lunes, 28 de abril de 2014

LA GRAN BOA DEL BOSQUE

El jefe Tintayo de una tribu Huambisa de la Selva Amazónica, tuvo una noche un sueño muy extraño, en donde guacamayos y loritos le alertaban que las partes bajas del territorio se inundarían por acción de inesperadas y torrenciales lluvias. Estas aves le dijeron que huyese con su entera tribu buscando los árboles más fuertes y altos. Cuando Tintayo despertó y aunque si el cielo estaba despejado y no llovía en absoluto, dispuso de inmediato que las familias se pusieran al reparo con los grandes árboles.

La población se organizó sin pérdida de tiempo de modo que comenzaron a buscar los árboles más altos, al ver esto Tintayo decidió avisar a las tribus vecinas para que salvasen sus vidas. Tintayo tenía el poder de convertirse en jaguar, fue por ello que gracias a su gran agilidad y velocidad logró dar la alerta a las otras tribus ribereñas y del interior de la selva. En el preciso momento cuando terminó de avisar a la última familia en lo profundo del bosque, comenzó la gran lluvia y de inmediato el nivel del río se duplicó y continuó creciendo con gran intensidad. Tintayo aún convertido en jaguar logró con gran vehemencia a cuidar a su propia tribu, por suerte todos ya estaban bien protegidos en las copas de los grandes árboles de lupuna.
Con gran rapidez las partes bajas del entero territorio se inundaron y comenzaron a movilizarse grandes masas de lodo, fango, follaje y troncos que arrasaban todo a su paso. Todas las familias estaban protegidas por la fortaleza de las grandes lupunas, éstas soportaron el diluvio sin fatiga, pero algo inesperado pasó, puesto que la familia del propio jefe Tintayo corría mayor peligro -ya que en su ausencia habían elegido un árbol de bajo tamaño- por este motivo la fuerza de la inundación comenzó a mover el árbol desde la raíz y el agua casi les llegaba a sus pies. Tintayo optó por una reacción rápida y radical, como quiera que tenía poderes sobrenaturales y hasta entonces se convertía en jaguar, esta vez transformarse en felino no le ayudaría mucho, por lo que pidió a sus espíritus protectores del bosque transformarse en una boa gigante y de ese modo servir como si fuera un largo puente, para que su familia encontrase un árbol más alto y fuerte. Con gran concentración Tintayo se transformó en anaconda, la gran boa de la Amazonía y cogió con los dientes de su hocico las ramas de un árbol más grande. De este modo la familia de Tintayo logró escapar a tiempo por el improvisado puente. Cuando todos ya se habían salvado, Tintayo -que había agotado sus últimas fuerzas- no soportó más la tensión y el peso de la maniobra, y cayó en las turbulentas masas de lodo que lo arrastraron hasta desaparecer.

Cuando la lluvia pasó luego de cinco días, el nivel de las aguas descendió con gran rapidez. Durante semanas la tribu entera buscó a su jefe inútilmente, pues no lo encontrarían nunca más. Desde entonces la gran serpiente sería avistada por pocos testigos dentro de las profundidades de la Selva, una gran boa anaconda que lejos de infundir miedo, parece prestar ayuda cuando más se le necesita.

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