miércoles, 29 de marzo de 2017

TRUENO COCHA


( ARMANDO AYARZA UYACO )
Sentí un fuerte golpe en la cabeza que me hizo perder el conocimiento por unos segundos, que caí cerca de un árbol shimbillo.
Mientras descendía recordé a mi padre que me decía: “Cuidado te vayas a distraer en esa cocha, porque allí vive el lagarto negro, la sachamama, la coto-boa, el yanapuma, el shushupe y el chullachaqui.
Si entras a Truenos Cocha, tienes que ser bien precavido, buen cazador, bien macho. Ahí no entra cualquiera”.
El cielo de Trueno Cocha estaba bien limpio, ninguna nube negra, ni una nube blanca.
El fondo de las aguas era tan azul que se veía hasta los paiches que pasaban por debajo de la canoa.
Sentí que mi cuerpo se estrellaba  contra el agua y la tierra, ya que el fondo de la cocha estaba a la altura de mi rodilla, que amortiguó mi caída.
Entonces escuché un agudo silbido que buscaba ensordecerme. Este silbido sonaba como a 10 mtrs. , me quedé quieto fingiendo estar muerto y vi como se acercaba levantando su cabeza y sacaba su lengua negra y lo metía sin cesar.
Se acercó como a medio metro, yo no tenía fuerzas para nada, solo atinaba a hacerme el muerto.
Aguantaba la respiración lo que más podía, no hacía ningún movimiento.
En realidad era una cría de boa negra, medía como 5 mtrs. de largo, su piel negra brillaba a ras de la cocha.
Me lanzó una bola de agua, mientras saboreaba los ricos shimbillos. ¡Que tal puntería tenía esta boa! Seguro que me confundió con un cotomono.
Nadie quiere entrar a Trueno Cocha, porque sus aguas son misteriosas, todos dicen que tiene “madre” que es una inmensa boa que vive en el centro mismo de la cocha.
Cuidadito vayas a balear a los cotomonos que se balancean en las palmeras.
Ahí no se usa la retrocarga, no se dispara, porque si baleas, el cielo empieza a oscurecerse de la nada.
Si has disparado en Trueno Cocha, no sales de la cocha y nunca más te encuentran.
Por eso no traje mi retrocarga, la cría de la boa negra, se preparaba para devorarme, de `pronto empezó a alejarse poco a poco.
Se detuvo a unos 30 mtrs. y mirando hacia el centro del lago empezó a silbar y a los pocos minutos la tierra empezó a temblar, las aguas a estremecerse, las olas se levantaban y llegaban hasta la tahuampa.
Esa maldita boa estaba llamando a su madre, así que poco a poco empecé a deslizarme hacia el hueco de un tronco caído.
Justo entraba mi cuerpo y me acurruqué con cuidado, me tapé con hojas anchas de bijao que las había cogido a mi paso hacia el tronco.
A los pocos minutos que termine de camuflarme, vi que una inmensa boa salía de la cocha para para dirigirse hacia el árbol de shimbillo.
La cría zigzagueante le señalaba con la cabeza el lugar donde yo había caído.
Desesperada le indicaba insistentemente el lugar.
El monstruoso animal se deslizó de un lado hacia otro, pero su presa no estaba.
De pronto la inmensa boa negra ¡zás! la cogió del cuello, la sacudió fuertemente, con rabia, la estrujó y empezó a tragarla poco a poco, mientras se perdía en las profundidades del lago “Trueno Cocha”.


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