miércoles, 11 de enero de 2017

LA SACHAMAMA - MADRE DEL MONTE


La SACHAMAMA, conocida por muchas culturas indígenas de la Amazonia como “La madre del monte”es una boa gigantesca, algunos creen que mucho más grande que la Yacumama. Suele vivir cerca a las orillas de pantanos o lagos. Se cree que al principio suele estar entre el agua y tierra firme, alimentándose de peces, caimanes y tortugas. Cuando comienza a tomar dimensiones colosales con el pasar del tiempo, este enorme ser, se abre paso a través del monte hasta llegar al lugar en donde percibe que existen seres vivos que pueden servirle de alimento y deambulan por los alrededores, y simplemente decide quedarse quieta, imperturbable, esperando con toda la paciencia del mundo a que alguna presa pase por ahí.
No pasan muchos días para que, con ayuda de las lluvias y la humedad, líquenes, brotes y pequeñas plantas, junto a algunos insectos de todo tipo, la cubran por completo, dando la apariencia de que aquello no es más que un imponente árbol caído, situación que suele ser beneficiosa para mimetizarse con el entorno y no espantar a las criaturas que de lejos ya se han percatado de su forma abultada en medio de la espesura. El modo en que caza es muy simple, basta que algún animal del monte o algún cazador o cristiano pasen cerca de donde se halla dormitando, para que abra sus ojos brillantes y cegadores como faros, y una fuerza magnética envuelva a la víctima que se dirige directamente hacia sus fauces. Una vez hecho esto, la Sachamama vuelve a su postura habitual a la espera de la siguiente víctima.
Por ello, cuando encuentres algún árbol de enorme dimensión caído en pleno monte, cubierto de plantas, ten mucho cuidado, podría tratarse de esta bestial criatura que estaría esperando que te acerques. Si eres muy valiente, podrías tomar la decisión de inspeccionar uno de los extremos, si en uno de ellos encontraras un cúmulo de osamentas de animales o esqueletos humanos es seguro que se trata de esta terrible criatura, pero, si por querer investigar este hecho, desafortunadamente, te acercaras por el extremo equivocado, a lo mejor ocurriría que entre la maleza, dos faros brillantes se encenderían y simultáneamente una cueva enorme se abriría para hacer que entres en ella, sintiéndote presa de una fuerza que desconoces pero que te empuja hacia la oscuridad de aquel lugar lleno de colmillos puntiagudos y viscosos.

Carlos Velásquez Sánchez


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