miércoles, 19 de diciembre de 2012

El mono araña, el primate más amenazado en América del Sur

En peligro crítico de extinción. Así cataloga la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) a la especie de monos arañas, Ateles Hybridus, cuya especie está localizada mayormente en Colombia y Venezuela.

El Mono araña, también llamado coatá, es el nombre que reciben los monos del género Ateles, caracterizados por sus miembros largos y su extraordinaria agilidad. Su cerebro es grande y tiene cierta semejanza con el de los monos superiores del Viejo Mundo.

El cuerpo está cubierto por un pelaje gris-amarillento, negro, pardo o castaño, que es más claro en las partes inferiores y los ojos están bordeados por un anillo blanco que les confiere un aspecto característico.

En las selvas tropicales de América del Sur viven cuatro especies distintas de monos araña, pertenecientes todos ellos al género Ateles. Estos monos son tal vez los más populares de Sudamérica. Su especial morfología y forma tan espectacular de moverse entre las ramas, han llamado siempre la atención del gran público.

Su adaptación al medio arbóreo es perfecta, sus enormes brazos y piernas les aseguran llegar siempre hasta la rama más alejada y su cola prensil se convierte en una verdadera quinta mano que les permite trasladarse entre las copas de los arboles con gran precisión e inusitada rapidez.

Según la especie, su cuerpo mide de 35 a 75 cm de longitud, y la cola prénsil de 60 a 92 cm. Son de apariencia más delgada que otros monos y pesan entre 6 y 10 kg. Tienen cuatro dedos y carecen de pulgar. El pelo es grueso; el color de las diferentes especies varía de castaño claro a negro. Las hembras tienen como particular característica un clítoris largo.

Viven en grupos de mediano tamaño compuestos generalmente por individuos de ambos sexos, aunque podemos encontrar también pequeñas asociaciones de machos de diferentes edades que viven independientes del grupo principal.

Como otros muchos primates, los monos araña no tienen una época de celo propiamente dicha, sino que las cópulas se suceden durante todo el año.

Las hembras escogen una pareja del grupo. Ambos huelen los genitales de la pareja antes de la cópula. La gestación dura de 226 a 232 días tras los cuales nace una cría, que durante los primeros 4 meses de vida está al lado de la madre y luego vuelve con cierta frecuencia a su lado, adquiriendo independencia poco a poco. Una nueva cría se concibe cada 3 años. La madurez sexual llega a los 4 o 5 años. Pueden vivir hasta 20 años.

No son mascotas apropiadas. Los monos araña necesitan cuidado especializado y pueden volverse extremadamente agresivos cuando llegan a la madurez sexual.

Las principales amenazas para los monos araña son la deforestación, cacería y tráfico de mascotas. Sus lentas tasas reproductivas y dieta especializada los hacen extremadamente vulnerables a las actividades humanas.

lunes, 17 de diciembre de 2012

LA BOA Y EL PERRITO POROTO


Escribe: José Álvarez Alonso

Era a fines de los años 80. El gran naturalista Pekka Soini vivía casi como un anacoreta en la estación biológica Cahuana, en el curso medio del Pacaya, al lado de la hermosa tipishca de Cahuana. Estaba dedicado a investigar la fauna silvestre y a experimentar con la incubación de huevos de charapa y taricaya en playas artificiales. Lo acompañaba su perrito chusco Poroto y, por temporadas, su esposa en ese tiempo, María.

Pekka era vegetariano, no porque no le gustase la carne, sino por una cuestión de principios: no quería matar animales. Y por no matar, creo que ni zancudo mataba, porque jamás he visto un sitio con más zancudo que en Cahuana. “Solo como huihuano huiwo”, comentaba risueño Pekka cuando le molestábamos al verle sacar sus fiambres de granos y menestras…

Recuerdo que esa noche acomodé mi mosquitero en el pasillo al lado del laboratorio-oficina, ya que el único dormitorio de la estaba ocupado por Pekka y María; de madrugada me desperté sorprendido de escuchar un sonido como de motor fuera de borda; me resultó muy extraño, porque el lugar es muy alejado (no hay poblaciones en el Pacaya, salvo los puestos de vigilancia de la reserva), y además los guardaparques usaban peque peques. Agucé el oído y entonces me di cuenta de que no era un motor: era el sonido que hacían los miles de zancudos pugnando por entrar al mosquitero a acabar con mi sangre. En la mañana encontré la prueba de sus operaciones nocturnas, pues un brazo que topó con el mosquitero quedó como coladera por las picaduras.

Conversando con Pekka sobre sus experiencias en ese lejano puesto, me enteré de una historia increíble: durante la creciente del año anterior, que había sido muy pronunciada, el agua casi llegó a cubrir el piso de la estación. Tenían un caminito de tabla que comunicaba el porche con la balsa donde estaban atracadas las canoas. Una noche Pekka escuchó un débil aullido seguido de un chapoteo. Se acordó de su perrito Poroto y salió a llamarlo. Nada, silencio total. Entonces temió lo peor: la anaconda lo podía haber arrastrado al agua. Ya habían desaparecido varios patos que criaba (no para comerlos, sino para aprovechar sus huevos). Entró entonces por la linterna y alumbró a las oscuras aguas a los costados de la pasarela de tabla: y ahí estaba enroscada, como a un metro de profundidad, una enorme boa negra, hecha una bola en torno al pobre Poroto. No se veía asomar más que una pata y el rabo por entre los anillos del animal.

La proverbial mansedumbre de que hacía gala Pekka desapareció ante el peligro de su querido Poroto: agarró un machete y se lanzó al agua a picar a la boa para que soltase a su querida mascota. Habría que escuchar a Pekka contar la historia, que no fue breve, pues la boa no tenía menos de cinco metros y tenía la cabeza bien protegida entre los anillos. Contaba cómo cómo el la picaba, macheteaba, pateaba más y más fuerte, y el machete rebotaba en la gruesa piel del animal. Luego de largos minutos, parece que el monstruo tuvo suficiente: comenzó a aflojar los anillos y, por fin, soltó al perro y se alejó hacia las profundidades del río. Pekka sacó a Poroto del agua hecho un trapo, parecía muerto, aunque en realidad estaba desmayado; lo puso sobre la balsa y le hizo todo tipo de masajes, hasta respiración boca a boca. Y volvió en sí, para felicidad de su dueño. Increíblemente no tenía ni un hueso roto, pero sí su espíritu perruno quedó marcado de por vida…

Cuando yo conocí a Poroto era un perro cariñoso y juguetón, pero tenía un tic: nunca se separaba ya ni tres metros de su dueño. Pekka me contó que especialmente era cuidadoso para ir a tomar agua al puerto: ni de vainas iba solo, podía estar muriéndose de sed, pero esperaba a que Pekka lo acompañase. Por si acaso… No por gusto reza el viejo proverbio: “Gato escaldado del agua fría huye”; parafraseando, “perro mordido por boa, de la orilla del río huye”.

Las anacondas, conocidas en Loreto como “boas negras” o “boas amarillas” (en realidad, dos formas de la misma especie, Eunectes murinus) hacen su agosto en abril y mayo, durante la creciente, y especialmente si esta es excepcional como este año. Se acercan por el agua a los troncos y bolas de tierra donde se refugian los animales huyendo del agua, y los sorprenden fácilmente, como al pobre Poroto y otros animales domésticos.

Yo mismo fui testigo de un ataque de una boa, y fue precisamente en el PV 1 (Puesto de Vigilancia) en la boca del río Pacaya. Era febrero, la creciente era fuerte, y el puesto estaba rodeado de agua; apenas quedaba una lengua de tierra que salía hacia debajo de la casa hacia un costado, donde se amontonaba una decena de gallinas que los guardaparques cuidaban para “mejoramiento de rancho”. Estábamos conversando animadamente cuando se escuchó como un grito ahogado. Un guardaparque entonces dijo: “¡P. madre, otra vez la boa!” Salimos todos corriendo detrás de él. Después de un rápido recuento confirmaron que faltaba el gallo. Las gallinas se habían refugiado espantadas debajo del piso del puesto. Buscamos por largo rato en la tahuampa por donde se había escuchado el grito. Nada, no hubo forma. La sabida boa se lo levantó y arrastró impunemente por debajo del agua hacia el río. Contaron entonces que era la tercera o cuarta ave que se llevaba el animal. No sé si habrán sobrevivido las demás gallinas en los meses subsiguientes.

En estos tiempos de inundaciones las familias ribereñas de las zonas inundables se las ingenian para armar balsas flotantes para cuidar a sus animalitos, especialmente gallinas y patos. Excepcionalmente algunos chanchos y ovejas (conocidas en Loreto como “carneros”). El P. Miguel Ángel Cadenas informa en uno de sus ilustrativas crónicas (escritas desde las comunidades alagadas del Marañón) sobre las grandes pérdidas que están sufriendo las familias entre sus animales domésticos, quizás uno de los pocos “ahorros” con que cuentan muchos ribereños para afrontar una emergencia. También hemos visto las fotos enviadas, donde se observa algunas las balsitas con las gallinas picoteando lo poco que les puedan dar de sus magras reservas de alimentos.

Algo que deben tener en cuenta los proyectos de desarrollo que buscan mejorar las condiciones de vida de las poblaciones ribereñas: sistemas de crianza de aves de corral que prevengan las dañinas pestes y den seguridad a los animales domésticos en tiempos de creciente. Si bien no se pueden evitar las crecientes, sí hay que saber adaptarse a ellas.

U N G R A N B A N Q U E T E

(Darío Vásquez Saldaña)

En Piscoyacu, hace muchos años vivieron dos hermanos: doña Deidamia Mozombite con su esposo don Ezequiel Guerra y don Natividad Mozombite con su esposa doña María Riva.

En esta familia Mozombite Riva, en su cocina casi nunca faltaba las carnes de monte y así se iban a pernoctar por tres o cuatro semanas en su campamento de Fababa, a donde llegaban remontando el cerro Vistoso con su escopeta y sus magníficos perros cazadores: Titino, Camucha, Lobo y Chita.

Y don Natividad cada vez que salía de cacería siempre regresaba con un paujil una pucacunga, sajino, picuro, añuje, carachupa o un venado, los que después de recibir su aderezo de sal pasaban a la salapa para su secado respectivo.

A su regreso a Piscoyacu, ofrecía en venta la mayor parte de las carnes, también enviaba algunas raciones a su hermana Deidamia y el resto lo guardaba en un canasto suspendido en una de las vigas de la cocina.

La canasta la colgaba en dirección perpendicular a la “tullpa” para que el calor y el humo de la candela de protegiese de las moscas y de otros insectos.

Asegurado ya la carne, se dedicaban de lleno al cuidado de sus sembríos de frejol, maíz, yuca y plátanos que tenían en la banda del rio Saposoa.

Pasaron los días y doña María observo con gran preocupación que los alimentos disminuían rápidamente antes de lo previsto. Entonces, era el momento en que doña Maria y sus tres hijos con sus “llicras” iban al rio Saposoa o a la quebrada en donde a través del “shitareo” y del “ mañacheo” pescaban bujurquis, bagres, allpones, shitaris,trompishos, anchovetas y añashuas para alimentarse varios días.

Al mismo tiempo en las purmas de la banda, don Natividad instalaba varias trampas para roedores y aves, logrando así atrapar conejos, zorros, torcazas o un yangunturu.

Ese pues era el secreto de esta familia Mozombite Riva de que nunca les faltaba las carnes en su mesa.

Cierto día don Natividad trajo de su chacra un zorro y un conejo y como de costumbre lo prepararon y al canasto, pero a la hora del almuerzo del día siguiente: faltaba el conejo.

-¡ Ja! Oye Natico-dijo doña Maria a su marido- ¿Tú te has comido el conejo que estaba en el canasto?

-¿Qué? Ni que hubiese dejado de comer una semana para tragarme un conejo entero- respondió don Natividad.

No quedaba duda, de que alguien y desde hace mucho tiempo venia robando las provisiones y tomaron la decisión de atrapar al ladrón.

Titino , quizás el mejor perro cazador que tuvo don Natividad, ahora ya no les seguía a ninguna parte, porque la vejez y la sarna incurable hicieron de aquel excelente animal casi una piltrafa, exhibiendo en todo su cuerpo sus heridas con pus y hasta dejaba ver sus huesos.

Sino le sacrificaron antes, era por la pena que les causaba la desaparición de un cazador muy querido, pero el día de su sacrificio tenía que llegar y llego.

Una mañana, a las cinco, doña María se levantó y con lágrimas en los ojos le sacrifico. Don Natividad enterró las patas y las vísceras debajo de un naranjo y la cabeza junto al pellejo los envolvió en papel, guardándolos en una talega de fibra de chambira.

Al perro Titino,. Empezaron a condimentarlo con ajos, pimienta, vinagre y otros aderezos, le atravesaron  con una varilla de guayaba y le pusieron a dorar  a fuego de carbón.

Más tarde , ya estaba crocante, broster y tenía un aroma tan provocativo al paladar(plato: titino al ajo). Luego doña María lo guardo en el canasto como carnada para el ladrón o ladrones.

Aquel día don Natividad y sus tres hijas se fueron a la chacra, quedándose su esposa sola en la casa. Al medio día tomo algo de ropa sucia, los puso en una batea y fingiendo ir a lavar en la quebrada de Piscoyacu, pero ella, se escondió detrás de un cerco y vio que su cuñada Deidamia se paró frente al portón de su casa, corrió dos travesaños de la tranca, entro y se dirigió hasta la cocina, a los pocos minutos salió con un talego colgado del hombro izquierdo y se marchó a su casa.

Doña María, que todo lo había observado, regreso de inmediato a su casa, constatando que el Titino ahumado ya no estaba en su lugar. Ella espero un tiempo prudencial, más o menos hasta que terminaran de almorzar a Titino y se dirigió a la casa de su cuñada con la talega de chambira en la mano.

Y en efecto, no había calculado mal. Cuando llego, vio que los platos todavía contenían los huesos de su perro Titino, al centro había un tiesto con un poco de “pucunucho”(lli-

 

 

llin caleo) y lo que es más, ante su repentina presencia se pusieron nerviosos.

Doña María saludo a su cuñada, a su concuñado Ezequiel y a sus sobrinos.

-          Cuñadita Deidamia, he venido para que me invites a almorzar- dijo – doña María, en antes nomas me han robado de la cocina lo que prepare para el almuerzo, así que no tengo nada que comer. Dentro de poco llegara tu hermano de la chacra y no sé que le voy a dar de almorzar.

-          ¡Ah!  María, respondió su cuñada- acabamos de almorzar y nada ya nos ha quedado, pero, dime-¿ No has averiguado, si alguien ha visto entrar a robar en tu casa?.

-          No importa, cuñadita, ojala les engorde y buen provecho les haga a quienes  se comieron a mi perro, aun así sarnoso, con que gusto se lo habrán tragado.

Revolvió la talega y esparciendo en el suelo la cabeza y el pellejo de Titino, grito : Esto es lo que acaban de comer Uds. y tú eres quien me  ha robado hace un momento de mi cocina. Yo te he visto desde el cerco en la huerta, así que no te podrás negar.

Al oír esto y ver los despojos del perro Titino, a doña Deidamia se le descompuso el semblante poniéndose “posheca”. No pudo soportar toda esa humillación delante de su esposo, de sus hijos y se puso a llorar, se provocaba el vómito , pero solo escupía bastante saliva.

Mientras tanto don Ezequiel y sus hijos se pusieron a vomitar, como si un balde de ayahuasca les hubiese hecho efecto de inmediato y por el impacto que les produjo saber esto, dos días sin para estuvieron con quicha, o sea curseaban a cada rato.

Por lo visto: el perro al ajo también hizo el efecto de un potente purgante, ídem oje.

Y desde ese día, en casa de doña María, es decir en su cocina, nunca más volvió a perderse un solo shitari del canasto.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

E L CAZADOR

Tengo hasta ahora unos perros cazadores y ese día me fui con mi mujer al monte a buscar churos y congompes, o sea caracoles, llevamos solo una flecha y entonces oímos unos ladridos de los perros, le dije a mi mujer, credo que es tigre, pero, mi mujer me dijo, creo que es víbora, porque los perros no ladran así cuando es tigre.

Bueno, vamos rápido. Llegamos y en el hueco de un cedro antiguo, podrido estaba el shushupe. Los perros le ladraban, brincaban y el shushupe saltaba para morderlos, pero, estos brincaban.

En eso agarro la flecha y le mando un flechazo al shushupe, le picaba con la flecha en el hueco, para que saliera y empezó a salir más adelante, era un tremendo animal. Sale y se para de casi un metro de alto para venir contra mí. Y estaba ya viniendo contra mí el shushupe y mi señora me dice: Corre, te va a matar.

No le digo, ya estamos para desgraciarnos, me mata o yo le mato , carajo. Bueno, total a lo que ya está viniendo, a unos tres metros para morderme, avanzando contra mí, los perros se van a ladrarle y cuando le ladran los perros, el voltea con el fin de saltar, pero, yo allí mismo le pego un garrotazo: ¡CUAN! al suelo en la cabeza, he agarrado un palo chico, le he dado más de 50 garrotazos.

Luego, al verle que esta tendido, agarro el machete y le empiezo a cortar, quedándome con miedo y cansado.

Luego, le estiro al animal y tenía como seis metros de largo y en la punta del rabo tenía una espuela como de esos gallos viejos, pero aguda. Le troze la espuela y la guarde, porque es remedio.

Remedio, porque si te encuentras en un lugar donde no hay remedio para este animal, le raspas en agüita y lo tomas.¡Santo remedio!, para eso se le guarda. También la hiel del shushupe se le toma y es un remedio eficaz, cuando en la selva te muerde este animal y te encuentras sin medicamentos.

Carlos Velásquez Sánchez

LA LOMBRIZ HUMANA

En la antigüedad hubo muchas mujeres indígenas leprosas, a las cuales les expulsaban de sus Caseríos a lugares lejanos para que no se extendiera la enfermedad. Vivian estas mujeres solas, ellas se hacían sus chacras y se buscaban el alimento.

Algunas de estas mujeres eran bien trabajadoras , el mismo trabajo a veces les curaba y regresaban a sus casas . Otras por el contrario eran holgazanas y pasaban las horas y los días sentadas en el suelo llorando sus infortunio.

Una de estas mujeres haraganas como ninguna, por estar tanto tiempo sentada en el suelo, se le lleno el vientre de lombrices de tierra y quedo como embarazada. A los pocos días nació el hijo y era un niño al cual se le veía crecer de día en día extraordinariamente.

Este niño fue la alegría de todas las mujeres leprosas, pues todas le adoraban, le tenían en sus brazos y le daban regalos. Lo veían como un regalo de los dioses y que hasta su madre se había vuelto trabajadora por él.

 Cierto día se fue la madre al monte a buscar leña, al salir de la casa le encargo a su madre, también leprosa, que no bañase a su hijito en agua caliente, pero la abuela del niño no sabía la razón de aquella orden y baño al nieto en agua caliente y de pronto se trozo en dos pedazos, convirtiéndose al instante en un montón de lombrices que corrían por la tierra. El niño había sido carne rellena de lombrices.

Cuando la mama del niño vino del monte se encontró con aquel macabro espectáculo y culpo de esto su misma madre por haberla desobedecida.

Y manifestó a todas las mujeres que aquel niño había sido destinado por los dioses para curarlos de la lepra, mas por aquella acción nunca verían la salud y la curación total de esa terrible enfermedad que es la LEPRA.

Carlos Velásquez Sánchez

E L C H U L L A C H A Q U I (E L S H A P S H I C O)

Cumplía 12 años y llego las vacaciones, mis padres acordaron ir a la chacra de mi abuelo y antes de partir fui a casa de don Mañanero a despedirme y el me entrego un pequeño amuleto para que me protegiese:” Con esto, estarás bien hijita” me dijo.

Y llegamos a la chacra, mi abuelito como siempre, vino feliz a nuestro encuentro.

Mi abuelito nos invitó chicha de maíz y al tomar , me acordaba de don Mañanero. Poco después yo me aleje, mientras mis padres conversaban con mis abuelitos.

La chacra estaba más bonita que el año pasado, parecía un paraíso y lo que más me gustaba es que seguía en pie mi chocita, la cual construí cuando era más pequeña. Cerca al pasto de mi abuelo había un barranco grande y profundo, donde nacía un hermoso manantial azulado.

Cuando los días eran fríos y solitarios salía un extraño hombrecillo del barranco que aterrorizaba a las personas que tenían sus chacras cerca al barranco. Este hombrecillo era chatito, viejito y era cojo, siempre usaba pantalones y camisas viejas, tenía un sombrerito que le tapaba gran parte de la cara, decían la gente de allí.

Una tarde yo y mi hermano nos fuimos al monte a revisar las trampas que él había puesto para atrapar palomas y conejos, siempre lo hacíamos, pero esa tarde vimos al hombrecillo.

Yo me puse a llorar de miedo, pero mi hermano me daba ánimos y después de media hora nos encontrábamos donde estaban las trampas, me puse contenta al ver la chacra, deje a mi hermano y me fui corriendo a la choza y después de un rato llego mi hermano y en la cena conto a mis padres lo que nos había sucedido en el monte. “Tengan cuidado” nos dijo.

Mi abuelo nos contó que este hombrecillo, siempre sale del barranco cuando no hay nadie y engañaba a las personas hasta hacerlos desaparecer para siempre, igual que quiso hacer con Uds. Toda la gente le llama “chullachaqui” o “shapshico”. Luego, nos fuimos a acostar, pero yo no podía dormir, pensando en lo que había sucedido en la tarde.

Al día siguiente, mi abuelito llevo a la hija de un peón a la casa y la vi desgranando maní para hacer inchicapi, me acerque, le pregunte su nombre y me dijo que se llamaba Rosa y desde ese día siempre jugábamos en la chacra.

A Rosa siempre le gustaba ir al manantial que estaba cerca al barranco, yo le decía que no se acerque, pero ella no tenía miedo, regresamos a la choza y le contaba a ella sobre mi amigo don Mañanero, que era un señor muy bueno, que siempre me contaba historias de la selva y Rosa me escuchaba atentamente.

Al día siguiente fuimos con Rosa a jugar en el pasto con los animales y luego me di cuenta que Rosa ya no estaba conmigo, la llame y la comencé a buscar, ,pero no la encontré, me fui donde mis padres y les conté lo que había sucedido y me ayudaron a buscarla, estaba yo asustada y comencé a llorar porque no sabía nada de Rosita.

Y me  acorde, que a ella le gustaba el manantial y fui con mi hermano a buscarla, al llegar al sitio, no encontramos nada, yo me fui al lado del barranco y allí encontré sus zapatillas, llame a  mi hermano y no supo que decirme y regresamos a la choza.

Allí encontramos a mi padre y a mi abuelo,  que no tenían noticias de ella. Les conté que había encontrado sus zapatillas cerca del barranco, entonces mi abuelo me dijo unas palabras que al escuchar me quede muda.

Dijo que el “chullachaqui” se la había llevado. Yo me puse a llorar, porque era la única amiga con quien me había acostumbrado y a quien quería mucho.

Mi abuelo y yo fuimos al día siguiente a casa de los padres de Rosa a dar la noticia, la madre de la niña al enterarse de lo sucedido lloro mucho y nunca olvidare el rostro que puso su padre.

Al ver las lágrimas de la familia, comencé a llorar junto con la madre. Después de dos días volvimos  a casa, pero yo ya no era la misma, había cambiado bastante, a veces me ponía a pensar en las travesuras que hacíamos con Rosita y me salían las lágrimas.

Después de dos meses volvía a la chacra de mi abuelo y a veces me voy al pasto a pensar sobre los momentos lindos que pase con Rosita y siento la presencia de ella, hasta parece que escucho sus pasos.

Pero el “chullachaqui” se la había llevado para siempre.

Carlos Velásquez Sánchez

E L TA R R A F E RO

Había un señor en Piscoyacu, se llamaba Coria y desde su juventud le gustaba la monteada y la tarrafeada. Un día viernes por la noche, que era algo lluvioso, se fue a tarrafear en el rio Saposoa, por el sector Mishollo, por donde hoy amarra sus anzuelos Alpino y Amaringo.

Cuando estaba tarrafeando escucho que silbaba el difunto y señor no le hacia caso, pero el difunto seguía silbando, entonces el tarrafero Coria le dijo:”Oye, difunto, no vengas a molestarme, que quiero agarrar mis carachamas” y el señor seguía tarrafeando sin hacerle caso. Seguía caminando arriba del rio y el difunto le seguía molestando.

Entonces Coria , se paró un rato, miro al costado de la playa y vio a un pequeño bulto sentado a la orilla del rio, total era el “chullachaqui” y el tarrafero djo:”Mejor quiero regresar, no me deja tarrafear este diablillo y no voy a agarrar nada, porque ya es saladera.

El tarrafero seguía pescando por la orilla del rio, caminando despacio, llego a una pequeña playa y al frente estaba un árbol de oje, seguía bajando por la orilla del rio y de repente vio a un bultito que estaba sentado encima de una piedra a la orilla de un pozo y que allí siempre aparecía la sirena.

El tarrafero se acercó despacito al bulto y se dio cuenta de que era otro diablillo, entonces agarro su tarrafa y con todas su fuerzas, le azoto con su tarrafa y en esos instantes el chullachaqui voló gritando :”Ay, ay,ay,ay” y se fue al otro lado del rio.

Entonces el tarrafero Coria se asustó al escuchar sus gritos y de repente pensó: ”Creo que es el alma de mi esposa que me está cuidando, ya que ella esta muy enferma”.

Entonces el tarrafero Coria, decide regresar de inmediato a su casa en Piscoyacu, pero preocupado por no haber agarrado ni un “shitari”.

Llego a su casa donde encontró a su esposa enferma y que estaba semidormida y para hacerse pasar el “manchari” empezó a tomar su “chuchuhuasha” hasta emborracharse y sigue borracho hasta estos días en Píscoyacu.

Carlos Velásquez Sánchez

L A S I R E N A

Así como el mar, también hay sirenas en los ríos y lagos de la selva y se la presenta como una bellísima mujer. Mitad humana y mitad pez, que fascina a los mortales con una voz melodiosa capaz de cautivar a los hombres.

Aparece a orilla de las playas o sobre las palizadas en las noches claras de luna. Tiene los cabellos dorados, ojos verdes azulados, cara perfecta y brazos blanquísimos y a  partir de la cintura es un pez de color plateado azulado y un excelente busto.

Para atrapar a sus víctimas emplea una serie de trampas, tales como atraerlos con sus encantos de mujer, hipnotizándolos con su voz, hacerlos naufragar en remolinos creados con ese fin.

                                     CUENTO

Pedrito llego a su casa al regresar de su escuela, tenía 14 años, beso a su mama y le dijo : Siento mucho calor, voy a bañarme en la playa con mis amigos y regresare pronto para el almuerzo.

Su mama le dijo que tenga cuidado, no te metas al hondo y no demores mucho. Y Pedrito con sus amigos permanecieron en el agua bañándose y jugando.. De pronto Pedrito increpo a sus compañeros, que porque le jalaban de sus piernas y todos le dijeron que ellos no habían sido.

A partir de ese momento se acabó el entusiasmo de Pedrito y salió del agua a sentarse en la playa muy pensativo. Sus amigos le llamaban pero el no les decía ya nada.

De repente, este se levantó y se puso al borde la parte más profunda del rio y se lanzó de cabeza al rio, en el mismo instante en que se abría a sus pies un enorme remolino y en cuyo fondo desapareció rápidamente, ante el asombro y terror  de sus amigos.

Y empezaron a pedir auxilio y algunas personas se metieron al rio para buscar a Pedrito, de pronto las aguas comenzaron a crecer en gran volumen, cubriendo la playa rápidamente y todos corrieron al ver esto.

La infausta noticia llego a la casa del menor y luego se entero toda la ciudad y empezaron a decir: “ Dios mío, se lo ha llevado el yacuruna” y otros decían :”Virgen Santísima, se lo ha llevado la sirena”, mientras que otros decían que se lo había tragado un saltón.

Esa misma tarde, la familia y el pueblo se pusieron a buscarle con expertos buceadores, pero sin ningún resultado, porque el cadáver no estaba por ninguna parte. Los días siguientes continúo la búsqueda, pero nada. Y la familia contrato a un brujo para que descubra que le ocurrió al chico y si estaba vivo o muerto.

Esa misma noche, la madre de Pedrito tuvo una revelación , se le presento su hijo en sus sueños, muy contento y feliz , echándose en sus brazos le dijo cariñosamente al oído :” Mamita no te aflijas, ni sientas pena por mí, estoy bien. Ahora mi vida es diferente a la que he sido a tu lado, tengo muchos servidores,, mi guía y protectora es una chica de mi edad y estoy rodeado de hermosas mujeres que tratan de halagarme en todos mis deseos. Adiós mamita, no llores, porque siempre estaré en tu corazón “ y luego desapareció.

Y entonces la madre despertó llorando. El brujo trabajo durante dos semanas, empleando solo los martes y viernes para realizar sus sesiones invocando a los espíritus. Después se presentó a la familia con la buena nueva de que el chico no estaba muerto y que se encontraba en las profundidades del rio, a donde había sido conducido por la sirena que se enamoró del muchacho.

Los padres no pudieron reprimir el llanto al conocer esto y preguntaron al brujo si había alguna posibilidad de rescatar al chico con vida, este les aseguro que existía tal posibilidad, pero que le dieran un plazo de tres meses, para realizar los trabajos preliminares y el trato quedo hecho.

Al término del plazo fijado se presentó el brujo y les dijo que todo estaba listo y que trajeran un cura con una cruz y agua bendita. Luego, llegado el día, bajaron al rio y se instalaron en una sólida balsa amarrada a la orilla.

Estaban presentes los padres del niño , el hermano mayor, el cura , el brujo y a la luz de la luna. Luego el brujo se concentró durante varios minutos y luego entro en trance. A continuación comenzó a llamar a Pedrito, diciendo:” Pedrito, en nombre de Dios , de ordeno que dejes ese extraño mundo de encantamientos y vuelvas a este mundo terrenal.

El sacerdote oraba quedamente, al tercer llamado, de pronto se abrió un enorme remolino al pie de la balsa y en el apareció Pedrito sonriente, que dejo paralizados y mudos a todos por breves segundos, lo que aprovecho el niño para decir:” Queridos padres, le ruego que no hagan nada para rescatarme, no se preocupen, porque soy feliz aquí y en donde soy tratado como un rey.

Nunca más podre volver con Uds. porque pronto seré transformado en otro ser y me convertiré en otro habitante de las aguas y aquí no existe la muerte. Tengo por compañera a una bellísima muchacha que se enamoró de mí. Adiós, para siempre, ,padres míos, nunca los olvidare”.

Y desapareció al instante en el mismo remolino que lo trajo a la superficie y volviendo las aguas a su normalidad. Ni el conjuro del sacerdote, ni los llamados lastimeros de los padres, ni las invocaciones del brujo, pudieron hacer volver a Pedrito al seno de la familia.

A estas alturas, Pedrito ya convertido en yacuruna estará recorriendo las profundidades de los ríos acompañado de su deslumbrante SIRENA.

Carlo Velásquez Sánchez

martes, 6 de noviembre de 2012

EL TIGRE Y LA BOA


Suele a veces suceder que el tigre, rey de la selva y la boa, reina de las aguas se encuentran en el momento de echarse encima de la misma presa y como son los más irreconciliables enemigos desde que surgió la selva. Jamás se atacan de improviso, dejan a un lado la presa moribunda, se miran con odio ancestral y se miden en todo sentido.
El tigre se agazapa, estirándose en el suelo, en tal forma que se diría hundido en él, pues solo sobresalen las garras desnudas y su enorme cabeza.
La boa se encoge en tirabuzón, clava la cola en el suelo y extiende parte de su cuerpo hacia adelante como una lanza destinada a herir al enemigo. Este evita el golpe y a  la vez ataca, cuando la boa decepcionada en su fracaso o queriendo, prudente, evitar la pelea con tan formidable contendor, vuelve la cabeza en dirección a las aguas donde impera.
Veloz como un rayo hiere a la boa con dientes y zarpas y se aparta de ella, para esquivar la respuesta, rugiendo furioso que hace estremecer a la selva, que todos los animales que le escuchan huyen aterrados, porque saben que el soberano de la selva, esta enojado, porque la intrusa ha salido de las aguas a disputarle la supremacía en la tierra.

La boa queda un momento indecisa por lo repentino del ataque, que al sentirse herida, vuelve a enroscarse y ataca moviéndose hacia adelante y hacia los costados con bastante rapidez.

Los tigres viejos, cautos y mañosos, conocen la treta de su enemiga y saben aprovechar las facciones de segundos ante el raudo ataque, especialmente las tigresas envejecidas en las correrías de caza, las cuales por su ferocidad y astucia, son las más temidas de la selva, pero los cachorros atolondrados y petulantes, que buscan aventuras y peleas prematuramente, antes de haber aprendido a luchar, son cogidos y envueltos por los anillos de su veloz adversaria. Sin embargo, aquí el tigre todavía no está vencido.

Expande su cuerpo en el preciso instante en que la boa aprieta, después ese cuerpo inflado como globo y constituido por músculos de acero, en cuanto siente que la boa cede para preparar el próximo apretón, se comprime extendiéndose casi hasta tomar la alargada forma de la misma serpiente, se escurre entre los anillos y de un salto se pone fuera del alcance de la boa.

Bueno, esto, solo lo pueden hacer los tigres, por algo son los reyes de la selva, pues saben por instinto, que una vez fallado el primer apretón, la boa necesita cierto espacio de tiempo para ejecutar el segundo, que es de efecto mortal, pues concentrando en el sus vigorosas energía, tritura los huesos de su víctima, dejándola, por poderosa que sea, convertida en una masa , lista para ser engullida o tragada.

Fracasado el segundo intento o ataque de la boa, el tigre se enfrenta resueltamente a ella. Ya no hay saltos ni quites, la lucha es continuada y feroz. La cabeza de la boa con rapidez increíble, trata de burlar al tigre, que se defiende a dentelladas y zarpasos.

Lucha terrible que estremece la tierra y las aguas. Cuando el cansancio los obliga a cesar el combate, ambos se quedan quietos, jadeantes, mirándose rencorosos. Estos dos monarcas de la selva tienen fundados motivos para odiarse y ser irreconciliables adversarios, pues uno y otro se invaden recíprocamente sus zonas de influencia.

El tigre se vuelve a veces pescador, pesca con su zarpa los peces que acuden atraídos por sus bigotes que sumerge y lo mueve a manera de insectos.

Cuando la boa tiene conocimiento de esto, se enfurece hasta la desesperación, bien quisiera sorprenderlo allí en la orilla, a su alcance , donde le vencería con toda facilidad, pero el tigre que sabe esto muy bien, se cuida con precaución de acercarse a las aguas fangosas, a los remansos profundos y a las orillas llenas de árboles, que pueden ocultar a su implacable enemiga.

No es que el tigre tenga miedo, su gran valor, siempre temerario, está plenamente probado, que siempre busca la ocasión de prenderse al hocico de la vaca marina para sumergirse con ella en el agua, matarla y después se da un buen festín entre los arboles de la orilla.

Y cuando se encuentra con un lagarto, que al sentirlo, no se atreve a moverse por mas despierto que este, el tigre se pasea entre los lagartos, elige a los más gordos y les va devorando las colas, los cuales las victimas soportan sin protesta, pues se dejan amputar, tranquilas, cuantos trozos apetece el tigre y permanecen inmóviles hasta que el tigre se aleja satisfecho, entonces recién los lagartos se lanzan al rio dando gritos de dolor.

Carlos Velásquez Sánchez

miércoles, 31 de octubre de 2012

LA LEYENDA DEL DILUVIO

Hubo en cierta ocasión, dos jovencitas nativas, hermanas bellas, de cuerpo esbelto, labios sensuales, tenían 14 y 17 años y hacia poco habían sido presentadas en sociedad.

Como eran mayorcitas, salieron solas de paseo por los Caseríos, sus padres no las reclamaban, pero esperaban que cada cual trajera su marido a su regreso. Pasaron dos meses fuera de casa y emprendieron el regreso, la mayor iba en la popa sentada dirigiendo la canoa y la menor empujaba con una caña brava desde la proa.

La hermana mayor desde la popa oia susurrar un canto y como un fantasma que se acercaba hacia ella, que le decía: “Yo te persigo, yo te he pusangueado, estas presa de mi amor, no puedes huir de mí, nunca podrás seguir a otro”.

Paso la tarde y vino la noche, cuando llegaron al Caserío de sus padres y atracaron en el puerto, ellas saltan a tierra y aparece de pronto el sujeto misterioso, la nativa no se extraña al verlo a su lado y conversan los dos durante largas horas, después se retiran , ella se va a su casa y él se hunde en las aguas del rio.

El hombre era una boa, la nativa y la boa están enamorados. La boa proveía a la nativa de toda clase de alimentos: pescados, charapas, sajinos, venados, sachavacas, la nativa y sus padres estaban contentos de aquel personaje, ellos le daban chapo y masato en abundancia.

Pronto apareció embarazada la nativa y nació el niño, era robusto y alto, también se estiraba y se encogía como una lombriz del mismo modo que su padre la boa.

Cierto día, su padre, la boa fue de caza y su madre salió a traer leña, el niño quedo a cargo de su abuela, el niño se durmió y la anciana le acostó en la hamaca, la vieja también se durmió y se echó en el suelo sobre una estera.

Mientras ambos dormían, llego una procesión de víboras y treparon por el horcón donde estaba amarrado la hamaca, entrando en la cama del niño, anidaron unas sobre el niño, otras debajo de él, otras a los lados, con el fin de darle calor, todas ellas parientes del niño que venían a celebrar su nacimiento.

Al mediodía despertó la abuela y fue a ver al niño a su hamaca, cuando vio el montón de víboras, la vieja dio gritos de espanto que despertó al niño, el cual al verse acompañado de las víboras se rio y se alegró de tan buena compañía y siguió durmiendo. Pero, la abuela creyó que su nieto seria de la familia de las víboras y con cólera tiro al niño en el fuego.

El niño se estaba quemando en la candela y llorando desesperadamente, pero en esos instantes llegaba su madre trayendo la leña, echo agua a la candela, la apago y saco a su hijo pelado y en carne viva.

La madre le dijo a la anciana:¿Por qué metes a mi hijo en las brasas?. Se lanzó sobre la anciana,le jalo de los cabellos, le mordió, le abofeteo y en esos instantes llego la boa con sus dos hermanas para visitar a su sobrino.

Las boas fueron a la cama del niño, lo descubrieron y vieron el estado tan lamentable en que se encontraba y sin decir nada lo tomaron y se lo llevaron. Su madre y su abuela las siguieron para rescatar al niño, las boas entraron en el rio, bucearon hasta el fondo y golpeaban con sus colas la superficie del agua para impedir que las nativas les siguieran.

Las mujeres nativas lloraban inconsolables la desaparición del niño, sin esperanzas de rescatarlo. La boa padre quiso vengar con un castigo mayor que el divorcio, el mal trato que las mujeres habían dado a su hijo.

Reunidos dentro del agua los hermanos boas , acordaron mandar un diluvio que inundara toda la tierra, hasta el cerro más alto, con el cual se exterminara la raza nativa, solo las boas quedarían dentro del agua para devorar a los cadáveres.

El niño escuchaba lo que hablaba su padre y sus tíos, pero él se acordaba de su madre y sentía que ella muriese, por eso un día se escapó y fue a la casa de su madre y le dijo :”Mama, aquí te traigo una semilla de huito, siémbrala”.

La mujer la sembró y esa noche creció dos metros y seguía creciendo, después el niño fue al rio y trajo pescado en abundancia y dijo a su madre:”Asa ese pescado”.

La mujer le aso y el niño volvió a decir a su madre: “Mamá, va a venir una gran inundación, pero tú te salvaras en este huito que ha crecido de mi semilla, harás una tarima, pondrás en ella plátano, yuca, pescado y te subirás en ella con tu hermana. Mi abuela no subirá , porque por su culpa mis familiares mandaran el castigo. Cuando veas que el agua llega a la tarima, golpea el árbol y la tarima subirá. Si así hacéis os salvareis” y diciendo esto, el niño se fue.

Al día siguiente se desencadeno una lluvia torrencial, las dos hermanas se subieron en la tarima que habían hecho en el árbol del huito, la inundación cubrió las casas, los arboles más altos y los cerros, la gente nadaba llorando y gritaban desesperados, no había árboles en donde se agarraran, se ahogaron todos, la vieja también y las dos hermanas golpeaban el árbol y no se mojaban. La lluvia duro un mes, murieron todos los nativos, solamente las dos hermanas se salvaron.

Cuando paso la lluvia, la boa hijo llego al huito en donde estaba su madre y le dijo:” Mama , aquí te traigo pescado para que comas”.

Tardaron diez días para que las aguas bajaran y ellas golpeaban el árbol para que la tarima bajara a la tierra.

La tierra era una playa inmensa, no había árboles, no había chacras y empezaron a caminar perdidas y cansadas por el hambre. Un día oyeron golpes de hacha y dijeron:”Allí estarán nuestros paisanos”. Siguieron en la dirección del ruido y encontraron a un mono, que estaba en la punta de un tronco seco cogiendo la miel de unas abejas, el mono les invito a comer.

Siguieron caminando, más animadas y encontraron frutas caídas y las comieron, siguen más adelante y encuentran al martin pescador haciendo pesca, les  da pescado. Al otro día llegaron a la casa de un añuje, les convida su masato, al atardecer llego el paujil, llorando porque le había picado una espina en la pata, el añuje dijo a una mujer:”sácale la espina” y la mujer se la saco, y estuvieron muchos días en la casa del añuje.
Un dia las mujeres ayudaban al añuje a sacar yuca para el masato, cuando de pronto escucharon a lo lejos que hablaban. Ellas se pusieron nerviosas y corrieron hacia el lugar de donde provenía esos sonidos, eran los nativos, las mujeres habían llegado a encontrar a sus paisanos. Allí se casaron y tuvieron muchos hijos.

viernes, 26 de octubre de 2012

E L B O S QU E

Julio Chope, entro en el bosque , seguro de realizar una buena caza, así lo prometió a su mujer y a sus seis hijos, al salir del tambo, en la orilla de un rio donde vivían
Abundaban puercos y vacas del monte, aves,tigres, víboras y de estos últimos había que cuidarse, igualmente de las huanganas, ya que estos en sus impetuosos recorridos masivos, atacan y despedazan con sus fuertes pezuñas y colmillos al hombre, a todo animal que sorprenden, embistiendo aun a los árboles en que se han refugiado los cazadores.

Asomaba el sol, algunos de sus rayos atravesaban los boscajes, haciendo brillar las gotas de roció, iluminando las hojas de las palmeras tiernas como pestañas de bellas mujeres, de repente por allí brotaba la clara melodía del pájaro flautista.

Chope anduvo, anduvo, sin encontrar algo importante de ser cazado, solo veía mariposas, saltamontes, avecillas o serpientes que corrían  por la espesura coleteando. No se asombró mucho de ese fenómeno, pues recordó que el bosque a veces se presenta así y continuo caminando en varias direcciones, gran conocedor de la selva, no tenía miedo de desorientarse, iba con paso cauteloso, los ojos de tigre  y los oídos atentos, ante un suave movimiento de hojas o cualquier ruido, alistaba, allí mismo la escopeta, pero, nada.

Ya será mediodía – calculo-, porque el sol no entraba en la tupida vegetación, sino por el tiempo transcurrido. Y sintió sed y hambre, cerca no había arboles con frutos comestibles. Mas escudriñando en torno descubrió la “yacuhuasca”(soga que brinda agua), corto esta soga con su machete y un chorrito limpio salió del rojo corazón de esa soga. Chope la emboco y bebió ansioso.

Tal vez, por la tarde encuentre una buena presa, se dijo, reanudando su andanza por el bosque. Hurgaba en el ámbito penumbroso de las aletas, como paredes de grandes árboles, creyendo hallar perdices, añujes o bien perseguía el olor a cebolla que de pronto le parecía notar de los sajinos, pero al final , nada.

Se sentó en un viejo tronco, quiso fumar, pero no tenía tabaco. Otro día me desquitare, exclamo  resignado y enrumbo hacia su tambo.

 Y ya al atardecer, en una parte muy sombría del bosque, herida por la poca luz del sol, vio muchos pelejos abrazados en las ramas de los arboles gigantescos, esos lanudos animales llamados también “yoncas” en la selva, sumergidos en un sueño oceánico, pues pasan el tiempo durmiendo, al extremo, que según el pueblo, ni siquiera se preocupan por buscar alimentos, esperando que por la maduración caigan en sus bocas los frutos de los arboles donde viven.

Me llevare uno de estos desabridos pelejos, se dijo Chope: Que más da. De todos modos es comida y apunto el arma, era una peleja que sentada en un árbol, tenía a su tierno hijo apretado a su pecho con el brazo izquierdo y con el brazo derecho se tapó los ojos casi humanos llenos de terror, como diciéndoles al cazador :¡ Que vas a hacer!

 Y el cazador Julio Chope bajo el arma, muy AVERGONZADO.

miércoles, 24 de octubre de 2012

E L P I C H I T O S I L B A D O R

Entre Tingo María y Aucayacu, hay un Caserío llamado Locro, aquí Julian Vasquez Del Aguila, al igual que todos los pobladores cultivaban sus chacras de maíz, papaya, café y cacao.
Para los trabajos de limpieza, deshierbe y cosecha contrataban los servicios de peones y también a una señora llamada Consuelo, más conocida como Conchita, quien se encargaba de la preparación de los alimentos para la peonada.
Lo cierto es que esta señora, era más bien una señorita de unos 35 años, era bonita, tenía un buen cuerpo y caderas provocativas que dejaba tragando  saliva a su patrón Julián durante toda la noche.

Hasta que cierto día, Julián se propuso tomar al toro por las astas o mejor dicho a Conchita por las bombachas. Culminada la faena del día, Julián decide enamorar a Conchita, logrando pactar un encuentro, antes de llegar al Caserío.

Se retiraron ligeramente del camino y protegidos por un pequeño monte, luego ya “cutulos” dieron inicio al combate.

Pero, tan pronto, Julián mando la primera estocada, escucho un silbo muy cercano que le hizo bajar la guardia y levantarse enseguida.

El creía que se trataba de alguien que les habían seguido los pasos y que  se proponía aguarles el combate y se puso a explorar a su alrededor, pero no había nada.

Mientras tanto, Conchita se reía con disimulo-

-No te preocupes, don Julián- le dijo ella. No vas a encontrar a nadie. Ha sido mi pichito el que ha silbado y eso sucede porque tengo un pequeño corte allí.

Luego, aclarado el asunto en que nadie les espiaba, reanudaron las acciones con nuevos bríos y al ritmo de un concierto de silbidos, que en tonos modulados, brotaban de aquel maravilloso instrumento, haciendo la delicia de Julián y Conchita.

Hasta que terminado ya, Julián dijo : ¡Que pichito tan fabuloso, caray!

Como dice el Mañanero : ¡Que bestia mi caballo!

Y asombrado por aquel insólito hallazgo, Julián empezó a investigar y conoció que efectivamente Conchita en su niñez, tuvo un accidente con un objeto cortante que le afecto el órgano genital y al no haber sido atendida a tiempo, le quedo una leve fisura en el labio mayor izquierdo, o sea Conchita tenia un “pichito silbador o ñaja ñaja” y que funcionaba como un instrumento musical de viento en cada atacada o afinada de todo aquel a quien ella aceptaba.

Por eso, el Mañanero dice: “ Ayau, paloma,ayau pichito ñaja ñaja  o pichito silbador.

Darío Vásquez Saldaña

martes, 23 de octubre de 2012

El Bufeo Colorado

En uno de los tantos pueblos de la selva, se festejaba la fiesta de San Juan. La orquesta contratada para la ocasión está causando furor en los presentes con las notas tropicales de las pandillas, cumbias y changanacuys.
De repente en pleno repunte de la fiesta se presenta un grupo de gringos. El más simpático, dice llamarse Shinaan. Se dirige al bar y compra toda la existencia de licor y ofrece a beber   a todos los presentes.  Los lugareños  muy contentos simpatizan con el forastero y sus amigos  ofreciéndoles sus jóvenes hijas para bailar. 

Shinaan hace gala de su destreza en la danza. Baila con todas las chicas del lugar y no tarda en conquistar a una de  las más bellas, quién impresionada por sus  dotes de bailarín y galanteador se enamora del forastero desde que bailo la primera pieza, y no pierde  ocasión de estar a su lado por el resto de la noche. Antes del amanecer se sirve el banquete de juanes, caldo de gallina y chilcano de pescado  para todos los presentes pagado también por el forastero. La gente lo vitorea a más no poder. Antes del alba se despide de los presentes, ofreciéndoles que regresará para la próxima fiesta.
En tanto Yara, la bella joven,  queda profundamente enamorada de Shinaan.  Lo recuerda y sueña. En sus sueños la colma de   regalos: preciosos vestidos y joyas en oro y diamantes. En una de aquellas noches, que lo deseaba con toda su alma, no lo  puede creer cuando al despertarse la encuentra  acostado a su lado prodigándole sublimes caricias. Aprovechando de la tranquilidad de la noche, juntos recorren las orillas y las aguas del río. Allí, viven un romance perfecto bajo un cándido cielo poblado de estrellas,  y un plenilunio  que destella de felicidad. Allí en las frescas aguas, Yara apaga la pasión que arde en su candoroso cuerpo juvenil en los brazos de Shinaan.
Los padres de Yara observan un extraño comportamiento en su hija. No se explican por que la joven duerme de día y pasa las noches  en el  río. El padre decide seguirlo a escondidas para descubrir el secreto. Se queda atónito y no puede creer lo que ven sus ojos. La joven completamente desnuda está dando piruetas en el río abrazada al cuerpo de un Bufeo Colorado y de vez en cuando los ve desaparecer. El Bufeo Colorado  transporta a la joven a las profundidades donde le muestra su reino con sus  majestuosos castillos adornados de oro y diamantes, sus mesas servidas de exóticos manjares. La regresa a la superficie solamente al amanecer. La joven agotada cae en profundo sueño de la que se niega a despertar.

El padre desde su puesto de observación recuerda, una vieja leyenda Shipiba que cuenta que: "Hace muchos años, una tribu entera de humanos fue convertida en delfines de río (Bufeo Colorado) por no haber querido entronar a una vieja hechicera. Desde entonces los descendientes de este pueblo habitan alegremente las caudalosas aguas del río Ucayali y otros ríos de la Amazonía. y que cuando hay fiestas ribereñas acuden disfrazados de gringos para no ser descubiertos. Uno de ellos es Shinaan que viene por su amada humana Panshin. Y al contrario de lo que se pudiera creer, ellos están muy contentos de la hechicera por haberlos hecho diversos de los humanos, quienes son culpables de muchas cosas desagradables que ocurren en el mundo"
Pero para él, esto era solo  leyenda y no puede creer que esto le esté sucediendo a su querida Yara, y en pleno siglo XXI.
Piensa para sí -  Ahora me  explico por que aquel gringo nos dio de beber y comer gratis en la fiesta. Y su nombre coincide con el de la leyenda. No era tal, sino un Bufeo Colorado - Maldito sea.
Siguiendo el consejo de la leyenda se interna en la selva a buscar un  curandero, para que le preparare el antídoto, para recuperar a su hija antes de que termine por ahogarse en el río en sus intentos de convivir con su quimérico enamorado. Ojala, que cuando regrese con el remedio, no sea demasiado tarde.
 
De vuelta le confía a su esposa del extraño descubrimiento  y del encuentro con el curandero que le ha preparado un brebaje y una oración en Shipibo. Mientras duerme Yara las primeras horas del sueño, la madre vierte el brebaje  con cuidado, humedeciéndole los labios  y la boca. El  padre arrodillado a la cabecera del lecho repite fervorosamente la oración aprendida para la ocasión.
Al amanecer, los cálidos rayos de sol se filtran por la ventana y despiertan a la bella Yara. Que recuerda de haber tenido un mágico sueño. Al ver a sus padres felices, su rostro juvenil se  ilumina en una diáfana sonrisa de gratitud.
Carlos Velásquez Sánchez

sábado, 20 de octubre de 2012

E L O T O R O N G O

Con este nombre, en la selva se le conoce al tigre americano o jaguar, siendo el más grande de su especie. Por su ferocidad y color de la piel, se puede  decir que tiene cierta semejanza con el Tigre de Bengala. Cuando por alguna circunstancia prueba carne humana, se convierte en un enemigo muy peligroso para el hombre y su piel es muy cotizada.

                                      C UE N T O

Estábamos de campamento en la playa, para dedicarnos a la caza de las tortugas y después de una semana ya habíamos acumulado un buen número de tortugas y desde entonces comenzamos a contarlas diariamente por las mañanas, pero lo curioso del caso era que todos los días faltaban 2 o 3 de las mejores tortugas charapas, es decir de las mas grandes y no se encontraban indicios de su huida, porque el cerco se mantenía intacto y no había otra forma de que escaparan sin romper el cerco y no había huellas de pisadas de ninguna clase.

En vista de que seguían las desapariciones, decidimos montar guardia nocturna por turnos. Sin embargo, pese a estas precauciones seguían desapareciendo las charapas misteriosamente, hasta que me toco mi turno. Provisto de mi machete salí a rondar por los alrededores del charapero y luego regrese.

Ya muy de madrugada me quede dormido ligeramente, pero solo cuestión de minutos, desperté sobresaltado y me pareció distinguir algo a corta distancia muy cerca del corral, me puse de pie y me fui acercando al lugar. Cuando estuve a unos 10 mtrs. Pude ver la sombra de un hombre que estaba inclinado sobre un objeto negro.

Ya no quedaba duda que se trataba del ladrón, que noche a noche iba disminuyendo nuestro depósito y le grite: Oiga , suelte la charapa y no se mueva. Ahora arreglaremos cuentas . Y avance sobre él, pero mi asombro no tuvo limites, cuando el sujeto con una agilidad increíble, puso la charapa a la espalda y echo a correr velozmente en silencio hacia el bosque, atravesando todo el ancho del charapero.

Comencé a perseguirle, pero no le pude alcanzar, porque se alejó velozmente hasta que desapareció en medio de la oscuridad. Había fracasado en la captura del ladrón y después de descansar un rato, seguí caminando hacia el boque con el objeto de marcar algunos árboles con el machete y regresar al día siguiente para seguir buscando sus  huellas.

Regrese a mi puesto de vigilancia y permanecí despierto hasta el amanecer, hasta que llegaron mis compañeros a dejar sus preciosa cargas en el charapero. Cuando les informe lo sucedido, me increparon por haberme dormido y haber permitido un nuevo hurto sin descubrir ni capturar al ladrón.

Empezamos a contar a los animales y nos dimos cuenta que faltaban dos hermosa charapas, eso significaba que el sujeto había realizado dos viajes, siendo descubierto recién en el segundo.

Buscamos las huellas por todas partes, pero no descubrimos nada, nos encaminamos todos al lindero del bosque y allí lo que hicimos fue buscar las marcas que había dejado en los árboles y comenzamos a buscar, hasta que uno de los nuestros nos pasó la voz y corrimos hacia él. Miren aquí, nos dijo, señalando al suelo. No hay huellas de pisadas humanas por ningún lado, pero estas pisadas del otorongo si son muy claras y vimos así las enormes pisadas del otorongo.

Sin hacer ningún comentario, fuimos siguiendo las huellas en silencio y muy atentos con ojos y oídos para no ser víctimas de alguna sorpresa desagradable. Después de media hora de caminata en el interior del bosque, tropezamos con uno de esos árboles gigantescos de la selva, cuyas enormes aletas se interponían en nuestro camino y al parecer aquí se perdían las huellas  porque el suelo está cubierto de abundantes hojarascas.

Entonces comenzamos a buscar por los alrededores para tratar de encontrar las huellas, cuando de pronto sorpresivamente descubrimos un verdadero depósito de caparazones de charapas. En todos esos caparazones estaban las marcas que el otorongos las había comido. Uno estaba totalmente vacío y otro todavía con las carnes a medio desgarrar, lo que significaba que el otorongo estaba en pleno festín, cuando sintió nuestra llegada y huyo hacia la selva.

Carlos Velásquez Sánchez