sábado, 4 de septiembre de 2010

EL RIO CUMBAZA


Hace muchos años atrás, el río Cumbaza carecía de piedras, hasta que un día apareció un hombre llamado Juan Enrique Flores Panduro. Era un pescador, que en su juventud se dedicaba mucho a la pesca en el río Cumbaza. Una mañana pidió permiso a su madre para ir en busca de carachamas.

Entonces, la madre le preparó su morral, en ella le puso su fiambre consistente en una mitad de gallina asada, un par de plátanos cocinados y partió al río Cumbaza. Siguió por la orilla del río y después de caminar dos días llegó por fin a la cabecera pedregosa y no muy accesible, por ser un lugar donde desembocan algunas otras pequeñas quebradas y que al crecer, se ponen furiosas y arrasan todo lo que encuentran a su paso, sufriendo más las consecuencias de estas crecientes el mismo hombre, los animales y los diferentes campos agrícolas y algunos proyectos que el hombre los realiza para su desarrollo.

En las aguas de las quebradas y los ríos especialmente de nuestra Región San Martín, existen unos peces llamados bagres, que iluminados por los rayos del sol en las aguas cristalinas parecen dorados y son muy apreciados por el hombre, que lo utiliza en su alimentación diaria.
Estos pecesillos, como si adivinaran la intención del pescador se escabullían, dirigiéndose debajo de unas piedras que les sirve de refugio ante el peligro, asimismo para huir del acoso del hombre se esconden en un pozo de agua oscura y es difícil ser visto por el hombre.

Juan descubrió con sorpresa, que tendido en la orilla de esta poza dormía una enorme boa de color parecido a la hojarasca de unos siete metros de largo, que de su boca salían pequeñas piedras y sobreponiéndose a la fuerte impresión que tuvo, por haber visto a esta boa, se propuso investigar de cerca.

La boa permanecía en el mismo estado y en el mismo sitio, entonces Juan se dio cuenta que en el lugar donde caían las pequeñas piedras, había una enorme y brillante pìedra, que con gran esfuerzo logró agarrar, para luego regresar a su casa. No había caminado una distancia considerable, cuando se produjo un viento terrible con truenos y relámpagos, impidiéndole seguir adelante.

Juan, al ver que era imposible continuar caminando por el bosque oscuro, optó por sacar del bolsillo la pequeña piedra brillante y la arrojó al río Cumbaza, inmediatamente como por encanto cesó la tempestad y el pescador pudo llegar a su casa que se encontraba en Morales, Juan contó lo sucedido a su viejecito y éste le dijo: “En cuánto recogiste la piedra hermosa, te has debido hacer un corte en cualquier parte de tu cuerpo y hubieras hecho una cruz con tu sangre sobre las hermosas piedras o sobre la cálida arena para poder desencantarlas”.

Juan y el viejecito fueron al río Cumbaza para poder encontrar la piedra, pero, tal fue la sorpresa de que no encontraron ni a la boa ni a la piedra preciosa, solo encontraron al río Cumbaza, su hermosa orilla y al fondo del río habían piedras grandes y chicas, a tal punto que en la actualidad es llamado el río más pedregoso de San Martín.

Carlos Velásquez Sánchez

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