sábado, 30 de septiembre de 2017

EL ANILLO

                             ( WERNER BARTRA PADILLA )
Julio Mariño sintió por primera vez que el escalofrió recorría su cuerpo, se controló y ante sus ojos tenía el ataúd cubierto de tierra.
Dio un golpe con la pala y el cajón no se abrió.
La viuda que yacía dentro, había vivido cerca al cementerio. Su amigo le dijo que se fijara en el dedo anular derecho.
Julio bajo la mirada hacia sus manos y descubrió lo que buscaba. Era cierto, allí estaba, un anillo de oro puro con incrustaciones de rubíes y esmeraldas.
Quizás la única extravagancia de la mujer había sido su pedido de que la enterraran con ese anillo y Julio pensó de que con ese anillo, vendiéndolo, podría arreglar su mototaxi y salir de la pobreza de una vez por todas.
Dio otro golpe con la pala en la parte superior del ataúd y un olor nauseabundo salía por la rajadura que hizo la pala.
Mierda, dijo Julio.
Le dio náuseas y uso su pañuelo para cubrirse la nariz. Abrió por completo el ataúd y vio que el rostro de la mujer estaba lleno de gusanos.
Algunos de ellos salían por sus ojos, sin embargo el resto del cuerpo no se había corrompido todavía.
Se apreciaba el cabello intacto y sin perder el tiempo, dominando el asco que la escena le provocaba, se inclinó e intento arrancar el anillo.
Jalo con fuerza y no lo consiguió, volvió a jalar el anillo y nada.
Tomo la pala y con un golpe seco cerceno el dedo del cadáver.
El dedo con el anillo rodaron por un costado, cogió el dedo y arranco el anillo.
Lo guardo sin limpiar las castras de carne que aun estaban adheridas al anillo.
Luego tapo la tumba y huyo.
No fue difícil vender la joya en el mercado negro y con lo que le dieron compro las medicinas que su hija necesitaba para no morir, también pudo arreglar su mototaxi en el que trabajaba por las calles de Iquitos.
Transcurrieron dos años de este hecho y de pronto en la intersección de la Av. Tacna con el Jr. Putumayo, una señora le alzo la mano solicitándole servicio de mototaxi.
Eran ya las doce de la noche y Julio no se inmuto al ver a la mujer vestida como una novia y el velo le tapaban parte de la cara.
La señora se subió al vehículo y ni siquiera negocio el precio del pasaje. ¡Lléveme al cementerio! le dijo la mujer.
Su voz era normal y la orden no era absurda, porque el cementerio se ubicaba en zona urbana.
Lo lamentable para  Julio, era que el tramo no estaba muy alejado y pensó que podría cobrar el doble del pasaje normal.
Llegaron a inmediaciones del cementerio y su pasajero le dijo: ¡Pare aquí!
Estaban exactamente frente a la puerta de ingreso del cementerio y la mujer pregunto por el precio del pasaje y Julio le cobro el doble.
Ella sonrió y le dijo : ¡Debería darte vergüenza cobrarme, porque yo te di mucho mas!.
Julio iba responder, cuando la vio levantar la mano derecha, percatándose de que no tenía el dedo anular, al mismo que ella se reía en una forma sobrenatural y pavorosa, desapareciendo para siempre por los barrotes de la puerta de fierro.
Al día siguiente en la madrugada un vagabundo se detuvo un instante a contemplar a un chofer que dormía sobre el timón de su mototaxi.
Se acercó y se dio cuenta de que estaba muerto y por su boca le salía una sustancia blanquecina como espuma.
El vagabundo no se asustó y comenzó a buscarle en los bolsillos y no encontró nada.
De pronto vio en su mano derecha, en el dedo anular tenia un anillo de oro puro con incrustaciones de rubíes y esmeraldas.
Quiso arrancarlo pero no pudo y saco de su pantalón una navaja y de un solo tajo le corto el dedo.



sábado, 23 de septiembre de 2017

EL ASESINATO DE DON ABIGAIL SOLSOL

              LIBRO :EL GALLO CARIOCO  - HERNAN FONSECA DEL
                                         CASTILLO
Una noticia conmociono la conciencia del pueblo, el asesinato de don Abigail Solsol más conocido como “ABICO”, cuando viajaba a la ciudad de Saposoa, crimen perpetrado por un tal Víctor Utia, capataz de la Hacienda Capirona, propiedad del difunto.
Víctor Utia, era un malvado, trataba a los peones como esclavos, era de carácter agresivo y aparentemente fiel a su amo.
Un peón había descubierto la venta a escondidas de dos reses por parte de Utia, pero este por temor engaño a su patrón de que se había perdido y que era necesario investigar.
Don Abico se dedicó a visitar los pueblos para investigar y puso la denuncia correspondiente en los cuerpos de gendarmería de los pueblitos de Huayranga, Huicunguillo, Vistoso y La Floresta.
Después de dos sermones, el gendarme Glorioso Cumapa descubrió que el Director Manuel “Amor de Madre” había comprado dos reses y que se encontraba en los pastizales de Vistoso, colindante con la Hacienda Capirona.
Al día siguiente Don Abico en un brioso corcel se dirigió a Vistoso.
Antes paso por una chacra, donde un grupo de muchachos al reconocerlo y sabedores de su antiaprismo, le gritaron ¡ Viva el APRA!.
Llego a Vistoso y reconoció  a sus dos reses, increpo al Director Manuel “Amor de Madre” por ser cómplice del robo y que le denunciara penalmente para su escarmiento.
Don Abico le solicito la devolución de las dos reses robadas y el Director se defendió diciéndole que las había comprado de Víctor Utia, creyendo que tenía la autorización del dueño y que había prestado plata a su colega Silvio Delgadillo “Gorgojo” que le devolviera los S/. 300.00 que había pagado por los animales.
Don Abico le responde: Tú has hecho trato con Victor Utia, el que te devuelva el dinero, yo no.
Tu que eres un maestro ¿Qué enseñas a los alumnos? ¿Qué valores y que principios?, eres un verdadero zonzo que compras ganado robado y además te juntas y haces trato con ese “marica” de Gorgojo, que es la vergüenza del pueblo y la burla de los propios alumnos.
Y no te preocupes maestro, Víctor Utia será castigado antes ir a la cárcel y te devolverá el dinero.
Don Abico, ya en su Hacienda de Capirona, ordeno a su capataz que preparara dos garrafones de aguardiente para vender en la ciudad de Saposoa y que lo acompañara en su viaje.
Víctor Utia se dio cuenta de las intenciones de su patrón, ya que su amo había regresado con las dos reses que él había vendido días antes a Manuel “Amor de Madre”.
Que no le increpara nada y que le ordene acompañarlo a la ciudad de Saposoa para acusarle de robo.
Víctor Utia tuvo miedo, su cuerpo temblaba y tenía el rostro pálido, sufría, lloraba y se arrepentía de haber vendido esos animales ajenos, era un vulgar ladrón, se lamentaba y maldecía a Manuel “Amor de Madre”.
Y tomo una decisión y la mantuvo en secreto, cambio su carácter, el simulo estar alegre para satisfacer los deseos de su patrón y de esta manera, no se diera cuenta de sus intenciones.
Y en su cintura y por debajo de su camisa y pantalón, escondió un machete con mucho filo.
Preparo los dos garrafones de aguardiente de aguardiente, ensillo al caballo más lento y manso.
Cuando rodo estuvo listo, se presentó ante su amo, para decirle que debían partir.
En el trayecto a Saposoa, Don Abico iba montado en el caballo que transportaba la carga.
En el camino había mucho fango por lo que el recorrido se hizo más lento.
Utia se acordaba de la prepotencia de su patrón, de la miseria que les pagaba, de cómo les hacía dormir en el suelo como los animales, los pies siempre descalzos, todos los trabajadores desnutridos, sin conocimiento de lo que es una atención médica, pero que con sus trabajos enriquecían a don Abico.
Este hacia alarde de su riqueza, de su poder con las autoridades, de la gran cantidad de ganado que poseía, de su hacienda enorme y también de unos baúles repletos de oro y plata, libras esterlinas y libras peruanas, con todo esto se sentía el hombre más poderoso de la tierra.
Sin embargo, ayudaba con fuertes cantidades de dinero a la reconstrucción de la Iglesia de Saposoa, cuyas paredes tenían mas de dos metros de ancho de tierra.
Compraba efigies de santos enormes pesados, unos de madera tallada y otros de cerámica que los hacia traer de la ciudad de Huamanga.
Los viajeros (Abico y Utia) seguían su camino en un silencio sepulcral, la hora y el lugar se aproximaba, faltaba aproximadamente 15 kms.  Para llegar a Saposoa.
Llegaron a una zanja e ingresaron a pasos lentos y Victor Utia saco el machete que llevaba escondido, dio un salto y subio a una piedra grande, levanto el machete y lo dirigió con fuerza hacia la nuca de su amo, los machetazos se multiplicaron a diestra y siniestra.
El cuerpo cayó rígido, sin vida al riachuelo en la zanja y se tiño de sangre.
El caballo relinchando levanto sus patas delanteras y con sus movimientos bruscos derribo los dos garrafones de aguardiente.
Luego el asesino se encamino rumbo al pueblo de Saposoa, como si nada hubiera pasado.
Algunos viajeros al entrar a la zanja vieron al muerto tendido en el riachuelo, gritaron de horror  y cuando identificaron el cadáver del personaje mas poderoso y conocido de la región, quedaron asombrados.
El encargado de denunciar el horrendo crimen ante la gendarmería fue Otoniel Alegria quien rindió su manifestación llorando con palabras incoherentes, trataba de narrar lo que había visto.
El gendarme Glorioso Cumapa fue designado para realizar las investigaciones y dar con el culpable o culpables lo mas pronto posible.
En primer lugar acudió al lugar de los hechos acompañado de un Juez de Paz para levantar el cadáver, trasladándolo al pueblo,. Realizar la autopsia, el velorio y el entierro.
En las investigaciones descubrieron que del total de personas que habían llegado a la ciudad, el dia del crimen de Don Abico, el único que asistió al velorio fue Víctor Utia, quien expresaba el dolor que sentía por la muerte de su amo y lloraba derramando manantiales de lágrimas.
La asistencia del pueblo al velorio fue multitudinario y el padre Marcelino se encargó de dirigir los rezos y canticos apropiados de la ocasión y transmitidos  las 24 horas, los restos mortales de Don Abico fueron trasladados en hombros al cementerio de la ciudad, seguidos de una multitud que expresaban su dolor.
El gendarme Glorioso Cumapa dejo para la última manifestación al principal sospechoso Víctor Utia y lo comenzó a interrogar.
-Dime Víctor ¿Porque mataste a Don Abigail ?
-Yo no he sido y le pido que encuentre al culpable para que reciba el castigo que la ley establece y no tenía razones para cometer un crimen, mas aun tratándose de mi patrón tan bueno y generoso.
-Si eso es así, ¿ Porque robabas el ganado de tu patrón y lo vendías al Director Manuel “Amor de Madre”. No sabes que eso es delito y que puedes ir a la cárcel y pasar muchos años en ella?
-Los  animales que vendía lo hacía por orden de mi patrón, lo cual no constituye delito alguno .
-¿Y porque Don Abigail estuvo buscando su ganado en diferentes pueblos y lo encontró en Vistoso en poder de Manuel “Amor de Madre” y lo devolvió los animales a su legítimo dueño Don Abigail.
-Seguramente “Amor de Madre” realizo el robo y para salir del apuro dijo que yo se les había vendido.
Bien quiero que me digas ¿Porque cometiste el crimen? Y si no colaboras corres el riesgo de ser condenado a la pena de muerte. Piénsalo bien. ¿Qué prefieres? Y lo condujeron al calabozo debidamente esposado.
Al dia siguiente, Utia fue llevado al despacho del gendarme para otro interrogatorio porque Víctor Utia estaba ya acorralado.
Se había previsto la confrontación con Manuel “Amor de Madre” quien días antes había confesado haber comprado ganado a Victor Utia, no una, sino muchas veces.
Utia al ver al comprador del ganado robado en la gendarmería, manifestó que tenia fuertes dolores de cabeza y de estómago, solicitando la atención inmediata de un curandero, porque no había medico.
La curandera escogida para el tratamiento del reo, doña Adela Vergara, famosa por sus curaciones de personas desahuciadas.
Entonces le dijo : Tú te estas burlando de la autoridad y de mi profesión, eres un embustero y un cínico por que no tienes nada.
Que Dios te perdone y por favor colabora con la justicia diciendo la verdad.
Por favor, al salir, dígale al gendarme Cumapa que quiero hablar con el.
El gendarme al enterarse del pedido del acusado, pensó que este se encontraba desesperado.
El acusado al no recibir ninguna información sobre su pedido, para llamar la atención, empezó a gritar, pronunciando el nombre de Glorioso Cumapa.
Lloraba a gritos, pedía la muerte, golpeaba su cabeza contra la pared hasta que perdió el conocimiento y de su boca comenzó a salir abundante espuma como perro rabioso.
Más tarde el gendarme Cumapa ordeno que condujeran a su despacho a Víctor Utia y le pregunto: ¿Por qué mataste a don Abigail Solsol?.
Contesta y solo di la verdad.
-Si, yo mate a mi patrón. Lo hice porque no quería ir a la cárcel. El había descubierto que yo vendía sus animales y de la Hacienda me estaba llevando al pueblo para entregarme a las autoridades y eso no lo iba a permitir.
¿Los cortes que le hiciste a tu patrón fueron con un cuchillo?
No, fueron con un machete con mucho filo, el cual escondí entre la camisa y el pantalón en la parte posterior de mi cuerpo, para que mi patrón no se diera cuenta.
-¿Si tu tenias miedo a la cárcel porque cometías el delito de robar ganado?
Lo hacía por necesidad, pues el patrón casi no nos pagaba y nos hacía trabajar todo el día, nos gritaba, nos insultaba y nos castigaba con palos.
¿Cuántos bovinos vendiste a Manuel “Amor de Madre?.
La verdad no he llevado la cuenta, pero calculo que podrían llegar a cien.
¿Cómo es que tu patrón no se dio cuenta?
La compra venta se realizaba en las noches y como había una gran cantidad de animales no se daba cuenta.
¿ Y cómo se dio cuenta tu patrón?
Alguien ha tenido que pasarle la voz a mi patrón. Pudo haber sido el maestro “Gorgojo”, ya que con “Amor de Madre” son homosexuales y eso es despreciable que ser criminal.
¿Y porque asesinaste a tu patrón en la “zanja de Abico”?
Era el lugar ideal para no ser descubierto, pues por ahí no pasa gente, porque pasan de frente y por un puente de palos cruzan la zanja.
Y los caballos tienen que hacer un rodeo, aproveche el silencio y la soledad para asestarle el golpe mortal con el machete.
Y ahora estoy verdaderamente arrepentido y no deseo a nadie lo que ahora me esta pasando. Que se me apliquen las leyes por este delito.
El gendarme le dijo: mañana realizaremos la reconstrucción en el lugar de los hechos.
El gendarme Cumapa, antes de retirarse ordeno que buscaran al mismo caballo en la que cabalgo el occiso antes de morir y que construyeran un machete semejante al que utilizo Víctor Utia, pero de cartón.
Al día siguiente las autoridades y el reo se dirigieron a la “Zanja de Abico” para la reconstrucción de los hechos.
Adelante iba el gendarme Dionicio Barrera montado en el mismo caballo, llevaba una vestimenta casi igual a la de Don Abico. Llegaron a la zanja y empezó la reconstrucción.
Víctor Utia entes de asestar el golpe, salto a una piedra grande y desde allí lanzo el primer machetazo, que fue amortiguado por el sombrero, es entonces cuando Don Abigail le dijo con voz balbuceante: ¿Porque me matas?, pero el seguía recibiendo más machetazos en la nuca, quien no pudo defenderse, porque el ataque fue sorpresivo y brutal.
Su cuerpo cayó pesadamente al riachuelo sin vida.
La victima solo se defendió cuando recibió el primer machetazo e incluso logro arañarlo con fuerza en la parte posterior de la oreja izquierda.
La autoridad se acerco y mostro las huellas de los arañazos que aun eran evidentes.
Y las autoridades con la satisfacción del deber cumplido y constatando la culpabilidad de Victor Utia retornaron a la ciudad.
El gendarme Cumapa en el terreno pensaba que Don Abigail no había presentado denuncia contra Manuel “Amor de Madre” y Silvio Delgadillo “Gorgojo” y ordeno al detención de estos sujetos infractores de la ley, la moral y las buenas costumbres.
El gendarme Dionicio Barrera se dirigio rumbo a Vistoso, con la decidida intención de cumplir la orden de su superior.
Y no tuvo ningún inconveniente para capturar a Manuel “Amor de Madre”, en cambio “Gorgojo”, se puso agresivo y grosero enfrentándose al gendarme, gritaba e insultaba con un lenguaje impropio de un maestro.
El gendarme Barrera, sin mayor dificultad logro colocar en sus manos las esposas.
Los detenidos fueron paseados por todo el pueblo de Saposoa, con las manos esposadas y amarradas a un caballo para que no escapen y los introdujeron a un sucio calabozo en condición de incomunicados.
Víctor Utia fue enviado con el atestado correspondiente a Moyobamba, para ser juzgado por las autoridades del Poder Judicial.
Ese traslado se hizo en una de las balsas que transportaba ganado, pues no había carreteras.
Se inició el viaje con signos de riesgo, el conductor de la balsa era uno de los más experimentados, el famoso Linorio Vásquez Pinedo, remero que nunca había naufragado y siempre salía airoso de las situaciones mas difíciles.
El día era lluvioso y el caudal de las aguas aumentaba peligrosamente arrastrando troncos de arboles, enormes piedras se escondían en el color rojo y oscuro del rio.
El gendarme Barrera en previsión de cualquier desgracia, amarro con un cordel resistente de la cintura de Víctor Utia a uno de los palos de la balsa, cuando de pronto la balsa se incrusto violentamente en las rocas.
Los palos de la balsa se rompieron en pedazos, el ganado se ahogo tragados por las aguas violentas del rio.
Pero hubo un milagro, pues el gendarme Barrera como Víctor Utia se salvaron por haber estado amarrados al palo de la balsa y fueron rescatados por unos pescadores, quienes les dieron los primeros auxilios, ropa seca y alimentos.
Luego les condujeron a un lugar donde los náufragos podían continuar por un camino de herradura hacia la capital Moyobamba.
El gendarme Barrera y el inculpado continuaron caminando y se dieron cuenta de que no contaban con el atestado y entonces que documentos era lo que iba a presentar a las autoridades judiciales.
Caminaron durante 15 días, pasando una serie de peripecias y llegaron a Moyobamba.
Víctor Utia quedo detenido en el cuerpo de gendarmería, en espera de la llegada del atestado que ya había solicitado a Saposoa.
Antes de regresar, el gendarme Barrera solicito uniforme completo y viáticos para emprender el regreso a Saposoa.
Mientras que familiares cercanos y lejanos  del occiso Abigail Solsol, saquearon la mansión donde antes vivía el recordado magnate.
En un cuarto con puertas de madera maciza encontraron baúles repletos con objetos y barras de oro y plata, libras esterlinas y libras peruanas, así como monedas de nueve decimos.
Los familiares como gallinazos hambrientos ingresaron a la suntuosa casa portando hachas, llaves y ganzúas, con los cuales rompieron las puertas y se apoderaron de todas la riquezas.
Después de un tiempo, personas que siempre habían vivo en la miseria aparecieron con enormes tiendas en un pueblo pequeño.
La gente siempre hacían comentarios respecto a los nuevos ricos y después de algunos años, las tiendas de los nuevos ricos desaparecieron, quebraron y se fueron a la banca rota, a la quiebra y ruina total.
Otro hecho que sorprendió a la opinión pública fue el abigeato masivo de la Hacienda Capirona , esta vez por parte del pueblo de Vistoso, portando sogas y cordeles se dirigieron a la Hacienda y agarraron a los animales.
Algunas personas ya tenían sus balsas preparadas para transportar a los animales a otros lugares distantes, otros los escondieron en lugares distantes, en pastizales o simplemente en los montes.
Manos extrañas incendiaron la Hacienda, se rumoreaba que allí estaban las manos oscuras y tenebrosas del Director Manuel “Amor de Madre” y del maestro Silvio Delgadillo “Gorgojo”.
Sin embargo en las investigaciones no se pudo probar dichos rumores.

A manera de Fuente Ovejuna, todos dijeron que el pueblo lo hizo y nadie pudo responsabilizar ni individualizar a los autores del delito.

sábado, 2 de septiembre de 2017

E L P E L E J O


               ( Armando Ayarza Uyaco )

Una madrugada caminando entre Sachapapa y Nueva Esperanza, cruzaba el camino un pelejo con su lento andar, como si calculara el mas mínimo de sus movimientos.
Nos habíamos pasado tomando y bailando toda la noche por el Aniversario de la Comunidad de Sachapapa y vimos al pelejo con su paso de caminar lento y cuando nos sintió, se detuvo a observarnos con sus ojos de niño, de humano, porque cuando un pelejo te mira , parece que et estuviera mirando una persona.

¡Muévete pelejo Alejo, muévete Alejo!. Carajo que te muevas te he dicho.
El animal ni se inmutaba, nos seguía mirando como si tratara de reclamarnos algo.

Mariano, al ver que el pelejo no le hacia caso, se acerco enojado y le lanzo un puntapié en el abdomen.
¡ Hum, hum,hum! Escuche el quejido del pelejo.

No le ataques así a ese pobre animal, no nos está haciendo nada, nosotros mas bien estamos interrumpiendo su caminar. Además es uno de los animales mas pasivos de la selva y hasta se podría decir uno de los mas “zonzos” – le dije.
¡ Hum , hum, hum! Otra vez escuche el quejido.

Parece que mis palabras le dolieron mas que la patada de Mariano Gochiva Mativa.
¿Te vas a mover o no? Y otra vez otro puntapié en el abdomen  y otra vez los quejidos como de un ser humano.

Ya deja de patearle, insistí.
Odio a todos los pelejos, sobre todo a aquellos que se interponen en mi camino y a todos los que cutipan a los llullitos recién naciditos y les hacen nacer con su misma cara y pereza.

Estos cutipadores de niños…y se preparo para lanzarle otro puntapié, el pelejo esta vez no lo espero, se paro sobre sus patas traseras, se encrespo y no miro desafiante, con ojos de odio y de rabia y cuando la patada le iba a alcanzar, abrió las patas delanteras y lo abrazo, aferrándose a la pierna de Mariano.
Este empezó a tambalearse, perdió el equilibrio y cayo de pecho en un matorral de putu – putu (planta que te da comezón en todo el cuerpo cuando su polen te alcanza).

Empezó una lucha descomunal entre el pelejo y Mariano, quien pateaba desesperadamente, buscando zafarse de las garras del perezoso, el pelejo le seguía aprisionando mas las piernas con una fuerza de diez hombres.
Yo sabia que solo no iba a poder librar a Mariano, asi que empecé a correr a Sachapapa en busca de ayuda.

Hombres, niños y mujeres me siguieron para auxiliar a Mariano y librarlo de las garras del pelejo.
¿Para eso, ya pues nos llamas, para pelear contra un pelejito? ¿Un pelejito le derribo entre el putu – putu? ¿ Un pelejito le está haciendo sangrar la pierna? Un pelejito ja, ja, ja, ja , que dañado es este Mariano Gochima, Y todos en realidad empezaron a burlarse Mariano.

Cuando el pelejo observo que todos se burlaban de Mariano y comprobó que estaba mas que asustado, arrepentido y que le había pasado la borrachera por el susto, lentamente, lentamente dejo de presionar la pierna de su enemigo, nos miro con su mirada de compasión y desprecio a la vez y con su lento caminar y su cara de niño, se perdió en la espesura de la selva en dirección al rio Yurapaga que desemboca en el rio Apaya y de ahí al rio Marañón.

 

sábado, 22 de julio de 2017

EL CANTO DEL AMOR

                    ( Armando Ayarza  Uyaco )
Nunca sentí tanto dolor en el pecho, cuando me entere que había huido con otro y pensé en quitarme la vida, pero me detuve al pensar en mis dos hijitos que se quedarían huérfanos de padre y madre, porque ella nos había abandonado por el amor de otro hombre.
Mi abuela dijo: “Es mas mujer que madre”. Llore toda la noche y me pase llorando por más de una semana, la vida no me importaba sin ella, la amaba, pero quería odiarla, desde ese momento soñaba que la tenía entre mis manos y le clavaba puñaladas por los años que me hizo perder junto a ella.
Quería tenerle frente a frente y maldecirla, decirle mujerzuela, demonia , perra, maldita, quería odiarla.
-La han curado a tu mujer para que enloquezca y huya asi por amor a otro, la han curado – me dijo mi abuela, ocultando su tristeza.
-¿ Que le habrán dado de tomar a tu pobre mujer? ¿Cuándo le habrán dado?  Porque ella difícil salía de casa, era una mujer hogareña y para que de la noche a la mañana se haya largado con otro- decía mi madre, también con un rencor a escondidas.
Orlando Ampush le decía: Ya no estés pensando mas en esa mujer, ya habrá llegado a San Lorenzo y de ahí con su nuevo marido habrán viajado a Lagunas y de ahí a Yurimaguas, lejos ya está la condenada, me decía mi madre.
-Hijo, ya deja de estar sufriendo y vete a buscar a tu abuelo.
El hará regresar a Neitza en menos que canta un gallo, me dijo mi madre.
-¿ Y cómo la hará regresar si ella ya están tan lejos?
-´Para el canto del amor no hay nada imposible, tu abuelo sabe ese canto, pero solo lo canta en casos necesarios. Vete a buscarle, si es que quieres que tu mujer regrese.
Hacia un mes mi abuelo estaba dietando en una cocha que tenia madre, por lo que nadie se acercaba para pescar en ella. Esto de dietar lo hacia una vez al año.
Quiero que regrese no me voy a arrepentir, la voy a perdonar a pesar de todo lo que me está haciendo.
No es solo por mí, también es por mis hijos, le dije a mi abuelo.
Este me hizo dietar, purgar tres días, nada de sal, nada de ají, nada de chancho, nada de sexo y luego me hizo jurar que no la iba a matar, ni hacerle daño alguno, una vez que la tenga en mis manos, luego no espero nada y se puso a cantar.
-Neitza escúchame, te estoy llamando en mis sueños, te busco en los lugares mas profundos de tu ser.
Estas aquí, amor mío, ámame como yo te amo, ilusiona mi vida,  alumbra mi camino como la luna me guía en mis noches más oscuras.
Escucha como murmura el rio y siente como mi voz penetra en tu cabeza. Tu recuerdo moja mi piel y siento el palpitar de tu aliento.
Escucha como mi amor te llama, escucha el canto del amor y vuelve a mis brazos, amor mío.
La voz de mi abuelo se perdía en lo mas profundo de mi alma y en lo mas recóndito de la selva.
Cuando lavaba mi ropa en la huerta en Lamas , vi que un tucán (pinsha) se posaba en las ramas de un árbol de palta y empezó a cantar, su canto era tu voz triste que me llamaba y empecé a llora por ti y por mis hijos.
Sentí enloquecer, quería verte desesperadamente y regrese por el mismo camino.

Y aquí estoy Orlando Ampush para que tu decidas que hacer conmigo, me dijo Neitza a los tres días que mi abuelo le canto la canción del amor en plena selva, cuando ya estaba perdiendo la esperanza de amarla como la primera vez.

lunes, 12 de junio de 2017

VIENTO, VIENTO,VIENTO SAN LORENZO SIPRA ULLO


Me contaron,  que don Doroteo era un tipo diferente entre los que poblaban esta selva, porque era un hombre ambicioso en proyectos, con mucho amor al trabajo, inteligente, sin instrucción, con mucha educación y cultura, hablaba de buenos modales, urbanidad, no compartía con la bigamia, el hurto y la pereza.
Cuando era requerido por  sus servicios nunca se negaba y le daba a su mano de obra y decía que el trabajo era dignificante y generador de mejores condiciones de vida.
Odiaba la oferta de cargos como autoridad, porque aseguraba que esos cargos eran para los vivos, ladrones y flojos.
Don Doroteo poseía una fortuna incalculable en ganado vacuno, producto de los sacrificios y largos años de trabajo.
San Lorenzo, era el santo de su devoción y de todos los campesinos y recordado solo en la época de quema de chacras,
Para realizar esta quema de chacras, Don Doroteo preparaba unos trozos de bagazo seco o cañabrava majada llamada CANCHANA con la que prendían el fuego y llamaba a su santo pidiendo ayuda de esta manera :  Viento, viento, viento, San Lorenzo sipra ullo o polvo polvo San Lorenzo y acudía al momento, según la creencia.
San Lorenzo jugueteando con las lenguas de fuego por todos los lados de la chacra se retiraba quemando todo lo que podía obstaculizar al sembrador y cultivador, a este tipo de quemada le llamaban SIPRA, donde los jornaleros gustosos aceptaban trabajar.
Don Doroteo y todos los comuneros hacían sus chacras en laderas y pampas en dos épocas del año, la primera en los meses de Julio y Agosto  y la segunda en Diciembre, aprovechando una soleada temporada de dos semanas, al que le llamaban INDANO VERANO.
Un dia, Don Doroteo se alisto para quemar a su chacra, prendida la “canchana” llamo a su santo, quien acudió al instante, agitando alocadamente lengua de fuego como buscando a don Doroteo, el cual murió carbonizado.
En el velorio comentaban:”Quizás don Doroteo, mucho se ha burlado del viento y por esto San Lorenzo se amargo.
Al día siguiente de la quema, los dueños de la chacra portando talegas iban en busca de congompes, ratones e intutos antes de que les ganen los gallinazos.
Allí encontraron el cuerpo de don Doroteo, achicharrado, castigado por su Dios el Viento San Lorenzo.
Encontrado el cuerpo de este, corrió la noticia por el pueblo y los hijos de este se enteraron, acudieron a su casa, donde encontraron a don Doroteo, que yacía en una mesa.
La gente del pueblo se organizo en el acto, unos se ofrecían de chasquis para dar aviso a los vecinos y amigos de otras comunidades, otros para confeccionar el ataúd, otros para cavar la sepultura.
Los deudos solo recibían el sentido pésame, los familiares recibían las donaciones, las  viudas armaban la cocina, unas para hacer el café y el upe, otras para hacer el caldo de gallina para el desayuno y almuerzo.
La comunidad entera lloraba la ausencia de don Doroteo.
El mas acérrimo de lo enemigos del fallecido tenía entonces un sentimiento, por lo que se hacía presente con su aporte solidario consistente en velas de brea, gallinas, plátanos, leñas, chancaca, café o ponía el violinista que animaba el velorio, apoyado por sus cantores, rezanderas y plañideras.
Luego sus amigos conducían el ataúd en hombros y este era puesto en cada esquina, donde algún aficionado al rezo repetía una y mil veces la señal de la cruz, padres nuestros, el credo, ave marías y la salve.
Hoy todo esto casi ha desaparecido.
Muchos de estos rezos fueron dados en latín del cual la feligresía solo se encargaba de repetir sin saber que decía.
Como por ejemplo, decían:” Seculorum, seculorum requentin paz, pater nostin, dominus bobis y amen”.
Rezado el ataúd al costado de la fosa, el mejor de los amigos le daba el postrer adiós y al introducirle todos le echaban bolas de tierra, con lo que le despedían y pedían que su alma no los asuste por las noches, ni que les de pesadillas.
Mientras tanto, los sepultureros sudando a chorros tomaban el trago, con lo que tenían más ánimo para seguir taconeando el hueco y diciéndole algunas bromas.
Sepultado el muerto, al parecer terminaba la cosa, cuando de repente los deudos veían llegar gente nuevamente a la casa para acabar el ultimo café o el concho de la bebida que quedaba.
Este era el momento a veces del arreglo entre familiares, el cuchicheo entre los amigos y los rencorosos que no eran familiares, los que guardaban el veneno de su mala fe, terminando en una bronca y luego amistaban.


miércoles, 10 de mayo de 2017

LA VIRGEN DEL SAMIRIA


                             ( ROGER RUMRRILL )
En el pueblito Cuchillo, en la cuenca del Pacaya Samiria, una niña era la virgencita de los nacimientos vivos de Navidad.
¡Que linda tu carita! Pareces una virgencita de verdad – le decía su padre acariciándole la carita y el lunarcito debajo de sus labios.
En el canal del Puinahua, entre los 05 y 12 años corrió su fama como comedora de pescado.
La llamaban la “Mama Garza”, decían que era la “madre de las garzas” que pescan dia y noche para alimentar a sus polluelos.
Se sentaba  a la mesa y frente a ella un sábalo ahumado y empezaba a comer los pescados siempre por los ojos.
Para que no me miren cuando les estoy comiendo – decía.
Luego levantaba las escamas como si fuera un vestido y dejaba al descubierto la carne del pescado. Tenia una forma y un estilo para comer pescados, según la calidad y especie.
Solo había alguien en el Cuchillo, que era capaz de competir con ella, no solo en el conocimiento de los pescados, sino también en su apetito por los pescados.
Era su madre, que corría el rumor de que María Torres Rengifo había sido “cutipada” cuando estaba en el vientre de su madre por el paiche, arahuana, paco, sábalo, corvina, boquichico, lisa, palometa, denton, bujurqui, sardina, yulilla, zungaro dorado, shuyo, fasaco, maparate, paña, tucunare y el acarahuazu.
Cuando la virgen de samiria cumplió 13 años, su padre la envio a Iquitos a estudiar.
A los 17 años cuando cursaba el quinto año de secundaria, el empleado de una Cia. petrolera que operaba en el Pacaya Samiria la conoció.
Y le dijo: Tienes una carita de ángel, necesito una joven como tu para mi secretaria en el campamento de Hamburgo en el Pacaya Samiria y puedes ganar mucho dinero.
Mientras tanto, se había embarcado en Bellavista, pueblo ribereño del Medio Huallaga, don Teofanes Shapiama, que quería cambiar de aires, de pueblo y de destino.
Yo quiero que mis hijos no sean como yo, un pobre campesino y extractor de sal de Pilluana.
Quiero que el Renan, la Adela, el Adrian y la Norita tengan mejor futuro y ese futuro esta en Iquitos – le dijo a su mujer Yolanda Rojas.
Se fue al monte, corto 20 troncos gruesos de palo de balsa, un centenar de cañas bravas, mando a hacer dos grandes remos de tiro y construyo una balsa que parecía una casa flotante.
Allí embarco sus cerdos, gallinas, dos vacas, sacos de frejol y arroz, utensilios de cocina, cuatro destartalados catres, dos baúles y algunos recuerdos de cierto valor y subió a toda su familia.
Cuando Teofanes Shapiama, desamarro su balsa y esta se fue alejando de su pueblo, empujada por la corriente del rio, desde la orilla muchos le hacían adiós con las manos y otros simplemente repetían que Teofanes era un loco como para lanzarse a la aventura, arriesgando el presente y el futuro de toda su familia.
De pronto la balsa de Teofanes había sido atrapada por el mal paso “Mativuelo”. Los esfuerzos de Teofanes y Renan hundían con furia y desesperación los grandes remos de tiro.
La balsa en vez de seguir rio abajo, ha entrado en un remolino, en una muyuna, donde puede permanecer dando vueltas por minutos, horas, un día con su noche hasta una semana y mucho mas.
Hay historias de balseros que tanto dar vueltas en la muyuna enloquecieron y se arrojaron al abismo del “mal paso”.
Renan y su padre Teofanes bogan hasta agotar todas sus fuerzas y casi destrozan sus manos con los inmensos remos.
Pero la balsa parece atada a su destino, anclada en la fatalidad. Cuando los hombres se derrumban de cansancio, las mujeres toman los remos, Yolanda la madre y Adela la hermana de 20 años.
Después de algunos minutos con el remo, Adela sucumbe a la fatiga y a la desesperanza, se desploma y cae en el tabladillo.
Teofanes al ver esto se interroga :¿ Cómo salir de esta muyuna, de este círculo de tiempo y de la muerte?
Al atardecer, la Yolanda ha avivado la tushpa y ha calentado el chapo de plátano, ha cocinado yucas con pescado seco, pero nadie quiere comer, solo tienen sed.
Llega la noche y ellos siguen dando vueltas en la muyuna.
Teofanes no quiere ni imaginarlo, nubes de zancudos aterrizando sobre sus brazos, piernas y rostros, el miedo a la oscuridad, el frio del rio, los silbidos del tunchi y del maligno que escarapelaban a Adrian y a Norita y sobre todo la sensación de desamparo.
Total, de estar a merced de lo invisible y lo desconocido.
Hasta que de pronto una creciente del rio levanta a la balsa y lo impulsa fuera de esa muyuna y la balsa sale disparada rio abajo.

Teofanes le grita a Renan: Agarra tu remo y rema hacia la orilla del rio para así atracar en Cachiyacu.

lunes, 3 de abril de 2017

L A S A C H A M A M A


                         ( ARMANDO AYARZA UYACO )

Tum, tum, tum se escuchaba a lo lejos y al principio no me llamo la atención, pues estaba concentrado en las redes – trampas que iba colocando en la tahuampa formada por la crecida del rio.
El rio había sobrepasado su caudal y cubría gran parte del monte. La cocha también se había desbordado y allí abundaban los peces de todo tipo.
Entre las ramas , raíces de los arboles y arbustos se encuentran el acarahuazu, el bujurqui, el tucunare y el sol penetraba dentro del follaje y podía divisar en el fondo de la tahuampa, el movimiento de los peces y de las peligrosas anguilas.
Tum, tum, tum, el ruido se acercaba pero estaba todavía lejos, creía que eran huanganas que estaban remontando el rio.
Pensé que la boa negra se encontraba cazando a los cotomonos.
Un certero disparo de agua que salía de las fauces de la boa y mono abajo. Que tal puntería, supuse que el chullachaqui golpeaba las aletas del renacal, buscando hacer notar su presencia.
Me distraje mirando como los bufeos colorados cazaban con una rapidez increíble, no se chocaban los majaderos con los troncos, ni con las raíces.
Ya había colocado como diez redes – trampas, quería llenar mi canoa con los pejes para llevar a vender.
Tum , tum, tum un fuerte rumor de olas que se chocaban con palos, llegaban mas a mis oídos.
La sachamama te hipnotiza antes de tragarte, te lanza tu hilo cuando pasas por su chacra. Que bonita y limpiecita tiene su chacra.
En el centro hay arboles de caimito, guaba, anonas y guayabas que al olerlas de lejos, te atraen con una atracción de muerte.
Te engaña , estas ya en su trampa y si entras a su chacra, fijo de que eres su presa.
Mis ojos se cerraban a pesar que buscaba no cerrarlos, hacia esfuerzos en vano, ya me iba poco a poco recostando en mi canoa.
Oye, que haces ahí, en el centro de la chacra de la sachamama, agarra tu machete y haz como si estuvieras cortando, eso te librara del hilo – escuche apenas una voz.
Hice un esfuerzo sobrehumano, no quería ser tragado por esta fiera del monte, logre coger un machete e hice lo que la voz me dijo.
Controle mis emociones y mis miedos, empecé a sentirme libre, desapareció el nudo de mi garganta, ya no sentía pesadez en las piernas, ni en los brazos.
Empecé a remar desesperadamente, no mires hacia atrás, no sueltes el machete, cuando llegues a la loma recién te volteas, seguía la voz alentándome y librándome de una muerte segura.
Cuando estuve en la loma, la curiosidad me gano y vi sus ojos inmensos como dos faros, su cara parecía de un perro feísimo, rabioso.
Su cabeza era del tamaño de mi choza, tenia como unos 50 mtrs. esta maldita boa.
En su lomo crecían los arboles blancos, escuche un trueno que hizo temblar a la tierra y las olas se levantaban como queriendo alcanzarme.
La sachamama estaba furiosa por haber perdido a su presa y me quede mudo por varias horas.
Cuando llegue al Caserío Sachapapa, para poder dormir, me tuvo que soplar con cigarro mapacho el curandero Cuñach Naminga  Auruma.
Oye , Fernando Shinkikat, te libraste de mi hilo gracias al chullachaqui, que no se porque te ayudo a escapar.
Pero no vuelvas a poner trampas con esa ambición, porque si vuelves con la misma intención, nadie podra detenerme y te perseguiré como el tigre negro a su presa.
Yo vivo aquí hace miles de lunas, a la orilla de la cocha y aquí tengo mi chucumita. Estas avisado- me dijo en sueños la sachamama.
Te ´prometo que nunca cometeré el mismo error de pescar de manera ambiciosa y es mas, nunca pienso volver a pescar cerca de tu cocha – le respondi a la sachamama en mis sueños.

 

jueves, 30 de marzo de 2017

COTO BOA


                           ( Armando Ayarza Uyaco )
Tenía dos enormes cabezas que se movían buscando algo, serpenteaba con agilidad entre las ramas de los arboles.
La primera cabeza se arrastraba sigilosamente a ras del suelo y la segunda cabeza se movia entre las copas de los arboles.
Cantaban imitando al cotomono, brillaba su piel entre las hojas, buscaba algo, seguramente a nosotros que estábamos bien escondidos.
A las 4.00 a.m. mientras dormíamos en una playa del rio Yurapaga, sonó su ruidoso canto.
Ahí está el cotomono, prepara la escopeta que vamos a darnos un banquete en el desayuno” dijo mi padre.
Cogi cuatro cartuchos y los metí en mi bolsillo, asegurándome de que el arma estuviese apta para el ataque al cotomono.
Debe estar a la vuelta del rio, le balearemos, ten lista la escopeta, me dijo mi padre.
El mijano de boquichicos bajaba surcando por el rio Yanapaga, no le hicimos caso, pues hacia unos días había bajado el mijano de Yanaqui y estábamos hartos de comer pescado.
Mejor estaba el cotomono que rompía con su canto, la madrugada silenciosa y quieta.
No, no era un cotomono, la maldita boa con su canto de mono, nos había tendido una trampa.
Calladito y sin respiración, mi padre me dijo que hacía tiempo los antiguos le dijeron que cuando vaya a montear, a cazar, se cuide del canto de la coto-boa, porque tiene igual canto que el cotomono, pero que no le había dado importancia por creer que solo era un invento de los antiguos para que los jóvenes no se arriesguen monte adentro.
Con su canto te hace creer  que es cotomono, para que te atraiga y te coma a su antojo.
Porque mientras una cabeza canta arriba entre las ramas como un verdadero cotomono, la otra cabeza te esta esperando abajo.
Y cuando estas buscándole entre las ramas de los arboles, la otra cabeza: ¡cuan! te enrosca, te aprieta y te come sin que te des cuenta.
Menos mal que la chicua pasó volando y cantando dos veces bien cerquita a nosotros, por nuestro delante pasó y mi compadre dijo: No debemos apresurarnos, algo malo nos va a pasar, ya que la chicua nos estaba alertando del peligro.
Por eso, poco a poco, sin hacer ruido, casi sin respirar, avanzamos hacia el cotomono, cuando estábamos cerca, nos colocamos detrás de una árbol de remocaspi y vimos  a unos 50 mtrs. un renacal y de ahí venia su canto.
La coto-boa cuya piel brillaba entre las ramas del renaco, nos estaba esperando la maldita, nos había olido a kms. ahora nos tenía cerca por eso se retorcía, por eso se alocaba buscándonos.
Mi padre no espero nada, le apunto a la cabeza de abajo y su tiro retumbo el bosque e hizo estremecer a la tierra y a los arboles. La tierra comenzó a temblar.
-No tengas miedo, dame otro cartucho, le entregue todos los cartuchos e inmediatamente sonó un disparo certero que hizo tronar al bosque.
Otro disparo y sangrando, retorciéndose de dolor, la coto-boa bajo raudamente y desapareció en medio de la cocha que se encontraba a poca distancia.
-No creas que me mataste Evaristo Nanantai Wayampiak, me demostraste que eres un buen cazador, buen montaraz, no por gusto tienes varias mujeres en tu poder, pero te advierto que me convertiré en murciélago y no solo te atacare a ti, sino a todos tus hijos, por haberme baleado- le dijo en sueños a mi padre la coto-boa.
Como siempre mi padre, gran guerrero y cazador descendiente de los reducidores de cabezas, no le hizo caso, no le dio importancia a sus sueños de amenazas.
Mis dos hermanos menores, al año murieron de rabia, mordidos por murciélagos en las playas del rio Apaga.
Mi madre, por la pena y el dolor también murió con ellos.

 

miércoles, 29 de marzo de 2017

TRUENO COCHA


( ARMANDO AYARZA UYACO )
Sentí un fuerte golpe en la cabeza que me hizo perder el conocimiento por unos segundos, que caí cerca de un árbol shimbillo.
Mientras descendía recordé a mi padre que me decía: “Cuidado te vayas a distraer en esa cocha, porque allí vive el lagarto negro, la sachamama, la coto-boa, el yanapuma, el shushupe y el chullachaqui.
Si entras a Truenos Cocha, tienes que ser bien precavido, buen cazador, bien macho. Ahí no entra cualquiera”.
El cielo de Trueno Cocha estaba bien limpio, ninguna nube negra, ni una nube blanca.
El fondo de las aguas era tan azul que se veía hasta los paiches que pasaban por debajo de la canoa.
Sentí que mi cuerpo se estrellaba  contra el agua y la tierra, ya que el fondo de la cocha estaba a la altura de mi rodilla, que amortiguó mi caída.
Entonces escuché un agudo silbido que buscaba ensordecerme. Este silbido sonaba como a 10 mtrs. , me quedé quieto fingiendo estar muerto y vi como se acercaba levantando su cabeza y sacaba su lengua negra y lo metía sin cesar.
Se acercó como a medio metro, yo no tenía fuerzas para nada, solo atinaba a hacerme el muerto.
Aguantaba la respiración lo que más podía, no hacía ningún movimiento.
En realidad era una cría de boa negra, medía como 5 mtrs. de largo, su piel negra brillaba a ras de la cocha.
Me lanzó una bola de agua, mientras saboreaba los ricos shimbillos. ¡Que tal puntería tenía esta boa! Seguro que me confundió con un cotomono.
Nadie quiere entrar a Trueno Cocha, porque sus aguas son misteriosas, todos dicen que tiene “madre” que es una inmensa boa que vive en el centro mismo de la cocha.
Cuidadito vayas a balear a los cotomonos que se balancean en las palmeras.
Ahí no se usa la retrocarga, no se dispara, porque si baleas, el cielo empieza a oscurecerse de la nada.
Si has disparado en Trueno Cocha, no sales de la cocha y nunca más te encuentran.
Por eso no traje mi retrocarga, la cría de la boa negra, se preparaba para devorarme, de `pronto empezó a alejarse poco a poco.
Se detuvo a unos 30 mtrs. y mirando hacia el centro del lago empezó a silbar y a los pocos minutos la tierra empezó a temblar, las aguas a estremecerse, las olas se levantaban y llegaban hasta la tahuampa.
Esa maldita boa estaba llamando a su madre, así que poco a poco empecé a deslizarme hacia el hueco de un tronco caído.
Justo entraba mi cuerpo y me acurruqué con cuidado, me tapé con hojas anchas de bijao que las había cogido a mi paso hacia el tronco.
A los pocos minutos que termine de camuflarme, vi que una inmensa boa salía de la cocha para para dirigirse hacia el árbol de shimbillo.
La cría zigzagueante le señalaba con la cabeza el lugar donde yo había caído.
Desesperada le indicaba insistentemente el lugar.
El monstruoso animal se deslizó de un lado hacia otro, pero su presa no estaba.
De pronto la inmensa boa negra ¡zás! la cogió del cuello, la sacudió fuertemente, con rabia, la estrujó y empezó a tragarla poco a poco, mientras se perdía en las profundidades del lago “Trueno Cocha”.