lunes, 1 de julio de 2013

E L B A G R E C I T O


                 ( Francisco Izquierdo Ríos )

Un viejo bagre, de barbas largas decía: “Yo conozco el mar. Cuando joven, he viajado a él y he vuelto”. Y en el fondo de las aguas, se movía de un lado a otro. Los peces niños y jóvenes le miraban y decían:” Ese viejo conoce el mar”.

Un bagrecito se le acercó y le dijo : “Abuelo, yo también quiero conocer el mar”.

-¡Tu ¡

-Si abuelo. Bien muchacho, yo tenía tu edad cuando realice este gran viaje hacia el mar.

El viejo bagre enseño al bagrecito como debía realizar su viaje al lejano mar. El bagrecito partió aguas abajo. ¡ Tienes que volver ¡  le dijo, despidiéndolo el viejo bagre, quien era el único que sabía como era aquella aventura.

El bagrecito tenia pena por su madre, que preocupada de tanto buscarle le pregunto al anciano bagre : ¿ Ud. sabe dónde está mi hijo?

-No. Pero te puedo decir que no te aflijas. El muchacho ha de volver, seguramente ha salido a conocer mundo. Regresa a tu casa, él va a volver.

Mientras tanto el bagrecito continuaba su viaje y entro a un riachuelo mas grande, veía peces de toda clase y tamaño, pozas hondas y sonoras corrientes y el bagrecito seguía nadando.

Se alimentaba lamiendo las piedras o comiendo gusanillos.

-¡De lo que me escape! Se dijo. Temblando, porque en una poza casi muerde un anzuelo con carnada de lombriz, porque se acordó del consejo del abuelo:” Antes de comer,  fíjate bien en lo que vas a comer”.

Este incidente, le hizo reflexionar sobre los peligros que le amenazaban en su larga ruta, porque además de los pescadores con anzuelo, había las pescas con barbasco venenoso, con dinamita, con red, la voracidad de los Martin pescadores , de las garzas y de los peces grandes.

El bagrecito seguía su viaje rumbo al mar y distinguió un puente de madera por donde pasaban hombres y mujeres con paraguas y dijo estoy en una ciudad.

¡Ah! Mucho cuidado! Se dijo, llego a un gran rio, tuvo miedo, estaba indeciso y se metió con coraje en las fauces de ese rio. Las aguas eran turbias, peces gigantes pasaban junto al bagrecito, asustándolo y se dijo : No tengo otro camino , que seguir adelante.

Y recorrió centenares de kilómetros, entro a las aguas de otro rio más grande e iba sorteando las grandes corrientes. Y en un trecho de este rio bravo habían cerros de sal y comenzó a lamer esa sal durante una media hora, para luego reanudar su viaje con mayor impulso.

Avanzaba escuchando el estruendo de los malos pasos y se lanzó a este torbellino rugiente: 15 kms. de cascadas, peñas, aguas revueltas, pedrones, torrentes, rocas, el bagrecito choco con una roca, pero reacciono y al termino de estos malos pasos, el bagrecito quedo todo maltrecho, busco refugio  debajo de una piedra y se quedó dormido, cansado un día y una noche.

Luego se dio cuenta que había crecido, había cruzado tantos ríos, malos pasos y prosiguió su viaje.

Sin embargo, no muy lejos a la altura de un pueblo, cayó en la atarraya de un pescador entre sábalos y boquichicos, corvinas, palometas, lisas, pero el hijo del pescador lo cogió de las barbas y lo arrojo desde la canoa a las aguas como jugando.

De pronto escucho un rumor especial, que conmovía al rio, era una mijanada (avalancha de peces en migración hacia arriba) para el desove. Todo el rio vibraba con los millones de peces en marcha, el bagrecito se arrimó a una orilla fuertemente, contra el lodo hasta que paso el último pez.

Hasta que al fin llego a un nuevo rio, un coloso, era el Amazonas, el rio más grande de la tierra y que por él tenía que llegar al mar, porque el ya no daba sus aguas a otro rio.

“Debes tener mucho cuidado con los bosques” le había advertido el abuelo y el bagrecito pasaba distante de esos monstruos.

Durante varias horas le persiguió un pez de mayor tamaño que un hombre para devorarlo. El pobre bagrecito corría a toda velocidad de sus fuerzas, corría, corría hasta que encontró un hueco y se ocultó en él, de donde miraba a su enemigo que iba y venía y finalmente desapareció.

Mucho tiempo viajo por el rio más grande del  planeta, pasando frente a puertos, pueblos, haciendas, ciudades hasta que una noche con luna llena llego a la desembocadura.

¡El mar!  Se dijo el bagrecito, profundamente emocionado.¡ El mar! que lo veía como un transparente abismo verde.

Y pensó en el retorno a su riachuelito, se encontraba tan lejos, ahora tenia que surcar los ríos, lo cual exige mayor esfuerzo.

Y empezó su regreso, vencía todos los peligros, cruzo los malos pasos del rio aprovechando las crecientes y a veces, a saltos por sobre las rocas y pedrones que no estaban tapados por las aguas.

Hasta que al fin entro en  su riachuelito natal, cuando sintió sus caricias, beso las piedras de su cauce.

El bagre, loco de contento, nadaba en zigzag, de espaldas, de costado, se hundía hasta el fondo, sacaba sus barbas fuera del agua, moviéndolas en el aire.

Sin embargo, en su pueblo ya no encontró a su madre ni al abuelo. Nadie le conocía, todo era nuevo en el remanso del riachuelito.

Se dio cuenta, entonces que ya era anciano y en el fondo del pozo con su voz ronca solía decir orgullosamente : “ Yo conozco el mar. Cuando joven he viajado a él y he vuelto”.

Los peces niños y jóvenes le miraban y escuchaban con admiración.

Un bagrecito, tanto oírlo, se le acerco una noche de luna y le dijo : “Abuelo, yo también quiero conocer el mar”.

¿Tu?

-Si, abuelo.

-Bien muchacho. Yo tenía tu edad cuando realice esta gran proeza de ir a conocer el mar.

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