domingo, 22 de mayo de 2016

LA LEYENDA DEL PAUCAR



El niño palomilla es una realidad. Niños traviesos existen en todos los pueblos.
En Saposoa, había un niño que no medía las consecuencias de los rumores que hacía correr por el pueblo donde vivía. Cuentan que la más simple noticia que llegaba a sus oídos la difundía al instante y siempre lograba que todo el mundo se enterara.
Aunque sea mintiendo tal o cual la debilidad de las personas lo propalaba en un abrir y cerrar de ojos, perjudicando por cierto a las mismas, razón por la cual ya a la mayoría de ciudadanos les estaba pareciendo mal y le estaban buscando la manera de como corregirle antes de que vaya de peores.
Una vez se metió con una anciana, llegó a decir que era una “runa mula” y que los martes y viernes salía a la medianoche a trotar y otras tantas veces volabaa montada en una escoba como  las “achiquinviejas”.
Este  rumor llegó a  los oídos de la anciana, pero cuenta la gente que esta mujer era un hada del bosque disfrazada, tanta molestia le causó que le aplicó un castigo severísimo a este chico incorregible.
Con la varita mágica que siempre tienen las hadas, le dio un pequeño golpecito en la cabeza al niño, convirtiéndole al instante en un pájaro de color negro y amarillo y le dijo desde ahora vas a ser un “paucar”.
El chico convertido en pájaro no se curó del defecto y sigue propalando las noticias y rumores.
Con el correr de los años, este pajarraco se ha convertido solo en anunciador de buenas noticias, de tal manera que cuando canta, la gente dice que algo bueno va a ocurrir.
El paucar goza imitando con todos los sonidos de la selva.
Es un “reparón” dice la gente. Imita el cacareo de las gallinas, los llamados de la gente cuando lo hacen en voz alta. Es muy inteligente, razón por la cual, algunos tratan de matarles para darles de comer a sus hijos el cerebro bien calientito de este pájaro, con la ilusión de que también sean inteligentes.
Es una creencia más, como tantas hay en la selva.
Dicen también que estos pájaros construyen sus grandes nidos colgantes de los árboles más elevados junto a los caserones de avispas para evitar que el hada les haga más daño por seguir propalando las noticias.
Carlos Velásquez Sánchez



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