esposa dormía en el cuarto del fondo y el marido tenía una habitación que da a la calle, la muy conchuda a eso de las  10 de la noche ya estaba metiéndose en su habitación y con la e experiencia y poder que ejercía sobre él, terminó destruyendo su humilde hogar.
Eso no pasará conmigo, yo soy verraco, dijo Adrián entre risas.
Entonces reciban tus bolsillos y rodillas. Mi más sentido pésame, sentenció el callado Manuel.
Ese no era su oficio, pero parecía.
Cada cosa que le inventaban por shayandera, por andar de un lado a otro, de casa en casa chismoseando.
Y con ese cuerpazo seductor hasta sus primos la tentaban, al extremo de que las esposas después de las visitas empezaban con los reclamos.
Te he visto mirándola de reojo, eres un mañoso y cosas por el estilo.
Otras veces,  se pasaban horas criticando la vida de todo el vecindario. Su fama se hizo grande y su belleza encendía deseos y pasiones que traspasaban los límites del Distrito de Bellavista.
Más seguro es que si caes en sus brazos, te dedicarás a cocinar, lavar y planchar, mientras ella saldría a pasear por todo el pueblo y no te veremos más en nuestras reuniones – dijo Mañuco.
Ja, a este shungo lo riega el río Huallaga en crecida y a esa isla la chimbaría en mis brazos y como a las briosas aguas le hundiría mi tacarpo y se le quiten las ganas de andar vecineando en todo el pueblo.
Eso, ya vuelta, mentecato chambón, alaba. Mejor anda haz tu mercado y aliméntate bien, so eteco telen telen, porque ese otro deseo de seguro te mandará a la tumba.
Envidioso eres Mañuco, yo estoy curado del manchari y aunque no lo creas, la Shaya no pasara de un mes que caerá mansita como yonca en mis brazos.
Será tu problema Adrián – vociferó Mañuco y se retiró silbando dejándolo pensativo conversando solo y preguntándose si de verdad sería uno más en la lista de muertos de la Shaya, porque estaba decidido a conquistarla y eso significaba un reto en su vida.
Son miedos infundados – se dijo – y se propuso a enamorarla para demostrarse y también a sus amigos que hombres como él siempre consiguen su objetivo.
Al día siguiente bien de madrugada compró en el mercado 02 kgs. de carne de chancho y se fue directo a la casa de la Shayandera, haciendo que preguntaba por el tío Leonidas y entregándole la carne para el desayuno, entablaron una agradable conversación con promesas de otras visitas y regalos y que al tercer día nomás dio los alegres resultados esperados.
La relación clandestina era un misterioso secreto. Nadie de los amigos que se reunían e la plaza se percataron e porque de Matilde pasaba cerca de ellos y ya no los molestaban , hasta que año y medio después Adrián moribundo le contó a Viche y este el día del velorio viendo al lado del ataúd a la Shayandera derramando gruesas lágrimas declaró a todos los amigos que ella era la causante  de la fatal muerte, noticia que corrió por todo el pueblo y le cambió de fama.
Esto fue motivo de la shayandera quedó solterona por el resto de su vida.

Carlos Velásquez Sánchez