domingo, 28 de junio de 2015

EL COLLAR DEL CURACA

Una tarde, bajo la sombra de una lupuna, el Curaca Tupan me enseñaba su ciencia, aprendida en el libro de la naturaleza, más antiguo y más sabio que todos los que se han escrito.
-El curare, es el veneno que no perdona, se saca de las hojas amarillentas- me decía.
La flecha que tiene la punta de marona no se envenena, porque la marona con sus filudos bordes, corta y al disparar la flecha puede herirse un dedo y basta una pequeña herida, más pequeña que la picadura de un mosquito.
De pronto, se escuchó una risa de mujer que hizo desviar la mirada del curaca. Era Sumac, trayendo los anzuelos y la cesta de gusanos y me dijo: Vamos a pescar tucunares.
Sumac, trayendo los anzuelos y la cesta de gusanos y me dijo: Vamos a pescar tucunares.
Sumac, era la más joven y la más bella de las doce esposas del Curaca y también la preferida. A ella nada le negaba.
-Vayan, pero no olviden la carabina, dijo el Curaca y Sumac cogiéndome de la mano me dijo: Vamos pronto. Alcánzame. Seguimos caminando, yo iba adelante, para apartar las ramas, de pronto Sumac, me detuvo violentamente. Un paso más y habría sido mordido por una víbora, era un jergón y estaba lista para el ataque.
Dispare casi sin apuntar, la víbora dio un salto y se enrosco en contorsiones, como si fuera una viruta que cae al fuego.
Llegamos al lago, dejamos a un lado los anzuelos y nos pusimos a recorrer las orillas y vimos que había una gran cantidad de tucunares y acarahuazues.
Sumac, eligió como blanco un gran tucunare largo y disparo su pequeño arpón. El pez estaba herido, huyo hacia el centro del lago, desenrollando el hilo.
Para recobrar esto, era preciso introducirse en el lago, Sumac lo hizo y para no mojarse el vestido, levanto tanto la apretada falda, que tuve que cerrar los ojos, mareado, aturdido, viéndole sus lindas piernazas y sentí que la sangre subía por oleadas a mi cabeza.
Sumac, se dio cuenta y al volver con el pez y el arpón, me dijo: ¿Que tienes?
No es nada, le respondí con voz temblorosa. Me resbale y por poco caigo al agua.
Pescamos más y esa tarde le damos una sorpresa al Curaca Tupan, ya que habíamos agarrado 15 ejemplares entre tucunares y acarahuazues.
Luego, ella me dijo. Vamos a recoger aguajes y para llegar a los aguajales había que pasar una zanja pequeña. Un árbol caído servía de puente, Sumac quiso pasarlo a la carrera, pero se resbalo y cayó a la zanja.
-Ayúdame a levantarme y se reía.
Salte dentro de la zanja y le tendí la mano, pero ella me dio un tirón y caí yo también. Fue un instante y nos besamos ardientemente. De pronto en el fondo del bosque oí un crujir de ramas 
y hojas secas. Me levante de un salto, con la carabina en la mano, listo para disparar, creyendo que era un otorongo.
-Soy yo, era el curaca.                                                   
Aturdido, le conté lo que había pasado. El Curaca sin responderme, mirándome a los ojos, con una mirada penetrante, mientras me acariciaba la cabeza con sus manos, murmuro: Ya eres un hombre.
Después de comer en la maloca, nos sentamos alrededor de la fogata y Sumac le dijo: Cuenta una historia.
Tupan, acaricio los collares que llevaba sobre el  pecho. Todos ellos, estaban hechos de los dientes de los enemigos que cayeron atravesados por sus flechas o se abatieron a los golpes de su macana.
Cogió un collar de dientes menudos e iguales y los separo de los demás.
¿Conoces este collar?, dijo, dirigiéndose a mí.
Varias veces, me has pedido que te cuente como lo conquiste. No he querido hacerlo, porque eras un niño. Ahora ya eres un hombre.
Es el peor enemigo que he vencido.
Hace mucho tiempo, cuando yo era joven y fuerte, Cori era la más linda doncella de la tribu y nos queríamos desde que ambos estábamos en la edad de correr tras una mariposa.
Cuando partí a la guerra contra los aguarunas, ella tiño mi cara con el color de la guerra. Regresamos después de haber vencido a nuestros enemigos.
En mi canoa traje plumas suaves de garza blanca, bálsamos que curan las heridas, ojos de bufeo que despiertan el amor, piedras verdes y transparentes que traen los huambisas de las cabeceras del Pastaza, collares de alas de ronsapas, pieles de tigre negro, tan raras que los huambisas dan tres mujeres por cada piel.
Todo fue para Cori, ella curo mis heridas y me adormeció con sus canciones.
En la Fiesta del Sol, según el rito que enseñaron sus abuelos a nuestros abuelos, ungieron a las doncellas con resinas olorosas  y a los jóvenes nos dieron de beber masato, en el que habían puesto raspaduras del “ullo” del achuni, para excitar el amor.
A la medianoche, las doncellas a una señal del brujo, huyeron hacia el bosque y nosotros corrimos tras ellas.
El joven que lograba coger a una doncella por los cabellos, la hace suya y es ya su esposa.
Pero, siempre los jóvenes y las doncellas están de acuerdo. Ella indica al que ama hacia donde se va a dirigir y yo sabía por dónde correría Cori, pero como ella era muy bella, muchos la deseaban, entre ellos un guerrero de mi misma edad, alto y fuerte como yo.
Se llamaba  Shora, hasta que llegó la hora.                  
El brujo dio la señal y las doncellas corrieron hacia el bosque. Yo corrí tras de Cori y ella al verme se detuvo, cuando de pronto surgió Shora, que se me adelanto. Un flechazo recibido en una pierna, no me dejaba competir con el. Cori lo vio, dio un grito y escapo.
Con el esfuerzo que yo había hecho, se me abrió la herida. Shora se acercaba a Cori y Cori desviándose, lo dejo burlado y de ese modo, ella vino a quedar entre Shora y yo.
Y al mismo tiempo, ambos pusimos las manos sobre la cabeza de la doncella.
Nos miramos y había tal odio en nuestras miradas, que sin decir palabra nos abrazamos en una lucha en la que había que matar o morir. Luchamos en silencio, Shora se había aferrado a mi cuello con ambas manos y me faltaba la respiración.
Pensé en Cori y lo agarre por los cabellos, le obligue a echar hacia atrás la cabeza.
Mis dientes se prendieron a su garganta. Sentí que algo tibio bañaba mis labios. Los brazos de Shora se aflojaron y yo segui apretando los dientes hasta que mi enemigo se desplomo.
Tambaleándome a punto de caer, me acerque a Cori y nos unimos en un beso, llenos de sangre y con sabor a muerte.
Bien, te he contado esto, para que veas como amaba a Cori. Un hombre no puede decir que ama a una mujer, sino cuando ha estado a punto de matar o de morir por ella. Cori y y o fuimos felices y aun cuando te parezca mentira, yo no tenía más esposa que ella.
Y Sumac, le dijo : Y ahora,¿ Porque tienes tantas esposas?. El Curaca no le respondió y continúo contando:
Un día, en la selva, mientras seguía el rastro de una manada de huanganas encontré desnudo, hambriento y desgarrado por las espinas a un cauchero extraviado. Era un blanco como tú. Podría haberle atravesado de un flechazo, pero lo traje a mi tambo, cure sus heridas y vestí su desnudez.
Poco después, supimos que los aguarunas preparaban un ataque contra nuestra tribu y tuvimos que estar vigilantes.
Una noche, vigilando la oscuridad del bosque y la flecha en la cuerda del arco, lista para disparar, sentí un deseo de ver a Cori, de tenerla en mis brazos y dejando mi puesto de vigilancia, corrí a mi tambo y ¿Sabes lo que vi? Te lo imaginas. Era Cori y el extranjero…Si… ellos. No sabía qué hacer, mis oídos zumbaban como enjambre de abejas.
De pronto, escuche el grito de guerra de los aguarunas que me despertó de mi dolor. Corrí a combatir, que mi voz sonaba como el rugido de un otorongo y atacamos.
Tenía sed de sangre y ansias de matar. Mi macana iba rompiendo las cabezas de los aguarunas, hasta que quede frente a frente al Curaca Aguaruna. Nos atacamos, las macanas cortaban el aire con un silbido, al dar un golpe mi macana se rompió y quede desarmado.
Mi enemigo levanto la suya para darme el último golpe, pero antes me lance contra él, lo cogí por las piernas, lo levante, lo hice girar sobre mi cabeza y lo estrelle contra un árbol.
Al ver esto, los aguarunas empezaron a huir y nosotros los perseguimos, sembrando el campo de cadáveres.
Después, volvimos para recoger a nuestros muertos, entre ellos estaba el extranjero, también había muerto, combatiendo valientemente. Nuestro Curaca y los guerreros me eligieron en su lugar.
¿ Y Cori? Volvió a interrumpir Sumac.
Espera y lo sabrás… Dos días después. Bueno, sabes cómo duele la picadura de una tangarana. Es esa hormiguita roja que arranca pedacillos invisibles de la piel con sus mandíbulas envenenadas de un líquido que quema más que una brasa.
Pues bien, dos días después lleve a Cori lejos, muy lejos. Ella caminaba apoyada en mí. Y encontré lo que buscaba: un nido de tangaranas al pie de su árbol favorito.
De un tirón, le arranque todo el vestido y Cori quedo desnuda. Me sonrió. No comprendía lo que quería hacer y ante su asombro la ate con sogas del monte, la cogí en mis brazos y la lleve hacia el árbol de la tangarana.
En los ojos de Cori, se veía ya el terror, se defendió, atada como estaba.. Me mordió en el hombro, pero logre atarla al árbol y enseguida me aleje.
Sus gritos de desesperación taladraban mis oídos hasta la distancia.
Yo sabía que iba a sufrir, primero sería una hormiga, luego otra y otra.
Después llegarían miles de hormigas, le picarían en los ojos, en los labios, en el cuello, en los senos y su cuerpo se iría cubriendo de sangre.
Su piel iría desapareciendo toda ella lentamente.
Pero su tormento era pequeño, porque yo sufría mucho más.
Cuando regrese al día siguiente, encontré un pequeño esqueleto muy limpio y muy blanco.
Al pie del árbol estaban regados sus cabellos, los recogí, le arranque los dientes a la calavera, los horade y los ensarte a la cuerda que había hecho con sus cabellos.
Desde entonces tengo este collar sobre mi pecho.
El Curaca se calló y un temblor de espanto sacudió a los más bravos guerreros de su tribu.
Sumac, disimuladamente a espaldas del Curaca Tupan, cogía sus manos y las estrechaba con fuerza. Al mismo tiempo, Sumac le clavaba una mirada ardiente y sus labios le sonreían en una sonrisa de promesa.
El Curaca Tupan al ver los dientes menudos, iguales y blancos de Sumac, pensó: “Que dientes más hermosos para mi collar”.
Humberto del Aguila Arriaga 

martes, 16 de junio de 2015

LA MALDITA BUFEA

Navegábamos por el rio Ucayali y decidimos acampar en una amplia playa. Los bogas que eran seis, clavaron diestramente las horquillas para tender los mosquiteros y luego prendieron una inmensa hoguera con  el doble fin de cocer los alimentos y ahuyentar a las fieras.
Y después de una suculenta cena. Compuesta por una sopa de sachapato, pescado fresco a la hoja, mono ahumado, yucas, plátanos sancochados y una buena taza de café, nos quedamos sentados  alrededor de la  hoguera.
De pronto en el bosque lanzo su canto el urcututo. ¡ Maldita sea tu estampa!- dijo colérico Santiago Freire, antiguo montaraz,  amenazándole con el puño cerrado a dicha ave nocturna.
¿Qué te hace esa pobre ave para que lo maldigas? dijo Asís.
¡Que saben Uds.! Es un ave de mal agüero porque pronostica desgracias.
Entonces dije : Hay que bendecirla ,lejos de maldecirla, porque gracias a su anuncio se pueden tomar precauciones.
¿ Que sabes tú , de la selva? ¿ Conoces la pusanga? ¿ Elpiripiri? ¿ Las virtudes de los huesos del pavoncito?¿ Los efectos del clavo huasca, los del oje, lo que se puede hacer con  el achuniullo?. ¿El poder que da llevar como brazalete la “raca” (vulva) de una bufea?. Nada de eso, no conoces nada.
Bueno, bueno, interrumpióFélixTaleca, cállense, y que Freire nos hable del hueso del pavón, del piripiri, del achuni y de todo lo que sabe.
Bien y nos decidimos escuchar los absurdos que largaría Freire.
Bueno. El piripiri es una planta que crece en los terrenos pantanosos. Son varillas largas, débiles que tienen la forma de hojas de florete. Con ellas se consigue  excitar el apetito sexual de las mujeres.
Un simple afrodisiaco – interrumpióun boga.
Puede ser, la pusanga es otra cosa. Es una pequeña planta, parecida a la malva, de un aroma penetrante. También excita, pero hay algo sustancial que lo diferencia de un afrodisiaco y es que si con la mano impregnada de pusanga se estrecha la de una mujer, ella se muere de amor por ese único hombre y no por cualquiera. El resultado, es el mismo empleado por las mujeres.
Muchos forasteros que vinieron a la selva, se quedaron definitivamente, se enredaron con cualquier muchacha y se quedaron en la selva olvidando a su familia, posición, intereses, todo.
Esos hombres habían sido pusangueados.
Bien, seguimos, todos conocen el achuni, ese animalito que parece un osito. Pues bien , se mata un machito, se le extrae el miembro viril y se le seca completamente.
El polvillo que se saca raspando ese órgano, bebido con cualquier líquido, es suficiente para que el hombre más calmado y gastado recobre su potencia sexual.
Con el clavo huasca, que es un vegetal, sucede otro tanto. De ahí, que los Curacas de las tribus salvajes conserven el afecto de las mujeres de su etnia hasta cuando tienen ochenta años.
¿ Que hay de los huesos de los pavoncitos? interrogo Asis.
-Miren, el pavoncito es un pavito real en miniatura que vive a orillas de los ríos y es maravilloso.
Se coge el hueso  plano que forma el omoplato y se le abre en el centro un pequeño hueco como una mirilla y  cuando se quiere que una mujer se enamore hasta la locura basta mirarla largamente por esa mirilla y el éxito es seguro, un flechazo. El amor que se despierta es fuego.
¿ Y con las bufeas?
Bueno, las bufeas.
Freire callo. Desde el rio llegaba algo asi como un lamento desgarrador. Asís dio un salto y cogió una linterna y un remo, al mismo  tiempo que exclamaba: Alguna canoa ha naufragado y piden auxilio: Vamos pronto y emprendió la carrera hacia el rio, pero le detuvo la voz de Freire.
No corras, porque es la MALDITA.
Es la malditabufea que me persigue. No tardara en gritar en la misma orilla.
Efectivamente, el lamento, seguido de un bufido que se dejóoír al lado de nuestras canoas.
Así va a estar toda la noche. Hace ya seis años que me persigue, pero un día de estos la voy a liquidar de un balazo.
Entre esta maldita bufea y yo, hay una historia larga de amor y muerte.
Todos se rieron.
Por lo visto se te ha partido el seso para que vengas con el cuento de que entre esa bufea y tú hay una historia de amor.
No es entre los dos únicamente, también fue parte de …
¿ Quiénmás?
Sabes quién : Ge-rar-do Cas-ti-llo.
Un campesino que tuvo un extraño fin.
Yo soy el único que conoce el secreto de su muerte. Yo y esa bufea, que fue su asesina.
Estás loco, mandate ver  por un médico.
Digan lo que quieran. Cuando termine mi relato podrán juzgar y los que quieran me oyen, los que no, se van a dormir.
Y Freire comenzó a hablar :
Los bufeos, por si no lo saben, son mamíferos cetáceos. Los naturalistas los conocen con el nombre vulgar de pez mujer, porque las hembras tienen el busto y el sexo iguales a las mujeres.
En toda la selva se sabe que el bufeo macho sigue largos trechos a las canoas cuando en ellas hay una mujer que esta con su menstruación.
Hay veces que se aproximan tanto a las embarcaciones, que al dar el volantín que acostumbran, lo hacen debajo de ellas y provocan un naufragio. Rara vez se salva la mujer objeto de la persecución. Se dice que el bufeo la arrastra a su reino debajo de las aguas.
Los indios de la selva y los mestizos, seducidos por la semejanza  femenina, cuando cae una bufea en las redes realizan sexo con ella. Y el hombre que hace el acto sexual con la bufea, debe tener a su lado un compañero para que lo arranque, si es preciso a palos, porque el espasmo de la bufea es tan intenso y tan largo, que puede morir el hombre encima de la bufea en medio del más intenso placer.
Inclusive algunos indios tenían la costumbre de pescar bufeos para acoplarse por turno.
Gerardo Castillo y yo habíamos constituido una sociedad en el shiringal de San Pedro en el Tapiche para explotarlo.
Trabajamos con el mayor entusiasmo, ya que el jebe había alcanzado el precio más alto que se conociera y caía de improviso en los puertos para controlar a los peones.
Pero, de pronto Castillo cambio por completo, se levantaba muy tarde, parecía inquieto y no se preocupaba por nada útil, al mismo tiempo que comenzó a adelgazar y a empalidecer.
Yo creía que teníaparásitos intestinales y le insinué que hiciera un viaje a Iquitos para ponerse bajo tratamiento médico, pero el rechazo colérico mi insinuación.
La habitación de Castillo estaba junto al mío y esto me permitió darme cuenta de que mi socio casi todas las noches abandonaba su lecho y volvía después de dos horas.
Cuando una noche, escuche en el rio el mismo lamento que hoy oímos y veía que Castillo salía precipitadamente de su cuarto. Esto se repitió varias noches.
Y una noche le seguí en su marcha hacia el rio y escuche voces: la de Castillo y otra, femenina.
Me acerque todo lo que pude y vi que Castillo tenía en sus brazos  a una mujer bellísima, desnuda con una cabellera que despedía reflejos dorados.
¿De dóndevenía? ¿ Quién era entonces la desconocida amante de Castillo?
El instinto debió avisarle a la desconocida que alguien la observaba, Porque volvió inquieta su cabeza.
Permaneció inmóvil conteniendo el aliento, luego me deslice hacia el rio, hundiéndome en el, hasta que solo mi cabeza quedo afuera del agua-

Escuche el rumor de besos y suspiros, después sentí un chapuzón como de alguien que se lanzaba al rio y Castillo con pasos vacilantes regresaba a su habitación.


Desde entonces, cada vez que oía el lamento que llegaba del rio, le seguía a Castillo para ver si descubría la personalidad de la desconocida y l manera como llegaba.
La salud de Castillo iba de mal en peor, cada día estaba máspálido y más débil,  a punto de que apenas podía caminar, pero cuando oía el lamento, no sécómo sacaba fuerzas y corría a la balsa, de donde volvía dando traspiés como un ebrio.
Comenzó a sufrir de cólicos hepáticos que le hacían rugir de dolor y le puse una inyección de morfina y se quedó dormido.
Mientras el negocio se venía abajo, el jebe había bajado de cotización, la producción disminuía y las deudas crecían.
En eso sentí que llegaba el lamento de la desconocida y corrí a la balsa.
En ella, estaba la bella mujer, sentada completamente desnuda y con los pies hundidos en el agua. Sus tibios brazos se ciñeron en mi cuello y sus labios se prendieron a los míos.
Fue una noche de amor muy interesante y dulce que he vivido.
Luego la mujer me miró fijamente a los ojos y dio un grito, pero, luego sonrió.
¿ Cómo te llamas? le pregunte. Ella sonrió sin darme una respuesta, de pronto canto el gallo y la mujer se sobresaltó, porque ya amanecía.
Es hora de que me vaya. No puedo estar más le dije. ¿Cuándo vuelves?. Mañana, me respondió y se lanzó al rio, emergió después su cabeza y aquí fue horror ante mis ojos, su hermosa cabeza se iba transformando en una horrenda bufea.
Dio un bufido y se hundió para reaparecer más lejos y seguir alejándose dando saltos sobre el agua.
No séqué me paso, estaba atontado, como loco, me di palmadas en la cara para convencerme  de que no estaba soñando. Dios mío, ¿Un hada? ¿ Un demonio? Era algo horrendo.
Mientras tanto, Castillo se moría, débil, extenuado, apenas podía levantar la cabeza. En tanto, todas las noches se  escuchaba el angustioso llamado de la mujer pez, de esa maldita.
Yo, para alejarla, clave una cruz en la balsa y ahí estaba sentada, mirando la casa, era bellísima, atrayente, seductora. Sentí que todas mis ansias me empujaban hacia ella, pero supe contenerme.
No, No, Nunca más y viaje al Ucayali.
Deje a Castillo al cuidado de la cocinera, doña Santos, de su hija Isolina y del viejo Pizango, trabajador que vivía con nosotros. Regrese a los dos días y me dieron la noticia de la muerte de Castillo. Había muerto de una manera extraña.
El , que apenas podía moverse, fue encontrado completamente desnudo en el centro de la playa en la banda opuesta.
¿ Cómo había podido llegar hasta ese lugar? ¿ Quién lo llevo, pues no faltaba una sola canoa? Alguien debió hacerlo.
El viejo Pisango me conto que esa noche no podía dormir, se levantó y vio que una mujer blanca como un rayo de luna, viniendo del rio entro al cuarto de Castillo y abrazados se dirigieron hasta la balsa, más tarde lo buscaron afanosamente y un peón todo asustado dio a conocer que el Señor Castillo estaba muerto en la playa, con la cara mirando al cielo y con una expresión de dicha.
Hubo algunos rumores- dijo Taleca- se llegó a decir que tú lo habías envenenado para quedarte con todo Jai Alay.
Sus herederos recibieron hasta el último centavo que les correspondía. Que crimen ni niño muerto. Te digo que fue la bufea.
Ella le exprimió la vida y desde entonces la maldita me persigue por todas partes.
Voy al rio Tapiche y allí esta ella, llamándome con su voz dulce, que parece un suspiro, una queja y con su bufido que parece una amenaza.
Voy al rio Amazonas y allí esta, tarde o temprano siempre me encuentra y de esto ya son seis años, hasta que un día cuando le vea dar un volantín, el voy a meter cuatro balas en el cuerpo.
Bien, mejor es que nos vayamos a dormir, pues tenemos que madrugar.
A las 4.00 a.m. después de desayunar bien, nos repartimos en las canoas y seguimos rio abajo.
Cuando de pronto, un enorme bufeo colorado comenzó a dar volantines y a seguirnos, cosa que no le dimos importancia y nos adelantó.
Minutos después oímos  gritos y voces de auxilio y vimos la canoa de nuestros compañeros volteada y sus tripulantes aferrados a ella.
Al fin nos pusimos en contacto y los náufragos estaban ya en tierra cuando llegamos y vimos la cara de terror y mirada de locura que tenían.
¡ Y Freyre?, pregunte, no viéndole en el grupo.
Los náufragos inclinaron la cabeza. Mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
Y Freire , pregunte nuevamente.
Muerto. Desaparecido Fue la bufea, dijo Asís, hablo mientras los sollozos cortaban su relato.
Allí esta la maldita, dijo Freyre.
La bufea dio un volantín a menos de 100 mtrs. de la canoa. Freyre, copio una carabina de repetición y con los ojos enrojecidos por la cólera miro por todas partes esperando que reapareciese.
La bufea no tardo en dar un volantín cerca de la canoa y antes de que se hundiese. Freyre disparo dos tiros, luego un nuevo volantín de la bufea hizo voltear a la canoa.
Todos caimos al agua, lanzando maldiciones y nos cogimos de la embarcación.
Freyre , era el único que se reía,  y no es mentira, ni fantasía, lo jurare hasta en la hora de mi muerte.
Vimos cerca de Freyre, asomar saliendo del rio la cara de una mujer bellísima de cabellos dorados, hiso ver sus senos y abrazo a Freyre, obligándolo a soltarse de la canoa, ella le besaba, nosotros gritamos y Freyre y la mujer se hundieron para siempre.
Asís, se hizo la señal de la cruz y dijo : Hay que buscarlo.
Pero, había que llegar a Iberia y pedir el auxilio al dueño don Heli y empezamos la búsqueda en dos botes. Ojala le encontremos, porque el rio Ucayali no devuelve a sus víctimas. Cuando de pronto en una playa vimos a dos cuerpos tirados en la arena, cerca de la orilla.
Saltamos de la embarcación y nos dirigimos hacia ellos. Y con asombro y terror vimos el cuerpo de Freyre, completamente desnudo y estaba con los brazos apretados al cuerpo de una bufea, que presentaba sobre el lomo, cerca del cuello las heridas producidas por los dos balazos.
Allí mismo en el bosque los sepultaron a los dos en una misma fosa a Freyre y a la bufea y le pusimos una cruz, para que los dos reposen juntos.
Debe ser  tan dulce morir en los brazos de una sirena o vivir con ella.

Humberto Del Águila Arriaga

domingo, 7 de junio de 2015

LOS HIJOS DEL SOL Y DE LA LUNA

Para explicar sus orígenes los Shipibo relatan el mito de los hijos del sol y de la luna. Aseguran que Dios había creado a estos dos astros como dos divinidades que no deberían juntarse jamás, pero desobedecieron los consejos. A consecuencia de estos amores siderales la luna se vio embarazada. Una noche de tormenta un rayo abrió el vientre de la luna y bajaron a la tierra 7 niños de conformación humana.
El más pequeño de los hijos del sol y de la luna llego al mundo con habilidades que no poseían sus otros hermanos. Sin embargo había mucha envidia en contra de los hermanos que mostraban algunos poderes y sabiduría. Algunos grupos querían matarlos y los asediaban.
Para escaparse de las persecuciones en la tierra el hermano menor disparó cantidades de flechas hacia el espacio, construyendo, de esa manera, una escalera por la que regresarían hasta el infinito de donde habían venido.
Por esa escalera endeble, y convertidos en hormigas curiuinsis provistas de trocitos de hojas, los 7 hermanos subieron en busca de sus padres portando el mensaje de la selva.
En su camino, llegaron hasta el borde de un inmenso lago poblado de caimanes feroces. Para pasar a la otra orilla, pensaron hacerlo saltando sobre los lomos de los lagartos.
Cuando ya estaba por llegar al otro lado, el hermano más pequeño y guía de todos, el último lagarto despertó y lo cogió en el aire, trozándole una pierna.
Al caer al agua entre gritos, se despertaron los otros lagartos y, entonces, se desató una lucha descomunal contra los otros muchachos.
Parecía que las fieras iban a terminar devorando a todos los hermanos. Pero entonces, sucedió lo increible.
Bari, el sol, que había estado siguiendo a sus hijos y al verlos indefensos y acorralados, se compadeció de ellos y transformándolos en estrellas los subió al cielo, donde se convirtieron en una constelación, que los colonos conocen por el nombre de los 7 cabritos (los pleiades) y que los Shipibo llaman huishmabu. Una de las estrellas se llama quishi huma, es decir, sin pierna en recuerdo del muchacho-guía al que el lagarto trozó la pierna cuando intentaba cruzar el lago.
La altura y posición de estas estrellas con relación a la tierra es interpretada por los indígenas como el avance de las estaciones del año que orientan la vida de los Shipibo.
El invierno y el verano están anunciados por la declinación de las 7 cabritas y ese conocimiento sirve a los Shipibo para orientar sus actividades de caza y pesca.
Así el mito de huishmabu forma parte del calendario de los Shipibo. Después de las privaciones del lluvioso invierno cuando las crecientes de los ríos y lagos son tan grandes que ‘los peces se pierden en el agua’ y la lluvia cae dia tras dia, los shipibo se orientan por la aparición del huishmabu para saber que dejará de llover.
En tiempos de pocas lluvias que se llaman el verano, tiempo de abundancia de peces, los Shipibo organizan sus excursiones a las grandes cochas para pescar con arco y flecha la sabrosa palometa o hacer campamentos en las playas inmensas del gran río para buscar huevos de taricaya en los inmensos arenales que se forman por el descenso del caudal de las aguas. La tortuga taricaya deja sus huevos en esos arenales. Esos huevos son un manjar para el paladar de los shipibos.
Cada una de las estrellas que forman la constelación del huishmabu, es conocida y tiene su nombre y su historia que los viejos shipibos relatan bajo la luz de la luna o las fogatas, el anocher, a orillas del gran rio, en los inmesos arenales, antes que todos se vayan a dormir.
Para nosotros, los mestizos occidentales, las estrellas dan vueltas alrededor del sol en un movimiento de traslación.
En cambio en la concepción de los Shipibo las estrellas pasan por el río cielo en sus canoas.
La estrella Nete Huishtin (venus) siempre sube y baja 3 veces antes de subir definitivamente al centro del firmamento. Los Shipibo dicen que allí hay fuerte corriente de agua que mueve a esa estrella. Para ellos todo se relaciona con el conocido río. Creen que no estamos solos en el universo. Existen otros mundos poblados por ejemplo en la Vía Láctea, o Nahua Bay, el camino de otras gentes.
Los shipibo-konibo que habitan el Ucayali tienen una gran cantidad de mitos, leyendas e historias que van transmitiendo de generaci´n en generación, aun cuando en los últimos años, mucho de esta tradición oral se esta perdiendo por influencia de otras culturas.


LA LEYENDA DE ETSA

Iwia, un demonio terrible, tenía la costumbre de atrapar a los shuar, meterlos en su enorme shigra y después comérselos.En cierta ocasión, atrapó y luego se comió a los padres de Etsa. Se llevó al poderoso niño para tenerlo a su lado y, durante mucho tiempo, le hizo creer que él era su padre.
Cuando Etsa creció, todos los días cazaba para el insaciable Iwia, que siempre pedía pájaros para postre. El muchacho regresaba con la gigantesca shigra llena de aves de todas las especies. Una mañana, cuando apenas empezaba su cacería, descubrió que la selva estaba en silencio. Ya no había pájaros coloridos por ninguna parte. Solo quedaba la paloma Yápankam, posada sobre las ramas de una Malitagua.
Cuando Etsa y la paloma se encontraron en medio de la soledad, se miraron largamente.
-¿Me vas a matar a mí también? preguntó Yápankam.
-No, dijo Etsa. Parece que he dejado toda la selva sin pájaros.
Sintiéndose culpable, a Etsa se le fueron las fuerzas y se dejó caer sobre el colchón de hojas del piso. Entonces Yápankam voló donde estaba Etsa y, a tuerza de estar juntos en medio de ese silencio, se convirtieron en amigos.
Yápankam aprovechó para contarle al muchacho la manera en que Iwia había matado a sus verdaderos padres. Entonces, nada ni nadie podía consolar a Etsa: lloraba con una mezcla de rabia y tristeza.
Cuando Yápankam se dio cuenta de que Etsa estaba calmado, le dijo:
-Muchacho, no puedes hacer nada para devolverle la vida a tus padres, pero aún puedes devolvérsela a los pájaros.
-¿Cómo?, dijo Etsa. La paloma explicó: “Introduce en la cerbatana las plumas de los pájaros que has matado, y sopla”. El muchacho lo hizo y de inmediato empezaron a salir miles de pájaros de todos los colores que levantaron el vuelo y con su alegría poblaron nuevamente la selva. Etsa ya no volvió donde Iwa.

domingo, 31 de mayo de 2015

LAGRIMAS POR YARA

Es 1975 y el Barrio Iquitos, al que algunos llaman la Venecia pucallpina, todavía existe. En uno sus bares, frente a la puerta del entonces Petro Perú, Juanito Shuña llora un amor que no será suyo para siempre, mientras un long play habla de desamores que el hombre no escucha.En otra mesa, dos hombres lo miran con lástima. Ese Juanito Shuña está más loco que una cabra. Dice que se ha vivido con una Yara, allá por el río Callería. ¿Una mujer hermosa en la selva? ¡Eso no existe!
Juanito Shuña tampoco creía que existían. Alguna vez había escuchado decir a su abuelo que la yara era un ave o pájaro silvestre que tiene la propiedad de transformarse en una bella mujer, tan bella que los otros seres la consideran “la reina del bosque”.
A sus veinte años, en su oficio de “matero”, es decir buscador de madera preciosa, jamás había visto una mujer hermosa en el bosque. Para él, como para muchos, la yara era un ser mitológico al que su abuelo, alguna vez describió como una mujer de extraordinaria belleza. El nombre “Yara”, es de origen tupí-guaraní la lengua de los kokamas de Tushmo, y se traduciría como “maga del bosque”.
Su abuelo también había contado que era una mujer de color verde, con el que se camufla en el bosque; aunque otros la describían como una mujer que tiene el color de la piel de los troncos de madera de los bosques amazónicos, y con una cabellera verde que el viento agita constantemente. Una mujer así, podía vivir fácilmente en el bosque sin que nadie la vea.
Decía el abuelo que, a veces, se presentaba con una cabellera dorada como los pelos del maíz. Y que trae buena suerte cuando es ella la que busca el acercamiento con un hombre, pero, mala suerte si el hombre la descubre por casualidad en la orilla de una quebrada o en el norde de algún camino del bosque. Cuando se la encuentra por casualidad, mejor es no darse por enterado y seguir de frente, decía el abuelo, haciendo el ademán de caminar.
También contaba que cuando la hermosa Yara se enamora, canta y ejerce poderosa sugestión en el hombre que la oye y al cual dirige su canto. La sugestión es mayor cuando mira con sus ojos parecidos a los de un ave. La persona queda inmediata e irremediablemente magnetizada y atraída por la mujer que goza con el encuentro.
Todo eso lo había escuchado Juanito Shuña y, muchas veces, cuando recorría el monte virgen en busca de cedros y caobas, había pensado que las yaras no existen y que el abuelo sólo había alimentado su imaginación, porque casi siempre terminaba sus relatos, diciendo: “cada vez que la recuerdo, me pongo a llorar” y, efectivamente, el abuelo lloraba como si alguna vez se hubiese encontrado con una yara. “Abuelo loco”, decía Juanito, recordando lo bueno que había sido el viejo hasta que se murió envenenado con la mordedura de un fiero shushupe.
Una tarde que Juanito regresaba a su campamento, estando cerca de un riachuelo, escuchó un extraño y bello canto. Cuando se acercó al lugar de donde brotaba la canción, encontró dos hermosos ojos verdes que lo miraban insinuantes.
De repente, Juanito fue atrapado por la llama inextinguible del amor. Se sintió atraído por esa misteriosa mujer que apareció de la nada. Y vivió con ella, momentos placenteros. Durante ese tiempo, jamás se preguntó quién y cómo había llegado esa mujer hasta lo más profundo del bosque.
Sus compañeros del campamento no lo buscaron porque Juanito desaparecía por varios días buscando los manchales de madera.
Pero lo que su abuelo no le había dicho a Juanito es que el amor de la Yara dura apenas el tiempo de la luna llena. Y así fue.
Pasados esos días, era como si Juanito hubiera despertado de un sueño. La Yara había desaparecido y recién, el matero se había dado cuenta que esa mujer era la Yara.
Triste, la buscó y no la encontró. Por eso, cuando Juanito volvió a Pucallpa, lo primero que hizo fue emborracharse en los bares del puerto, para contar a los demás su aventura.
Péro nadie le cree. Y está allí, solitario, escuchando música que no escucha, llorando por la Yara.
Lo que tampoco sabe Juanito es que pasado un año, la Yara volverá al mismo lugar y que de su pasada unión habrán nacido chullachaquis.
Pero esa, es otra historia.


LA LUNA Y LA RUNAMULA

Cuando en las noches, las familias se reunen alrededor de la fogata, después de haber cenado, los viejos empiezan a hilvanar sus historias. Se cuenta, por ejemplo, que la mujer que hace el amor con hombres prohibidos está maldita. Por eso, en las noches de luna llena galopa frenéticamente convertida en Runamula. Ese extraño animal, es el alma de una mujer pecadora convertida en briosa mula por acción diabólica sale a trotar, resoplando fuego por la boca.
Cuentan que, en esas noches de luna llena, ella se viste de novia y va hasta un puerto. Allí, ella espera a aquel que la convertirá en mula, cabalgándola por los alrededores de la ciudad. Esa mujer en las noches de luna llena, se transforma en Runamula, una Mujer Centauro, mitad hembra y mitad caballo. En esas noches, ella, convertida en Runamula galopa, frenética, y los hombres temerosos y mujeres despechadas se esconden con ramas, con palos… y, cuando ella pasa muy cerca, la hieren y golpean. A la mañana siguiente, nuevamente convertida en mujer, se despierta en su cama la runamula, sangrando, con heridas, y ella no sabe porqué… pero la gente si sabe lo que ha pasado y la miran con cierto temor.
Pero lo que la gente no sabe es que en algunas de esas noches de luna llena, la Runamula, guiada por su maestro el demonio, salta…y arranca la luna del firmamento con sus propias manos y pasea a la Luna por los cinco rincones del planeta y que, en esas noches de Luna llena, ella, vestida de novia y va hasta un puerto, a un embarcadero, donde llegan todas las canoas que surcan los Caminos de la Vida para orientarlos o espantarlos.
La gente maldice a la runamula pero ella, ella no se sabe runamula, ella se sabe amante, poeta, soñadora, compañera de todos los que transitan los senderos infinitos del amor.
Sobre este fenómeno hay un texto literario que dice lo siguiente:
“Cuando no hay luna y la noche sin estrellas provoca miedo al más valiente. Cuando el ruego de los mecheros tiembla agitado por la brisa que estrella silbidos contra los techos de hojas de shebón, cuando los zancudos flojean buscando su diario alimento; cuando el sabio Urcututu llora tristezas ajenas y el Maquía murmura oraciones inventadas quien sabe si por Dios o el diablo, entonces una furtiva sombra cruza las calles, rozando levemente el suelo con sus pies descalzos.
Busca la Iglesia cuya cruz blanquea en la oscuridad. Una puerta se abre y la sombra entra a la parroquia. Entonces, el Urcututu, cuyos ojos ven el destino, vuela hacia el campanario y ora largamente. De repente, otra sombra cruza la plazoleta, casi arrastrándose entre las pomarrosas, mientras se abre una ventana. Compadre por aquí, y la sombra repta como una serpiente por la pared de madera. Comadre ¿y dónde está él?, hablan bajito. Se fue a chapanear. Entonces el Urcututu, que todo lo ve, se posa en la pomarrosa más alta de la Plaza y llora su agorero canto. El miedo se apodera de los que duermen cuando se oye un relincho cerca de la Iglesia. Calla, le dice Joshé a la mujer que está desvistiéndose, el cura y la Pirica están saliendo.
Salen a galope, hacia la trocha de la orilla del rió, una hermosa yegua negra, un blanco jinete. La Pirica, hermosa morena beata que todos los días reza, y el cura que la confiesa, un español colorado, van juntos en el pecado.
De pronto, otro galope alborota la Plazoleta. Es la Mañuca con su compadre Teocho. Dice: Joshé, recia yegua negra, jineteada por un bulto negro, que brinca locamente sobre los matorrales. Ven aquí y deja a las runamulas en paz, dice la mujer, apretando sus labios rojos, carnosos, sensuales. Y mientras Joshé, completamente desnudo, entra al mosquitero, siente muy cerca la fragancia de las blancas y duras carnes de su comadre Teresa Poiquiñas. Sonríe excitado. Entonces el Urcututu, pájaro de la noche que todo lo sabe, posándose en el techo de esa casa, llora, larga, burlonamente”.
Las runamulas andan sueltas, vamos a dormir, dicen los viejos cuentistas, enviando a todos a la casa, mientras ellos se dirigen al puerto para ver si se encuentran con alguna runamula.

domingo, 10 de mayo de 2015

LAS SIRENAS EN LA AMAZONIA

Existen los testimonios de personas que pudrieron haber entablado conversaciones con estos seres, y en algunos casos hasta una efímera amistad. En algunos casos existen testigos de toda una comunidad que dan fe del posible encantamiento de una sirena a una persona, como así lo afirma el relato de un extraño acontecimiento ocurrido en la comunidad nativa de "Shintuya" en la Provincia del Manu, en años pasados:

TESTIMONIO N° 01.- Una mañana del año 1987, en la comunidad de Shintuya (Rio alto del Madre de Dios, Prov. del Manu), el señor Luís Kiramo de 65 años de edad se encontraba trabajando en su chacra; pero alrededor de las 02.00pm, regreso inquieto a su casa, cogió su machete y sin decirle nada a su mujer regresó a su trabajo, para luego desaparecer por dos días.
Alertados los moradores de la comunidad, acuerdan ir a buscarlo y luego de 05 horas de caminar por el bosque, encontraron huellas de su paso en base a hojitas y ramitas quebradas; luego de seguir las huellas lo encontraron sumergido en una laguna (cocha), del cual solo se veía su rostro arriba de la superficie (se encontró que solo comía platanillo (Heliconias) mientras caminaba), la gente tenía miedo y nadie quería ingresar. Armados con sus escopetas, solo se atrevieron a sumergirse los señores: Juan Wiesse y Mario Korisepa (Mario Viejo) quienes se acercaron y le hablaron: … ¿Qué haces allí?..... Vamos a la casa,….. tus hijos te esperan,…… tu mujer está llorando;…….. El Señor Wiesse cortó una rama del árbol de topa (palo balsa) y le alcanzo, diciéndole que se agarre de ella. El hombre sin agarrarla dijo: …….espérate, ……espérate, ……..voy a devolver la vestimenta que me han prestado. Hizo un movimiento dentro del agua como si se quitaba la ropa y luego agarró la rama de topa y salió del agua. Lo llevaron todos en grupo, nadie se quería quedar atrás por miedo a que la "madre de la cocha" los jale. Kiramo quedo hipnotizado durante casi una semana, durante todo ese tiempo su mujer no lo quería recibir; sus ojos estaban muy rojos, como asustado; callado y sus hijos le tenían miedo.
Pasado un mes Luís Kiramo, contó lo sucedido diciendo que mientras él trabajaba en la chacra se le acercó una joven muy bonita, y le dijo que quería "intercambio de raja" (sexo), que él era un hombre muy simpático y trabajador y que quería casarse con él y que le quería llevar a su casa. El hombre siguió a la chica rumbo a su casa por un camino muy ancho, hasta llegar a una casa que tenía un canchón (patio) muy amplio. Cuando llegaron había mucha gente en el canchón festejando una fiesta y cuando Kiramo quiso ingresar le salió al encuentro un tremendo perro negro que le ladraba y no le dejaba pasar. Al ver esto la mujer le riñó al perro y el hombre pudo entrar. El papá de la joven le invitó a pasar a la casa pero Kiramo no aceptó y solo se quedó en el canchón, a donde la joven, que tenía mucho dinero, le traía "masato", le abrazaba y le besaba, diciéndole mi papá te llama, pero él no quería entrar.
Kiramo afirmaba haber caminado por una amplia y despejada trocha (sendero) para llegar a la casa, siempre guiado por la extraña joven (pero en realidad, los hombres que lo siguieron, afirmaban que dicho sendero estaba cubierto de abundante vegetación espinosa de "pachaquilla", que causó muchos rasguños entre los rescatistas) pero lo extraño es que Kiramo no tenía ningún rasguño. Asimismo Kiramo afirmaba haber ingresado al canchón de una casa, pero en realidad había ingresado al interior de un lago o cocha no explorada, y el perro que afirmaba Kiramo, en realidad era un gran caimán negro que pudo ser observado por los rescatistas dentro del lago Al año Kiramo padeció de cáncer a la cara y murió a los 04 años de haber sucedido estos acontecimientos.
Asimismo son interesantes, pero escasos los testimonios de amistad ocurridos entre sirenas y humanos. Al respecto he logrado registrar la historia de una señora de nombre "Elena", quien afirmaba haber tenido un supuesto caso de amistad entre ella y una sirena, ocurrido en el sector de Chonta en la Prov. de Tambopata.

TESTIMONIO N° 02.- En el año 1976, en el sector de Chonta, por el río Tambopata, Elena tuvo una extraña experiencia. Un día mientras estaba lavando su embarcación, se le apareció una linda jovencita que venía surcando en una pequeña canoa a lo largo del río; al llegar, la joven se le acercó, le saludo y se sentó al lado de Elena para conversar. Luego de la plática, le jovencita, se despidió de ella, diciéndole que su nombre era Rogelia y que vendría a visitarle otro día.
La extraña jovencita era muy bonita. Tenía la piel bien blanca, los cabellos muy rubios, los ojos de color verde intenso y vestía un lindo traje verde, con zapatitos de tacos bajos. Luego de tal sorpresa, Elena terminó de lavar su ropa y se fue a su casa.
Al día siguiente Rogelia se volvió a aparecer; Elena le invito desayuno y luego de conversar largo rato, la jovencita se fue. De esa fecha en adelante, las visitas se repetirían todos los días en horas de la mañana.
El esposo de Elena, de nombre Heliodoro, se dirigía al campo a trabajar temprano por las mañanas y no se daba cuenta de las visitas que hacía Rogelia a su mujer, quien llegaba después de que él se iba. Un día Elena le contó a su marido que le visitaba una amiga llamada Rogelia, y a quien quería presentarle; pero que siempre se retiraba antes de que él llegue a la casa. El marido no le creyó y mucho menos le dio importancia al asunto.
Un día cuando el marido llegó, Elena salió de la casa y le dijo: "...Heliodoro, justo a horita se acaba de ir la Rogelia...". El marido ya aburrido de tanto nombrarla y sin tener indicios de la existencia de tal visitante, solo atinaba a responderle con palabras groseras a su mujer.
En otra oportunidad, cuando Rogelia llegó a visitarle, encontró que el hijo de Elena estaba con una fuerte diarrea; al ver esto Rogelia le dijo:
- ...Elena, mira mi mama es una doctora, ¿por qué no le llevamos a tu hijo para que le cure?...;
- ....ya pues…, contestó Elena y juntas se fueron a la orilla del río a embarcarse en la canoa de Rogelia. Cuando Rogelia empujó la canoa; Elena que estaba ya sentada sintió como se hundía en el agua; esto le dio miedo y de un ágil salto se pasó a la otra canoa que estaba atada en la orilla. Elena ya no quiso ir, y solo atinó a decirle: "..... Hay Rogelia, tu canoa es muy chica, se va a hundir mejor otro día vamos,,," y se regresó corriendo hacia su casa.
Otro día, a eso de las 10am, el esposo de Elena regresó temprano a su casa y encontró a su mujer, quien extrañamente parecía que conversaba con alguien, pero el no veía a nadie. Al llegar al umbral de su casa, este arrojó el machete que cayó clavándose en el suelo. Al ver esto Elena le reclamó diciéndole: "...Heliodoro, casi le cortas su pie de la Rogelia...", supuestamente el machete había caído muy cerca de los pies de la jovencita; pero el marido no veía ni escuchaba a nadie y solo atino a decir groserías, sin hacerle caso a su mujer. Rogelia le dijo: "...ya me voy Elena...".
Siempre cuando el río estaba crecido Elena veía a Rogelia navegando en su canoa por el río y cuando estaba su marido cerca le decía "...Heliodoro, mira halla esta bajando la Rogelia..."; pero el marido, como siempre no veía nada.
Un día que Rogelia llegó a conversar con Elena, le dijo, "...Elena sabes que, el hijito de tu vecina me gusta, quisiera robármelo...". Su vecina era Ernestina y cuando Elena le visitó le dijo que tenga cuidado porque se querían robar a su hijo.
En otra oportunidad, Rogelia llegó a donde Elena y le dijo, "......sabes he visto a tu vecino anoche, estaba sentado en la popa de su canoa, ensuciando en el agua, y justamente en ese bote, me he olvidado mi machetito; lindo mi machetito ¿cómo me he olvidado?...". Al otro día cuando Elena, fue a mirar a dicho bote, en realidad había un machetito, pero bien viejo y oxidado dentro de la canoa, no como dijo la jovencita. Elena se lo llevó y lo guardó.
Cuando conversaban sobre temas relacionados con el río, Rogelia le decía: "....Elena dentro del río hay tierra, hay casas; si entras va a ver que es igualito como acá...". Pero Elena le respondía: "... ¿Qué va ha ser Rogelia?, mas bien me ahogo..."; "... No Elena, es igualito como acá, hay de todo...".
En otra oportunidad Rogelia le obsequió una piedra a Elena diciéndole: "...Elena te voy a dar esta piedra, guárdala...", pero nunca le dijo ¿para qué servía la piedra?. Elena guardó la piedra para siempre.
Un día Rogelia le dice, "...Elena, ¿sabes qué?, vamos a hacer un pacto..., porque yo no quiero ya venir....."; "....pero ¿Qué pacto vamos a hacer?.." replicó Elena. "...Ya, mira, yo voy a venir a medianoche, te voy a silbar y tu sales para realizar el pacto...", y así fue; a la medianoche, Elena escuchó los silbidos, pero no salió de su casa porque le dio miedo y siguió durmiendo. En sueños, vio a Rogelia que le hablaba y le decía: "...Elena ¿porque no haz salido?, yo no quería hacerte daño, yo no te quiero molestar, yo solo quería hacer un pacto contigo para que tu puedas vivir bien; pero no te preocupes ya no voy a ir mas a tu casa...".
Luego de este suceso que duró casi dos meses, Elena nunca volvió a ver otra vez a Rogelia. La extraña jovencita nunca más regresó a la casa de Elena y pese a que se hicieron las consultas, nunca nadie mencionó haberla conocido.
También se habla de algunos casos de adulterio cometidos por mujeres que vivían a las orillas del rio, con preciosos hombres que venían a seducirlas luego que su marido se fuese a trabajar. Estos hombres, de piel blanca y cabello rubio, venían donde la adúltera trayéndoles abundante pescado; luego de tener sexo con ella, se retiraban de la casa antes de que llegue el marido.
3. Encantamientos, Secuestros, Desapariciones y Apariciones
No existen testimonios de agresiones directas causadas por las sirenas a los moradores humanos. Algunos datos recogidos de algunas personas que experimentaron el fenómeno dan fe que las sirenas pueden "encantar" o hipnotizar a sus victimas y atraerlas hacia las profundidades de los ríos y lagos.

Muchas personas afirman que la desaparición de sus parientes en las aguas de los ríos, no se debe al ahogamiento, si nomas bien a secuestros causados por las sirenas, quienes se llevan a la victima a sus dominios bajo el agua, manteniéndolos cautivos por el tiempo que ellas consideren necesario.


TESTIMONIO N° 03.- Hace aproximadamente 15 años atrás (por los años 90) en el sector de Rompeolas (Tambopata), se produjo un accidente extraño que fue atribuido al posible accionar de una serpiente anaconda o de una sirena.
En ese año un grupo de estudiantes de una escuela pública de la ciudad de Puerto Maldonado, decidieron, junto con sus profesores realizar un paseo a dicho sector para bañarse en la playa, ya que era meses de sequía, periodo donde se forman las playas en los ríos. Los estudiantes estaban dispersos en toda la playa y un grupo de niñas había decidido apartarse del grupo central. Ana, compañera de la victima, fue una de las testigos presénciales, quien formó parte de ese grupo que se apartó. Mientras jugaban en la orilla, una de las compañeras de Ana había ingresado sola al agua para bañarse, sin que las demás se percataran de ello porque estaban distraídas en el juego. Al rato, Ana escuchó que la niña le gritaba desesperada, pidiéndole auxilio: "…Ana. Anita. Ayúdame, algo me esta halando…" y manoteaba en el agua desesperada como si algo en realidad le halaba dentro del agua. Ana corrió y se metió en el agua para ayudar a su amiga, pero todo fue inútil, impotente pudo observar como la niña desaparecía dentro del río, arrastrada por algún objeto misterioso. Pese a todos los esfuerzos por buscarla, la víctima nunca fue encontrada.
Ana nunca pudo recuperarse de tal impresión, hasta el día de hoy vive atormentada por los recuerdos de ese día, y entre sollozos, lamenta mucho no haber podido salvar a su amiga.
Según se afirma sobre los secuestros, los cautivos solo pueden ser liberados de su prisión en las profundidades acuáticas, gracias a la acción de ciertos "brujos" o "hechiceros" especializados. Si una victima logra retornar al mundo humano, lo hace en otras regiones (en otra ciudad o país), totalmente desnudo y desorientado, como si estuviera ubicado en otros tiempos y circunstancias, es decir luego de muchos años de habérsele dado por perdido o muerto. Uno de estos casos corresponde al siguiente testimonio:

TESTIMONIO N° 04.- Hace muchos años, un tal Zacarías, luego de tomar Ayahuasca, desapareció sin dejar rastros. Luego de 2 años y cuando ya la gente se había olvidado de él, fue encontrado en lo que antes era una enorme laguna del sector de Mallea, por el río Tambopata.
Un día, cuando el Sr. Antonio, fue armado de su escopeta, a su arrozal para cazar a los "ronsocos" que se comían el cultivo, observó que entre las plantas de arroz, algo se movía y pensando que eran esos roedores, le apuntó con la escopeta. Cuando estaba a punto de dispararle se dio con la sorpresa de que no era un animal; era un hombre totalmente desnudo. Al acercarse a verlo mejor, el hombre reaccionó y le dijo: "……..hay paisa, estoy desnudo….". Don Antonio quien había reconocido que era Zacarías, le dijo: "….paisa, no importa, vamos a la casa…", y cogiéndolo del brazo se lo llevó a la vivienda.
En la casa de Don Antonio, Zacarías comenzó a exclamar: "…. Paisa ¿recién me sueltan?....", "..Feliz yo vivía ahí adentro, pero lo que no me gustaba era el lobo, había sido malo paisa; el lobo es gente, la boa es la hamaca, todos son cosas así de la vida normal…", "… yo entré al agua, de ahí los enemigos me querían matar, y en eso sentí que estaba en otro mundo, pero respirando aire…".
Zacarías afirmaba, que hace dos años, había ingresado al interior del río Tambopata, donde encontró un mundo interior muy parecido al de nosotros los humanos, pero donde el lobo de río, las boas y los caimanes eran personas, pero que posteriormente, por alguna razón desconocida fue devuelto a nuestro mundo, apareciendo en el sector conocido como "lago de Mallea", a muchos kilómetros de donde había desaparecido.
6. Efectos psíquicos y corporales luego del contacto con la entidad
Otros aseguran que algunas de las personas secuestradas por las sirenas pueden retornar al mundo físico pero con poderes curativos otorgados por ella, convirtiéndolos en expertos curanderos, los cuales nunca revelan de donde proviene su poder curativo.
Algunos síntomas físicos de los testigos que pudieron presenciar o tener contacto con las sirenas, se traduce en malestar, fiebre, dolor de cabeza y susto, que luego debe ser curado por los curanderos, quienes tienen que "humearlos" es decir soplarles humo de "tabaco" por todo el cuerpo, para lograr que les pace el "susto". También algunos tienen pesadillas, donde supuestamente la sirena se les "revela", es decir que se les presenta en el sueño y entabla conversación con ellos.
7. Sonidos y cantos
Son muchos los testimonios de personas que dicen haber escuchado música salir de las profundidades del río, lago o arroyo (quebrada), como si en su interior existiese en una gran fiesta, con mucho jolgorio.
Algunos testigos afirman nunca haber visto a la sirena, pero si haber escuchado sus hermosos y melodiosos cantos en la oscuridad de la noche provenientes de algún lago, rio o arroyo (quebrada). Los cantos estarían acompañados de sonidos de "guitarra", "mandolina" o "arpa", sobre todo en noches de luna llena.

TESTIMONIO N° 05.- En 1992, el señor Raúl Calcín y su esposa, quienes habían migrado del departamento de Puno, se fueron a su nueva propiedad, un terreno que le había sido entregado en titulación por el distrito de Iñapari. El fundo estaba ubicado al final de los otorgados y tenía como uno de sus límites una quebrada de nombre "Primavera".
Luego de algún tiempo, cuando los esposos comenzaron a realizar las labores de roce y tumba, fueron sorprendidos al escuchar unas lindas melodías que provenían del interior de la quebrada. La música que era entonada con guitarra y arpa, era tan atractiva que sintieron muchas ganas de ir a ver, pero a la vez sintieron un temor interno que les hizo desistir de su curiosidad.
Cuando indagaron si por ese lugar habitaban otras personas, comprobaron que no vivía nadie y que ellos eran los últimos del sector titulado. La música continuaba siendo escuchada; pero ellos por temor tuvieron que retirase del lugar, hasta el día de hoy.
También hay testimonios de personas que dicen haber visto a la sirena, cantando y tocando su guitarra en esas condiciones nocturnas. Tal es un caso sucedido en el Lago Valencia, por el bajo río Madre de Dios.

TESTIMONIO N° 06.- Entre los años 1957 y 1959, el Sr, Yabar, pudo ver algo en el Lago Valencia, que le dejó desconcertado toda su vida. Una clara noche de verano, iluminada fuertemente por la luna llena, el Sr. Yabar sintió mucho calor y alrededor de las 10 pm., salió a sentarse al borde del lago. Mientras meditaba mirando el cielo, escuchó muy claramente que a unos 100 metros de la orilla, alguien cantaba y tocaba una guitarra. Al escuchar, sintió curiosidad por saber de donde venía el sonido y quien tocaba esa guitarra. Trató de observar bien a esa distancia, pero al no poder apreciar nada, cogió su bote y decidió acercarse hasta el lugar.
El canto y el sonido de la guitarra provenían de una gran roca plana en forma de meza que emergía fuera del agua en el lago. Yabar avanzó en su bote hasta la roca y cuando ya le faltaban unos 20 metros para llegar a ella, pudo ver con claridad la figura de una mujer sentada sobre la roca, de espaldas hacia él. Sorprendido siguió remando, pero luego de un descuido y al tratar de mirar con más detalle a esa mujer, ésta ya había desaparecido (fig. 02).
Un lugar vinculado a este fenómeno de emisión de vocalizaciones o sonidos, es el origen del nombre del sector "Condenado" ubicado en el río Tambopata.

TESTIMONIO N° 07.- Se afirma que años anteriores (1950 a 1970) en que los "tanganeros" *, transitaban por el "Río Tambopata", podían escuchar, en el sector conocido actualmente como "Condenado", una serie de gritos y alaridos lastimeros en el fondo del río, fenómeno que era explicado por ellos como el lugar donde habitaban los "condenados", es decir aquellos pecadores castigados por Dios. Esta sería la razón del origen del nombre de dicho lugar, donde se podían observar "cachuelas" (afloramientos de rocas) que lo hacia un poco peligroso para la navegación.
8. Nacimiento de Sirenas
Existen algunas personas que afirman haber sido testigos del nacimiento de niños sirenas, provenientes de madres humanas normales. En algunos casos estos niños llegaban a morir al momento de nacer, como el siguiente acontecimiento:

TESTIMONIO N° 08.- Por los años, 1960, cuando la Sra. Elvira, tenía 10 a 12 años, escuchó a sus mayores que hablaban preocupados por el parto que había tenido una mujer de nombre Guillermina. Esta señora vivía en el sector del Triunfo, por la margen izquierda del río Madre de Dios, y todos los días cruzaba el río para asistir a la escuela y así estudiar. Según el testimonio, la mujer tuvo un parto muy difícil, porque el bebé no podía nacer. Cuando lo hizo, todos los que la atendieron se asombraron de que la criatura nacida, era un varón que tenía la mitad del cuerpo, desde la cintura para abajo, una larga cola en forma de pez. El niño luego de una hora murió.
Otros casos de niños sirenas, provienen de aquellos testimonios de personas que afirman haber visto pequeñas sirenas capturadas en el rio por algunos pescadores.

TESTIMONIO N° 09.- Aproximadamente por el año de 1975, Daniel Peinachi, de 40 años, fue testigo de que en el centro del poblado de Iberia, se exhibió a una pequeña niña sirena capturada en el río Tahuamanu. Otra persona que probablemente también estuvo presente y que fue testigo de tal acontecimiento, según el testimonio de Peinachi, es el Sr. Alberto Chitahuari, quien vive actualmente en Puerto Maldonado. La persona que la capturó, mostró a la niña en un triciclo y muchas personas la vieron. Luego de ser observada por el público, la devolvieron a su sitio aguas abajo del río Tahuamanu, en el sector conocido como Miraflores. La niña estaba serena en el triciclo y en ningún momento pretendió escapar.
9. Efectos sobre la pesca
Algunos testigos afirman de que las sirena no les deja pescar demasiado en un solo lugar y por un periodo determinado, como dando un mensaje de aprovechamiento racional. Los pescadores afirman que la sirena "les mezquina sus pescados" y exige "que dejen descansar a la pesca". Un caso interesante del fenómeno fue el siguiente:
TESTIMONIO N° 10.- ** Leoncio Vela, quien fue testigo de un hecho formidable, había contratado a un pescador para que le extraiga pescado en el sector de la "Cachuela" (Río Madre de Dios, Distrito de Tambopata).
En los inicios de su labor el pescador extraía abundante pescado en la red, que extendía entre las peñas de la cachuela. Pero extrañamente al llegar al 8° o 10° día de faena, la red que era extendida por la noche, amanecía depositada en la playa bien amarrada con todos los aparejos de pesca, como si alguien la hubiera retirado de las aguas y depositado cuidadosamente en la orilla.
El Sr. Vela, pensaba que el pescador no quería entregarle el pescado, y que para ello había inventado el cuento de que "no había pescado porque la red, alguien la retiraba del río", así que decidió verificar el mismo y para ello se fue al lugar junto con su hermano Rodrigo, decidido a dormir en la canoa, cuidando la red que habían templado en el río. Para ver quién era el que sacaba la red, Vela inclusive trató de quedarse toda la noche agarrándola; pero vencido por el cansancio se quedó dormido y la soltó; al despertarse se percató de que la malla no estaba en el río. Despertados todos se fijaron en la playa y pudieron ver que la red estaba cuidadosamente depositada sobre la arena con todos sus aparejos.
El fenómeno se repitió en 2 o 3 oportunidades.

Carlos Velásquez Sánchez